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DAKAR

DAKAR

La Historia de la Segunda Guerra Mundial, esta plagada de conflictos, batallas, combates, embestidas y contraataques. Tradicionalmente entre los estudiosos de la misma predominan los temas que tratan sobre el frente oriental y la ofensiva alemana de 1940. De este modo muchos escenarios bélicos relevantes han ido desplazándose a un segundo plano hasta desaparecer es el caso del papel jugado por Dakar. Para muchos Senegal, ni siquiera se vio involucrada en la contienda, sin embargo la realidad es bien distinta.

Situada en el África Occidental, sus costas se encuentran bañadas por Océano Atlántico Norte, en las cuales surge una prolongación de tierra que forma lo que los portugueses en 1444 bautizaron como: Cabo Verde. Justamente en ese enclave se sitúa Dakar, la capital de Senegal.

Tras el rápido avance, en la Europa Occidental, de las tropas alemanas en 1940, Francia se encontraba bajo la ocupación nazi. Así las cosas el gobierno títere de Vichy dirigido por el octogenario, Mariscal Petáin, hacía los mayores esfuerzos para mantener la situación de normalidad entre la población francesa, lo que incluía el mantenimiento del orden en las colonias. Con la llamada, lanzada desde la BBC, por De Gaulle a la lucha armada con el objetivo de liberar a Francia, al gobierno de Vichy se le iban a complicar mucho las cosas, para mantener la falsa apariencia de normalidad.

En un principio se descartó rápidamente cualquier intento por invadir el continente de las Islas Británicas, al mostrarse una clara inferioridad de efectivos. Viéndose la dificultad que planteaba dar un golpe de mano desde el interior de la propia Francia, la estrategia para la reconquista de la misma se forjó en torno al debilitamiento progresivo. Sin duda las colonias africanas francesas eran más que un apetitoso manjar encaminado a cumplir dicho objetivo, pues al controlar las mismas se le privaría a la madre patria de un gran número de materias primas, al tiempo que sería una inyección de moral y credibilidad para el recién creado ejército francés en el exilio.

Poco a poco algunas colonias de África se van “separando” del gobierno de Petáin para unirse al general De Gaulle, como por ejemplo Gabón. Ante tales éxitos Ingleses y franceses deciden que la próxima anexión a de ser la de de Dakar. Una fuerza naval conjunta compuesta por dos acorazados, un portaaviones, cinco cruceros, dieciséis destructores británicos y cuatro corbetas de la Francia libre, se encaminan hacía las costas de Senegal, con la misión de "convencer" a su capital de la necesidad de unirse a los aliados. Esta operación de intimidación es lo que será conocido como la “Operación Menace”

Sin embargo jamás pensaron que Dakar tendría motivos de sobra para rechazar la propuesta ya que aún se mantenía fresco en su memoria el ataque ingles sobre los navíos franceses anclados en Mers-el-Kebir ocurrido días antes.

La escuadra anglo-francesa, se sitúa en frente a las costas de la capital, a la cual se aproxima una delegación con el ofrecimiento de adhesión a la Francia Libre. Los defensores de Dakar lejos de dejarse intimidar por las fuerzas desplazadas, reciben a los a los encargados de llevar a cabo las negociaciones, con una rotunda negativa, estos son obligados a reembarca nada más tocar tierra, utilizando una ráfaga de ametralladora para agregar más convicción al mensaje, curiosamente un nieto del mariscal Foch resultará herido en esta acción.

Dakar cuenta con escasas fuerzas y sabe que no podrá resistir mucho, sin embargo decide permanecer fiel a Petáin y luchar contra las fuerzas aliadas. El gobernador general Pierre Boisson, sólo dispone en esos momentos de: un acorazado Richeliu, para más inri este no está del todo terminado, ya que ha tenido que salir a toda prisa de los astilleros franceses en junio de ese año y presenta por tanto múltiples problemas técnicos, entre ellos fallos en una torreta y en algunos cañones que impiden su uso. Las defensas de la ciudad se completan con dos cruceros, tres destructores, unas cuantas baterías costeras y algunos aviones, su estrategia no puede ser otra que golpear primero.

Los cañones del Richeliu dejan pronto fuera de combate al crucero “Cumberland” al tiempo que desde la costa se ordena que se mantengan alejados a una distancia de veinte millas de la costa o de lo contrario abrirán fuego.

Sorprendidos ante la testarudez de sus dirigentes el 23 de Agosto De Gaulle intenta por medio de la fuerza la toma de la plaza, así pues dirige el desembarco de tropas en el puerto de Rufisque sin embargo es repelido con rudeza, disuadiendo, cualquier otro intento de tomar la ciudad con una operación anfibia

Las tropas desplazadas el 24 y el 25 de Agosto nuevamente envían un ultimátum a Pierre Boisson para que entregue la ciudad, amenazándole con que de lo contrario se iniciará el bombardeo, desde el mar, de la misma. El gobernador general rechaza sendas peticiones y la fuerza naval sorprendentemente cumple su amenaza, franceses contra franceses luchan por la posesión de esta colonia.

La situación se torna desperada el efecto de la artillería de la flota anglo-francesa provoca grandes destrozos en la ciudad. Si no se encuentra rápido una solución no habrá otro remedio que presentar la bandera blanca y traicionar al gobierno de Vichy. En el puerto solo cuentan con dos submarinos, que no dudan en emplear, en un desesperado contrataque. El primero que intenta acercarse a la flota, es hundido sin piedad, sin embargo el segundo consigue pasar desapercibido hasta hacer blanco en “Resolution”, causando la muerte de 600 hombres. Ante esto John Cunnighan, el Almirante al mando de las fuerzas desplazadas decide retirar sus barcos, no quiere arriesgar más vidas de forma inútil.

Los defensores de Dakar ven con una mezcla de emoción y sorpresa como sus sitiadores se pierden en el horizonte del océano poniendo rumbo a sus bases, en esta ocasión han vencido, Dakar sigue siendo leal al gobierno de Vichy. Para los aliados la operación ha sido un completo desastre, en el que se han invertido muchos efectivos sin lograr resultado alguno con el agravante de la perdida de 600 hombres.

Juan José Fernández Riego