El lado oscuro de Pío XII

El País Domingo 6 de febrero del 2000


ISABEL FERRER

El escritor británico y experto vaticanista John Cornwell ha publicado en el Reino Unido un libro sobre Pío XII. El Papa de Hitler retrata al pontífice como un antisemita cuyo silencio durante la II Guerra Mundial resultó fatal para las victimas del Holocausto. La polémica biografía ha sido duramente atacada desde el Vaticano.

Animado por su deseo de vindicar el legado de Eugenio Pacelli, el papa que escogió llamarse Pío XII en 1939, John Cornwell, autor de un estudio anterior sobre la muerte de Juan Pablo 1, pidió y obtuvo acceso a documentos inéditos guardados en los archivos del Vaticano. El retrato final del pontífice más poderoso de la historia moderna acabó titulándose El Papa de Hitler (Viking Penguin Group, 1999). Un estudio que devuelve la imagen de un hombre de fe, que sin embargo facilitó el triunfo de nazismo al prohibir las actividades políticas de los católicos alemanes.

Cuando Eugenio Pacelli vino al mundo en 1876 en Roma, en el seno de una familia de abogados que trabajaba ante la curia, la pérdida de soberanía del Vaticano precipitada por la creación de Italia como una nueva nación-Estado había sumido al papado en una profunda crisis.

Experto en el manejo de las leyes canónicas que se encargó de compilar, "Pacelli contribuyó a reafirmar el dominio incontestable de los futuros papas desde Roma, según John Cornwell, investigador y miembro de la Universidad de Cambridge que ha dedicado 400 páginas de su prosa a desvelar la auténtica personalidad del hombre que negoció un concordato con Hitler. Un futuro vicario de Cristo que, en su empeño por preservar la libertad de culto y de enseñanza católica en la Alemania del III Reich, propició en su opinión el triunfo del nazismo y de sus políticas de aniquilación de la comunidad judía internacional.

"El pontificado de Pío XII a lo largo de la posguerra y de los años cincuenta representa la apoteosis del poder papal presidiendo sobre una Igiesia católica monolítica y triunfalista, en lucha permanente contra el comunismo dentro y fuera de Italia", escribe Cornwell.

Una situación que empezó a resquebrajarse al final de su mandato que fue revisada por Juan XIII, en el Concilio Vaticano II.

Atraído por la figura de Eugenio Pacellí, que esperaba analizar a fondo para despejar por fin las dudas acerca de la influencia de su pontificado en el curso del siglo XX, el autor británico se propuso elaborar una obra a medio camino entre la hagiografía, dado que Pío XII tiene abierto un proceso de canonización, y el ensayo histórico. Sus conclusiones, que fundamenta con ayuda de los informes y escritos inéditos sobre las actividades de Pacellí en Alemania cuando todavía no era papa, presentan a un hombre de "elevadas aspiraciones espirituales y enorme ambición".

Una figura que separó "la autoridad del amor cristiano, con fatales consecuencias". La relación de los Pacelli con la Santa Sede se remonta a 1819, cuando Marcantonio Pacelli, abuelo del futuro pontífice, llega a Roma para estudiar las leyes (canon) de la Iglesia. En 1834 era ya abogado del Tribunal de La Rota, encargado de las anulaciones matrimoniales, y se pone al servicio directo de Pío IX, conocido popularmente como Pío Nono. En el curso de su papado se celebró el primer Concilio Vaticano (1869 1870), del que surgió el dogma de la infalibilidad. Con el concilio en marcha, Pío Nono y su curia se quedaron con la única posesión terrenal del territorio de la ciudad del Vaticano.

Marcantonio Pacellí contribuyó a fundar L'Osservatore Romano, la voz del Vaticano, publicada hoy en siete idiomas. Filippo Pacelli, padre de Eugenio, siguió los pasos de su progenitor y llegó a ser el decano de los abogados de la Santa Sede. Su hijo Eugenio fue el tercero de los cuatro, Giuseppina, Francesco y Elisabetta, que tuvo con la romana Virginia Graziosi. Ordenado sacerdote a los 23 años Eugenio, que desde niño mostraba una modestia y piedad innatas, estudió también Derecho Canónico. Poco antes de cantar su primera misa en 1899 en la basílica de Santa Maria Maggiore de Roma, ocurrió algo que el autor de la obra considera muy revelador

La revista Civiltá Cattolica, auspiciada por los jesuitas, que eran los mentores espirituales de Pacelli hijo, consideraron en sus artículos culpable de alta traición a Alfred Dreyfus, el oficial judío juzgado por dicho delito en Francia. Incliso cuando su inocencia fue probada y le fue otorgado el perdón, el sacerdote Raifaele Ballerini, director de la publicación, "acusó a los judíos de haber comprado todos los periódicos y las conciencias de Europa". Luego añadiría: "Allí donde los judíos han obtenido la ciudadanía, no ha habido más que ruina para los cristianos".

Cornwell conviene en que no puede saberse el efecto de estas aseveraciones, aparecidas en un diario católico muy influyente. Lo que no duda es que los seminaristas de la época no podían permanecer ajenos "a estas actitudes cristianas hacía el judaísmo". Convertido en 1901 en un sacerdote "gentil y atractivo", Eugenio Pacelli fue reclutado por el círculo más próximo al entonces papa. León XIII, para que aprendiera los rudimentos de la burocracia vaticana. A partir de ahí su ascensión fue fulminante. Le fue encargada la compilación de las leyes eclesiales, presentadas en forma de código en 1917, así como la supervisión de las relaciones entre la Iglesia y el estado en la anticlerical Francia. Transformado en un especialista en las relaciones exteriores del Vaticano, el ahora arzobispo Pacelli viajó por toda Alemania durante el último año de la 1 Guerra Mundial. Su misión era llevar ropa y alimentos a "todos los creyentes" de parte de la Santa Sede. Años después su relación con Hitler fue mas controvertida.

Ansioso de proteger la libertad de culto y enseñanza en Alemania, Pacellí, nuncio papal en Múnich y Berlín, negoció en 1933 un concordato firmado por el papa Pío XI explicado de forma bien distinta por ambas partes. Para el Vaticano, se trataba de protege a sus feligreses y las mismas leyes canónicas que el nuncio tanto había estudiado en su juventud. Para Hitler, lo mismo que para Franco en 1953, el tratado suponía el reconocimiento internacional del régimen. Roma lo negó, pero el acuerdo estipulaba el abandono de toda actividad política o social que pudiera considerarse subversiva por parte de los católicos germanos.

"Dicha abdicación permitió el ascenso del nazismo, que pudo crear un ficticio aire de confianza externa en sus actividades, mientras preparaba la solución final.

Según John Cornwell, la percepción de que el Papa aceptaba el nazismo ayudó a sellar la suerte de Europa. El posterior silencio de Eugenio Pacelli, entronizado como Pío X1I en 1939, sobre la aniquilación de los judíos, es explicado en el libro de forma poco favorable para el pontífice. Quiso mantener la neutralidad a toda costa, incluso en posesión de información privilegiada sobre los campos de concentración. "Su silencio ante el Holocausto fue más que un fallo personal. Erró el papado mismo, porque pidió a los católicos que abdicaran de sus responsabilidades políticas y sociales y se pusieran en manos del Santo Padre". Una tragedia inconmensurable, según el autor.

La vida íntima de Eugenio Pacelli


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