LUIS CERNUDA

        

       

    

Retrato de Luis Cernuda hacia 1928

Retrato de Luis Cernuda hacia 1928

 

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LUIS CERNUDA BIDÓN

Biografía.

       Nacido en Sevilla en 1902, es hijo de un comandante de ingenieros; su educación tuvo lugar en un ambiente rígido y religioso. Fue un niño tímido, marcado por sus aficiones literarias y el descubrimiento de su inclinación homosexual.

Estudió Derecho en su ciudad natal, carrera que no llegará a ejercer,  y tuvo por profesor a Salinas. En 1925 publica sus primeros poemas en Revista de Occidente. Tras un viaje a Málaga, se traslada a Madrid, donde entabla amistad con Aleixandre y otros poetas. Pedro Salinas le consigue un puesto de lector de español en la Universidad de Tolouse, donde permanece hasta 1929. Es éste un período de aproximación al surrealismo.

Vuelve a Madrid y se interesa por la política. Sus ideales eran conseguir una España culta, amante de la tradición, refinada y tolerante; para ello colabora en la Revista Octubre y participa en las Misiones pedagógicas.

Durante la guerra, apoya a la República. En 1937 participa en el II Congreso de Intelectuales Antifascistas.

En febrero de 1938 es invitado a dar unas conferencias en Inglaterra. Y en este país permanecerá 8 años.

Tras la guerra no volverá nunca más a España. En la década de los cuarenta imparte lecciones de Lengua y Literatura españolas en Glasgow, Cambridge y Londres. Los años que pasó en Escocia fueron duros, pero muy fecundos.

En 1947 marcha a los Estados Unidos; en 1952 pasará a México, donde dará clases en la Universidad Autónoma, y donde se instalará, ya que era un país de su agrado y en donde se reafirma su imagen mítica del sur corno metáfora del paraíso.

En 1960 regresa a Estados Unidos, aunque los veranos los pasará en México, donde muere en 1963.

     Si de niño era solitario y observador, de mayor será huraño, retraído y de carácter difícil. Salinas dice de él:

“La afición suya, el aliño de su persona, el traje de buen corte, el pelo bien planchado, esos nudos de corbata perfectos, no son más que el deseo de ocultarse, muralla de tímido, burladero del toro malo de la atención pública”.

     Cernuda permaneció olvidado hasta la década de los sesenta, cuando reaparece como poeta-maestro para los poetas más jóvenes.

REGRESO

 

 

 

 

 

 

 

 

Obra poética

Sevillano como Bécquer, recuerda al autor de las Rimas en la delicada, impalpable sensibilidad, la contención expresiva alejada de toda retórica, la predilección por la «lírica de los nortes»: alemana e inglesa. La obra de Cernuda es, entre todas las de su tiempo, la que menos encaja en la tradición poética nacional comúnmente aceptada. En este sentido aporta original novedad al acervo español.

Poeta fatal, obligado por su «demonio» interior al cumplimiento de una vocación y a la fidelidad a sí mismo, Cernuda es un romántico de la estirpe de Keats o de Hülderlin. Rebelde y puro, expresa su desengaño del mundo, su desdén por la vida y la maldad humana, su desazón ante la eterna oposición entre «la realidad y el deseo», en un lenguaje de ajustada belleza, en un verso libre refrenado, abandonado al cansancio de la palabra, de apariencia descuidada, pero de honda per­fección interna en su sencillez.

Cernuda empieza bajo el influjo de Guillén, que abandona en seguida. Dos libros -Un río, un amor (1929) y Los placeres prohibidos (1931)- señalan su incorpora­ción al surrealismo, «corriente espiritual en la juventud de una época ante la cual -escribe el autor- yo no pude, ni quise, permanecer indiferente». Invocacio­nes a las gracias del mundo (1934-35) representa el descubrimiento, a través de Hólderlin, de Grecia y del pa­ganismo. En los libros escritos en el destierro, Cernuda toca en ocasiones -Lázaro, La visita de Dios, etc.— temas cristianos y religiosos.

     Pasión y reflexión se equilibran y funden en esta poesía de fuego envasado en una forma nítida y fría; poesía de la que cabría decir, con un verso del autor, que está hecha de «miembros de mármol con sabor de estío». El retraimiento del hombre y las cualidades, tan raras entre nosotros de su poesía -pensamiento, aristocratismo espiritual, desprecio de la elocuencia- han contribuido a que Cernuda, aunque muy admirado por ciertos lectores, no goce unánimemente del puesto privilegiado que en justicia le corresponde.

