logotipo

img_google

 

 

EL DÍA

 

Puedo sentir la penumbra del blanco día

a partir de mis ojos nublados de silencio,

en estas horas que inventan el cielo

cuando todo parece vivir extinguido.

Pueden permanecer los árboles,

o los caminos que siembran la

liviana luz de la tarde, pueden

permanecer las raíces o la tierra

que ha quedado tras enterrar los

pájaros caídos y el olvido, pueden

quedar atrás inconquistables escombros

de plata iluminada.

Pero yo he cerrado los ojos que se dirigían

a las nubes en busca de un objeto

que las identificara. Ya no otorgo

realidades al presente ni al futuro,

porque mis manos están secas y el

día –sosegadamente- las ha cubierto de barro.

José Manuel Martínez Sánchez