Aproximaciones a la Eco-Humanidad

Somos fruto de la naturaleza.
Es urgente reconocernos parte de ella y encontrar nuestro bienestar en vivir armónicamente a su ritmo.
Las personas, del mismo modo que las uvas, crecemos en racimos y nos organizamos en pequeñas comunidades, porque juntas nos sentimos con vitalidad y energía.
Ya lo decía Jesús de Nazaret en su parábola de la Vid:
Permanecer en el Amor es permanecer unidas.
Si sustituyéramos las costosas formas de defensa, la carrera armamentista de la grandes potencias de hoy, por formas más sencillas y humanas de seguridad mutua, como el amor en redes de compañía solidaria, sería una forma concreta de aprendizaje de la naturaleza, de la creación natural en la que vivimos.
Me refiero a la simbiosis, es decir, la vida íntima en conjuntos diversos, pero con un proyecto de crecimiento común.
La asociación está en la raíz de nuestra existencia.


Para crecer en la naturaleza y dentro de ella, a nuestra humanidad no le queda otro remedio que reducir, eliminar la competición y desarrollar factores de cooperación y amistad, establecer puentes afectivos que permitan la reorganización permanente.
Se reconoce aquí con claridad el rasgo de complejidad que nos constituye, es decir, un doble principio:
cooperación-solidaridad por un lado y competición-antagonismo por otro.
En el primero crecemos, en el segundo nos destruimos.
No podemos vivir comunitariamente cuando todos nuestros vínculos se basan en la competencia.
Nuestra relación tan pronto solidaria como conflictiva acompaña el devenir procesual de nuestra convivialidad.
Somos libres. Asumir, elegir y amar: he ahí nuestro reto.



Índice de mi página WEB
[Página principal] [Vidalogía] [Poesías] [Colores] [Comentarios] [Publicaciones Anteriores]


© Copyright María Luisa Navarro - 2006