Nuestras dificultades no se deben a que nuestros conocimientos sean insuficientes o a que no dispongamos de habilidades técnicas.
Según "el animismo" propio de las religiones primitivas todo lo creado tiene alma, una fuerza vital.
Nuestras dificultades como humanidad surgen de nuestra pérdida de sensibilidad social.
Es urgente abrirnos al nuevo paradigma relacional y situarnos no sobre la realidad, sino tejidas en ella.
La madre tierra es un organismo vivo en el que está entretejida nuestra humanidad en una inseparable comunidad de destino.
Frente al viejo modelo mecanicista del mundo, la perspectiva humana, ecológica y evolutiva, nos descubre que lo que caracteriza a la humanidad son las estructuras de relación en procesos abiertos.
"El gran desafío de este nuevo siglo es modificar la percepción que tenemos de nosotros mismos seres humanos", dice Ivone Gebara en su último y palpitante libre sobre las experiencias de libertad en su vida: "Las aguas de mi Pozo".
Descubrirnos no por encima de las cosas sino dentro de la realidad cósmica, auto-comprendernos como parte de un todo, volver a re-pensarnos no unos sobre otros, sino unos junto a otros, en una mirada circular-horizontal alternativa a tantas miradas verticales.
La única forma de concretar nuestro ser es en la propuesta socialista, no como ideología según dice Leonardo Boff, sino como sobrevivencia, como conspiración de nuestra comunidad humana en el arte de vincularnos, tejernos, sentirnos, y amarnos.