|
La casa de las creenciasEl significante está vacío, el signo está lleno, es un sentido. Roland Barthes
A menudo el lenguaje se pregunta así mismo por su ser, aquel que le nombra continuamente. No sabemos cuándo el lenguaje comienza pero sí sabemos que su desaparición sería la consecuencia fatal de la extinción del ser humano. Somos lenguaje solamente. La filosofía se ha exigido plantearse tales particularidades propias del hombre no sin antes establecer una estrecha relación con la propia trascendencia del mismo. Así Heidegger nos revela que es en el lenguaje donde mora el hombre, por eso podemos afirmar que la producción de lenguaje es un hecho ontológico primordial. Jacques Lacan plantea -con gran originalidad- que nuestro inconsciente se estructura de manera similar al lenguaje, es decir, que también nuestro inconsciente es un lenguaje. Por tanto ya no nos vale sólo el hecho positivo o empírico puesto que el inconsciente no se puede observar, ¿verdad?, ¿o quizás sí pueda ser observable desde el lenguaje? Esto nos lleva a otra deducción: no todo lo observable es verdadero. Esta negación lleva implícita una afirmación: todo lo observable es ficción. Hemos deducido –desde la observación- que todo lo observable no es verdadero pues está sometido a múltiples puntos de vista, ya se lo aseguró Gustave Flaubert en una carta a Guy de Maupassant. El mismo movimiento literario designado ‘realismo’ se basa en la suposición de que nada es real, o mejor dicho, que la realidad está en los ojos de cada uno. Y llegamos a la misma conclusión: el único medio capaz de concretar esa realidad incalculable que desprende lo observable –lo que es y lo que está- es el lenguaje. Pitágoras, amigo del mago Zaratustra, instauró una escuela que se ocupó de las matemáticas –como sabemos- de manera determinante y otorgándole el valor de ciencia rigurosa,pero además vieron los discípulos de Pitágoras que los números podrían contener una revelación del mundo, que podrían estar dotados de una esencia mística y que tras ellos se escondía un simbolismo cosmológico. En definitiva, el ‘número’ según los pitagóricos podría estar dotado de ‘alma’.Aquí se encuentra la doble función del lenguaje: designa realidades y realiza ficciones. Partimos de la creencia de las cosas, y de este modo las vemos como positivas, pero esto no prueba su existencia aunque percibamos sus efectos. Las causas de lo real, como ya afirmó David Hume, no son más que una creencia que pactamos como verdadera. Y tal creencia fue, es y será el origen, la evolución y el final del lenguaje. Los efectos –sabemos- generan signos de fe que desde la nada simbolizan e imaginan lo inconcreto. Que así sea. José Manuel Martínez Sánchez Murcia, 24 de marzo de 2004 |
|