La obra de Cernuda tiene una gran unidad y establece una estrecha relación con los avatares de su vida. Toda su obra es una proyección del hombre al que ama, siente, contempla o desprecia.

No emplea la primera persona, aunque hable en nombre propio; se cree que lo hacía por pudor, más por esconder su intimidad. Su producción es de tipo romántico y el tema más usual es el de la lucha entre sus anhelos y las dificultades reales para llevarlos a cabo, de ahí que Gaos lo considere como un romántico al estilo de Keats o de Hölderlin.

Su obra se agrupa bajo el nombre de La realidad y el deseo, que siempre están en desacuerdo; don Ventura, personaje de la única obra teatral que escribió, La familia interrumpida, dice:

“Todos los sueños son irrealizables en este mundo. Por modestos que sean, la realidad los aventa como lo que son: humo, menos que humo”.

Siempre contrapone al yo poético el mundo que le rodea, la libertad y naturalidad frente a al hipocresía social. Su personalidad sensible y diferente a los demás y las dificultades que tuvo para adaptarse a los sitios donde vivió le marcaron fuertemente.

En la Antología de Gerardo Diego declara:

“No sé nada, no quiero nada, no espero nada. Y si aún pudiera esperar algo, sólo sería morir allí donde no hubiese penetrado aún esta grotesca civilización que envanece a los hombres”.

     El deseo siempre es el mismo, mientras que la realidad es variable, por eso intenta explorarla, desvelar su sentido profundo y actuar en consecuencia. Eso hace que parta de experiencias propias, de las que va eliminando lo anecdótico para que sean más universales.

Pero la contraposición entre la realidad y el deseo le lleva a los temas siguientes: la imposibilidad de seguir a la imaginación, añoranza de un mundo que se pueda habitar, la soledad, la angustia ante el paso del tiempo, el deseo de inmovilizar y eternizar lo pasajero, el deseo de alcanzar la belleza absoluta, la sensación de fracaso al que está destinado todo amor. Frente a la necesidad de eternizarse, aparece el castigo de pertenecer a un tiempo determinado y efímero, lo que hace que su poesía adquiera un matiz elegíaco.

Piensa Cernuda que, mediante el amor puede llegar a la comunicación. Para llegar a una fusión con el otro, con el mundo, piensa que se debe empezar por el sexo, “de ahí al corazón y luego a la mente”. El amante busca una relación erótica, física, que no le satisface, por que él anhela una posesión absoluta, eterna; y esto no es así debido al egoísmo del ser amado, habitualmente adolescentes incapaces de dar una satisfacción plena.

  •        Perfil del aire es su primer libro, publicado en Litoral, Málaga, en 1927. La critica no lo recibió bien, lo que hizo que Cernuda fuera reticente a publicar los libros siguientes.

Algunos consideran que se parecían sus poesías a las de Salinas y Guillén; la frustración que esto le produjo hizo que Cernuda reelaborara todo el libro, dándole un título nuevo, Primeras Poesías, en la edición de La Realidad y el deseo de 1936. El tono del libro es elegíaco.

  •        Égloga, elegía, oda, de 1927-28, se acerca a los metros clásicos, más cercanos a Garcilaso y a Fray Luis que a Góngora. Aparece un Cernuda melancólico que aspira a un mundo ideal inalcanzable.

  •      Un río, un amor, de 1929, se acerca al surrealismo; se muestra desolado ante los desengaños personales, evoca un tiempo pasado y marchito, y se rebela contra las injusticias sociales que niegan el amor; la única verdad que defiende es la muerte.

El lenguaje es desgarrado y sarcástico, si bien las imágenes son menos audaces que las de Lorca, Alberti y Aleixandre. Bien podemos considerar este libro como el fundamental en la medida en que abre lo mejor de su producción y es en donde se observa un cambio sustancial con respecto a lo anterior. Si antes el poeta está alejado del poema, ahora el poeta es coetáneo de las emociones que expresa y esto le lleva a un cambio tanto existencial como formal.

  •        En los Placeres prohibidos, de 1931, defiende la experiencia amorosa libre, aunque provoque vacío y soledad. Cernuda se enfrenta, al escoger el amor prohibido, al mundo.

