GERARDO DIEGO

  

         

       

Retrato de Álvaro Delgado. Dibujo de Escasi publicado en la Revista Haz en octubre de 1940.

BIOGRAFÍA 

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OBRA POÉTICA 

POEMAS

En 1980 compartió el Premio Cervantes con el argentino Jorge Luis Borges.

                    

 

 

 

 

 

GERARDO DIEGO

Biografía

Gerardo Diego nació en Santander, en 1896. Estudió Filosofía y Letras en Deusto, en la Universidad de Salamanca y en la Central, donde hizo el doctorado. En 1920  obtuvo la cátedra  de Lengua y Literatura del Instituto de Soria, y años después enseño la misma asignatura en los Institutos de  Gijón, Santander. Finalmente en 1932 logró la misma cátedra en un instituto de  Madrid, jubilándose en 1966.

Unido a los demás poetas del 27, fue uno de los más activos organizadores del homenaje a Góngora que celebró su generación en 1927 con motivo de del centenario del poeta cordobés. Y ese mismo año fundó y dirigió la revista Carmen. 

 Frecuentes estancias en Francia y viajes a Hispanoamérica y Filipinas. Excelente musicólogo -colaboró con Federico Sopeña y Joaquín Rodrigo en el libro Diez años de música en España-, Desde 1937 ha venido dando conferencias-conciertos que él mismo ilustraba tocando el piano y cursos por todo el mundo. Versos humanos le valió, al alimón con Alberti, el Premio Nacional de Literatura, al que han seguido otras recompensas, entre ellas el importante Premio March. Desde 1948 es miembro de la Real Academia Española, donde ingresó pronunciando un discurso sobre Una estrofa de Lope. fue fundador y director de la revista Carmen. Fue un finísimo crítico literario: su Antología poética. Contemporáneos es ya clásica. también se le debe una Antología poética en honor de Góngora,  estudios sobre Enrique Menéndez, Fernández Moreno, Concha Espina y Manuel Machado, una serie de versiones de poetas recogidas bajo el título de Tántalo y la pieza teatral El cerezo y la palmera (retablo escénico en forma de tríptico). 

 Han sido muchos los premios que recibió, desde el Nacional de Literatura en 1925 al Cervantes en 1979. Murió en Madrid, en 1987.

Dentro de la generación del 27 Gerardo Diego ejerció un importante papel impulsor. De hecho, su Antología de los jóvenes poetas, publicada en 1932, es casi un manifiesto de aquel grupo. En esta Antología, se recogen muestras de la obra de todos ellos, junto a una selección de poemas de los que ellos consideraban sus maestros: los Machado, Juan Ramón, ...  

REGRESO

 

 

Obra poética

Sus dos notas sobresalientes son la versatilidad y el virtuosismo, arquitectónico y musical a la vez. Nadie ofrece tan vario registro de temas, metros, estilos, ten­dencias. En sus libros iniciales -El romancero de la novia, Soria- hay aún ecos románticos (de Bécquer, sobre todo) y modernistas, con influjos de Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado Imagen y Manual de espumas son audaces muestras de creacionismo, de poesía deshumanizada. Un nuevo sesgo origina los Versos humanos. El entusiasmo gongorino de 1927, la barroca Fábula de Equis y Zeda y la Antología poética en honor de Góngora. Esta antología, la de Poesía española (1932) y la dirección de la revista «Carmen» hacen de Gerardo Diego uno de los teóricos y promotores, junto a Dámaso Alonso, de la nueva poesía. Ya cultive la más libre, ya la más tradicional, aunque siempre con acento moderno, y cualquiera que sea el tipo de verso elegido, la perfección formal es constante. Gerardo Diego no tiene rival en el dominio del soneto, con el que alcanza altitud cimera en Alondra de verdad, quizá su obra maestra. La técnica y la facilidad de este poeta son tales, que le permiten tocar con igual acierto los temas mas graves -por ejemplo, el religioso, poco cultivado en su época: Viacrucis, Versos divinos- y los más ligeros, como el tema de los toros: La suerte o la muerte. El propio Gerardo Diego nos ha explicado su polifacética disposición: «Yo no soy responsable de que me atraigan simultáneamente el campo y la ciudad, la tradición y el futuro; de que me encante el arte nuevo y me extasíe el antiguo; de que me vuelva loco la retórica hecha y me torne más loco el capricho de volver a hacérmela -nueva- para mi uso personal e intransferible.» Que una producción de tan sostenido nivel de belleza sea compatible con una rica fecundidad es testimonio seguro de que su autor no es sólo un artífice, sino un auténtico poeta.

