Dijeron que hablarían:
nos reuniremos
(somos los padres de la patria, dijeron,
mientras las urnas se revolvían extrañas.
Cogieron con prontitud sus carteras de luto ajeno.
sus papeles prensados en pulpa de lagrimas,
contenidos de noches agitadas, de ojos maniatados,
de corazones pisados matemáticamente.
El pájaro selvático había callado.
Bocas negras volaban dueñas del aire,
y unas botas siniestras llegaban con el viento con su sonido homicida.
Cuchillos del verbo y la razón, dejaban huérfanas palabras.
Y las noches turbias y turbio el día y la esperanza.
Dijeron que hablarían:
nos reuniremos,
con garganta saciada en las fuente del pueblo,
argumentaron.
Sus manos de carpinteros agrios
crearon ataúdes cuentavueltas.
Como nos van a molestar estos perdidos,
a nosotros, padres de la patria, colegas billeteros.
Nos reuniremos:
nosotros hemos cumplido,
llama donde siempre:
somos los de siempre,
en los postres haré el discurso.
Hay una sangre milenaria dentro
de un pájaro milenario.
Reclama su vuelo quien vuelo siempre tuvo.
Hay unos ríos sin nacimiento y sin final:
aguas del principio de los tiempos.
Ojos que vieron tierra
antes de que otros rostros y otros ojos
la consumieran a insultos.
Es Chiapas y otros pueblos.
Reclaman las esencia del tiempo,
los tiempos que siempre fueron suyos.
No extirpéis raíces que otros bosque nacerán.
No ahoguéis sangre que otras sangres nacerán.
No tapéis una bocas que miles chillaran.
No rompáis el pueblo que ese mismo pueblo multiplicara.
No os convirtáis en parias de una patria que no es vuestra:
supuestos padres de una patria cierta.
PLAZA DE MAYO
Si llamarais a la puerta de la tristeza.
O a la pena que consume sus ventanas.
Si preguntarais de que se alimentan
las cenizas que rodean sus manos.
Si encontrarais su cara olvidada,
O a sus parientes de guadañas y tristezas.
Sabríais de los gestos que se edifican
en las eras de sus vientres de ausencia.
Sabríais que su comida es hierro afilado,
o plato desesperado, lagrimas.
Sabríais de un corazón apretado como puño,
cuchillo lacerante, golpe brutal.
Encontrarías la memoria sangrando,
cayendo todo desde el recuerdo.
Veríais una ausencia de vientre y vid retorcida.
No preguntéis a nadie por el dolor.
No llaméis a la puerta de los obligados a vivir.
Preguntarle a las Locas de la Plaza de Mayo.
Jesus Hermida Gonzalez Pontevedra. Galicia. España
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