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EL DÍA
Puedo sentir la penumbra del blanco día a partir de mis ojos nublados de silencio, en estas horas que inventan el cielo cuando todo parece vivir extinguido. Pueden permanecer los árboles, o los caminos que siembran la liviana luz de la tarde, pueden permanecer las raíces o la tierra que ha quedado tras enterrar los pájaros caídos y el olvido, pueden quedar atrás inconquistables escombros de plata iluminada. Pero yo he cerrado los ojos que se dirigían a las nubes en busca de un objeto que las identificara. Ya no otorgo realidades al presente ni al futuro, porque mis manos están secas y el día –sosegadamente- las ha cubierto de barro. José Manuel Martínez Sánchez
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