EL PACTO GERMANO-SOVIÉTICO. EL COMIENZO DE LA GUERRA


Fiel a la tradición bismarckiana y receloso del valor militar de su alianza con Italia, convertida ya en el Pacto de Acero -23 de mayo-, Hitler proyectaba simultáneamente la "valte face" más espectacular de la historia de las relaciones internacionales del mundo contemporáneo, espoleado por la idea de suprimir un eventual segundo frente en su inminente pugna con las democracias. Las descubiertas diplomáticas del Führer y Von Ribbentrop con el dictador comunista y su flamante ministro de Asuntos Exteriores, Molotov, encontraron el campo abonado, según ya apuntamos. Desde la implantación del régimen nazi, Stalin temía que las democracias occidentales arrojasen a Hitler contra él, mudándose el temor en pánico al observar la debilidad de las reacciones de los vencedores de Versalles frente a Alemania. Su magnífica red de espionaje le había hecho llegar, igualmente, la penosa situación de la opinión pública franco-inglesa y la debilidad y anacronismo de sus fuerzas y planteamientos militares, lo que, unido a la propia sangría de sus cuadros castrenses indicada más arriba, le disuadieron de cualquier veleidad belicista frente a la Alemania nazi, cuya aproximación fue recibida con irreprimible alivio.

Stalin

Stalin

Las vacilaciones e indefiniciones del acercamiento de las democracias acabarían por inclinarle, definitivamente, al pacto de no agresión con Hitler, al que se añadían dos protocolos secretos que sellaban la suerte de las repúblicas bálticas y de Polonia. 32

Firmado en Moscú -23 de agosto- cuando en la capital soviética se hallaba la propia delegación franco-británica encargada de establecer la alianza con la URSS, su impacto en todo el mundo resulta hoy difícil de reconstruir.

Algunos comunistas españoles se suicidaron en las cárceles de Franco y en los campos de refugiados de Francia, y toda Europa se vio recorrida por el temor a la ya inminente guerra. 33

Las cláusulas secretas del tratado germano-soviético regulaban un nuevo reparto de la heroica Polonia. Prevalido de ello, Hitler no tardó en pasar a la acción y ordenó la invasión de aquélla para el día 25. Las propuestas negociadoras hechas in extremis por Inglaterra e incluso por Mussolini, que, desairado por el secreto con que su aliado había firmado el pacto con Stalin, deseaba reproducir su protagonismo de Munich e impedir una guerra para la que su país aún no estaba preparado, aplazaron el ultimátum alemán.

Rotas finalmente, a poco de iniciarse, las conversaciones entre Londres y Berlín por la negativa de Führer a aceptar las fórmulas de entendimiento británico, las avanzadas de la Wehrmacht entraron en tierra polaca. 34 Era la alta madrugada del 1 de septiembre de 1939.

Stalin y dirigentes del Soviet

Dirigentes del Soviet junto a Stalin inmediatamente después de la muerte de Lenin


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© 1999 Juan Luis Jimeno juanluis124@hotmail.com/ Madrid (España)

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