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FEDERCIO GARCÍA LORCA

Retrato por Gregorio Prieto

Dibujo de Gregorio Prieto

Dibujo de Gori muñoz

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García Lorca compaginó la actividad poética con la afición por el dibujo y la pintura.

Firma dibujada del poeta

Composición pictórica de Lorca.

 

 

 

 

 

FEDERICO GARCÍA LORCA

Biografía

Nace en Fuentevaqueros, un pueblo de la vega granadina eel 5 de junio de 1898 y murió el 19 de agosto de 1936; su vida transcurrió entre el año del Desastre y el de la guerra civil española, de la que fue víctima. 

Vivió en el campo hasta los ocho años, en que se trasladó con su familia a Granada, donde hizo sus estudios de bachillerato: “estudié mucho pero me dieron cates colosales... En cambio me gané una popularidad magnífica poniendo motes y apodos a las gentes”. En 1915 se matricula en Filosofía y Letras, carrera que nunca llegó a terminar, y se licenció en Derecho por la universidad granadina..

Por estos años cultiva una gran afición hacia la música, asiste, en el café de la Alameda, a una tertulia con Fernández Almagro Montesinos, Manuel Ángeles Ortiz entre otros, también publica en 1917, en la revista granadina Letras, dirigida por Sáez Quiroga, artículos que se titulan “Impresiones del viaje”, que al año siguiente publica en libro bajo el título de Impresiones y paisajes. Se trata de prosa poética.

En 1919 va a Madrid para continuar sus estudios universitarios, instalándose en la Residencia de Estudiantes, donde vivirá hasta 1928, en época de clases. Allí conoce a Buñuel, Dalí, Alberti y otros escritores.  

Su entusiasmo por la poesía se completó desde niño con su pasión por el teatro y en 1920 estrena El maleficio de la mariposa, obra teatral que es un fracaso. Un año después publicó su primer libro de versos, Libro de poemas, pero su revelación como poeta no se produjo hasta la publicación en 1928, de su Romancero Gitano, libro que le hizo famoso en poco tiempo.  En 1922 organiza “La fiesta del cante jondo” con Manuel de Falla.  

Durante una temporada que pasa en Cataluña, realiza unos dibujos que expone en la Galería Dalmau de Barcelona. Viaja a Sevilla para participar en un homenaje a Góngora y allí conocerá a varios poetas, entre los que estaba Cernuda.  

Ya entonces se halaba muy unido a los poetas de su generación, sobre todo a Aleixandre y Cernuda y logró su primer éxito teatral con  Mariana Pineda.

En 1928 publica Romancero gitano, con el que obtiene gran popularidad. En 1929-30 una crisis hace que Fernando de los Ríos lo envíe a Nueva York, desde donde viajará a Cuba y Canadá. En este viaje compondrá Poeta en Nueva York y un guión cinematográfico Viaje a la Luna,   y la comedia La Zapatera Prodigiosa, que fue estrenada a su regreso a Madrid, en 1930.

En los años de la República (1931-1936) crea el Teatro Universitario “La Barraca”, con la finalidad de hacer llegar las obras clásicas a todos, incluso a los pueblos más apartados. Será su director, junto con Eduardo Urgate hasta 1935. Para el teatro universitario adaptó Fuenteovejuna, y La dama boba, de Lope de Vega; El burlador de Sevilla, de Tirso, y el auto sacramental La vida es sueño, de Calderón. 

En 1933-34 hizo un viaje a Argentina y Uruguay para dar conferencias y asistir a las representaciones exitosas de La zapatera prodigiosa, Bodas de sangre, escrita en 1933, y Yerma, de 1934. En este mismo año escribirá su Elegía por la muerte del torero Ignacio Sánchez Mejías.  

Conocía también Francia e Inglaterra.

No estuvo demasiado interesado en la política, si bien era partidario de la República.  

Pocos días antes de estallar la guerra civil, llegó a Granada para pasar el verano. detenido en los primeros días de agosto de 1936, fue fusilado un mes después  por las fuerzas nacionalistas junto a un olivar del pueblo de Viznar cercano a Granada.