Tiene una obra ingente que unas veces publicó, en su momento, y otras en Antologías sobre su obra que él mismo realiza a partir de 1941.

Es difícil clasificar su extensa obra por etapas, ya que coexisten en un mismo período lo vanguardis­ta con lo tradicional; lo viejo y lo nuevo; el humor y los tonos graves y severos.

Fue amigo y seguidor de Huidobro y de Larrea, pero también de los clásicos de la literatura española. De todas maneras, los libros experimentales abundan más en la primera época, mientras que al final, escribe más con moldes tradicionales.

Dado el gran número de libros que realiza, es lógico que existan unos de más altura que otros, si bien, la obra, en general, es importante.

La variedad temática obedece a que en Gerardo Diego, más que existir un mundo poético propio, su poesía responde a una infinidad de emociones dispersas. No obstante, podemos establecer algunas notas comunes a su producción:

1.      Desvinculación de toda actitud y preocupación trascendentalista, lo cual le lleva a buscar el motivo de sus poemas en la realidad local, en episodios vividos o en personas conocidas.

2.      Destreza en el manejo del lenguaje y preocupación por los problemas formales.

3.      Tendencia a la clasicidad.

4.      Ausencia del tema social, salvo en Odas morales, de 1966, en donde condena la violencia y canta a la libertad; tampoco aparece el tema político, excepto en unos poemas de guerra dedicados a José Antonio Primo de Rivera.

En cuanto a la clasificación de tan ingente producción poética, el propio autor propone dos orientaciones: la poesía relativa y la poesía absoluta. Pero se puede clasificar también como poesía inicial, poesía relativa y poesía absoluta.

Poesía inicial.

Donde se observa un claro influjo de Juan Ramón así como tonos becquerianos, todo ello dentro de una marcada sencillez. Son obras donde se puede rastrear un modernismo intimista y un deseo de unir música y poesía como el que ya tuvieron los simbolistas y parnasianos del siglo XIX.

Aquí se insertan obras como:

  • El Romancero de la novia, de 1918 y publicado en 1920. Muestra huellas de Juan Ramón Jiménez y Enrique Menéndez Pelayo, poeta santanderino, a quien siempre ha considerado uno de los maestros de juventud poética. La obra se inserta en una línea tradicional pero de acento moderno, y fue saludado con elogio por Antonio Machado en un artículo publicado en La voz de Soria

  • Imagen, aparecida en 1922, revelaba su adhesión al movimiento poético creacionista fundado por el poeta chileno Vicente Huidobro. 

A partir de entonces, ha seguido Gerardo Diego una doble línea poética: de un lado la poesía de cuño tradicional, continuadora de  corrientes poéticas clásicas; de otro la poesía experimental o de vanguardia, como el creacionismo irracionalista. A estos dos caminos -aventura y tradición, vanguardia y clasicismo- ha sido fiel, desde sus orígenes hasta el final la poesía de Gerardo. Y a quienes le acusaron de haber traicionado la poesía tradicional para seguir caminos experimentales de la vanguardia, o de haber abandonado éstos para volver a moldes tradicionales, contestó el poeta, en el prólogo a su Primera Antología de sus versos (a941), con las palabras ya citadas más arriba: «Yo no soy responsable de que me atraigan simultáneamente el campo y la ciudad, la tradición y el futuro; de que me encante el arte nuevo y me extasíe el antiguo; de que me vuelva loco la retórica hecha y me torne más loco el capricho de volver a hacérmela -nueva- para mi uso personal e intransferible.»

El propio Gerardo Diego ha señalado con otras palabras cuáles son los dos caminos poéticos que él alternativamente, o simultáneamente, ha recorrido: "...una poesía relativa, esto es, directamente apoyada en la realidad; y una poesía absoluta o de tendencia a lo absoluto, esto es, apoyada en sí misma, autónoma frente al universo real del que sólo en segundo grado procede."

