Te vi desde lejos y cuando paseaba por el muelle.
En aquellos instantes en que como otros premeditados,
llevaba mi andamio de huesos a jugar al viento,
a ventilar el moho de esta realidad en la que no existo.
Abriendo las ventanas de los sueños hundidos,
a sentir la sal cabalgar sobre estos argumentos necesitados.
Fui acercándome poco a poco, crecías a cada paso.
Llegue junto a ti y dulcemente te lanzastes contra el muelle,
con un sordo sonido seco y prolongado, macizo y opaco,
no sé si llamándome o llorando tus aguas en mi presencia.
Con una sensación de dos besos cruzándose te entendí.
Se adivinaba en tu proa el beso violento de las aguas,
ese surcar los elementos diariamente, ese esperar de embiste
y tercio que como un juego a ti también te ponen.
Soñastes en los astilleros con un capitán y mil remeros
y mil aguas donde dejar tu entrega de cuña.
Tu obligado sentir de raspa inquieta para el agua.
Soñaste tu aguado beso, tu batalla elemento,
tu riesgo de lucha y el fondo como ultimo suspiro.
A ti, que tienes un corazón de velas desplegadas profusamente
algo extraño te pusieron en tu espalda, esa espalda de popa
que siempre despide a su camino mirándole a los ojos.
Remolinos adjudicados al tornillo y a la tuerca,
desconocido ímpetu y obligándote.
Te dejaron sola, te quitaron aquello que en un principio
fue confusión y empuje extraño y te llenaron de cuerdas.
En cada tirón de tus aguas gimes y sufres
y en cada sacudida te llenas de rocíos y ansias.
Sola estas y estarás sola hasta el fondo,
hasta ese entierro marino que me explicas.
Yo también te confieso que puedo acabar en cualquier
naufragio de los ríos que cada día me circulan,
inmensamente ahogado, cumpliendo así un destino.
Destino siempre inútil en su análisis.
Siempre pendiente de un capitán:
llega, no avisa y de golpe.
METRO CARNAL
Siento acabarme como la consumación de un metro,
paso a paso, tan entero y tan partido.
Y a pesar de todo busco lo continuo,
la importancia innecesaria de volver a medir.
Y termino mirando mi principio y mi fin,
queriendo buscar la explicación del desatino.
Y es que tengo siempre la duda de la medida
y extiendo siempre los centímetros como
desconfiando de mi instinto y de mi largura.
Jesus Hermida Gonzalez Pontevedra. Galicia. España
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