El Pais, Domingo 18 de abril de 1999
Un Águila franquista, embalada en un paquete reforzado por cuerdas, espera su destino apoyada en los andamios que se alzan alrededor de la antigua Embajada de España en Berlín, en el barrio de Tiergarten. La cabeza del ave pétrea emerge del envoltorio como de una mortaja. De las tres águilas que decoraban la fachada, ésta es la primera que ha sido extirpada. Las otras dos esperan su turno.
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Águila Franquista que preside el balcón principal |
Las obras de la nueva Embajada de España en Berlín (4.200 millones de pesetas, 5.500 metros cuadrados de superficie y 22 meses de plazo) han comenzado. Desde marzo, en el cruce de la Lichtenteinalle y la Thomas-Dehler Strasse, el símbolo de la España franquista en el III Reich está siendo transformado en una sede diplomática pasa el tercer milenio.Todavía se puede sentir aquí la yuxtaposición del tiempo. El edificio del pasado se rinde hoy ante un futuro que le |
perdonará sólo la fachada. Cuando los obreros acaben de quitar los escombros, dejarán el sobrio exterior como una cáscara vacía y pulida pan levantar un interior totalmente nuevo. El paseo por la obra, guiado por los ingenieros Ricardo López (director de la obra) y Miguel Rosales Moreno, es un viaje por el túnel del tiempo.
Desde las posiciones que pronto abandonarán, las otras dos águilas franquistas nos vigilan. La primera, discreta, está sobre la entrada principal y la otra, monumental, con el yugo y las flechas ostentosamente desplegados a sus costados y el lema "Una, grande y libre" sobre la cabeza, preside la majestuosa terraza (un balcón de los que le gustaban a Hitler para arengar a las masas), que se abre a un paisaje privilegiado. En primer plano, pacen los antílopes de la sección africana del zoológico. En el horizonte se divisa un edificio rematado por el logotipo de la Mercedes-Benz. Y al otro lado de la calle, el café Am Neuen See. Este local se alza en el exterior de uno de los muchos bunkeres que perforan Berlín.
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Vista general del edificio de la nueva Embajada de España |
También la embajada tiene su búnker de sólidas puertas de hierro. Antes de la demolición, unos servicios especiales del municipio deben asegurarse de que no hay ninguna granada por estallar en el recinto. El águila majestuosa de la terraza corre peligro y podría fragmentarse "Será una operación difícil, porque está fijada sobre hormigón", comenta Ricardo López, que aún no sabe adónde irán a parar los escudos "Eso lo decide el ministerio".
La embajada recibirá escudos constitucionales, que estarán realizados en la misma piedra de sus predecesoras. Los impactos de bala y metralla que acribillan los muros se mantendrán con carácter testimonial.
El "castillo de Drácula", tal como lo llamaba hace poco un periódico berlinés, ha excitado la imaginación de muchos. La historia y la leyenda se mezclan en la biografía de este edificio en estilo del neoclasicismo prusiano, que comenzó a construirse el 15 de diciembre de 1938, según un proyecto de los hermanos Walter y Johannes Krúger Estos alumnos del jefe de la Dirección General de construcciones del Reich, Albert Speer fueron asesorados por el español Pedro de Muguruza, arquitecto del Ministerio de Exteriores del Gobierno de Burgos El solar de la obra fue una compensación por la pérdida del lujoso palacio de la Tiele-Wmckler, la anterior Embajada de España, expropiada por las autoridades nazis para realizar sus planes urbanísticos. El Gobierno alemán creó un "barrio diplomático prometió correr con los gastos.
La obra se prolongó más de lo previsto. En octubre de 1939 tuvo que ser paralizada por falta de mano de obra y de materiales de construcción y de hierro, necesario para la guerra. Por fin, el 15 de febrero de 1943, el edificio fue entregado al embajador Ginés Vidal y Saura.
El inmueble no llegó a tener una vida plena. En junio de 1943, `Vidal y Saura se quejaba al ministerio de la falta de muebles y cortinas que le iban a impedir recibir a la colonia española para celebrar la fiesta del Dieciocho de Julio, según cuenta la historiadora María Ocón. Como el Reich ya no podía atender sus compromisos económicos, el arquitecto Muguruza se desplazó a Berlín y con ayuda de obreros españoles reparó los muebles de la antigua embajada y los instaló en la nueva. Apenas nueve meses después de su estreno, los bombardeos aliados del 23 y el 24 de noviembre de 1943 destruyeron gran parte de la zona administrativa. El edificio, parcialmente clausurado, continuó funcionando como sede diplomática hasta la entrada de los soviéticos en Berlín.
