Hoy parece que me toqué el punto final,
que los dedos de mi destino rozaron la
la esencia de un origen de socorro incontenible.
En el olvidado desvan de mi memoria
se despertó un residuo de tenue golpe.
Un libro de conducta irreversible se abrió en
la página de un índice que no existiendo
estaba escrito desde mi grito maternal.
Los frios ocultos de mi piel se erizaron
y el mineral recogido de mi estructura sintio florecer
llamadas y tornarse a los caminos del regreso.
Así circulé mi existencia en breves instantes.
Recorrí los cortos pasillos de mi vida
como el que busca el objeto deseado y no encontrado.
En alguna esquina del tránsito
pude ver los calendarios que creia perdidos,
con los días intactos recordandome días:
huellas, hermanos resueltos de los relojes,
parientes de la brisa diaria y las limas a tropel.
Resolví la sensación sujetandome a mi propia luz,
luz que brillaba sobre los zumos de la vida:
aliento resoplado en el trasiego diario.
Pude ver la semilla intacta sobre un suelo regresado,
esencias de recuerdos que seran de nuevo amantes/
de un otoño
despues de otros otoños:
sus hojas caidas como escarcha al galope
besaban el suelo con resistencia de amor incomparable.
Sentí una paz instalada en todos los rincones
inaccesibles de mi cueva doliente y siempre abierta.
No me importó nada, ni la vida que se iba.
Bajé en resplandores y subí en llamas:
por unos momentos tan largos como mi corta vida/
sentí un dulce
tránsito, estuve tranquilamente instalado/
en un circulo de luz.
A MIS SOLEDADES VOY (Lope de Vega)
Junto a ese silencio que a veces ocupa el aire
como un terco martillo vacio de sonidos.
O aquel que siembra agonías como noches humedas:
como carros de silencios poblados de esquinas:
donde todo es mas junto, geometrica caida
y extraño síntoma.
O corriendo a veces entre habitaciones:
como conquistando ruidos para ese silencio
que arranca palabras de rojo elemento.
Así y a veces y casi siempre y por costumbre
me voy a la soledad como un enfermo
incurable entra en los hospitales.
Extendiéndome en la actitud callada:
buscando el sintoma de la esperanza.
Y me acostumbro a lo solitario
asumiendo en esta orfandad unica
lo que me lastima y consecuencia
Jesus Hermida Gonzalez Pontevedra. Galicia. España
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