Cada tiempo define su propio modelo de humanidad, así como cada tiempo nace con su novedad.
Y es por amor a nuestro tiempo, que nos urge aprender su lengua nueva, su estilo de comunicarse, de expresar creativamente su devenir histórico.
En este proceso, colectivamente, vamos creando respuestas a las nuevas preguntas que nos lanza la vida.
En este renacer surgen palabras propias de nuestro acontecer, de nuestro hoy.
Las palabras no son neutras, expresan nuestra experiencia de la realidad y nuestra manera de comprenderla.
En el trayecto nos van quedando palabras que se vacían de sentido y tenemos la responsabilidad de no seguir utilizándolas porque no hablan hoy.
¿O será tal vez una etapa de silencios de palabras que nos ayudará a su nuevo renacer?
¿Por qué acabamos siempre siendo objetos de nuestro tiempo cuando podríamos ser sujetos?
¿Por qué no atrevernos a sorprender con una copiosa lluvia de palabras ofertas creadoras de hoy?