  •        Donde habite el olvido lo escribe entre 1932-33 y lo publica en 1934. El título procede de la Rima LXVI de Bécquer; es el libro más intimista del poeta. Escrito tras un desengaño, el amor aparece como una experiencia amarga, pues cuando desaparece no queda nada “la memoria de un olvido”; el tema clave del libro es el olvido, que reduce la contradicción de la realidad y el deseo.

  •       Invocaciones a las gracias del mundo, escrito en 1934-35, vuelve al tema de la soledad, el destino del artista y la exaltación de la belleza y la libertad.

   Rompe con la rima y los ritmos marcados, incorpora los encabalgamientos y el versículo, adopta un lenguaje más directo y coloquial. A pesar de parecer el verso desaliñado, hay detrás una enorme elaboración, por medio de un lenguaje denso y depurado. A todo esto contribuyó su conocimiento de los poetas ingleses y alemanes.

Todos estos libros que hemos comentado hasta ahora, los reúne en un volumen bajo el título de La realidad y el deseo, en 1936.

Poesía del Exilio

Todo lo que sigue se irá incorporando a las distintas ediciones de La realidad y el deseo. En la segunda edición de 1940, incluye:

  •   Las nubes, de 1937-40, libro empezado en España y que termina en Inglaterra. En él se muestra una poesía meditada, más objetiva. Son reflexiones éticas sobre la nueva realidad; se puede entrever una inquietud religiosa, aunque, a veces, sea desesperanzada. Emplea formas métricas más regulares.

  En la tercera edición de La realidad y el deseo incorpora:

  •   Como quien espera el alba, del año 1941- 44, que publicará independientemente en 1947.

En él defiende la España creadora frente a la intolerante e injusta; y se acerca a los seres desplazados, como él, que mostraron su desacuerdo.

Su poesía se vera encuadrada por citas y ecos ajenos.

  • Vivir sin estar viviendo es de 1944-49; Con las horas contadas, 1950-56, cuenta experiencias personales teñidas de amargura, porque descubre que la vida se desvanece.

  • El último libro es Desolación de la quimera, de 1962, y pasará, junto los anteriores, a constituir la cuarta edición (póstuma) de La realidad y el deseo, de 1964.

Desolación de la quimera debe el título a un verso de Elliott; es una de tas obras que más influjo ha tenido en los poetas posteriores. Todo el libro está marcado por la idea de la despedida, que le da carácter de conclusión y testamento.

Cernuda, además, escribió dos libros en prosa: Ocnos, empezado en 1940, con una primera edición en 1942, y que termina en 1963, y Variaciones sobre tema mejicano, de 1952. También es autor de Tres narraciones (1948)

Escribe ensayos de Literatura y una obra de teatro, La familia Interrumpida, de finales de los treinta y publicada en 1985.  Así mismo fue traductor de  Poemas de Hölderlin (1942) y de  Troilo y Crésida de Shakespeare (1953).

Como crítico ha mostrado personalidad y agudeza en Estudios sobre poesía española contemporánea (1957), Pensamiento poético en la lírica inglesa (Siglo XIX) (1958), Poesía y Literatura, I y II (1960, 1964) y Crítica, ensayos y evocaciones (1970)

 

REGRESO

 

 

 

 

 

 

 

POEMAS DE LUIS CERNUDA

 

Ninguna nube inútil,

Ni la fuga de un pájaro,

Estremece tu ardiente

resplandor azulado.

 

Así sobre la tierra

Cantas y ríes, cielo,

Como un impetuoso

Y sagrado aleteo.

 

Desbordando en el aire

Tantas al universo calma.

Árboles a la orilla

Soñolienta del agua...

 

Sobre la tierra estoy;

Déjame estar. Sonrío

A todo el orbe; extraño

No le soy porque vivo.

        (De Primeras poesías)

     ...ooo000...000ooo...

No decía palabras.

No decía palabras,

Acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,

Porque ignoraba que el deseo es una pregunta

Cuya respuesta no existe,

Una hoja cuya rama no existe,

Un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,

Remonta por las venas

Hasta abrirse en la piel,

Surtidores de sueño

Hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

Un roce al paso,

Una mirada fugaz entre las sombras,

Bastan para que el cuerpo se abra en dos,

Ávido de recibir en sí mismo

Otro cuerpo que sueñe;

Mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne;

Iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.

Aunque sólo sea una esperanza,

Porque el deseo es pregunta cuya respuesta nadie sabe.

