Robert Louis Stevenson y los Mares del Sur

Tras atravesar todo Estados Unidos, Robert Louis Stevenson llega a San Francisco, donde en junio de 1888 alquila un yate, el Casco, por la exorbitante cantidad para la época de 500 dólares al mes, más gastos. El autor de El Doctor Jeckyll y Mister Hyde era un hombre rico, pero también enfermo desde hacía muchos años de una afección pulmonar, por lo que en su decisión de viajar hacia los Mares del Sur influyó la búsqueda de un clima más sano. Pero también, después de todo, siempre había sido un viajero infatigable, y una mente abierta y curiosa.

Hubo un primer viaje del autor escocés a estas latitudes, suyo y de sus lectores, el de la imaginación, años atrás en La isla del tesoro. Stevenson concibió esta historia durante un día de fiesta escocés pasado por agua. Así comienza la novela:

"El hidalgo de mi pueblo, el doctor Livesey y otros varios caballeros amigos míos me han rogado que escribiese minuciosamente todo lo que nos ocurrió con la isla del tesoro, desde el principio hasta el fin, sin omitir más detalle que la situación geográfica de la isla, porque todavía dejamos en ella una parte del botín escondido. Tomo, pues, la pluma en el año de gracia de 1.763, para remontarme a aquellos lejanos días de mi infancia, cuando mi padre tenía abierta la posada de El Almirante Benbow, y el viejo lobo de mar, curtido por la intemperie y con el rostro surcado por la siniestra cicatriz de un tremendo sablazo, se hospedó en nuestra casa."

Stevenson la escribió rápidamente. El germen de la historia habría estado en un mapa de una isla imaginaria, pintado a mano en aquel día lluvioso. El mismo mapa, quizás, que su joven protagonista, Jim Hawkins, contempla con atención. Sobre la hoja atrapada por las líneas de longitud y latitud, los trazos de la imaginación:

"Me pasaba horas y horas consultando en mi memoria el fantástico mapa cuyos detalles recordaba con una precisión asombrosa, sentado al amor de la lumbre, en la habitación del mayordomo, abordaba aquella misteriosa isla por todos sus lados, en alas de mi imaginación, exploraba su superficie, ascendía mil veces la elevada colina de El Catalejo, y desde su cumbre divisaba panoramas maravillosos e inmensos. A veces, la isla se me aparecía poblada de salvajes a quiénes era necesario combatir; En otras ocasiones, me la representaba llena de animales feroces que nos perseguían; pero jamás llegué a imaginar nada que fuera tan sorprendente y trágico como luego resultaron mis aventuras de veras."

Volviendo a nuestra historia, entre 1888 y 1889-90 Stevenson hizo extensas travesías, en el Casco, primero, y el Ecuator después. En los Mares del Sur recoge el relato de estos viajes por la inmensidad del Océano Pacífico. Historia pronto publicada, y luego serializada en The Sun (Nueva York) y Black and White (Londres). El propósito del libro era claro.

"Ningún lugar del mundo ejerce una atracción tan poderosa sobre quién lo visita; mi tarea consistirá en comunicar a aquellos que les gusta viajar sin moverse de su hogar, algunas ideas relativas a la seducción de aquellos parajes, y describir la vida, en tierra y mar, de centenares de millares de seres, algunos de ellos de nuestra sangre y que hablan nuestra lengua, todos ellos, contemporáneos nuestros, y, sin embargo, tan alejados de nosotros por sus pensamientos y sus costumbres como Rob Roy o Barbarroja, los apóstoles o los cesares."

Stevenson escribe de los Mares del Sur con los ojos asombrados de quién procura ver lo que se encuentra con la mirada limpia. También con la visión lucida que le permite comprender que el mundo que visita, el de las culturas indígenas, está en trance de desaparecer ante la invasión de la civilización occidental, lo que le da un cierto tono melancólico al libro. Pero siempre queda espacio para la maravilla.

"La primera impresión es siempre única. El primer amor, la primera aurora, el primer contacto con una isla de los Mares del Sur, son recuerdos aparte en nuestra vida, y han hecho estremecer en nosotros, hasta la emoción, una especie de virginidad de los sentidos. Era el día 28 de julio de 1888, a las cuatro de la madrugada, y la luna había desaparecido del cielo hacía una hora.

Durante todo éste tiempo permanecimos en el puente, en el silencio de la espera, con la emoción habitual de los aterrizajes, realzada por el extraño aspecto de las orillas a que nos acercábamos. Lentamente iban adquiriendo forma en la oscuridad decreciente. Ua-Huna, con su cumbre truncada, fue la primera que se nos apareció por estribor; hacia adelante, casi sobre la misma perspectiva, surgió nuestro lugar de destino. Nuka-Hiva, envuelta en nubes; y entre ambas, más hacia el sur, los primeros rayos del sol iluminaron las agujas de Ua-Pu, que emergieron encima de la línea del horizonte como las torres de alguna monstruosa iglesia sobrecargada de ornamentos; allí estaban, de pie, en la irradiación luminosa de la mañana, como signos de la cercanía de un mundo de maravillas. "

También con la lectura de En los Mares del Sur comprendemos hasta qué punto para un escritor como Stevenson, la realidad qué observa casi con avidez, es la piedra de toque necesaria para la imaginación del autor. Una forma de ver las cosas que las dota de una cualidad especial, bajo una luz diferente, casi mágica. He aquí dos buenos ejemplos.

