A lo largo de todo el período, alterado por los desajustes de la posguerra y de la crisis de 1929, pueden ser detectadas algunas líneas generales del desarrollo económico, que ofrecen gran interés.
La agricultura. Resultó, afectada, en primer término, por una gran demanda de productos determinada por las grandes perturbaciones sufridas por la producción europea. Esto provocó un alza de precios y un desarrollo de la producción extra-europea. Cuando Europa culminó su reconstrucción, quedó alterada la relación anterior entre la oferta y la demanda y se produjo una caída de los precios. Fue visible entonces el esfuerzo estatal para proteger la producción nacional mediante barreras aduaneras, subsidios, fomento de la técnica, estímulo a la formación de cooperativas, creación de organismos estatales para la compra y reventa de la producción, asegurando precios a los productores; se propició la sustitución de cultivos, buscando los más rentables; se trató de imponer controles a la producción para evitar que sobrepasaran la demanda.
Se produce un aumento de las superficies cultivables y se registran algunos esfuerzos de protección y restauración de los suelos en lucha contra la erosión.
El gran proyecto del Valle del Tennessee (EE. UU., 1933) comprendió la renovación de una cuenca fluvial entera mediante construcción de represas, lagos de irrigación artificial, electrificación de las granjas, mejoramiento de tierras, edificación de ciudades, implantación de industrias, reforestación, construcción de terrazas de cultivo. Otra empresa de gran magnitud fue el cierre del Zuiderzee (Holanda, 1932).
En los países nuevos se registraron crecientes esfuerzos para sustituir la producción extensiva por la producción intensiva, tanto en la agricultura como en la ganadería.
Comenzó a generalizarse la mecanización de la agricultura con los tractores, iniciada por los EE. UU. en 1905 y adoptada por Europa a partir de 1920.
En Europa Occidental se producen cambios selectivos en los cultivos (preferencia por el trigo, la remolacha y las legumbres), y se otorga gran preferencia al ganado para mejorar el abastecimiento de leche y carne, aunque sin poder prescindir de cuantiosas importaciones.
Los cultivos tropicales, alimenticios o de aplicación industrial recibieron un gran impulso. Tal fue el caso del algodón, el caucho el café, el té, el cacao, la caña de azúcar, las bananas, los ananás. La producción caracterizó a tres tipos de propiedades:
* la gran propiedad del tipo feudal, abundante en América Latina, en las Filipinas y en Java:
* la gran propiedad de empresas, entre las cuales merece ser citada como una de las más importantes la United Fruit Company (aplicada a la producción de bananas, caña de azúcar y cacao), con un verdadero imperio en América Central y el Caribe:
* la pequeña propiedad indígena dependiente de las compras de las grandes compañías.
La colectivización de la agricultura fue iniciada con grandes dificultades en la URSS (koljoses y sovjoses).
La Industria. Continúa la Segunda Revolución Industrial. Se presentan como Estados dinámicos los EE. UU., Alemania, Japón y la URSS; más apegados a la tradición, Gran Bretaña y Francia.
Prosigue el proceso de concentración, tanto a través de acuerdos como de la fusión de empresas; este proceso abarca no sólo la industria, sino también el comercio y las finanzas; comprende una concentración «horizontal» o «vertical». Se desarrollan grandes empresas: en EE. UU,. los establecimientos industriales de más de 260 obreros emplean en 1930 más de la mitad de la mano de obra; en Japón, dos grandes trusts (Mitsui y Mitsubishi) dominan la economía.
Prosigue también el proceso de racionalización de la producción (taylorismo) y de la estandarización (trabajo en cadena, producción en serie).
Continúa el progreso técnico con algunos resultados paradójicos: las fábricas renuevan a tal punto su equipamiento que, en determinado momento, deben producir por debajo de las posibilidades para no sobrepasar la demanda. No se trata en adelante de elevar la capacidad de producción para atender las necesidades del consumo, sino de elevar la capacidad de consumo para situarla al nivel de la capacidad potencial de producción.
Como principales países productores, EE. UU., Japón, la URSS y Alemania superan en ritmo de crecimiento a los países tradicionales de Europa Occidental.
El carbón continúa siendo la fuente de energía fundamental. Sin embargo, las cifras de producción aparecen relativamente estabilizadas como consecuencia del hecho de que un mismo consumo produce mejores rendimientos, por el mejoramiento de las centrales térmicas y de las máquinas de vapor.