                        (de Los Placeres Prohibidos.)  

             ...ooo000...000ooo...

Yo fui.

 

Columna ardiente, luna de primavera.

Mar dorado, ojos grandes.

Busqué lo que pensaba;

Pense´, como el amanecer en sueño lánguido,

Lo que ponta el deseo en días adolescentes.

 

Canté, subí,

Fui luz un día

Arrastrado en la llama.

 

Como un golpe de viento

Que deshace la sombra,

Caí en lo negro,

En el mundo insaciable.

 

He sido.

              ( De Donde habite el olvido.)

            ...ooo000...000ooo...

  Himno a la tristeza

Fortalecido estoy contra tu pecho 

De augusta piedra fría,

Bajo tus ojos crepusculares,

Oh madre inmortal.

Desengañada alienta en ti mi vida,

Oyendo en el pausado retiro nocturno

Ligeramente resbalar las pisadas

De los días juveniles, que se alejan

Apacibles y graves, en la mirada,

Con una misma luz, compasión y reproche;

Y van tras ellos como irisado humo

Los sueños creados con mi pensamiento,

Los hijos del anhelo y la esperanza.

 

La soledad poblé de seres a mi imagen

Como un dios aburrido;

Los amé si eran bellos,

Mi compañía les di cuando me amaron,

Y ahora como ese mismo dios aislado estoy,

Inerme y blanco tal una flor cortada.

Olvidándome voy en este vago cuerpo,

Nutrido por las hierbas leves

Y las brillantes frutas de la tierra,

El pan y el vino alados,

En mi nocturno lecho a solas.

 

Hijo de tu leche sagrada,

El esbelto mancebo

Hiende con pie inconsciente

La escarpada colina,

Salvando con la mirada en ti

El laurel frágil y la espina insidiosa.

 

Al amante aligeras las atónitas horas

De su soledad, cuando en desierta estancia

La ventana, sobre apacible naturaleza,

Bajo una luz lejana,

Ante sus ojos nebulosos traza

Con renovado encanto verdeante

La estampa inconsciente de su dicha perdida.

 

Tú nos devuelves vírgenes las horas

Del pasado, fuertes bajo el hechizo

De tu mirada inmensa,

Como guerrero intacto

En su fuerza desnudo tras de broquel broncíneo,

Serenos vamos bajo los blancos arcos del futuro.

 

Ellos, los dioses, alguna vez olvidan

El tosco hilo de nuestros trabajados días,

Pero tú, celeste donadora recóndita,

Nunca los ojos quitas de tus hijos

Los hombres, por el mal hostigados.

 

Viven y mueren a solas los poetas,

Restituyendo en claras lágrimas

La polvorienta agua salobre,

Y en alta gloria resplandeciente

La esquiva ojeada del magnate henchido,

Mientras sus nombres suenan

con el viento en las rocas,

Entre el hosco rumor de torrentes oscuros,

Allá por los espacios donde el hombre

Nunca puso sus plantas.

 

¿Quién sino tú cuida sus vidas, les da fuerzas

Para alzar la mirada entre tanta miseria,

En la hermosura perdidos ciegamente?

¿Quién sino tú, amante y madre eterna?

 

Escucha cómo avanzan las generaciones

Sobre esta remota tierra misteriosa;

Marchan los hombres hostigados

Bajo la yerta sombra de los antepasados,

Y el cuerpo fatigado se reclina

Sobre la misma huella tibia

De otra carne precipitada en el olvido.

 

Luchamos por fijar nuestro anhelo,

Como si hubiera alguien más fuerte que nosotros,

Que tuviera en memoria nuestro olvido;

Porque dulce será anegarse

En un abrazo inmenso,

Vueltos niebla con luz, agua en la tormenta;

Grato ha de ser aniquilarse,

Marchitas en los labios las delirantes voces.

Pero aún hay algo en ml que te reclama

Conmigo hacia los parques de la muerte

Para acallar el miedo ante la sombra.

 

¿Dónde floreces tú, como vaga corola

Henchida del piadoso aroma que te alienta

En las nupcias terrenas con los hombres?

No eres hiel ni eres pena, sino amor de justicia imposible

 

Tú, la compasión humana de los dioses.

(De Invocaciones a las gracias del mundo.)

           ...ooo000...000ooo...

La visita de Dios

Pasada se halla ahora la mitad de mi vida.

