Las opciones iban desde envenenar el té hasta dispararle durante su caminata matinal
Diario El Levante.-24/7/98
EFE londres Los servicios secretos británicos elaboraron complejos planes para asesinar a Adolfo Hitler en los meses finales de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), revelan unos documentos publicados ayer por los Archivos Nacionales de Kew, en el Reino Unido. La operación Foxley, como se denominó el plan, fue elaborada por el Ejecutivo Especial de Operaciones (SOE), una organización secreta establecida para apoyar actividades de sabotaje en los países ocupados por los alemanes. Los documentos, cuyos contenidos parecen haber sido extraídos de una película de suspense, cuentan en 122 páginas todos los detalles de los movimientos de Hitler. Para que la operación Foxley tuviera éxito, los servicios secretos se vieron obligados a elaborar un extenso informe con los hábitos de Hitler, como que era un adicto al té o que nunca se levantaba antes de las nueve de la mañana. «Hitler se levanta tarde, nunca antes de las nueve o diez. Después viene el desayuno. El almuerzo es a las cuatro, sólo verduras», señalan los textos. Además, Hitler solía trabajar hasta las diez de la noche en compañía de su amante Eva Braun, tras lo cual celebraba una conferencia sobre la situación militar para irse a dormir a las tres o cuatro de la mañana. Así, entre los métodos para asesinarle figuró el de enviar a un francotirador o envenenar el té del Fuhrer. El método favorito fue el de enviar al agregado militar de la embajada en Washington, el capitán E.H. Bennett, para que le disparara con un rifle durante la corta caminata que el Fuhrer solía hacer por las mañanas en la localidad de Berchtesgaden, su refugio en Bavaria. «Hitler es atendido por su barbero, tras lo cual, o bien realiza su paseo matinal o asiste a una conferencia. Siempre camina solo. La caminata dura entre quince y veinte minutos», revelan los documentos. Un agente de las SS patrullaba los alrededores, tarea que debía hacer sin que fuera advertido por Hitler. Otra opción fue la de envenenar el té, pero para ello se hubiera requerido contratar a un asesino entre los extranjeros que trabajaban en la residencia y existía la posibilidad de que alguien probara antes la infusión. Otra alternativa era la de envenenar el agua del tren de Hitler, pero lo más probable era que optara por beber agua mineral. El operativo no se llevó a cabo ya que contó con la oposición del mayor Field-Robertson, jefe de la sección alemana del SOE. El asesinato podía haber «canonizado» al Fuhrer y haber sido «desastroso si el mundo pensara que los aliados tuvieran que recurrir a estos métodos sin poder derrotar a la maquinaria militar alemana».
