El Evangelio nos presenta a Jesús que pide a sus amigos permanecer en el Amor (Juan 15,9).
Resistir en el amor significa crear progresiva y gradualmente formas nuevas de vincularnos, de aproximarnos, para superar la distancia que siempre nos espera agazapada a la vuelta de la esquina.
Resistir a la tristeza. La tristeza es reaccionaria, es comprensible, pero no deja de ser reaccionaria y nos vuelve impotente.
A veces la complejidad de la vida es tal que nos invade la famosa "depre".
Resistir en la diversidad, amándonos diferentes y complementarias, superando la amenaza de la uniformidad portadora a veces de una falsa seguridad.
Nuestra calidad humana se expresa en nuestra capacidad de resistencia ante el devenir de la vida.
La verdadera resistencia pasa por la creación de una humanidad entrelazada y abierta.
El tono vital se apaga o luce intermitente.
Es urgente salir unas al encuentro de las otras, crear solidaridades y apoyarnos en medio de la conflictiva convivialidad.
Resistir políticamente en la búsqueda activa de libertad y en el compromiso de responsabilidad social, de propiciar espacios igualitarios y de repartos solidarios.
Resistir es vivir.
De ahí que la humanidad-logía constituya la ciencia del resistir en humanidad, en alegría, en diversidad, en creación convivial y en vitalidad.
Hoy es nuestra oportunidad.
He aquí un propósito obstinado: vivir, crear espacios de vida, amar el cada día, la cotidianidad como lugar especial de expresión para el amor.