EMILIO PRADOS
Emilio Prados.      

Poeta malagueño

Fundador con Altolaguirre de la Revista Litoral.

        Portada de la primera edición (Málaga, 1926) de las Canciones del farero de Emilio Prados.

 

BIOGRAFÍA             OBRA POÉTICA                  POEMAS

LINKS

 

 

 

 

 

EMILIO PRADOS.

Biografía.

Nació en Málaga en 1899. estudió en la Institución Libre de Enseñanza y vivió en la Residencia de Estudiantes. En 1926 fundó, con su compañero Manuel Altolaguirre, la revista Litoral, que fue uno de los más importantes órganos del grupo del 27. Afectado por una grave enfermedad pulmonar, pasa una larga temporada en el sanatorio de Davosplatz (Suiza). Cursó estudios en las universidades alemanas de Friburgo y Berlín. De ordinario vivió en Málaga y en Madrid hasta 1936. 

Aunque no militó en partido alguno, se sumó durante la República a las tareas de los intelectuales revolucionarios. Al terminar la guerra se exilió en México, donde vivió pobremente hasta su muerte en 1962.  

REGRESO

 

 

 

 

 

   Obra poética.

      Malagueño, como Altolaguirre, con quien le unió estrecha amistad y en compañía del cual fundó y dirigió la revista y ediciones de «Litoral». Prados sólo recibe un influjo epidérmico de las escuelas de vanguardia: el aire de juego, el uso de las metáforas. Su obra, de re­finado tono menor Canciones del farero, Cancionero menor—, es una estilización culta del folklore andaluz. Esta poesía se relaciona con la del primer Alberti en sus motivos marineros, donde, como escribe Valbuena Prat, «hay más orden que inmensidad, más nave que brisa, más puerto que espuma»; y con la de García Lorca, tanto por el gusto del arabesco y la miniatura como por la presencia de más hondos temas: el llanto, el sueño, la muerte: El llanto subterráneo, Circuncisión del sueño, Mínima muerte. Los acontecimientos de la vida española —la guerra, el destierro— ponen en Pra­dos, sobre la gracia infantil y juvenil de sus primitivas canciones, un acento de humanidad y de dolor.

     Dotado de una naturaleza enfermiza. Prados se define –salvo en etapa de acción política- por una fuerte tendencia a recluirse en su interior y a ahondar en los problemas de la vida y de la muerte. De ahí las notas dominantes de su obra.

El mar malagueño y el sentimiento de la muerte preparan las bases de la primera poesía de Prados, editada a través de tres libros: Tiempo (1925), Canciones del farero (1926) y Vuelta (1927). Tiene una actitud quietista y contemplativa ante el paisaje, que le lleva a la clarividencia de que la Naturaleza es un incesante y equilibrado movimiento de vida en el Tiempo. Aprenderá a mirar en profundidad el Cuerpo de la Naturaleza, siendo este el ejercicio propuesto y resuelto en su primera etapa poética. Blanco Aguinaga (en Vida y obra de Emilio Prados, 1960) considera que en estos libros son visibles las huellas de la poesía arábigo-andaluza y de la corriente francesa, desde Baudelaire hasta el surrealismo, que busca las “correspondencias” de la Naturaleza y de la otredad del ser. 

Los contrarios que se manifiestan en ese concierto de amor de todo lo natural (día/ noche, cielo/ mar, luz/ sombra) tratan de fusionarse unos en otros. Influido, por el pensamiento de Heráclito y Parménides, Prados contempla un mundo en el que todo vive siempre en leve tránsito. Pero esta afirmación no está exenta de duda, que se acentuará notablemente a partir del libro Cuerpo perseguido.

Poco a poco vamos descubriendo cuáles son las notas que enmarcan este primer paso de Prados: una realidad no sometida a un tiempo destructor donde no existe una muerte absoluta y en donde todo es trasunto y transformación, que permanece. Un universo personal que alcanza su más decantada y exacta expresión en el largo poema (1926-27) El Misterio del Agua, que Prados no publicó hasta 1954, en su famosa Antología.  

Primera Etapa.

  • Cuerpo perseguido (escrito entre 1927-28, pero publicado en 1946) supone una inflexión importante en esta primera etapa de la poesía de Prados. Se rompe (con la aparición del amor humano) la perfecta armonía vislumbrada en el Cuerpo de la Naturaleza. Momento de crisis interior que parece encontrar solución. 

Segunda etapa

 Supone la entrega a una poesía social y política en la que irrumpe un lenguaje surrealista: 

  • La voz cautiva 

  • y Andando, andando por el mundo (ambos escritos entre 1932-35) Son libros violentos y pesimistas

  • A un compromiso activo obedecen Llanto en la sangre (1933-37), así como las secciones Romancero y Cancionero menor para los combatientes, incluidas en Destino fiel.  

