Quizás nos contagiemos del tiempo en su terquedad para transformarse en las cíclicas estaciones de otoño y primavera.
Quizás la ciencia no sea una posesión de conocimientos para siempre,
sino un constante descubrimiento, una palpitante sorpresa.
Quizás perder la vida, como decía Jesús de Nazaret, será encontrarla.
Quizás nuestro acontecer cotidiano en el cuidado de la vida,
en la ternura de las relaciones, en la acogida de la realidad,
en la re-creación de la historia humana
nos haga permanecer y re-nacer en el tiempo.
Quizás, morir así, es vivir.