Se produce un aumento siempre constante en la producción y utilización de energía eléctrica, cada vez más vinculada a la «hulla blanca»; data de esta época la construcción de grandes centrales hidroeléctricas,
Aumenta la utilización del petróleo, en consonancia con la creciente aplicación del motor en automóviles, aviones, navíos y maquinaria industria. El primer productor es EE.UU.., con un 72 por 100% y un 60 por 100% de la producción mundial en 1929 y 1938, respectivamente. Aparecen también otros grandes productores, como Venezuela, la URSS y los países del Cercano Oriente (Irán. Irak, Kuwait. Arabia Saudita); estos últimos constituyen la gran revelación y se convierten por ello en un centro de rivalidades y codicias. La producción mundial pasa de 400 millones de barriles en 1914 a 1.500 millones en 1938.
Tres grandes trusts anglosajones se dividen el mercado mundial del petróleo: la Standard Oil de Nueva Jersey, la Royal Dutch Shell y la Anglo Persian Oil Company. El cartel internacional del petróleo queda constituido por estas grandes compañías en el acuerdo de Achnacarry (castillo de Escocia) en septiembre de 1928. En el acuerdo se distribuyen los mercados (excluyendo a los EE. UU.) y se fijan normas de producción, de refinamiento y de fijación de precios. Posteriormente se integraron al cartel, que se denominé de «los 7 hermanos», la Gulf Oil, la Tesas Oil, la Standard Oil de California y la Mobil Oil.
En 1938, se produjo un trascendental acontecimiento: el gobierno mexicano de Lázaro Cárdenas procedió a nacionalizar la explotación del petróleo, resistiendo exitosamente las presiones externas que, en el caso de Gran Bretaña, llevaron hasta la ruptura de relaciones diplomáticas,
El acero, considerado un medidor de la potencialidad industrial de los países, alcanzó un importante desarrollo. Su producción mundial pasó de los 35 millones de toneladas en 1914 a los 135 millones en 1937. Como grandes productores aparecían, por su orden: Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña, Francia, URSS. En 1939, la URSS ya había pasado al tercer lugar; también se contaban algunos productores secundarios, situados por encima del millón de toneladas (Bélgica, Canadá, Luxemburgo, Polonia, Checoslovaquia. Italia, Japón, Suecia, Australia, India).
Los metales no ferrosos (plomo, cobre, cinc, aluminio, níquel), muy importantes para la nueva producción industrial, también vieron intensificada su producción.
La industria textil alcanza considerable desarrollo en países que, hasta ese período, se abastecían con importaciones (China, India, Brasil, Australia, Nueva Zelandia). La industria de la seda natural afrontó la creciente competencia de la fibra artificial, el rayón, cuya producción pasó de las 13.000 toneladas en 1913 a las 541000 en 1937.
La industria automovilística pasó a ser de las más importantes. Los EE. UU., principal país productor, pasaron de las 700.000 unidades en 1911 a los 30 millones en 1937. Las innovaciones de Ford se destacan muy especialmente. A su vez la industria automotriz impulsé a otras industrias: a la de la construcción (rutas, ciudades), a la del petróleo, a la del caucho (caucho natural, en su mayor parte procedente del sudeste asiático, y caucho sintético de EE. UU. y Alemania).
La industria aeronáutica es considerada, por el momento, princilpalmente una industria de guerra, pero la aviación comercial también hace progresos. Es la época de los pioneros (Lindbergh, Mermoz) y de la creación de las primeras líneas regulares dc cortas distancias para correos y pasajeros. Relacionado con ella, se produce un importante crecimiento de la industria del aluminio.
Los aparatos eléctricos constituyen otra novedad impulsada en el período, especialmente en los EE. UU. Se destacan el teléfono, los refrigeradores, el cine y la radio.
El comercio. El comercio sufrió grandes alteraciones después de la «gran guerra». Se produjeron cambios en la orientación de las corrientes comerciales tradicionales y también en la política comercial. Los Estados creados después de la guerra alargaron tas fronteras (5.000 km. se agregaron a los 12.000 km. existentes) y multiplicaron las aduanas. Rusia, en pleno proceso revolucionario y en malas relaciones con las potencias occidentales, se alsló durante veinte años con respecto al comercio internacional. Agréguense a ello las perturbaciones monetarias padecidas por algunos países y también los cambios ocasionados en el comercio por el desarrollo industrial de nuevos países.