El cuerpo sigue en pie y las voces aún giran

Y resuenan con encanto marchito en mis oídos,

Mas los días esbeltos ya se marcharon lejos;

Sólo recuerdos pálidos de su amor me han dejado.

Como el labrador al ver su trabajo perdido

Vuelve al cielo los ojos esperando la lluvia,

También quiero esperar en esta hora confusa

Unas lágrimas que aviven mi cosecha.

 

Pero hondamente fijo queda el desaliento,

Como huésped oscuro de mis sueños.

¿Puedo esperar acaso? Todo se ha dado al hombre

Tal distracción efímera de la existencia;

A nada puede unir esta ansia suya que reclama

Una pausa de amor entre la fuga de las cosas.

Vano sería dolerse del trabajo, la casa, los amigos perdidos

En aquel gran negocio demoníaco de la guerra.

 

Estoy en la ciudad alzada para su orgullo por el rico,

Adonde la miseria oculta canta por las esquinas

O expone dibujos que me arrasan de lágrimas los ojos.

Y mordiendo mis puños con tristeza impotente

Aún cuento mentalmente mis monedas escasas

Porque un trozo de pan aquí y unos vestidos

Suponen un esfuerzo mayor para lograrlos

Que el de los viejos héroes cuando vencían

Monstruos, rompiendo encantos con su lanza.

 

La revolución renace siempre, como un fénix

Llameante en el pecho de los desdichados.

Esto lo sabe el charlatán bajo los árboles

De las plazas, y su baba argentina, su cascabel sonoro.

Silbando entre las hojas, encanta al pueblo

Robusto y engañado con maligna elocuencia,

Y canciones de sangre acunan su miseria.

 

Por mi dolor comprendo que otros inmensos sufren

Hombres callados a quienes falta el ocio

Para arrojar al cielo su tormento. Mas no puedo

Copiar su enérgico silencio, que me alivia

Este consuelo de la voz, sin tierra y sin amigo,

En la profunda soledad de quien no tiene

Ya nada entre sus brazos, sino el aire en torno,

Lo mismo que un navío al alejarse sobre el mar.

 

¿Adónde han ido las viejas compañeras del hombre?

Mis zurcidoras de proyectos, mis tejedoras de esperanzas

Han muerto. Sus agujas y maderas reposan

Con polvo en un rincón, sin la melodía del trabajo.

Como una sombra aislada al filo de los días,

Voy repitiendo gestos y palabras mientras lejos escucho

El inmenso bostezo de los siglos pasados.

 

El tiempo, ese blanco desierto ilimitado,

Esa nada creadora, amenaza a los hombres

Y con luz inmortal se abre ante los deseos juveniles.

Unos quieren asir locamente su mágico reflejo,

Mas otros le conjuran con un hijo

Ofrecido en los brazos como víctima,

Porque de nueva vida se mantiene su vida

Como el agua del agua llorada por los hombres.

 

Pero a ti, Dios, ¿con qué te aplacaremos?

Mi sed eras tú, tú fuiste mi amor perdido,

Mi casa rota, mi vida trabajada, y la casa y la vida

De tantos hombres como yo a la deriva

En el naufragio de un país. Levantados de naipes,

Uno tras otro iban cayendo mis pobres paraísos.

¿Movió tu mano el aire que fuera derribándolos

Y tras ellos, en el profundo abatimiento, en el hondo vacío,

Se alza al fin ante mí la nube que oculta tu presencia?

No golpees airado mi cuerpo con tu rayo;

Si el amor no eras tú, ¿quien lo será en tu mundo?

Compadécete al fin, escucha este murmullo

Que ascendiendo llega como una ola

Al pie de tu divina indiferencia.

Mrta las tristes piedras que llevamos

Ya sobre nuestros hombros para enterrar tus dones;

La hermosura, la verdad, la justicia, cuyo afán imposible

Tú solo eras capaz de infundir en nosotros.

Si ellas murieran hoy, de la memoria tú te borrarías

Como un sueño remoto de los hombres que fueron.

               (De Las nubes.)

              ...ooo000...000ooo...

Góngora

El andaluz envejecido que tiene gran razón para su

   orgullo,

El poeta cuya palabra lúcida es como diamante,

Harto de fatigar sus esperanzas por la corte,

Harto de su pobreza noble que le obliga

A no salir de casa cuando el día, sino al atardecer, ya

   que las sombras, <