A veces es conveniente
parar el tiempo.
Dejarnos caer
por la escalera
de los relojes
tremendamente apuntadores.
Dejar la carga de sueños
posada en la aguja segundera
del corazón.
Dejarnos caer, solitarios,
pausados,
sobre las paredes memoriosas,
oscuras, olvidadas,
alumbradas por la mortuoria
luz del olvido.
A veces es conveniente
pararnos el tiempo.
Revisar las maletas
olvidadas de nuestra memoria.
Darle vuelta a los ojos
y mirar el desierto de nuestra alma.
Seguir la huella de los pasos equivocados.
Encontrar donde están.
A quien llegaron.
Jesus Hermida Gonzalez Pontevedra. Galicia. España
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