En la posguerra, fue saqueado y su estado era ya lamentable cuando el mando aliado entregó la administración del distrito al alcalde del Gran Berlín, en septiembre de 1949. En 1961, el Gobierno español instaló un consulado y la vivienda del cónsul en una de las alas. Enrique Iranzo, que fue cónsul en Berlín entre 1988 y 1992 y que hoy es cónsul general en Munich, compara la relación entre el espacio que él ocupaba y el resto del conjunto fantasmal con la relación entre el "consciente" y el "subconsciente". "En el consciente yo vivía y trabajaba, y en el subconsciente anidaban los murciélagos y crecían los champiñones en la oscuridad". La parte clausurada se conoce como la "ruina" entre los diplomáticos que pasaron junto a ella sin que el ministerio acabara de decidir si reconstruía el edilicio o se deshacía de él.
La necesidad de salvaguardar los edificios representativos de la época nazi que quedan en pie es hoy parte de la política municipal berlinesa. Por esta razón, el Senado se resistió a aceptar la total destrucción del interior del edificio. Según el embajador de España, José Pedro Sebastián de Erice, fue necesaria una resuelta gestión en vísperas de la visita de los Reyes, don Juan Carlos y doña Sofía, a Alemania en 1997 para obtener el permiso de obras. El órgano administrativo del Senado para la conservación del patrimonio arquitectónico (Denkmlschutz) se ha resignado ante el proyecto de Jesús Velasco Ruiz, señalan fuentes próximas a esta puntillosa organización.
Quedan los detalles, las decenas de reliquias que van a ser salvadas y que en parte se reciclarán en la nueva construcción. Los fragmentos recogidos por orden de los responsables de la conservación del patrimonio arquitectónico van desde estucados de paisajes españoles hasta alta tecnología alemana de los cuarenta (marca Siemens): el motor del aire acondicionado, los interruptores y el cuadro general de electricidad.
En el tejado, Ricardo López cree haber detectado los cimientos de un puesto de ametralladora. En el jardín se ha detectado un claustro, copia de otro del siglo XV, pero aún seguía allí una estatua de la Virgen. En el interior, una capilla de mosaico decorada con el Espíritu Santo. Estas piedras, hablan de una época, que a lo sumo, será una pincelada en un proyecto de otra bien distinta.
Embajadas a la sombra del Holocausto
En al terreno de 3.400 metros cuadrados que España recibió en el Tiergarten a cambio del palacete de Tiele-Winckler fue resultado de la expropiación de cuatro parcelas pertenecientes a varios ciudadanos que residían en aquel elegante barrio, según la historiadora María Ocón, que hizo una tesis de licenciatura sobre la embajada y ha publicado varios trabajos sobre ella.
En muchos casos, las expropiaciones para construir el "barrio diplomático" de Berlín afectaban a judíos, obligados a vender sus propiedades a la municipalidad y, en última instancia, al Reich, explica Ocón, que es profesora en la Universidad Libre de Berlín. Las expropiaciones eran reguladas por una ley, promulgada en octubre de 1937. Otra ley, de diciembre de 1938, regulaba la venta y apropiación del patrimonio judío. Los propietarios de las fincas del "barrio diplomático", eran en muchos casos judíos, señala Ocón, según la cual para indemnizarles, o bien se les ofreció otro terreno o una suma, que nunca correspondía al valor real de la expropiación. Según la historiadora, los propietarios judíos que habían trasladado ya su residencia al extranjero no pudieron hacer uso ni de la propiedad concedida ni de la suma ofrecida por la expropiación. Ese fue el caso de la familia Meinhart, cuya finca, a dos pasos de la Embajada española, se destinó a la Embajada de Noruega. Para las nuevas medidas de planificación urbanística de Berlín iban a destruirse 7.964 viviendas de propietarios judíos, dice Ocón, citando un documento de abril de 1941.
El 1 de marzo de 1938, el jefe del protocolo del Ministerio de Negocios extranjeros del Reich, Bülow-Schwante, se dirigió al entonces embajador de España, Antonio Magaz, para ofrecerle las cuatro parcelas y advertirle "que tratara esta proposición con cautela, ya que aún no se había informado a los propietarios de estos solares de la compra proyectada de estas fincas", señala Ocón, citando documentos en su poder Magaz no se demoró. El 5 de marzo, contestó a Bülow-Schwante y le informó que habla inspeccionado los terrenos y agradecía la superficie asignada. El decreto que creaba el barrio diplomático de Berlín se promulgó el 19 de marzo. La historiadora no ha investigado aún la identidad de los antiguos propietarios de las cuatro parcelas expropiadas.