Es verdad que esta segunda forma de poesía -creacionista, irracionalista- ocupa en la extensa obra de Gerardo diego menos espacio que la integrada en moldes tradicionales, y ha sido recibida por la crítica y el público con menos entusiasmo. Pero ello no quiere decir que sea menos auténtica. En el prólogo a su Primera antología, se defiende Gerardo de una posible crítica que rechace por poco humana y demasiado abstracta esa poesía, afirmando que pocos poemas suyos de la línea tradicional "superan en acumulación y hondura de experiencia vital, en desgarro y temblor de alumbramiento a algunos de la corriente creacionista."

Lo que sí puede afirmarse es que, en el desarrollo de la obra poética de Gerardo, los libros de la tendencia irracionalista y experimental abundan más en la primera época de su poesía que en la última. Y así, a esa primera época, que pudiéramos fijar entre 1918 y 1932, pertenecen sus libros: Evasión, Imagen, Manual de espumas, Fábula de Equis y Zada, y Poemas adrede. mientras que en la etapa correspondiente a los años posteriores a la guerra civil de 1936, parece dominar la tendencia tradicionalista en su poesía. a esos años, además , pertenecen sus libros más conocidos y de mayor éxito, como Ángeles de Compostela y Alondra de Verdad.

  • Iniciales, libro de poesía escrito en 1918 y publicado en 1943.

  • Nocturno de Chopin, de 1918, publicado en 1963.

Poesía relativa

Se trata de una poesía apoyada en la realidad de forma más directa, y constituye el bloque poético más importante. Estamos ante una poesía de circunstancias, en donde no se trata de crear nuevas realidades, sino de expresar las ya existentes. Aquí podemos incluir distintos temas y obras:

-          Amoroso, con obras como La sorpresa (1944), Amor solo (1958), Canciones (1959), Sonetos a Violante (1962).

-          Religioso, con Vía Vía (1931), Versos divinos (1971)

-          Social, con Odas morales (1966).

-          De paisaje, La naturaleza, el paisaje, el mar, los pueblos y ciudades de España, han sido también constante fuente de inspiración de sus versos, y a dos ciudades españolas ha consagrado dos de sus mejores libros:  Soria (1923), Mi Santander, mi cuna, mi palabra (1961)

-          Taurino, con Égloga de Antonio Bienvenida (1956), La suerte o la muerte (1963), El Cordobés dilucidado (1966).

-          La muerte, en Cementerio civil (1966).

-          La música, en Preludio, aria y coda de Gabriel Fauré (1967)  

Como podemos comprobar, a la variedad y riqueza formal de la poesía de Gerardo Diego, se une la variedad temática, son muchos los temas en que se inspira. 

Con todo, las tres obras esenciales de esta etapa son Versos humanos (1925), Alondra de Verdad (1941) y Ángeles de Compostela (1936, pero ampliada en 1961).

  •        Versos humanos supone la vuelta a un neoclasicismo (canciones, glosas, sonetos...) apoyado en experiencias íntimas. Los sonetos de esta obra suponen un intento clásico de superación del modernismo.

  •         Alondra de verdad es una especie de libro de conjunto que supone la cumbre del neoclasicismo iniciado en el libro anterior. Al mismo tiempo, hay que anotar el influjo de este libro en el gusto por el soneto que se manifestará al inicio de los años cuarenta. El libro está compuesto por 42 sonetos, a los que se añaden los comentarios en prosa que realiza el propio autor, en donde se nos presenta a la criatura humana convertida, al igual que su belleza, en criatura poética de belleza permanente. En él se muestra la maestría de Gerardo en el arte del soneto, y algunas piezas como "Cumbres de Urbión" e "Insomnio", figuran entre los mejores sonetos de la poesía española contemporánea, junto a otro famoso soneto suyo, "El ciprés de Silos", de su libro Versos Humanos.

  •        Ángeles de Compostela es más bien un solo poema con clara aspiración mística frente al panteísmo del libro anterior. Es el misterio de la resurrección de la carne y del Juicio final, evocado por los cuatro ángeles anónimos -a los que el poeta da nombre- del Pórtico de la Gloria en la Catedral de Santiago. Pero al mismo tiempo es el poema de Galicia que evoca con emoción figuras y motivos gallegos.

Poesía absoluta.