Su hermana Concha García Lorca recuerda:  

Federico, como medida de precaución, se había ido a casa de unos amigos, los Rosales. Gente estupenda, bien, que pertenecieron a la Falange. ... Cuando estalló la guerra civil, le pregunté: “Mira Federico, no hablas nunca de política, pero la gente dice que eres comunista. ¿Es verdad?”. Federico se echó a reír. “Concha, Conchita mía -había contestado-, olvídate de todo lo que dice la gente. Yo pertenezco al partido de los pobres..." Pero como la gente decía que Federico era comunista, pensamos que debería esconderse en casa de los Rosales, puesto que ese era el lugar más seguro que había en toda Granada. 

(Francisco García Lorca: Federico y su mundo, ed. y prólogo de Mario Hernández, Madrid. Alianza tres. 1980, pág. XXVII).  

Sus compañeros de la Residencia de Estudiantes lo evocan como el compañero ideal, siempre dispuesto a levantar tos ánimos, a organizar lo que fuera, bullanguero, locuaz, festivo. Sin embargo, en estos últimos años, sus críticos van publicando textos en los que aparece la figura de un Federico triste, solitario, angustiado, preocupado por la estética, perfeccionista.

Se ha hablado de la influencia en su obra de sus frustraciones eróticas, su homosexualidad, pero no hay que olvidar su obsesión y esmerado cuidado por todo lo que componía y las angustias que le producía la búsqueda de la perfección; el inconformismo y sus exigencias personales los tenía que compatibilizar con el triunfo y el éxito que siempre le acompañaron.  

 

   La mitología actual no ayuda a ver al Lorca persona, pues tras la guerra era el poeta maldito, asesinado, y esto le dio fama universal. En estos momentos existe tal cúmulo de estudios sobre Lorca que es muy difícil la selección, y quizá por la falta de mitos hemos creado otro, destacando facetas de su personalidad fascinantes, pero que desvirtúan una visión completa.

                       REGRESO

 

 

 

 

 

 

Obra poética

Los años de infancia que pasó García Lorca en el campo de Granada, su contacto directo con la naturaleza y con el elemento humano más expresivo y rico en fantasía de España -la gente del campo y los pueblos andaluces- fueron decisivos para el nacimiento de su alma de poeta. El mundo de la naturaleza con su variedad y misterio, ejerció sobre él una fascinación constante. Y a ello se unió pronto su afición a las canciones y coplas populares y a la música, de modo que no tardó en conocer los secretos dela guitarra y del cante. Todo ello explica la primera época de la poesía de García Lorca -la de sus primeros libros: Poema del Cante Jondo (1931), Canciones (1927) y el Romancero gitano (1928)- se halle impregnada de elementos populares andaluces, tradicionales y folklóricos, que forman la base de arranque de su lírica, aunque con la aportación de imágenes y metáforas nuevas, y de una técnica estilizadora y enriquecedora de los temas, que son, esencialmente, los del cante popular: el amor, la muerte, la naturaleza.

Es el ejemplo típico de poeta nato, lo que no excluye que haya en él mucho de aprendido. Su poesía es, tanto o más que lírica, dramática, en los dos sentidos de esta palabra: en el de trágica y en el de encarnado en personajes que no son mera proyección del yo del autor. El poeta lírico y el dramático colaboran en su teatro, en el que se encuentran algunas de las muestras poemáticas más felices que escribiera. Su instinto de lo popular y de lo español (no sólo de lo andaluz: recuérdense sus Poemas galegos) era comparable al de Lope. Poseía, a la vez, una intuición agudísima del arte moderno y de la cultura literaria. Lo popular y lo culto, lo antiguo y lo nuevo, lo espontáneo y lo reflexivo, lo español y lo universal se funden en su obra, si no mejor, más famosa: el Romancero gitano. Sin ser el único que resucita el romance tradicional, lo cultiva con personalidad absoluta. Este libro ha logrado entusiasmar tanto al gran público como al lector entendido. Al primero, por la ilación argumental —tenue, pero perceptible—, por la tensión dramática y la suspensión emotiva, por la forma métrica y las calidades plásticas, sensuales, garbosas; al segundo, por todo ello y por el constante acierto expresivo, la riqueza de metáforas, oscuras y difíciles a veces, pero siempre geniales, por la profundidad simbólica —telúrica, elemental— que trasciende de la anécdota y los tipos pasionales, primitivos, que le dan vida. El Poema del cante jondo, basado en el folklore andaluz, es de ambiente similar al del Romancero gitano. Ambos libros hacen de Lorca el intérprete impar de la «Andalucía del llanto».

