Durante este período, la población mundial continué en constante ascenso, aunque se produjo una pausa en el ritmo de crecimiento. Como factores entorpecedores de éste podemos citar los millones de muertos en la «gran guerra», la disminución de los nacimientos por ella provocados y la declinación de las tasas de natalidad en los países más desarrollados como consecuencia de distintos fenómenos que acompañan ese desarrollo (elevación del nivel de vida, emancipación de la mujer, tendencia a disminuir las cargas familiares); también la crisis contribuye al crear estados de incertidumbre que des-estimulan la procreación. En sentido acelerador del crecimiento actúa, por el contrario, el descenso bastante general de las tasas de mortalidad, provocado por el progreso de la higiene, de la instrucción y de la medicina, así como por el ascenso del nivel de vida. En efecto, la población mundial pasó de los 1.550 millones en 1900 a 2.226 millones en 1939.
En tanto la mayor parte de los países permanecían oficialmente indiferentes al ritmo de crecimiento, dos países, Italia y Alemania. se lanzaron a una política de estímulo de los nacimientos, asociando el crecimiento de la población a la grandeza del país; los resultados, empero, no estuvieron a la altura del proyecto.
Se produjeron cambios en las corrientes migratorias. Ante todo, una reducción de la inmigración relacionada con el desarrollo de un nacionalismo agresivo que, de parte de los países que recibían emigrantes, se traduce en recelos con respecto al extranjero, y de parte de los países de emigración en una tendencia restrictiva de las salidas.
Estados Unidos comienza a obstaculizar la inmigración en 1921 y refuerza estas restricciones en 1924. Se procura desalentar particularmente la inmigración esclava y latina. Las cifras hablan: en 1913 llegan a EE. UU. 1.112.000 inmigrantes: en 1934, la cifra es de 24.000.
Italia, a partir de 1928, restringe la salida de emigrantes y propicia el retorno de aquellos que habían partido para el extranjero en años anteriores.
Se produce en cambio otro tipo de migraciones, las migraciones forzadas: armenios, griegos y otras nacionalidades balcánicas, a raíz de la reconstrucción del mapa europeo: judíos, por las persecuciones de que fueron objeto en Europa Central; españoles republicanos, después de la guerra civil.
Cambia la vida de la mujer. En algunos sectores de la sociedad, la mujer se vio aliviada en las tareas domésticas al ser incorporadas mejoras técnicas a la higiene y a la preparación y conservación de alimentos. Las ideas de emancipación de la mujer, anteriores a la «gran guerra», se vieron favorecidas por el rol que ésta desempeñara en los servicios auxiliares de los ejércitos, en las fábricas, en los comercios y en las oficinas, reemplazando a los hombres movilizados. En algunos países obtuvieron los derechos políticos: en Gran Bretaña (culminación exitosa, en 1918, de las largas y pintorescas campañas de las sufragistas), en los países escandinavos, en Holanda, en Bélgica, en Austria, en la URSS, en España, en Turquía, Francia, Suiza, Italia y Yugoslavia permanecen rezagadas al respecto. En 1929, Margaret Bondfield se constituyó en la primera mujer que llegó a desempeñar el cargo de ministro.
El horror a la revolución y la esperanza en la revolución tienden a polarizar las actitudes sociales. La afirmación de la Revolución Rusa provoca, en quienes sienten amenazados sus intereses y en quienes rechazan la ideología y la práctica revolucionaria, una actitud de prevención extrema ante las innovaciones y una tendencia a adoptar actitudes represivas de carácter preventivo o disuasivo. Por el contrario, en sectores obreros, la revolución surge como la cristalización de lo que hasta el momento aparecía solamente en el plano teórico, los movimientos obreros influidos por los comunistas tomaron el modelo ruso como el objetivo que intentaban alcanzar.
Se hacen sentir las tendencias nacionalistas, primero, como secuelas de la guerra y, luego, como expresión de la crisis.
En el punto extremo del nacionalismo se desarrolla el racismo, con su forma más aguda en el antisemitismo, particularmente el alemán, y en la acción anti-negra del Ku Klux Klan en los EE.UU.
La crisis de 1929 trastorna a la sociedad. En primer lugar, a los obreros y campesinos que sufren o la desocupación o la rebaja de sus ingresos. Pero también a las clases medias que experimentan la inestabilidad generada por la crisis; esto es particularmente grave para todos aquellos cuya ocupación o ganancias dependían de la capacidad del poder de compra de las masas populares, o cuyas rentas fijas se veían de hecho disminuidas por las devaluaciones. Las inquietudes, los temores y la búsqueda de seguridad tic la clase media habrían de relacionarse con el proceso de surgimiento y desarrollo del fascismo, Los antagonismos sociales se exasperan, sobre todo después de la crisis de 1929, cuando los diversos sectores disputan entre sí y tratan de aliviarse atribuyéndose responsabilidades y descargando en otros el peso de la crisis.