Los EE. UU. entraron a dominar el mercado latinoamericano, y japón el mercado asiático.
Todos los países volvieron a la política proteccionista, inclusive Inglaterra, que fue hasta entonces la campeona del librecambio.
Alcanzó extraordinario auge el nacionalismo económico, con diversas manifestaciones: tendencia de cada país a bastarse a sí mismo, procurando satisfacer sus consumos con su propia producción; elevación de las barreras aduaneras; limitación de las importaciones; control de cambios: primas a la producción y a la exportación.
Se pasa del comercio multilateral (comprar y vender indiferentemente a todos) al comercio bilateral; los países tienden a comprar- sólo al país que les compra, y por cantidades más o menos equivalentes, de modo que no se altere su balanza comercial.
La moneda. Antes de la «gran guerra» las monedas de los principales países no tenían fluctuaciones notables, y los pagos sc hacían también con oro, sin inconvenientes. Después de la guerra sobrevino prácticamente la desaparición de las monedas de oro, la in-convertibilidad del papel moneda y el abandono del "patrón oro".
Las obligaciones de los Estados europeos en guerra los llevaron a emitir billetes en forma desenfrenada, al tiempo que, para satisfacer las obligaciones internacionales, -el oro emigraba hacia el extranjero, fundamentalmente hacia los EE.UU., que a fines de 1953 ya detentaban más de la mitad de las reservas mundiales.
Faltas de respaldo, las monedas nacionales se devaluaron, siendo el caso más extremo el de Alemania, donde el marco, en 1923, sufrió una vertiginosa caída, llegando a cotízarse a razón de 42 billones de marcos por un dólar.
Esta situación, aunque en grado mucho menor, se daba también en Francia, en Inglaterra, en Italia y en otros países que declararon la in-conversión. En 1918 sólo el dólar permanecía siendo convertible en oro. Años más tarde, después de intensos esfuerzos por la recuperación económica, y de algunas reformas financieras, los principales Estados volvieron a la convertibilidad: el marco, en 1924: la libra, en 1925; la lira, en 1927, y cl franco, en 1928. Otros países respaldaron sus monedas, no en las reservas de oro, que no tenían, sino en las divisas fuertes (dólares o libras) que tenían como reservas sus bancos centrales; a ese sistema, que con el tiempo llegaría a generalizarse, se le denominó Gold Exchange Standard.
Después de la crisis iniciada en 1929, todas las monedas, aun las más fuertes, fueron devaluadas y declaradas inconvertibles.
El dirigismo estatal. El triunfo de la Revolución Rusa creó la oportunidad para que fuera puesto en práctica por primera vez el pensamiento económico marxista.
Entre tanto, en el mundo capitalista, el liberalismo clásico del siglo XIX fue abandonado. La intervención del Estado en la vida económica aumentó progresivamente, con diversas manifestaciones: lucha contra el alza del costo de la vida y contra la especulación; reglamentación del comercio exterior, intervención en las relaciones entre empleados y empleadores; creación de organismos de control; creación de empresas estatales que entran en competencia con las empresas privadas; control de los cambios.
Data de este período la acción teórica de lord Keynes (1883-1943), autor de la obra Teoría general del empleo, del interés y de la moneda (1936), considerada en su momento como equiparable a las más grandes obras clásicas de economía. Después de analizar el funcionamiento de la economía capitalista y de hacer la crítica del liberalismo tradicional, por su creencia en la existencia de mecanismos naturales de ajuste económico automático, Keynes preconiza una política dirigista e intervencionista, atribuyendo al Estado un rol decisivo en la actividad económica a efectos de crear estabilizadores (créditos, gastos públicos), fundamentales en la previsión de las crisis.
Uno de los ejemplos característicos de intervención estatal fue dado por Roosevelt en su New Deal.
La gran crisis
La crisis iniciada en 1929 en los EE,. UU., y proyectada luego al resto del mundo, es considerada el acontecimiento clave del periodo.
La extraordinaria prosperidad económica de los EE. UU. en la década de los veinte estuvo acompañada por el desarrollo de fenómenos patológicos que afectaron la producción, el comercio, la cotización de los valores y la extensión del crédito, conduciendo fatalmente a una gigantesca crisis.
Los crecientes beneficios generados por las ventas incitaban a multiplicar la producción.