Canciones nos ofrece otra faceta de Lorca: la del sabio recreador de nuestra poesía de cancionero, la ternura y la gracia líricas del juglar del mundo infantil, de la miniatura refinada. En Canciones, el andalucismo es subsidiario. Lo primordial es el acento popular, la estilización del folklore.

Su obra maestra es quizá el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, libro en el que su autor dio la plena medida de sí mismo y que si se compara con Verte y no verte, elegía de Alberti al mismo citado torero, permite fallar sin la menor duda la superioridad de Lorca sobre quien durante algún tiempo fue su presunto rival. Las cuatro partes del Llanto, con sus diferentes metros, componen una sinfonía funeral de riqueza y hondura admirables. Lo de menos es la ocasión para la que se escribió. Su alcance es universal.

En el Llanto se deja ver la influencia del surrealismo. Pero donde este influjo es más claro, sin ser abrumador, pues Lorca tenía el sentido de la medida, es en Poeta en Nueva York, airada protesta contra la civilización materialista y mecánica de nuestro tiempo, con ecos de denuncia social: los negros, la vida de los suburbios...

     Lorca es el autor español de su generación que ha alcanzado mayor resonancia internacional. No es extraño este triunfo de un poeta que reunió en síntesis única tan varios y acusados dones.

La obra de Federico es complicada para estudiarla cronológicamente, ya que algunas fueron reelaboradas y se publicaron muchos años después y otras quedaron inéditas hasta hace poco tiempo. No obstante, vamos a dividir su obra en dos partes.  

     Su primera obra fue el libro en prosa Impresiones y paisajes (1918). Su iniciación en el teatro data de El maleficio de la mariposa (1920), pero su primer éxito como dramaturgo lo consiguió en 1927 con Mariana Pineda, estrenada en Barcelona por Margarita Xirgu en1927, la que siguieron La zapatera prodigiosa, Bodas de Sangre, Yerma, Doña Rosita la soltera y La casa de Bernarda Alba, por citar sólo sus piezas mayores. En casi todas ellas hay -como en las comedias de Lope- pasajes líricos de antología. Aficionado a la pintura, dibujaba con gracias, y fue un gran recreador de canciones populares.

     De todos los poetas españoles contemporáneos es el que ha logrado más difusión en el extranjero, donde sus obras han sido traducidas a diversas lenguas y ampliamente estudiadas.

No ha existido criatura en las letras hispanas -tal vez Lope de Vega- con tanta luminosidad, poderío y duende como García Lorca, quien haya hecho más camino teatral y poético en menos tiempo: los ocho años que van del Romancero gitano a su fatal agosto de 1936, cuando estrenaba sus 38 años de edad. El mejor gusto, el aliento más poderoso, la gracias y la tragedia tejen la urdimbre de su vida y su poesía. 

Primera etapa.

Es la más conocida del gran público; mezcla lo tradicional con las novedades vanguardistas y la poesía pura, es decir, recoge influencias de Juan Ramón, Rubén Darío, Góngora, la poesía árabe, el cancionero popular, lo andaluz y lo nacional. Todo ello se reúne de una manera armónica, porque Lorca es capaz de reelaborar todos estos elementos para que aparezcan como algo nuevo y original.

En este grupo incluimos las siguientes obras:

No es un libro intimista, sino que sale al exterior y profundiza en las raíces de lo popular andaluz, el mundo de los gitanos y su expresión cantada: Federico es capaz de percibir y comunicar la injusticia y la frustración que se encierra en esta cultura.

“El cante jondo es sombrío... Goza la muerte, la cárcel, el amor desgraciado, la desesperación; motivos de inspiración, que casi exclusivamente, conoce el pueblo que lo inspira”.

