Tanto en Gran Bretaña como en la misma Francia existían algunas figuras aisladas y sobresalientes que predicaban en medio del desierto el rearme físico y moral de sus respectivos países cara al desafío totalitario..
Churchill, Eden --dimitido del Foreign Office en febrero de 1938, al no encontrar eco en el gabinete Chamberlain. sus mociones de un talante más enérgico frente a las continuas violaciones por Mussolini de los acuerdos del londinense Comité de No intervención respecto al abastecimiento a los contendientes españoles-, León Blum, P. E. Flandin y algún otro político francés conectado con la City y las altas esferas socioeconómicas británicas dejaron oír su voz apocalíptica a sus conciudadanos, muy reacios a tomar seriamente amenazas y vaticinios que pronto comenzarían a cobrar cuerpo.
En efecto, a finales de 1937 -4 de noviembre-, Hitler presentó ante sus más allegados colaboradores militares las directrices de un vasto proyecto político, Limitado, en su primera fase, a la incorporación de Austria y de los territorios checos y polacos de raza germana. De fracasar la ofensiva diplomática ya dispuesta, Alemania se adentraría por el camino de la guerra. Atónitos ante el panorama desplegado, los altos cuadros de la Wchrmacht no reaccionaron, con excepción de alguna personalidad relevante y aislada. El absoluto control del Ejército por parte del Fúhrer, comenzado desde los días de su ascensión a la Cancillería, llegó a hacerse total cuando la asumió.
Aunque la Wehrmacht, que había sustituido a la Reichwerh, era ya un ejército notablemente mecanizado y adaptado a las nuevas concepciones bélicas -basadas en el predominio de la fuerza acorazada y en el signo de la ofensiva y el movimiento continuo-, aún se hallaba en fase de preparación de las nuevas estrategias y además con un adiestramiento insuficiente. Los escasos contradictores de Hitler, generales de la vieja escuela, sobreestimaban asimismo el potencial del Ejército francés, aureolado todavía por su fama de arrojo y pericia de la primera guerra mundial. Frente a la nueva coalición aliada, Alemania no tardaría en conocer la derrota.
Con el tímido apoyo del generalato más joven -Guderian, Von List, Von Manstein-, Hitler desechó tales temores frente a una coyuntura internacional que consideraba excepcionalmente favorable, sobre todo por la decapitación del Ejército ruso, llevada a cabo, en aquellas fechas (1937), por Stalin mediante una de sus célebres purgas, circunstancia que alejaba para Alemania cualquier peligro proveniente de la URSS. 25
La activa propaganda de sus partidarios en Viena y la ya muy firme alianza con Italia condujeron a Hitler, en los inicios de 1938, a realizar la unión- Anschluss - con Austria, fracasada cuatro años atrás por la negativa de Mussolini- Promesas y amenazas se alternaron en el lenguaje del Führer con el canciller Schusehnig, quien, impotente para frenar la marca nazi y filoalemana desencadenada en su país, no pudo hacer otra cosa que dar paso a un gabinete filonazí y contemplar pasivamente la entrada de Ia Wehrmacht, recibida apoteósicamente por su pueblo (13 de marzo), que en el plebiscito del abril siguiente ratificará -99,75 por la iniciativa gubernamental.
La conmoción en Europa ante la política de hechos consumados manifestada por Hitler fue considerable. En Francia, la respuesta fue un segundo y dímero gobierno de León Blum; pero las protestas de París y Londres no pasaron de notas verbales y editoriales indignadas.
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