A esta vida que en mi interior se revuelve.
A este fatal albergue de talleres y arreglos.
Como una cosecha que cada día vuelve.
A ese surtidor de tránsitos hecho de rojo y alma.
Que se vuelve gota desviada, fuente, agua,
ruido lejano, casi mar, casi río, casi calma.
Allí, en aquel adentro de las soluciones
de mi pecho, de casa descubierta.
Donde la miel y la sal tienen visiones.
Donde las lagrimas hacen rondas de alegría
se esconde una sosegada tristeza, terca,
que me apuñala sin descanso cada día.
Penas sin mas y sin mas como agrio vino
se suman a esta matemática tozuda y desorientada,
a esta rosa de viento que no sabe su camino .
Jesus Hermida Gonzalez Pontevedra. Galicia. España
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