Lorca había pasado muy pronto a formar parte del repertorio de recitadores profesionales y aficionados, creando el mito de un García Lorca cantor de los gitanos, que disgustó profundamente al poeta. El romancero gitano, no es, sin embargo, un libro fácil de poesía popular, sino una síntesis feliz de elementos populares -los temas, la atmósfera, los personajes- y de imágenes cultas y barrocas metáforas. La convencionalidad de los motivos -en su mayoría historias de amores y luchas de gitanos- queda olvidada ante el tratamiento metafórico y mítico, casi siempre dramático, que utiliza Lorca.

El mundo de misterio y de sensualidad de los gitanos cobra así una fuerza poética de gran intensidad, gracias a la originalidad y al uso de símbolos y de la prosopopeya frecuente con que personifica a los elementos de la naturaleza. Los protagonistas de estos romances lorquianos son seres frustrados, que buscan la felicidad y el amor pero no llegan a alcanzarlos porque la muerte o una amenaza de muerte lo impide. Y cada romance capta, no el tiempo fluyente y continuo, sino un tiempo fragmentario, un instante culminante, trágico, de la vida del gitano. El poeta quiere destacar la intensidad de ese momento, rodeándolo del necesario fulgor y de la tensión que le presta la técnica de la polaridad luz-sombra, vida-muerte.

El romance, tan usado por el resto de sus compañeros de generación, adquiere aquí valores nuevos: a veces narra, describe en otras ocasiones. “Romance sonámbulo” establece un entramado difícil de desentrañar con más elementos lírico-oníricos que narrativos, siendo un verdadero romance dramático. Pero sobre todo, destaca a metáfora siempre deslumbrante y llamativa y una adjetivación muy original para mostrar unos héroes-antihéroes como son los gitanos, perseguidos por sus antagonistas, los guardias civiles, que no salen muy bien parados.

   En otros poemas se refleja el amor, el código de la venganza, los elementos naturales, que defienden o ayudan a la tragedia.

   Este libro, profundamente vanguardista, también aprovecha las formas tradicionales, su apego por las formas recitadas o cantadas.

   El Romancero Gitano, junto con el Poema del cante Jondo, encierran todo el garbo y ritmo, la melancolía profunda, el patetismo adobado con la imagen más rica y sorprendente, aparecen en ambas obras, complementarias, que buscan un tiempo nuevo en la poesía. en ellos la acción está apnto de convertirse en acción dramatica.

Segunda Etapa:

La poesía de Lorca evoluciona radicalmente, como consecuencia del choque violento que representó para él el encuentro con el mundo mecanicista de Nueva York, en el que reinan la máquina y el dólar. ante ese mundo deshumanizado, la reacción del poeta es de apasionada protesta. El tema central del libro es el enfrentamiento entre la naturaleza pura, el hombre elemental -reflejado aquí por los negros, como el Romancero gitano por los gitanos- y la civilización de la máquina. El resultado de la lucha es la victoria de ésta, con su secuela de destrucción, frustración y muerte. si el fondo tradicional y andaluz del Romancero gitano, sobre el que destacaba la anécdota, se avenía bien con la forma sencilla del romance, con Poeta en Nueva York pasamos de lo local a lo universal, de lo tradicional a las técnicas surrealistas, y al clima alucinante, de pesadilla, de los poemas neoyorquinos. La angustia del hombre acorralado, devorado por la civilización de la máquina -que recuerda a Chaplin en su filme Tiempos modernos- exigía esa poesía amarga, exasperada, caótica, de Poeta en Nueva York, y la renuncia al verso tradicional. en vez de éste, Lorca usa ahora el verso libre, inquieto, desasosegado, que va mejor a la expresión surrealista y a las imágenes oníricas, tan frecuentes en el libro.

Los negros de ahora son los gitanos de antes, los únicos capaces de salvarse en esta ciudad devoradora de toda naturaleza y provocadora de la muerte. Es un libro profundo, más universal y más críptico que los anteriores.

El lenguaje, de una impresionante fuerza, ayuda al autor a expresar sus conflictos. Las metáforas elaboradísimas, lo irracional de tas imágenes, el surrealismo la estructura en versículos y las rimas asonantes ayudan a recrear esas experiencias desgarradoras.

Lorca se centra en un esquema estrófico como es el soneto; esta vuelta a la norma no carece de valor y belleza; sus sonetos hablan de amor, a veces de erotismo, otros expresan la angustia y ansiedad que le produce la posibilidad de perder ese amor, por ejemplo, “El soneto de la dulce queja”.   