     Aquí se incluyen las producciones vanguardistas del autor. Frente a la poesía relativa, ahora la poesía se apoya en sí mismo y solo en segundo grado depende de la realidad. Del conjunto de obras que podemos incluir aquí, las más significativas son aquellas que se inscriben dentro del creacionismo. El periodo creacionista lo inaugura con:

  •   Evasión, escrito en 1918-1919 y publicado en 1958; 

  • Si bien el mejor de este periodo, según la crítica, es Imagen, escrito entre 1918-1921 y publicado en 1922; aparece dividido en tres partes: “Evasión”, con 23 poemas del libro anterior, “Imagen múltiple” y “Estribillo”

  • Completan este grupo Manual de espumas, publicado en 1924, 

  • y Biografía incompleta, que empieza a escribir en 1925 y publica en 1953, aunque en la edición de 1957 añade más poemas. Es un periodo prodigioso en cuanto a imágenes y técnica y Gerardo Diego reconoce encontrar en estos poemas mucha seriedad, emoción junto a la línea experimental (imágenes irracionales, carencia de signos de puntuación, frases cortas, sin rima...)

     En este grupo de poesía habría que incluir otras obras como:

  •   Fábula de Equis y Zeta, publicado en 1932, 

  • y Poemas adrede, publicado en 1932; de estos dos libros realiza una edición en Adonais en 1943, añadiendo poemas al segundo. Ambos suponen la utilización del arte gongorino (sextina real, décima, lira...) y del retoricismo barroco al servicio del creacionismo.  

 

     Por otra parte , es necesario destacar la importante contribución de Gerardo diego al estudio crítico de la poesía española: es autor, entre otras, de la Antología poética en honor de Góngora (1927), y de la más famosa Poesía española. Contemporáneos (1932, 2ª edición aumentada, 1934)

REGRESO

 

 

 

 

 

 

POEMAS DE GERARDO DIEGO

Guitarra.

HABRÁ un silencio verde

todo hecho de guitarras destrenzadas

 

La guitarra es un pozo

con viento en vez de agua

           (De Imagen)

 

El ciprés de Silos.

   Enhiesto surtidor de sombra y sueño

que acongojas el cielo con tu lanza.

Chorro que a las estrellas casi alcanza

devanando a sí mismo en loco empeño.

 

   Mástil de soledad, prodigio isleño;

flecha de fe, saeta de esperanza.

Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,

peregrina al azar, mi alma sin dueño.

 

   Cuando te vi, señero, dulce firme,

qué ansiedades sentí de diluirme

y ascender como tú, vuelto en cristales,

 

   como tú, negra torre de arduos filos,

ejemplo de delirios verticales,

mudo ciprés en el fervor de Silos.

                      ( De Versos Humanos).

 

Penúltima estación.

HE aquí helados, cristalinos,

sobre el virginal regazo,

muertos ya para el abrazo,

aquellos miembros divinos.

Huyeron los asesinos.

Qué soledad sin colores.

Oh, Madre mía, no llores.

Cómo lloraba María.

La laman desde aquel día

la Virgen de los Dolores.

 

¿Quién fue el escultor que pudo

dar morbidez al marfil?

¿Quién apuró su buril

en el prodigio desnudo?

Yo, Madre mía, fui el rudo

artífice, fui el profano

que modelé con mi mano

ese triunfo de la muerte

sobre el cual tu piedad vierte

cálidas perlas en vano.

              (De Viacrucis).

 

Romance del Duero.

RÍO Duero, río Duero

nadie a acompañarte baja,

nadie se detiene a oír

tu eterna estrofa de agua.

 

Indiferente o cobarde,

la ciudad vuelve la espalda.

No quiere ver en tu espejo

su muralla desdentada.

 

Tú, viejo Duero, sonríes

entre tus barbas de plata,

moliendo con romances

las cosechas mal logradas.

 

Y entre los santos de piedra

y los álamos de magia

pasas llevando en tus ondas

palabras de amor, palabras.

 

Quién pudiera como tú,

a la vez quieto y en marcha,

cantar siempre el mismo verso,

pero con distinta agua.

 

Río Duero, río Duero,

nadie a estar contigo baja,

ya nadie quiere atender

tu eterna estrofa olvidada,

 

sino los enamorados

que preguntan por sus almas

y siembran en tus espumas

palabras de amor, palabras.