Las ganancias de las empresas invitaban a invertir en la compra de acciones hasta a los pequeños ahorristas, y la creciente demanda provocaba un constante aumento de las cotizaciones. Se presentaba así un doble negocio: comprar acciones con la esperanza de obtener suculentos dividendos, o comprar acciones simplemente para revenderlas, beneficiándose con la diferencia de la cotización en alza.
La agilidad de los negocios y el clima de optimismo era a su vez un acicate para utilizar más dinero del disponible en el momento, o sea, a recurrir al crédito, con la seguridad de reintegrarlo al obtener los esperados beneficios. Los bancos, administradores del crédito, se beneficiaban a su vez con una demanda constante de dinero, que hacía subir sus beneficios con el aumento de las tasas de interés.
Este crecimiento, a pesar de la euforia que lo acompañaba, tenía fatalmente un límite. El crecimiento de la producción debía alcanzar un tope en que, saturado el mercado, la oferta excedería la demanda y descenderían los precios y los beneficios. El alza de las acciones debía también alcanzar un tope cuando se hiciera evidente que la inversión no era compensatoria. Y cl desarrollo del crédito también debía alcanzar un tope cuando estuviera excedida la capacidad de prestar o la aptitud para reintegrar. Cada uno de los rubros implicaba una situación peligrosa, y combinados, una. situación potencialmente explosiva.
Todas estas circunstancias se dieron en la crisis de 1929, una más de las que periódicamente ocurrían dentro del sistema, pero que en esta oportunidad alcanzó la máxima gravedad.
El crash de la Bolsa de Nueva York, ocurrido en el mes de octubre de 1929, fue el detonante de la crisis. Por razones diversas, acerca de cuya verdadera naturaleza discrepan los economistas, la tendencia alcista de la Bolsa se invirtió radicalmente. El 28 de octubre (el «martes negro») se produjo el récord de venta de acciones (16.410.030) y en medio del pánico, todos querían deshacerse de acciones, cuyo valor descendía hora tras hora.
La caída de la Bolsa aparecía así como la forma más visible de una crisis más profunda. La ruina de los especuladores traía una reacción en cadena que profundizaba otras crisis latentes en el crecimiento desmesurado y artificial de los negocios.
Citamos, a titulo de ejemplo, algunos de los eslabones de la acción en cadena que se produce: los inversionistas (especuladores o ahorristas, grandes o pequeños) arruinados por la caida de los valores, dejan de comprar artículos y dejan de pagar sus deudas: los bancos, urgidos por la situación, ejecutan a los deudores, restringen los créditos, dejan de cumplir sus obligaciones o, en el peor de los casos, se declaran en quiebra; las industrias y los comercios se atiborran de mercaderías sin adquirentes, bajan los precios, disminuyen o paralizan la producción, dejan de cumplir sus obligaciones y, en el caso de las empresas débiles, entran también en quiebra. Socialmente, la ruina alcanza a una minoría importante, y la desocupación afecta a vastos sectores de la población. Y, a su vez, la desocupación o la disminución de la capacidad adquisitiva vuelve a incidir sobre la industria y el comercio por la restricción del mercado, generando una nueva cadena de reacciones.
El proceso de la crisis, que se manifestó en forma desigual en los distintos sectores de la economía, pero que a todos alcanzó, estuvo en pleno desarrollo hasta el año 1932. En ese momento, el número de desocupados alcanzaba a los 14 millones.
Extensión de la crisis. La crisis se extendió rápidamente de los Estados Unidos al resto del mundo. La creciente interdependencia de la economía mundial hacía inevitable que el todo fuera sensible a lo que ocurriera en una de sus partes más importantes. Pero, además, en los principales Estados europeos ya existían problemas de superproducción, expansión desmesurada del crédito y fiebre especulativa, que constituían también el caldo de cultivo de una crisis.
La crisis estadounidense incidió directamente en la situación europea:
* Fueron restringidos los créditos e inversiones de dólares.
* Fueron retiradas inversiones de corto plazo, con el agravante de que muchos países las habían utilizado, a su vez, en inversiones de largo plazo.
* Se exigió el pago de créditos vencidos.
* Se redujeron las importaciones norteamericanas y, consiguientemente, las exportaciones europeas.
Una de las primeras manifestaciones de la crisis europea se registró en Austria. donde se produjo en 1931 la calda del Kredit Austral. Las inquietudes políticas de ese país y los proyectos de unión aduanera con Alemania influyeron en el retiro de capitales americanos, ingleses y franceses, que precipitó la caída de la banca, con repercusiones sobre toda la economía.