       

Federcio García Lorca con la actriz Margarita Xirgu y Cipriano Rivas Cherif

 

TEMAS          

Desde sus comienzos se puede rastrear como temas fundamentales: La Naturaleza, el Amor, casi siempre frustrado terminando en tragedia, la Muerte.

En la pareja, el sentimiento erótico nunca es triunfante, no hay parejas triunfadoras en el amor. Parejas frustradas por el engaño, son destruidas.

                          “...yo me la llevé al río

creyendo que era mozuela,

pero tenía marido”.

Mis hijos que no han nacido

Me persiguen

“La muerte... en cada cosa hay una insinuación de muerte. La quietud, el silencio, la serenidad, son aprendizajes. La muerte está en todas partes. Es la dominadora”.                                                                                                  

   

     Esa misma dualidad de su poesía -realismo e irrealismo, tradición y vanguardia- podemos observarla también en el teatro de García Lorca. Junto a una serie de piezas con una base tradicional de fondo andaluz y elementos folklóricos, aunque siempre estilizados y enriquecidos sus dramas Marina PinedaYerma, Bodas de Sangre, Doña rosita la soltera, La zapatera prodigiosa (1930), calificada por el autor como Farsa violenta en dos actos y un prólogo, y La casa de Bernarda Alba, subtitulada por Lorca como Drama de mujeres en los pueblos de España (esta última, obra póstuma), se destacan otras de evidente técnica surrealista e irracionalista, como Así que pasen cinco años, y El público, ninguna de las cuales pudo ver representadas su autor. quizá la obra más lograda de todo su teatro sea La casa de Bernarda Alba, que Lorca terminó en junio de 1936, ya en vísperas de la guerra civil. En ella alcanza Lorca el clima tenso de una tragedia honda y desnuda, renunciando a toda poética y al halago del verso. Para el tema de la obra, localizado en un pueblo andaluz -una madre absorbente y dominadora que tiraniza a sus hijas- parece que Lorca se inspiró, como en otras obras suyas, en un suceso real, y que algunos de sus personajes -Bernarda, Pepe el Romano- existieron realmente en un pueblo granadino.

 

Cartel de Ramón Gaya para la representación de Mariana Pineda, en homenaje a García Lorca, con ocasión del II Congreso Internacional de Escritores.

REGRESO

 

 

 

 

 

 

 

POEMAS DE FEDERICO GARCÍA LORCA

La Luna y la Muerte.

   LA luna tiene dientes de marfil.

¿Qué vieja y triste asoma!

están los cauces secos,

los campos sin verdores

y los árboles mustios

sin nidos y sin hojas.

doña Muerte, arrugada,

pasea por sauzales

con su absurdo cortejo

de ilusiones remotas.

Va vendiendo colores

de cera y de tormenta

como un hada de cuento

mala y enredadora.

 

   La luna le ha comprado

pinturas a la Muerte.

En esta noche turbia

¡está la luna loca!

 

   Yo mientras tanto pongo

en mi pecho sombrío

una feria sin músicas

con las tiendas de sombra.

     (De Libro de poemas y canciones.)

      ...ooo000...000ooo...

Gacela del amor imprevisto.

   NADIE comprendía el perfume

de la oscura magnolia de tu vientre.

Nadie sabía que martirizabas

un colibrí de amor entre los dientes.

 

   Mil caballitos persas se dormían

en la plaza con luna de tu frente,

mientras que yo enlazaba cuatro noches

tu cintura, enemiga de la nieve.

 

   entre yeso y jazmines, tu mirada

era un pálido ramo de simientes.

Yo busqué, para darte, por mi pecho

las letras de marfil que dicen siempre,

 

   siempre, siempre: jardín de mi agonía,

tu cuerpo fugitivo para siempre,

la sangre de tus venas en mi boca,

tu boca ya sin luz para mi muerte.

       ...ooo000...000ooo...

 

Gacela del recuerdo de amor.

   NO te lleves tu recuerdo

Déjalo solo en mi pecho,

 

   temblor de blanco cerezo

en el martirio de enero.

 

   Me separa de los muertos

un muro de malos sueños.

 

   Doy pena de lirio fresco

para un corazón de yeso.

