El experto israelita indaga en los orígenes de «la solución final»
El Levante 29-10-1998
Aunque «no somos capaces de ofrecer un marco global de interpretación para el holocausto», como señalaba ayer en su intervención el historiador israelita SaulFriedländer que la envió por escrito y fue leída por GustauMuñoz, dado que el profesor está actualmente ingresado en una clínica, hay un avance en este resbaladizo terreno de la memoria y la historia, que se puede advertir por la coincidencia de hechos como el juicio en Francia a Maurice Papon por la deportación de judíos en la zona de Vichy; la denuncia de la explotación y de la apropiación del oro de las víctimas del holocausto, sobre todo acumulado por la banca suiza, o a declaración del papa Juan Pablo II sobre el antisemitismo secular de la Iglesia católica. Saul Friedländer es autor de libros de historia como «Hitler y el holocausto, Pío XII y el Tercer Reich, y los volúmenes que ha dedicado a La Alemania nazi. Todo eso no es suficiente, y pudiera ser, según opina el profesor de la Universidad de Tel Aviv y de Los Ángeles, que no bastase, o que en el caso de los juicios «no sea la solución». Han señalado diversos historiadores que el peligro de la historiografía de este período negro «no puede encasillarse según los modelos de los juicios de Nüremberg, Klaus Barbie, Eischman...». La propia Hanna Arendt ya señalaba, recién acabada la segunda guerra mundial, que los crímenes de los nazis parecen superar la justicia humana y que «para los crímenes nazis ningún castigo parece suficientemente severo». Los dejaba así en una especie de «tierra de nadie». Cuando ocurren hechos como el de Treblinka, donde se exterminaron en un solo año a dos millones de personas... es difícil encontrar los conceptos para analizarlo. Friedländer citaba en su exposición, titulada Memoria, historia, metáfora propio filósofo alemán Hegel, que había hablado del «espíritu de la Historia», a principios del siglo XIX. Friedländer añadía por su parte que «el dominio se convirtió en exterminio, convirtiendo así en parodia de la dialéctica amo/esclavo». De hecho, hubo una época en que los propios supervivientes de los campos de exterminio no deseaban hablar del tema. Algunos países parecían padecer una amnesia más fuerte, como Suiza o Francia. En éste, removió las aguas una película documental como Le changrin et la pitié. Pero no fue hasta que la revuelta de los años sesenta, sobre todo más virulenta en Alemania, puso en cuestión la visión del pasado. La desaparición del marxismo y la reunificación ha significado otro empujón a este fenómeno. Y que sólo la tercera generación, por la propia distancia temporal de los hechos, demuestra querer indagarlo con documentos. Había, sí, testimonios, y memorias. Aunque una oleada de interés general siguió, según el historiador, cuando se difundió en 1979 la serie televisiva Holocausto, aunque fue debatida, por su punto de vista. Según añadió en su escrito, en algunos casos los filmes, los libros, «parecen ejercer una especie de perversa fascinación hacia esa época». Tras un largo período de latencia, da la impresión que ha producido lo que en psicoanálisis Freud calificó de «el retorno de lo reprimido». El holocausto se convierte en «la tragedia arquetípica» y Autzwich se concibe como un acontecimiento de referencia para demostrar «el fracaso de la civilización». En su caso, Friedländer reconoce que «ni la memoria ni la historia pueden separarse fácilmente cuando el pasado está relacionado con la experiencia». (El historiador, que nació en Praga, y sus padres eran de habla alemana, se escapó y fue ocultado en un colegio católico en Francia. Su familia fue exterminada. Y él se trasladó luego de la guerra a vivir a Israel, parte de esta experiencia personal la ha contado en un libro de memorias, Combien de souvenirs, que se añade a su bibliografía como investigador.)
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