LA GUERRA EN EL HORIZONTE. LA CUESTIÓN DE DANTZIG


Pocos días después de que ello ocurriera, al año justo del Anschluss, Hitler, con una Alemania cada vez más poderosa y casi unánimemente tras de sí, volvió a apostar fuerte en su política exterior al anexionar, pura y simplemente, todo el estado checo, en posesión de una industria muy diversificada y prestigiosa y un fuerte ejército -15 de mayo de 1939-. Chantajes y señuelos volvieron a barajarse, otra vez, por la diplomacia nazi para aquistarse la voluntad de los dirigentes checos, quienes acabarían por sucumbir ante las amenazas de una inminente invasión. A pesar de que la incorporación de Checoslovaquia significaba un salto cualitativo en la política de Hitler -de las reivindicaciones germanas se pasaba, de facto, a la conquista eslava-, las protestas aijadas no se salieron del camino trillado. Eran tales, sin embargo, la trascendencia y significado de esta anexión e indisoluble la actitud del Fúhrer de seguir por la misma senda de los fai¿s accomplis -el 23 ocupaba Me¡nel- que el Gobierno conservador de Chamberlain se comprometió formalmente a garantizar la integridad de Polonia, hacia la que apuntaban, con toda claridad, las nuevas apetencias del dictador nazi. «En caso de una agresión cualquiera que ponga claramente en peligro la independencia polaca y a la cual el gobierno polaco considerara que debía oponerse con todas sus fuerzas, por estimado de un interés vital para ella, el Gobierno de Su Majestad se sentiría obligado a apoyar inmediatamente a Polonia con todos los medios a su alcance» (declaración del premier en el Parlamento el 30 de marzo)

Hitler en Nüremberg

Hitler en Nüremberg
Cierto número de historiadores británicos, con gusto por la paradoja, han defendido recientemente la tesis de una guerra no deseada y, en último extremo, evitable, de haber accedido las democracias a una de las más razonables reivindicaciones alemanas. Éstas hubieran, probablemente, encontrado fin con la vuelta al Reich de la antigua ciudad germana de Dantzig, poblada de alemanes, pero que, como vimos, se había convertido en el enclave del corredor del mismo nombre, franja de territorio que separaba a Prusia Oriental del resto de Alemania con el

fin de dar a Polonia salida al mar. Por otra parte, es verdad que ambos países parecían haber estrechado sus lazos tras Munich.

Un frente antisoviético, en la línea del pacto anti-Komintern. tentaría siempre a las dos cancillerías, espejeando la nazi ante la polaca la conquista de Ucrania, nostálgicamente recordada -y ansiada por Varsovia. Ésta dejaba a los alemanes gobernar la «posesión polaca» de Dantzig y no hacía ascos a la entrega por Berlín del distrito checo de Techen. Muy seguro de su juego, el coronel Beck permitió que la madeja se enredase, hasta que su arma-dijo vino al suelo cuando Hitler -28 de abril- rechazó simultáneamente el pacto de no agresión germano-polaco de 1934 y el acuerdo naval con Inglaterra de 1935.

Quizá la diplomacia franco-británica, en particular esta última, no viviera, en la fase inmediatamente anterior al desencadenamiento del conflicto, su mejor momento; acaso también la cancillería polaca y todo el gobierno del coronel anduvieran errados en su táctica frente a la ofensiva lanzada por la Wilhelmstrasse para soldar de nuevo el territorio de Prusia y recuperar Dantzig. Mas nada de ello autoriza a aseverar que fueron las torpezas de Polonia y sus valedores lo que hiciera saltar la chispa de la guerra. Los propósitos de Hitler eran bien firmes, sin que acontecimientos de muy variado signo le hubieran hecho cambiar un ápice en los pasos conducentes a su logro. Gran potencia industrial, con una demografía en incontenible expansión, Alemania, según postulados teóricos de un visionario que enmascaraba con ellos motivaciones étnicas e imperialistas de muy bajo valor, necesitaba de un espacio vital que le proporcionase el territorio y las materias primas agrícolas y minerales requeridas por su condición de gran país. El ancho y despoblado, hasta entonces, hábitat oriental era el camino trazado por la naturaleza... Ocupado por los eslavos, una de las razas más degradadas del planeta, los arios serían allí también agentes de civilización y progreso. Era, pues, sólo un aplazamiento en el tempo de los planes hitlerianos lo que, en el mejor de los supuestos, habría conseguido la perfecta trabazón de los gobiernos y diplomacia de Polonia y sus garantes. 28

Por lo demás, hay que tener en cuenta que, incluso abierta la crisis política, no se homogeneizó la opinión occidental. El artículo más resonante aparecido en la prensa francesa en aquellas semanas se intitulada «¿Morir por Dantzig?», en el que su autor manifestaba una negativa, respaldada claramente por numerosos estratos de la sociedad gala. En ésta, el derrotismo hacía imparablemente presa, filtrándose incluso en medios militares, prisioneros en sus altas esferas de la tradición y legado de la Gran Guerra y muy reacios a cualquier innovación estratégica y armamentística. 29

Por el contrario, en el Reino Unido la opinión pública se sensibilizó algo más ante la crítica coyuntura, adoptándose, aunque con parsimonia, ciertas medidas en el orden castrense -entre ellas, la reimplantación del servicio militar obligatorio- que habrían de revelarse muy oportunas, pero insuficientes en el momento en que la conflagración estallase. El tándem Chamberlain-Halifax, titular del Foreign Office, actué siempre con la convicción de que en el último minuto la guerra podía tal vez evitarse. 30 Mein kampt

Dicho pensamiento explica los múltiples titubeos y ambigüedades británicos a la hora de establecer, en las primeras semanas del verano de 1939, una alianza efectiva con la URSS, indispensable para detener con éxito a Hitler. También, como a buena parte de la sociedad francesa, el zar rojo se ofrecía al gabinete inglés como un enemigo aún más temible que cl dictador nazi.

Argumentos sólidos e infirmes, hipótesis verosímiles y falsas suposiciones fueron tenidas en cuenta por la diplomacia londinense para aplazar, primero, y oscurecer, después, el proceso de acercamiento al Kremlin, que exigía la entrega o, cuando menos, el protectorado sobre los estados bálticos, Finlandia y la Polonia Oriental No más resuelta se mostró la francesa a la hora de secundar la conducta británica, escudAndose principalmente en los temores invencibles albergados por la polaca ante las exigencias rusas de penetrar en su territorio con el fin de tomar posiciones cara a un ataque contra Alemania. 31


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© 1999 Juan Luis Jimeno juanluis124@hotmail.com/ Madrid (España)

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