 

   Toda la noche, en el huerto

mis ojos, como dos perros.

   

   Toda la noche, comiendo

los membrillos de veneno.

 

   Algunas veces el viento

es un tulipán de miedo,

 

   es un tulipán enfermo

la madrugada de invierno.

 

   Un muro de malos sueños

me separa de los muertos.

 

   La hierba cubre en silencio

el valle gris de tu cuerpo.

 

   Por el arco del encuentro

la cicuta está creciendo.

 

   Pero deja tu recuerdo,

déjalo sólo en mi pecho.

         ...ooo000...000ooo...

Casida de la mujer tendida.

   VERTE desnuda es recordar la tierra.

La tierra lisa, limpia de caballos.

La tierra sin un junco, forma pura

cerrada al orvenir: confín de plata.

 

   Verte desnuda es comprender el ansia

de la lluvia que busca débil talle,

o la fiebre del mar de inmenso rostro

sin encontrar la luz de su mejilla.

 

   La sangre sonará por las alcobas

y vendrá con espada fulgurante,

pero tú no sabrás dónde se ocultan

el corazón de sapo o la violencia.

 

   Tu vientre es una lucha de raíces,

tus labios son un alba sin contorno,

bajo las rosas tibias de la cama

los muertos gimen esperando turno.

           ...ooo000...000ooo...

       Adán.

   ÁRBOL de sangre moja la mañana

por donde gime la recién parida.

Su voz deja cristales en la herida

y un gráfico de hueso en la ventana.

 

   Mientras la luz que viene fija gana

blancas metas de fábula que olvida

el tumulto de venas en la huida

hacia un turbio frescor de la manzana.

 

   Adán sueña la fiebre de la arcilla

un niño que se acerca galopando

por el doble latir de su mejilla.

 

   Pero otro Adán oscuro está soñando

neutra luna de piedra sin semilla

don del niño de luz se irá quemando.

        (De Diván del Tamarit y sonetos.)

     ...ooo000...000ooo...

 

Canción de Jinete

Córdoba

Lejana y sola.

 

Jaca negra, luna grande,

y aceitunas en mi alforja.

Aunque sepa los caminos

yo nunca llegaré a Córdoba.

 

Por el llano, por el viento,

jaca negra, luna roja.

La muerte me está mirando

desde las torres de Córdoba.

 

¡Ay qué camino tan largo!

¡Ay mi paca valerosa!

¡Ay que la muerte me espera,

antes de llegar a Córdoba!

 

Córdoba.

Lejana y sola,

           (De Romancero gitano)

            ...ooo000...000ooo...

Muerte de Antoñito el Camborio.

 

Voces de muerte sonaron

cerca del Guadalquivir.

voces antiguas que cercan

voz del clavel varonil.

Les clavó sobre las botas

mordiscos de jabalí.

en la lucha daba saltos

jabonados de delfín.

Bañó con sangre enemiga

su corbata carmesí,

pero eran cuatro puñales

y tuvo que sucumbir.

cuando las estrellas clavan

rejones al agua gris,

cuando los erales sueñan

verónicas de alhelí,

voces de muerte sonaron

cerca el Guadalquivir.

           *

-Antonio Torres Heredia,

Camborio de dura crin,

moreno de verde luna,

voz de clavel varonil:

¿Quién te ha quitado la vida

cerca del Guadalquivir?

-Mis cuatro primos Heredias,

hijos de Benamejí.

Lo que en otros no envidiaban,

ya lo envidiaban en mí.

Zapatos color corinto,

medallones de marfil,

y este cutis amasado

con aceituna y jazmín.

-¡Ay, Antoñito el Camborio,

digno de una Emperatriz!

Acuérdate de la Virgen

porque te vas a morir.

-¡Ay, Federico García,

llama a la guardia Civil!

Ya mi talle se ha quebrado

como caña de maíz.

            *

Tres golpes de sangre tuvo

y se murió de perfil.

Viva moneda que nunca

se volverá a repetir.

Un ángel marchoso pone

su cabeza en un cojín.

Otros de rubor cansado

encendieron un candil.

Y cuando los cuatro primos

llegan a Benamejí,

voces de muerte cesaron

cerca del Guadalquivir.