Tercera Etapa

Con el exilio comienza su tercera etapa, jalonada de largos e importantes libros, que ahondan en un proceso de misticismo y panteísmo, perfecto ejemplo de la síntesis que el espíritu de este hombre solitario necesitaba experimentar.

  • En estos años de nostalgia y lamentos, encontramos, como primera muestra importante de la nueva andadura, el libro Mínima muerte (1944), que “arranca de lo muerto y avanza hacia un voluntario recogimiento interior que será germen positivo de más vida hacia fuera de sí mismo” (Blanco Aguinaga), y que formalmente supone la vuelta al esquema de canción de los primeros libros de Prados. Se acusan los símbolos como el de la rosa, y el conceptismo expresivo de la mística. Busca un camino para resolver el antagonismo vida-muerte, que obsesiona a Prados desde su profundo sentimiento de desarraigo. La muerte es la forma mínima de una verdad interior, que es vida, heredera continua de sí misma.

  • Muy importante es Jardín cerrado (1940-46), voluminoso libro rigurosamente estructurado y de un lenguaje condensado y hermético, en el que Prados expresa su lucha interior por conseguir un equilibrio, roto el cordón umbilical con el cosmos (desde el microcosmos que es Málaga, paisaje mínimo e íntimo) por la profunda hendidura de la guerra. En cierto modo Jardín cerrado nos explica, junto con Mínima muerte, el tránsito, el doloroso camino que va de la nostalgia obsesiva hasta el justo sentido del Tiempo del hombre, en su pasado, su presente y su futuro. Para explicar esta transfiguración, Prados acomoda su poe­sía al sistema de símbolos y de conceptos aprendidos en la literatura mística del XVI.

Tras la cima que supone Jardín cerrado, la recta final de la trayectoria poética de Prados está surcada por una serie de libros cada vez más densos y filosóficos, lista que empieza con Río natural (1957) y acaba con Cita sin límite, (1965).

REGRESO

 

                            

 

 

 

 

 

                    POEMAS DE EMILIO PRADOS

Vega en Calma

          (Cártama, 3 de agosto)

Cielo gris.

Suelo rojo...

De un olivo a otro

vuela el tordo.

 

(En la tarde hay un sapo

de ceniza y de oro.)

 

Suelo gris.

Cielo rojo...

 

Quedó la luna enredada

en el olivar.

 

¡Quedó la luna olvidada! 

               ( De Tiempo)

        ...ooo000...000ooo...

 

Alba rápida

¡Pronto, de prisa, mi reino,

que seme escapa, que huye,

que se me va por las fuentes!

¡Qué luces, qué cuchilladas

sobre sus torres enciende!

Los brazos de mi corona,

¡qué ramas al cielo tienden!

¡Qué silencios tumba el alma!

¡Qué puertas cruza la Muerte!

¡Pronto, que el reino se escapa!

¡Que se derrumban mis sienes!

¡Qué remolino en mis ojos!

¡Qué galopar en mi frente!

¡Qué caballos de blancura

mi sangre en el cielo vierte!

Ya van por el viento, suben,

saltan por la luz, se pierden

sobre las aguas...

                          Ya vuelven

redondos, limpios, desnudos...

¡Qué primavera de nieve!

 

Sujetadme el cuerpo, ¡pronto!

¡que se me va, ¡que se pierde

su reino entre mis caballos!

¡que lo arrastran!, ¡que lo hieren!

¡que lo hacen pedazos, vivo,

bajo sus cascos celestes!

¡Pronto, que el reino acaba!

¡Ya se le tronchan las fuentes!

¡Ay, limpias yeguas del aire!

¡Ay, banderas de mi frente!

¡Qué galopar en mis ojos!

Ligero, el mundo amanece...

                (De Cuerpo perseguido.)

        ...ooo000...000ooo...

 

Canción.

No es lo que está roto, no,

el agua que el vaso tiene:

lo que está roto es el vaso

y, el agua, al suelo se vierte.

 

No es lo que está roto, no,

la luz que sujeta al día:

lo que está roto es el tiempo

y en la sombra se desliza.

 

No es lo que está roto, no,

la sangre que te levanta:

lo que está roto es tu cuerpo

y en el sueño te derramas.

 

No es lo que está roto, no,

la caja del pensamiento:

lo que está roto es la idea

que la lleva a lo soberbio.

 

No es lo que está roto dios,

ni el campo que Él ha creado:

lo que está roto es el hombre

que no ve a Dios en su campo.

             ( De Llanto en la sangre.)

        ...ooo000...000ooo...

 

Dormido en la yerba.

Todos vienen a darme consejo.

Yo estoy dormido junto a un pozo.

