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Recuerdo una mujer que es blanca como un océano de nieve.
Su pelo es rubio y separa su cabello una línea como un tallo.
En sus ojos azules se verifica la profundidad del mar.
Recuerdo su boca como una raíz ávida y persistente en la mía.
Recuerdo sus pechos, pequeños y exiliados en mi.
Su cintura de abrazo violento y lento descargar infinito.
Son sus piernas una victoria armada en su estructura.
Y sus pies, sus finos pies, implacables raíces que palpitan.
Recuerdo una mujer que pasó sus manos por mis ojos
de acero desnutrido, y dejó su huella como lanza clavada
con furia en el guerrero que habita mi cueva.
AMOR ETILICO
Vi tus ojos descender por los
anchos valles de la sonrisa,
buscando quizás el origen
del beso y de la palabra.
Tantos versos tuve discípulos del aire
que atenazaba mi garganta
que no me quedaron soles ni lapidas
para sellar la ocasión.
Te vi sentada con las columnas
de tu cuerpo cruzadas en guerrera intención
y bélico descaro.
Y contemple la feria de tu belleza:
tus piernas bajaban como gotas
del cenicero del deseo
dejando atrás lo rotundo,
convirtiéndose así en abalorios
de visión y conjetura.
Y adiviné la fiesta, adiviné
la entrega que podía tener
la fuerza de tu cintura.
Jesus Hermida Gonzalez Pontevedra. Galicia. España
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