LAS CONSECUENCIAS DE VERSALLES. LA HERENCIA POLÍTICA


Todos los historiadores solventes están de acuerdo en considerar los tratados que pusieron término a la primera guerra mundial como la causa más determinante del estallido de la segunda. El vaticinio del secretario de Estado de Woodrow Wilson, Lansing, «el próximo conflicto mundial saldrá de ellos como el día de la noche», se volvería triste realidad. En efecto, el mapa europeo surgido de Versalles (28 de junio de 1919) tuvo como principal característica la de descontentar no sólo a los vencidos, sino también a muchos de los vencedores. En Alemania, la pérdida de todas sus colonias asiáticas y africanas, la devolución de Alsacia y Lorena a los franceses y la cesión de Prusia Occidental, Poznan y los territorios de Hiucia y Memel, la conversión de Dantzig en ciudad libre (puesta luego bajo el control de la Sociedad de Naciones, pero siempre englobada en la administración aduanera polaca) y la administración aliada del Sarre por un quindecenio, provocarían un profundo malestar, propiciador de un caldo de cultivo para un nacionalismo extremista, bajo cuyas sombras se ampararon, en numerosas ocasiones, la demagogia y el espíritu revanchista.1

El corazón del antiguo Imperio de los Habsburgo, Austria, experimentó igualmente la misma sensación al ver reducido drásticamente su territorio -cesión a Italia del sur del Tirol, Trieste, parte de Dalmacia,Carintia y Cambia- y, sobre todo, su papel de gran potencia.

Pero no fueron únicamente los derrotados los que vieron con desesperanza y angustia los cambios en su geografía. Las nacionalidades irredentas ahora convertidas en estados soberanos, como Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia o Hungría, también expresaron su profundo malestar al no haberse satisfecho todas sus reivindicaciones. Lo sucedido con el último país fue particularmente expresivo de las peculiaridades de los tratados de Versalles. Por el del Trianón (4 de junio de 1920), Hungría, considerada corresponsable con Austria y Alemania del origen de la contienda, fue obligada a ceder Croacia y Eslovenia a Yugoslavia, Transilvania a Rumania, Eslovaquia a Checoslovaquia y a repartir el Banato entre Yugoslavia y Rumania, que sería la más beneficiada por los tratados de Versalles (Saint Germain, 10 de septiembre de 1919; Neuilly-sur-Maine, 27 de noviembre; Sévres, con Turquía, 10 de agosto de 1920).

Si a ello se añaden las tensiones nacidas entre otras potencias comoGrecia e Italia -integrantes del bando aliado- o Bulgaria y Turquía (alineadas con los Imperios Centrales y, por lo tanto, incursas en su mismo destino, con mutilaciones importantes) y las disputas y fricciones fronterizas entre todos y cada uno de ellos (amén de Italia), se tendrá una idea aproximada del clima reinante en la Europa alumbrada por el primer conflicto mundial. 2

El edificio político y diplomático de la Europa de Versalles no llegónunca a verse, por tales causas, completamente afianzado. El nuevo sistema de seguridad establecido por los vencedores con la creación de la Sociedad de Naciones, sita en Ginebra, nació desasistido del apoyo fundamental de los Estados Unidos, consagrados en la guerra como la primera potencia mundial, al no lograr el presidente Wilson romper su tradicional aislacionismo e impedir el Senado la ratificación al ingreso en la institución ginebrina, obra, en puridad, casi exclusiva del gobernante yanqui. 3

Los países danubianos, claves para la estabilidad política del ViejoContinente, vivían, como hemos dicho, en una permanente reivindicación territorial y en continuas luchas diplomáticas. Tan complicado como siempre había sido, el mapa de los Balcanes se convirtió en una pesadillapara las principales potencias garantes de lo fijado en Versalles. En especial, Francia no conseguida nunca establecer un frente homogéneo ante las eventuales miras anexionistas de Rusia, Italia o Alemania, y ni siquiera pudo poner de acuerdo entre sí a los nuevos estados para que abandonasen definitivamente sus permanentes fricciones. Hungría se constituyó en la principal manzana de la discordia por no avenirse a las amputaciones sufridas, así como por el carácter dominador cte sus clases dirigentes, muy desafectas de lo eslavo. Andando el tiempo, la nación magiar habría de configurarse como una pieza clave de la política expansionista de la Italia fascista y del disentimiento entre Roma y París frente a los Balcanes. 4