En Alemania, cuya economía dependía en grado sumo del crédito extranjero, se hizo sentir también la retirada de capitales, En Julio de 1931 se produjo la caída del Danat Bank y, con él, toda una cadena de quiebras. Para detener el desastre el gobierno alemán congelé todos los capitales extranjeros, impidiendo su salida.
Los problemas alemanes repercutieron a su vez sobre Gran Bretaña, que vio repentinamente inmovilizadas sus inversiones en aquel país. Ya Inglaterra tenía sus propios problemas económicos y financieros. Inclusive la quiebra de la banca Hatray (al caer algunos precios con los que estaba especulando), en octubre de 1929. repercutió por sus vínculos en la banca de Nueva York, siendo citada también como un antecedente de la crisis norteamericana. Lo cierto es que esta situación, agravada por el retiro de inversiones de corto plazo (en las que se apoyaban sus exportaciones de capital a largo plazo) y por la conversión de monedas, practicada por muchos particulares, trajo como consecuencia, por primera vez para (Gran Bretaña, un déficit en la balanza de pagos, una gran hemorragia de oro y una disminución del respaldo metálico de la libra esterlina. En septiembre de 1931 cl gobierno británico procedió a declarar la in-convertibilidad y a devaluar la libra.
La devaluación de la libra, que descendió un 30 por 100 con respecto a su anterior valor, repercutio a su vez sobre aquellas monedas consideradas satélites de la libra (Portugal, Egipto, países escandinavos, algunos dominios y algunos países de América del Sur), provocando su caída y perturbando al comercio en la desorganización de los pagos internacionales.
Francia, que se incorporó a la crisis en forma más tardía, sintió también las consecuencias de la devaluación de la libra.
Y agréguese a este panorama la situación de los países proveedores de productos alimenticios y materias primas, que sintieron las consecuencias del descenso en el consumo por parte de los países ricos, lo que provocó una violenta caída de los precios y una perturbación muy grande en su producción, su comercio y toda su vida social.
Al margen de la crisis, por las características de su sistema económico y por su aislamiento, sólo quedó la URSS.
El saldo de la crisis. Esta violenta conmoción mundial dejó un saldo de perturbaciones en la vida económica que se proyectarían gravemente al plano social y al plano político.
* Disminución de la producción industrial. La ruina de las empresas, la saturación del mercado y la disminución de la capacidad adquisitiva de los consumidores provocó una caída de la producción mundial, desigual según los países y según las industrias. En los Estados Unidos alcanzó un descenso del 44 por 100.
* Agravamiento de la crisis agrícola. Los problemas de superproducción y bajos precios, que aquejaban ya desde antes a la agricultura, se agravaron. Los precios bajaron más. La oferta de mano de obra aumentó, engrosada por la desocupación urbana. Disminuyeron los salarios. Los propietarios sufrieron un aumento de las cargas hipotecarias y muchas tierras pasaron a manos de los bancos acreedores o de propietarios más poderosos.
* Disminución del comercio. Calculada en un 25 por 100 para el año 1932. Y, también, cambios en la orientación del comercio. Abandono del librecambio y tendencia a la formación de unidades cerradas (área del dólar, área de la libra, área del franco, área del yen) o desarrollo de tendencias autárquicas, de las que son claros ejemplos Italia y Alemania, que organizan su producción procurando depender lo menos posible del comercio exterior.
* Mayor concentración del capital. Aumentan las tendencias monopolísticas. Crecen los carteles. Crecen los trusts en desmedro de empresas pequeñas incapaces de sobrevivir, y cuyo número disminuye.
* Gran aumento de la desocupación. Se duplica el número de 10 a 20 millones, con las cifras más altas para EE. UU. (14), Alemania (5) e Inglaterra (2,3). Esto sin contabilizar la desocupación rural, la sub-ocupación y la situación especial de las poblaciones asiáticas.
* Desorganización monetaria. Los sistemas de pago Internacionales se desorganizan por completo. Paulatinamente todos los países abandonan el patrón oro y proceden a devaluar sus monedas.
* Aumenta el dirigismo estatal. La prevención liberal contra la intervención del Estado disminuye., y son los mismos productores quienes la solicitan. Esta intervención asume diversas formas.
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