"Había aprendido el idioma con un ballenero, que según ella me dijo, era un buen muchacho, y no pude evitar la evocación de lo que pudo ser su belleza en los tiempos de su juventud, y sin duda el recuerdo del dandy ballenero no era extraño a las atenciones que la mujer me prodigó. Y también me gustaba imaginarme cual hubiera podido ser la suerte de su amante. żBajo la lluvia y el fango de qué puertos de mar habría ido errabundo desde entonces? żEn que tabernas rutilantes y ahumadas habría encontrado sus placeres? żY en la sala de que enfermería habría soñado por última vez en las islas Marquesas?. "

"Por doquier, franjas de césped raso van a perderse en un bosque poco elevado de acacias de diversas especies; Y, en el fondo de éstos bosques un muro de ruinas limita el cementerio de los europeos. Ingleses y escoceses duermen allí, y también escandinavos y franceses, maestros de obras y trabajadores, que allí mezclan sus cenizas extranjeras. En el fondo de los bosques, quizá el mirlo, o, como le llaman aquí, el ruiseñor de las islas, canta canciones de su país, mientras el réquiem sin fin de la marejada resuena en los oídos. Jamás he visto un lugar de reposo más tranquilo; pero constituía una fuente de ensueños inagotables preguntarse que lejanos viajes habían realizado éstos muertos, y que patrias diversas habían abandonado antes de llegar a dormir allí, todos juntos. "

Stevenson murió el 3 de Noviembre de 1894. Los samoanos, que le llamaban Tusitala, el que cuenta historias, lo enterraron, según su deseo, en el monte Vaea. El epitafio en verso que el mismo se compuso comenzaba así:

"Bajo el vasto y estrellado firmamento

cavad la tumba y dejadme yacer

viví contento y muero contento"

En los mares del sur fue publicado póstumamente en 1895. Sermón de Navidad (contenido en La casa ideal y otros textos) fue publicado unos meses después de que Stevenson hubiera partido hacia los Mares del Sur. Debió escribirlo en alta mar o en algún fondeadero del Pacifico. En cierto modo era una despedida. Y, particularmente, lo prefiero a la leyenda creada en torno a él después de su muerte.

"De nuevo podrá arguirse que la insatisfacción respecto a nuestra conducta proviene en cierta medida del pesimismo. Exigimos misiones mas elevadas porque no sabemos apreciar la altura de las que nos han sido encomendadas. Intentar ser amable y honrado parece una tarea demasiado vulgar e intrascendente alos hombres de nuestro heroico calibre (...) Pero la tarea que nos aguarda, que es la de sobrellevar nuestra propia existencia, es mas bien de una sutileza microscópica, y el único heroísmo que se nos exige consiste en tener paciencia. En la vida no hay que cortar nudos gordianos; hay que desatarlos con una sonrisa en los labios. "

"La cordialidad y la alegría deben preceder a cualquier norma ética: son obligaciones incondicionales (...) Si tus ideas morales te hacen ser adusto, ten por seguro que son erróneas. No digo: "renuncia a ellas", porque pueden ser todo lo que tengas; pero ocúltalas como si fueran un vicio, no sea que dañen las vidas de gentes mejores y más sencillas. "

Nuestro viaje continua en los libros, en los que ya hemos conocido un poco aquí, y en la obra de Stevenson y otros autores que situaron su imaginación en los Mares del Sur:

Stevenson, Robert Louis -La isla del tesoro -COTO -820-3/STE

Stevenson, Robert Louis -La casa ideal y otros textos -ARENA -820-4/9/STE

Stevenson, Robert Louis -Cuentos de los mares del sur -OVIEDO -ESP J 125

Stevenson, Robert Louis -Noches en la isla -JOVELLANOS -JUV 820-3 STE.R noch

Balfour, Graham -Vida de Robert Louis Stevenson -JOVELLANOS -929 STE bal

Conrad, Joseph -La línea de sombra -OVIEDO -820-3 CON lin

London, Jack -Relatos de los Mares del Sur -OVIEDO -820-3 LON rel

Maugham, W. Somerset -En los Mares del Sur - JOVELLANOS -820-3 MAU.W en

Melville, Herman -Taipi: un edén caníbal -COTO -820-3/MEL

Pancorbo, Luis -Son los Mares del Sur -ARENA -860-4/9/PAN

No os olvideis de visitar nuestra página hermana El faro de Alejandría. ˇMarineros de agua dulce!. Podéis escribirme a la dirección: rlankero@teleline.es.

"Ron, ron, ron, la botella de ron. "

Ó Roberto Rodríguez González 2001