Empero, serían quizá otros factores provenientes del campo económico-social los que acabarían por configurarse como determinantes de la segunda guerra mundial. También Versalles es aquí punto de partida.
Los aliados, considerando de forma unilateral culpable a Alemania, se repartieron no sólo sus colonias, recortaron su territorio y redujeron drásticamente su ejército, sino que impusieron cuantiosas indemnizaciones en concepto de reparaciones de guerra por los bienes dañados en las comarcas devastadas, al igual que por los gastos causados por las pensiones a los heridos y mutilados de la contienda. 6
Tras una historia turbulenta, la cifra se fijó teóricamente en ciento treinta y dos mil millones de marcos oro, con un pago anual de dos mil millones de marcos oro. La cuestión envenenaría las relaciones entre Francia y sus antiguos aliados anglosajones por no avenirse nunca de hecho a una postura generosa y realista -rechazo por el capitalismo galo de los acuerdos de Wiesbaden (6 de octubre de 1921>; tensiones y crisis frecuentes con Londres, de las que no estaban ausentes ciertos intentos de chantaje, etc.-. La decidida voluntad de los diferentes gobiernos berlineses de afrontar el pago de tal deuda fue innegablemente el principal factor de la galopante inflación desatada en la República de Weimar, como se denominaría el régimen nacido de la derrota a causa de haberse aprobado y discutido en dicha ciudad su carta constitucional, llamada a tener cierta influencia en otros sistemas europeos, como el español de 1931. 7
La gigantesca inflación trajo consigo, en medida hasta entonces desconocida, toda su habitual cohorte de quiebras, desempleo, desinversión y, en último término, una agitación social insoportable para un pueblo de la disciplina y sentido de la autoridad del germano. Los hombres de Weimar se esforzarían por desterrar de los gobernantes europeos, singularmente de los franceses, todo fantasma de remilitarización y de vuelta a las andadas, aunque sin éxito, debido a los recelos y prejuicios de los vencedores, en particular de la nación gala. Esta, como medida de presión para obligar a Berlín al pago de las reparaciones, ocupó militarmente -11 de diciembre de 1923 la zona más industrializada del país, la cuenca del Ruhr Tal hecho acrecentó, naturalmente, las críticas de amplios sectores del pueblo alemán, la derecha monárquica y la izquierda nacionalista, frente a los hombres de Weimar, tachándolos de débiles e incluso de traidores. 8
En medio del profundo malestar desatado por la iniciativa francesa, tuvo lugar un intento de golpe de estado protagonizado en Munich -9 de noviembre de 1923- por un demagogo con gran capacidad de comunicación y atracción de sectores muy heterogéneos del pueblo alemán: Adolfo Hitler. El pustch fracasé, pero fue todo un símbolo del hondo y sórdido malestar que corroía a una gran parte de la sociedad germana; y dejó al descubierto las debilidades de régimen, atacado desde el interior e incomprendido en el extranjero, pese a esfuerzos titánicos llenos de buena voluntad y perspicacia, como los del gran ministro Gustavo Stresseman. Precisamente, fue su inteligente gestión la que logró establecer un amplio paréntesis en el desenvolvimiento de la crisis económica y social de los últimos años veinte.
Desde la adopción del Plan Dawes a comienzos de 1924,
la coyuntura económica había cambiado de modo sustancial.
Reluctantemente, Francia no tendrá otra opción frente
a la decidida actitud de sus aliados anglosajones que la de aceptar
cl plan propuesto por dicho general norteamericano basado, en
esencia, en la aparición de un nuevo Rentemark y la sustitución
de la Comisión de Reparaciones, con clara hegemonía
francesa, por un Comité, con predominio anglosajón.
Éste impone un clima de solidaridad financiera al tiempo
que apuesta por los efectos positivos que sobre la economía
mundial revelará la prosperidad alemana, que tendrá
en amplios y continuos créditos de la banca anglosajona
uno de sus motores más esenciales.
Uno de
los efectos y consecuencias más importantes en este periodo
fue el crac de la bolsa de Nueva York
en 1929
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