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AGOSTO de 2007. Kakfa.   

La obra de Kafka se ha definido con frecuencia como una fenomenología de la muerte, como una "tanatología". Y, ciertamente, en la mayoría de sus relatos y novelas aparece el tema de la muerte con un protagonismo obsesivo, ya sea como telón de fondo o como el final inexorable al que tienden los personajes. En Kafka encontramos, por esta razón, una de las más ricas imaginerías de la muerte en la historia de la literatura. Su acercamiento a este problema se realiza de un modo simbólico: la muerte, aunque se produce frecuentemente con una vulgaridad y banalidad terribles, supone un tránsito que conduce a la liberación. Así, la muerte va a mantener cierta trascendencia mística. Para Josef K., en El proceso, la muerte supone el final de una existencia angustiosa.
En su obra, la muerte no ofrece ninguna respuesta al hombre, su significado es un “dejar-de-estar-vivo”. Por esta razón, Wiebrecht Ries la opone acertadamente a la muerte de Ivan Ilich, en la obra homónima de Tolstoi, en la cual la agonía forma un proceso continuo con el acto de morir y con la transformación de la muerte en luz. Así pues, la muerte en la obra de Kafka ofrece una imagen ambivalente, fruto de las mismas convicciones del escritor. En sus Diarios y en su correspondencia leemos que para Kafka la muerte no suponía un trauma, más bien era un fin anhelado. Su miedo no tenía por objeto la muerte, sino el morir, sobre todo el dolor que acompaña al morir. En una carta escrita a Milena: “¿Te asusta pensar en la muerte? Yo sólo tengo un miedo horrible al dolor… Por lo demás, uno se puede aventurar a la muerte”. Sin embargo, este deseo de morir desencadenaba a su vez un pánico generado por la conciencia de esa voluntad autodestructiva, lo que le impulsaba a plasmar en sus escritos sus anhelos de muerte, algunas veces envueltos en una atmósfera onírica, en el que las fronteras entre la muerte, el sueño y la vigilia quedan indefinidas.
Estoy de acuerdo con Harold Bloom cuando afirma que Kafka “no tiene esperanza, ni para él mismo ni para nosotros”. Sólo podemos atisbar lo que Kafka pensaba de sí mismo en sus Diarios: pero Kafka era un escritor que nunca dejaba de serlo, por lo que no carecen de su sutil ironía. ¿Debemos creerlos a pies juntillas? ¿Son los pensamientos secretos verdaderos? Kafka es un escritor hermético; sus textos se ríen de las interpretaciones de los críticos, y dudo que fuera un hombre que escribiera exclusivamente como terapia: amaba la literatura por sí misma.

© 2007 Poesía+Letras.


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