                 (De Romancero Gitano)

    ...ooo000...000ooo...

Juan Breva.

Juan Breva tenía

cuerpo de gigante

y voz de niña.

Nada como su trino

pena cantando

detrás de una sonrisa.

Evoca los limonares

de Málaga la dormida,

y hay en su llanto dejos

de sal marina.

como Homero, cantó

ciego. su voz tenía

algo de mar sin luz

y naranja exprimida.

           (De Canciones.)

        ...ooo000...000ooo...

La sangre derramada

(Fragmento)

No hubo príncipe en Sevilla

que comparársele pueda,

ni espada como su espada

ni corazón tan de veras.

Como un río de leones

su maravillosa fuerza,

y como un torso de mármol

su dibujada prudencia.

Aire de Roma andaluza

le doraba la cabeza

donde su risa era nardo

de sal y de inteligencia.

¡Qué gran torero en la plaza!

¡Qué buen serrano en la sierra!

¡Qué blando con las espigas!

¡Qué duro con las espuelas!

¡Qué tierno con el rocío!

¡Qué deslumbrante en la feria!

¡Qué tremendo con las últimas

banderillas de tiniebla!

               (De Llanto por Ignacio Sánchez Mejías.)

           ...ooo000...000ooo...

 

Poema del Cante Jondo

Poema de la seguiriya gitana.

A Carlos Morla Vicuña

Paisaje.

El campo
de olivos
se abre y se cierra
como un abanico.
Sobre el olivar
hay un cielo hundido
y una lluvia oscura
de luceros fríos.
Tiembla junco y penumbra
a la orilla del río.
Se riza el aire gris.
Los olivos
están cargados
de gritos.
Una bandada
de pájaros cautivos,
que mueven sus larguísimas
colas en lo sombrío.

...ooo000...000ooo...

 

La guitarra.

Empieza el llanto
de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.
Empieza el llanto
de la guitarra.
Es inútil callarla.
Es imposible
callarla.
Llora monótona
como llora el agua,
como llora el viento
sobre la nevada
Es imposible
callarla,
Llora por cosas
lejanas.
Arena del Sur caliente
que pide camelias blancas.
Llora flecha sin blanco,
la tarde sin mañana,
y el primer pájaro muerto
sobre la rama
¡Oh guitarra!
Corazón malherido
por cinco espadas

...ooo000...000ooo...

 

El grito.

La elipse de un grito,
va de monte
a monte.

Desde los olivos,
será un arco iris negro
sobre la noche azul.

¡Ay!

Como un arco de viola,
el grito ha hecho vibrar
largas cuerdas del viento.

¡Ay!

(Las gentes de las cuevas
asoman sus velones)

¡Ay!

...oooOOO OOOooo...

 

 

Portada de Poeta en Nueva York, incluido en una edición Argentina delas Obras Completas de García Lorca.

Poeta en Nueva York

Los negros
Oda al rey de Harlem

   CON una cuchara,

 arrancaba los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.

   Fuego de siempre dormía en los pedernales,
y los escarabajos borrachos de anís
olvidaban el musgo de las aldeas.

   Aquel viejo cubierto de setas
iba al sitio donde lloraban los negros
mientras crujía la cuchara del rey
y llegaban los tanques de agua podrida.

   Las rosas huían por los filos
de las últimas curvas del aire,
y en los montones de azafrán
los niños machacaban pequeñas ardillas
con un rubor de frenesí manchado.

   Es preciso cruzar los puentes
y llegar al rubor negro
para que el perfume de pulmón
nos golpee las sienes con su vestido
de caliente piña.

   Es preciso matar al rubio vendedor de aguardiente
a todos los amigos de la manzana y de la arena,
y es necesario dar con los puños cerrados
a las pequeñas judías que tiemblan llenas de burbujas,
para que el rey de Harlem cante con su muchedumbre,
para que los cocodrilos duerman en largas filas
bajo el amianto de la luna,
y para que nadie dude de la infinita belleza
de los plumeros, los ralladores, los cobres y las cacerolas de las cocinas.