En tales circunstancias no puede sorprender que la diplomacia gala centrase sus esfuerzos en preservar de toda fisura a la Pequeña Entente. La Tríplice, así también denominada, había surgido en la primavera de 1921 cuando se refrendaron sendos acuerdos defensivos entre Checoslovaquia y Rumania y entre ésta y Yugoslavia, ya unida a su vez con Checoslovaquia el 4 de agosto de 1920, apenas secada la tinta del citado Tratado del Trianón. La potencia magiar es su enemigo común y el eje aglutinador de la Pequeña Entente, que tendrá la suerte de disponer de una diplomacia muy activa y coordinada, convertida además en un decidido actor y también en importante grupo de presión en la Sociedad de Naciones. El aliado natural protector y garante de su estrecha unión será, como decíamos, Francia.

Este escudo protector, esta constelación de pequeños estados-tapón no contará, sin embargo, con una pieza tan esencial como Polonia. Tanto esta como Checoslovaquia se presentaban como enemigos de Alemania en caso de otro ajuste de cuentas entre germanos y galos. Polonia, por su potencial demográfico y el valor de su animoso ejército, y Checoslovaquia, por su poderío industrial y sus bien equipadas tropas, se dibujaban como serios peligros en la retaguardia germana, obligando a Berlín a la lucha en dos frentes.

Colocadas en la primera línea de futuros y no descartables planes expansionistas de Alemania, ambas naciones necesitaban a toda costa laalianza con Francia. Dado el odio existente desde antaño entre polacos y rusos, que, como hablase puesto de relieve en la guerra entre ambos paísesen 1920, albergaban reivindicaciones sobre su antiguo protectorado, Polonia seguía teniendo en París el polo magnético de su política exterior. Lanecesidad se mudé en imperiosidad cuando, por la Paz de Riga (18 de mayo de 1921), Polonia se anexioné parte de Ucrania y de la Rusia Blanca junto con seis millones de habitantes.

Empero, la animosidad entre checos y polacos no favorecerá en demasía los planes franceses, por cuanto Praga y Varsovia estarán enfrentadas en secreto por la región silesiana de Tesclien, poblada por polacos y ocupada, manu mullan, por Checoslovaquia en septiembre de 1919. Por ello Varsovia no escuchará los cantos de sirena emitidos sin cesar por París para que se adhiera a la Tríplice. En el momento en que Yugoslavia y Rumania establecen su mencionado acuerdo (1921), Polonia lo firmará con Rumania, pero se opondrá a cualquier intento de aproximación a Checoslovaquia. Más atractivo ejercerá sobre ella el enemigo mortal de la tríplice: Hungría. París, que pretende un poco la cuadratura del círculo al buscar también la alianza con Budapest, ratificará, con el apoyo entusiasta de su opinión pública, su tradicional línea de conducta hacia Polonia. Tras el armisticio con los rusos en octubre de 1920 y antes de la Paz de Riga, Francia firma con Polonia, a fines de febrero de 1921, una convención militar y un pacto consultivo, que refuerzan la posición negociadora de Polonia ante Rusia y que vienen a ser el precedente del solemne tratado de asistencia mutua establecido a mediados de l925. 5

Habría de ser ésta la geografía del conflicto en su fase desencadenante.Como en otras etapas de la Historia, dichos territorios concentraban talcantidad de material explosivo, que sólo políticos muy sagaces y amantes de la paz podrían enfriar las pasiones y encauzarlas hacia una difícil tarea de coexistencia en la encrucijada más decisiva de Europa.


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© 1999 Juan Luis Jimeno juanluis124@hotmail.com/ Madrid (España)

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