                 (De Soria)

 

Sucesiva

   DÉJAME acariciarte lentamente,

déjame lentamente comprobarte,

ver que eres de verdad, un continuarte

de ti misma a ti misma extensamente.

 

Onda tras onda irradian tu frente

y, mansamente, apenas sin rizarte,

rompen sus diez espumas al besarte

de tus pies en la playa adolescente.

 

   Así te quiero, fluida y sucesiva,

manantial tú de ti, agua furtiva,

música para el tacto perezosa.

 

   Así te quiero, en límites pequeños,

aquí y allá, fragmentos, lirio, rosa,

y tu unidad después, luz de mis sueños.

                        ( De Alondra de verdad).

 

Aquella noche

( I, XI, 1929)

   Aquella noche de mi amor en vela

grité con voz de arista dura y fría:

-"Creced, mellizos lirios de osadía,

creced, pujad, torres de Compostela"

 

   Todos los Santos, sí. Ni una candela

faltó a la cita unánime. Y se oía,

junto a Gelmírez, por la Platería,

el liso resbalar de un vuelo a vela,

 

   la ronda de los Ángeles. Yo, oculto,

entre las sombras de los soportales

difuminaba mi insoluble bulto

 

   para medir, grabar moles y estrellas,

pautar cantigas -¿Mártires, Doncellas?-

y el santo y seña de las catedrales.

        (De Ángeles de Compostela)

 

Canción del Niño Jesús.

Si la palmera pudiera

volverse tan niña, niña,

como cuando era una niña

con cintura de pulsera.

Para que el Niño la viera...

 

Si la palmera tuviera

las patas del borriquillo,

las alas de Gabrielillo

Para cuando el Niño quiera,

correr, volar a su vera...

 

Si la palmera supiera

que sus palmas algún día...

Si la palmera supiera

por qué la Virgen María

la mira... si ella tuviera...

 

Si la plamera pudiera...

    ... la plamera...

               ( De Versos divinos).

 

En mitad de un verso.

   Murió en mitad de un verso,

cantándole, floreciéndole,

y quedó el verso abierto, disponible

para la eternidad,

mecido por la brisa,

la brisa que jamás concluye,

verso sin terminar, poeta eterno.

 

   Quién se muriera así

al aire de una sílaba.

 

   Y al conocer esa muerte de poeta,

recordé otra de mis oraciones.

"Quiero vivir, morir, siempre cantando

y no quiero saber por qué ni cuándo."

Sí, en el seno del verso,

que concluya y me concluya Dios.

                ( De Cementerio Civil.)

 

El sueño

Apoya en mí la cabeza,

  si tienes sueño.

Apoya en mí la cabeza,

  aquí, en mi pecho.

Descansa, duérmete, sueña,

  no tengas miedo,

no tengas miedo al mundo,

  que yo te velo.

Levanta hacia mí los ojos,

  tus ojos lentos,

y ciérralos poco a poco

  conmigo dentro;

ciérralos, aunque no quieras,

  muertos de sueño.

Ya estás dormida. Ya sube,

  baja tu pecho,

y el mío al compás del tuyo

  mide el silencio,

almohada de tu cabeza,

  celeste peso.

Mi pecho de varón duro,

  tabla de esfuerzo,

por ti se vuelve de plumas,

  cojín de sueños.

Navega en dulce oleaje,

  ritmo sereno,

ritmo de olas perezosas

  el de tus pechos.

De cuando en cuando una grande,

  espuma al viento

suspiro que se te escapa

  volando al cielo,

y otra vez navegas lenta

   mares de sueño,

y soy yo quien te conduce,

  yo que te velo,

que para que te abandones

  te abrí mi pecho.

¿Qué sueñas? ¿Sueñas? ¿Qué buscan

  -palabras, besos-

tus labios que se te mueven,

  dormido rezo?

Si sueñas que estás conmigo,

  no es sólo sueño;

lo que te aúna y te mece

  soy yo, es mi pecho.

 

Despacio, brisas, despacio,

  que tiene sueño.

Mundo sonoro que rondas,

  hazte silencio,

que está durmiendo mi niña,

  que está durmiendo

al compás que de los suyos

  copia mi pecho.

Que cuando se me despierte

  buscando el cielo

encuentre arriba mis ojos

  limpios y abiertos.

          REGRESO

 

Gerardo diego.

Poemas de Gerardo Diego

 

 

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