La legislación social hace progresos. Diversos factores se conjugan en sentido favorable: las promesas efectuadas durante la «gran guerra»; una más generalizada aceptación de las ideas de justicia social o, por lo menos, la aceptación de la necesidad de obtener un mejor nivel de vida para los obreros; la tendencia a prevenirse de los avances revolucionarios; los movimientos reivindicativos; los planes de recuperación de la economía que suponían la necesidad de mejorar la capacidad adquisitiva de los sectores populares. Entre las realizaciones del período merecen ser citadas las limitaciones de la jornada de trabajo (generalización de las ocho horas), las vacaciones pagadas, el estudio de los problemas laborales por la Oficina Internacional del Trabajo y por las conferencias anuales de Ginebra, los seguros sociales, el reconocimiento de los contratos colectivos de trabajo.
El sindicalismo prosigue su desarrollo, tropezando con dos factores negativos; la desocupación masiva, que crea una gran reserva de mano de obra y enfrenta a los ocupados con los desocupados: la división en el movimiento socialista, que se traduce también en divisiones del movimiento sindical.
El movimiento obrero reflejará en los distintos países los problemas económicos y político: en la URSS entrará a participar en el nuevo régimen; en Alemania y en Italia es suprimido e incorporado al sistema corporativo; en EE. UU. experimenta un retroceso con la crisis y resurge con el New Deal; en Francia experimenta un sensible crecimiento y contribuye al ascenso al gobierno del Frente Popular: en España, luego de importantes avances, es suprimido después de la guerra civil; en el Japón también es eliminado. En países menos tocados por la crisis hace progresos (Suiza, Checoslovaquia, Hungría, Bélgica, Holanda, Países Escandinavos). En Gran Bretaña experimenta retrocesos.
El progreso científico y tecnológico es cuestionado. Contrariamente a los marxistas, que explican las crisis como inherentes al régimen capitalista, en otros sectores intelectuales se tiende a responsabilizar de ellas a la ciencia y a la técnica, rechazando la confianza en el progreso que fuera característica de la época anterior. Los nuevos descubrimientos científicos y las nuevas teorías (entre ellas la de la relatividad, de Einstein) cuestionan las verdades científicas aceptadas hasta entonces y plantean toda una serie de grandes interrogantes. No obstante ello, los progresos acelerados de la investigación científica y de sus aplicaciones prácticas son coincidentes y preparan la era de la energía atómica, la de los plásticos, de las hormonas y de las vitaminas.
La sociedad es influida por los cambios en las comunicaciones y los transportes. Entre las innovaciones de uso generalizado que ponen su sello al modo de vida, particularmente sobre América y Europa, citamos cl automóvil, el teléfono, la radio y el cine (en grado menor, por el momento, el avión).
Comienza a desarrollarse una civilización de masas. Sus principales puntos de apoyo son la estandarización de la producción, el predominio de lo urbano, la importancia creciente de las clases medias, la uniformización de gustos y hábitos, los espectáculos colectivos, la acción del periodismo y la publicidad, la búsqueda del confort, la universalidad de las modas.
Los desequilibrios del período se reflejan en los movimientos intelectuales. Tanto los años de la posguerra, con su fiebre de goce y su rechazo de los convencionalismos, como la euforia revolucionaria posterior a 1917, o como las tensione5 derivadas de la crisis del 29, con sus temores y su pesimismo, influyen sobre las corrientes de pensamiento. Entre las manifestaciones contrapuestas del período nos encontramos con: la crítica social; la revisión acerca de las verdades hasta entonces aceptadas; las tendencias irracionalistas; los intentos de retorno a l:m metafísica; la búsqueda de un catolicismo renovado; la corriente existencialista: la eformulación del marxismo con el leninismo; las polémicas en torno la necesidad de un compromiso social y político de los intelectuales.
En el arte proliferan las innovaciones. En las artes plásticas prosiguen las experiencias del lauvismo y del dadaísmo, y tienen su auge
el cubismo y el. surrealismo. En música, Stravinsky impacta con sus intentos renovadores y Schoenberg realiza sus experiencias sobre música atona!; desde América el jazz marca el ritmo de la hora. Y situado entre la industria y el arte, con la irregularidad y variedad de sus producciones, el cine irrumpe desde Hollywood con su star system, pero también alcanza manifestaciones de calidad tanto en Estados Unidos como en Francia, Alemania o la URSS. En las letras, la novela cuenta con la mayor aceptación: es el momento de los grandes novelistas americanos como Dos Passus, Hemingway, Dreyser. Faulkner, Steinbcck. o de escritores franceses más refinados como Proust, Gide o Maoriac, o más comprometidos como Rolland y Barbusse.
| El mundo de entreguerras | Indice | Correo |