  
¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem!
No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos,
a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro,
a tu violencia granate sordomuda en la penumbra,
a tu gran rey prisionero, con un traje de conserje.
                     *
   Tenía la noche una hendidura y quietas salamandras de marfil.
Las muchachas americanas
llevaban niños y monedas en el vientre,
y los muchachos se desmayaban en la cruz del desperezo.

   Ellos son.
Ellos son los que beben el whisky de plata junto a los volcanes
y tragan pedacitos de corazón por las heladas montañas del oso.

   Aquella noche el rey de Harlem,
con una durísima cuchara
arrancaba los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.
Los negros lloraban confundidos
entre paraguas y soles de oro,
los mulatos estiraban gomas, ansiosos de llegar al torso blanco,
y el viento empañaba espejos
y quebraba las venas de los bailarines.

   Negros, Negros, Negros, Negros.

   La sangre no tiene puertas en vuestra noche boca arriba.
No hay rubor. Sangre furiosa por debajo de las pieles,
viva en la espina del puñal y en el pecho de los paisajes,
bajo las pinzas y las retamas de la celeste luna de cáncer.

   Sangre que busca por mil caminos muertes enharinadas y ceniza de nardos,
cielos yertos, en declive, donde las colonias de planetas
rueden por las playas con los objetos abandonados.

   Sangre que mira lenta con el rabo del ojo,
hecha de espartos exprimidos, néctares de subterráneos.
Sangre que oxida el alisio descuidado en una huella
y disuelve a las mariposas en los cristales de la ventana.
   Es la sangre que viene, que vendrá
por los tejados y azoteas, por todas partes,
para quemar la clorofila de las mujeres rubias,
para gemir al pie de las camas ante el insomnio de los lavabos
y estrellarse en una aurora de tabaco y bajo amarillo.

   Hay que huir,
huir por las esquinas y encerrarse en los últimos pisos,
porque el tuétano del bosque penetrará por las rendijas
para dejar en vuestra carne una leve huella de eclipse
y una falsa tristeza de guante desteñido y rosa química.
                           *
   Es por el silencio sapientísimo
cuando los camareros y los cocineros y los que limpian con la lengua
las heridas de los millonarios
buscan al rey por las calles o en los ángulos del salitre.

   Un viento sur de madera, oblicuo en el negro fango,
escupe a las barcas rotas y se clava puntillas en los hombros;
un viento sur que lleva
colmillos, girasoles, alfabetos
y una pila de Volta con avispas ahogadas.

   El olvido estaba expresado por tres gotas de tinta sobre el monóculo,
el amor por un solo rostro invisible a flor de piedra.
Médulas y corolas componían sobre las nubes
un desierto de tallos sin una sola rosa.
                        *
   A la izquierda, a la derecha, por el sur y por el norte,
se levanta el muro impasible
para el topo, la aguja del agua.
No busquéis, negros, su grieta
para hallar la máscara infinita.
Buscad el gran sol del centro
hechos una piña zumbadora.
El sol que se desliza por los bosques
seguro de no encontrar una ninfa,
el sol que destruye números y no ha cruzado nunca un sueño,
el tatuado sol que baja por el río
y muge seguido de caimanes.

   Negros, Negros, Negros, Negros.

   Jamás sierpe, ni cebra, ni mula
palidecieron al morir.
El leñador no sabe cuándo expiran
los clamorosos árboles que corta.
Aguardad bajo la sombra vegetal de vuestro rey
a que cicutas y cardos y ortigas tumben postreras azoteas.

   Entonces, negros, entonces, entonces,
podréis besar con frenesí las ruedas de las bicicletas,
poner parejas de microscopios en las cuevas de las ardillas
y danzar al fin, sin duda, mientras las flores erizadas
asesinan a nuestro Moisés casi en los juncos del cielo.

   ¡Ay, Harlem, disfrazada!
¡Ay, Harlem, amenazada por un gentío de trajes sin cabeza!
Me llega tu rumor,
me llega tu rumor atravesando troncos y ascensores,
a través de láminas grises,
donde flotan sus automóviles cubiertos de dientes,
a través de los caballos muertos y los crímenes diminutos,
a través de tu gran rey desesperado
cuyas barbas llegan al mar

                 ....oooOOO OOOooo...

REGRESO

 

Federico García Lorca.

Poemas de Federico García Lorca.

                                    

                                 

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Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, Juan José Domenchina.