LA SOLUCIÓN FINAL EN LETONIA
KARLIS OZOLS
CESAR VIDAL-El Mundo Lunes, 9 de Abril de 2001
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Cuando concluyo el Holocausto, de los 95.000 judíos que vivían en la ex-república Soviética de Letonia habían sido asesinados 85.000. Entre los
letones nacionalistas y, precisamente por ello, interesados en el triunfo de los nazis, se hallaba un joven especialmente dotado para el ajedrez llamado
Karlis Ozols, que falleció hace 15 días en un asilo de Melbourne (Australia). Como buen nacionalista letón aborrecía especialmente a los judíos, pero la unidad en la que sirvió como oficial se ocupó también de acabar con militantes comunistas y de manera mas secundaria, con gitanos. Al concluir la 2ª Guerra Mundial Ozols contaba con la enorme fortuna de no ser un alemán sospechoso y sobre todo de escapar de un país que había vuelto a caer bajo la dictadura comunista. Ayudarle oficial u oficiosamente a huir de un régimen tan horrible como el hitleriano resultaba, siquiera en apariencia, un deber humanitario. Millares de criminales de guerra encontraron, de esa misma forma refugio en numerosos países. A todos |
se les suponía la limpieza de miras puesto que eran enemigos decididos del comunismo.
Posiblemente ayudado por la benevolencia de los británicos y por la habilidad de los nazis para salvar a sus colaboradores, Ozols llego a Melbourne al poco de acabar la guerra. No negó su vinculación con el III Reich pero insistió en que nunca había pasado de ser un simple interprete. El país de acogida no le formuló más preguntas y de 1949 a 1971 Ozols pudo dar repetidas muestras de su dominio del ajedrez ganando nueve trofeos de
campeón en Victoria.
Las quejas de la comunidad internacional y de organizaciones dedicadas a detectar a antiguos criminales de guerra escapados de la justicia obligaron al Gobierno australiano a crear una unidad especial de investigación relacionada con el tema. Entre los personajes investigados se encontró Ozols pero, como sucedió con todos los demás casos, de aquellas investigaciones no derivaron ni acusaciones formales ni procesos
judiciales. Finalmente, hace ahora dos semanas, la muerte sorprendió a Ozols en una residencia de ancianos ubicada en Melbourne. Con el se llevaba a la tumba buen numero de datos sobre las responsabilidades de los letones en el Holocausto y acerca de la manera en que estas rara vez generaron sumarios de
acusación en los países occidentales.
Fueron millones los nacionalistas ucranianos, letones, lituanos y estonios que no solo no se enfrentaron con los nazis, sino que
además los consideraron útiles aliados en la lucha contra Stalin. Esa identificación de un enemigo
común se extendió también a diversas fobias, como fue la dirigida contra los judíos. De hecho, sin la
colaboración de esos nacionalistas, el Holocausto no hubiera resultado posible en esa parte del mundo. Los datos son elocuentes.
Durante el otoño de 1941 se inicio en los territorios bálticos una segunda oleada exterminadora que perseguía acabar con los judíos que no
habían perecido en las primeras semanas de la invasión alemana de la URSS. En esa
ocasión, el papel de las unidades de exterminio conocidas como Einsatzgruppen se vio considerablemente mermado, a la vez que se incrementaba el representado por las fuerzas de policía y de voluntarios locales. Gueto tras gueto,
población judía tras población judía, fueron exterminados. En su informe de invierno de 1941-2, el Einsatzgruppen A cifraba los judíos muertos en Estonia en 60.000 aunque, muy posiblemente la cifra real era superior. De hecho, a principios de diciembre de 1941, los judíos muertos por los Einsatzgruppen alcanzaban la cifra de 925.505
según se desprende de sus propios documentos
