![]() |
![]() |
||
Amatista, La Piedra de la Castidad.
Esta
piedra preciosa y transparente de color violeta, usada en el anillo pastoral de
los obispos, es el símbolo de la castidad. Se ha recurrido a ella durante
siglos y culturas diferentes para evitar las tentaciones de los placeres del sexo. Así,
antiguamente se creyó que su poder en todo lo relacionado con el acto sexual
era muy grande. Con esta piedra sé hacia un talismán que en la actualidad quizás
pueda provocar mucha antipatía, pero en otro tiempo y cuando la sociedad era
otra, sin duda fue de gran utilidad. Porque se trata de un amuleto que
antiguamente se utilizaba entre las familias conservadoras y puritanas de Nueva
Inglaterra, quienes colocaban a sus hijas vírgenes un dije de amatista tallado
en forma de corazón, colgado entre las ropas intimas, cuyo poder impedía que
las muchachas tuvieran relaciones sexuales antes del matrimonio.
Ya
se sabe, y en todas las épocas sucedió lo mismo, nunca los cuidados e incluso
el encierro bastaron para lograr que dos jóvenes que se amaban no hallaran una
manera de encontrarse a solas en algún momento. Por eso, se recurría a este
amuleto cuyas propiedades se ponían en funcionamiento y producían una reacción
ante la sola idea de un contacto sexual, provocando en la muchacha malestares
incontrolables, mareos y vómitos que inmediatamente la disuadían de cualquier
intención lujuriosa. El talismán de amatista debía ser realizado y colocado
entre el 21 de marzo y el 20 de abril. Además, esta piedra preciosa que
pertenece al signo zodiacal de Acuario, tiene otra utilidad muy interesante: se
dice que si durante un tiempo (no menos de un mes) se ha mantenido sumergida una
amatista en agua, la misma atraerá la fertilidad y la buena fortuna a quien se
lave con ella, lo cual se extiende también a una casa si sus pisos se limpian
con la misma agua.
De
allí también que en Europa Oriental existiera otro talismán consistente en
una piedra de amatista colocada dentro de un cristal con agua, y este a su vez
suspendido en agua de ruda, con lo cual se protegía a la mujer casada (o más
precisamente a la honra de su esposo) de cualquier posibilidad de ceder ante una
tentación sexual adultera.