 

Todos se acercan y me dicen:

- La vida se te va,

y tú te tiendes en la yerba,

bajo la luz más tenue del crepúsculo,

atento solamente

a mirar cómo nace

el temblor del lucero

o el pequeño rumor

del agua, entre los árboles.

 

Y tú te tiendes sobre la yerba:

cuando ya tus cabellos

comienzan a sentir

más cerca y fríos que nunca,

la caricia y el beso

de la mano constante

y sueño de la luna.

 

Y tú tiendes sobre la yerba:

cuando apenas si pudes

sentir en tu costado

el húmedo calor

del grano que germina

y el amargo crujir

de la rosa ya muerta.

 

Y tú te tiendes sobre la yerba:

cuando apenas si el viento

contiene su rigor,

al mirar en ruina

los muros de tu espalda,

y, el sol, ni se detiene

a levantar tu sangre del silencio.

 

Todos se acercan y me dicen:

- La vida se te va,

Tú, vienes de la orilla

donde crece el romero y la alhucema

entre la nieve y el jazmín, eternos,

y, es un mar todo espumas

lo que aquí te ha traído

por que nos hables...

Y tú te duermes sobre la yerba.

 

Todos se acercan para decirme:

- Tú duermes en la tierra

y tu corazón sangra

y sangra, gota a gota

ya sin dolor, encima de tu sueño,

como en lo más oculto

del jardín, en la noche,

ya sin olor, se muere la violeta.

Todos vienen a darme consejo,

Yo estoy dormido junto a un pozo.

 

Sólo, si algún amigo

se acerca, y, sin pregunta

me da un abrazo entre las sombras:

lo llevo hasta asomarnos

al borde, juntos, del abismo,

y, en sus profundas aguas,

ver llorar a la luna y su reflejo,

que más tarde ha de hundirse

como piedra de oro,

bajo el otoño frío de la muerte.

           ( De Jardín secreto.)

       ...ooo000...000ooo...

 

...Un acorde de nubes,

suspende sobre el cielo

al rumor intocado

de la voz que termina.

Todo el azul, presenta

su belleza, ante el fuego

que va a nacer...

                     (¿Contemplo

a Dios?..

                ¡Vuelvo a mi alma!

            ( De Río natural.)

       ...ooo000...000ooo...

 

Me asomé

   Me asomé, lejos, a un abismo...

(Sobre el espejo que perdí he nacido.)

 

   Clavé mis manos en mis ojos...

(Manando estoy en mí desde mi rostro.)

 

   Tiré mi cuerpo, hueco, al aire...

(Abren su voz los ojos de mi sangre.)

 

   Se coaguló mi llanto en sombra...

(Carne es la luz y el nácar de mi boca.)

 

   Dentro de mí se hundió mi lengua...

(siembro en mi cielo el cuerpo de una estrella.)

 

   Se pudrió el tiempo en que habitaba...

(Brota en mi espejo un cielo de dos caras.)

 

   Huyó mi cuerpo por mi cuerpo...

(Bebo en el agua limpia de mi espejo.)

 

   ¡A mi existencia uno mi vida!

(Espejo sin cristal es mi alegría.)

            (De Circuncisión del sueño.)

      ...ooo000...000ooo...

 

- Ay, tierra, tierra: ¿quieto y en mí me pierdo?

¿en ti no quedo?..

                             - Cállate, amor:

desnudo te hundes, te alzas, y eres centro

de historia, y luz que un pájaro en mí bebe.

 

- ¡Tente, vida!

                  (De La piedra escrita.)

        ...ooo000...000ooo...

 

Aparente quietud ante tus ojos,

aquí, esta herida -no hay ajenos límites-,

hoy es el fiel de tu equilibrio estable.

La herida es tuya, el cuerpo en que está abierta

es tuyo, aun yerto y lívido. Ven, toca,

baja, más cerca. ¿Acaso ves tu origen

entrando por tus ojos a esta parte

contraria de la vida? ¿Qué has hallado?

¿Algo que no sea tuyo en permanencia?

Tira tu daga. tira tus sentidos,

Dentro de ti te engendra lo que has dado,

fue tuyo y siempre es acción continua.

Esta herida es testigo: nadie ha muerto.

               ( De Signos del ser.)

          ...ooo000...000ooo...

El cuerpo en el alba

Ahora sí que ya os miro
cielo, tierra, sol, piedra,
como si viera mi propia carne.

Ya sólo me faltabais en ella
para verme completo,
hombre entero en el mundo
y padre sin semilla
de la presencia hermosa del futuro.

Antes, el alma vi nacer
y acudí a salvarla,
fiel tutor perseguido y doloroso,
pero siempre seguro
de mi mano y su aviso.

Ayudé a la hermosura
y a su felicidad,
aunque nunca dudé que traicionaba
al maestro, al discípulo,
más, si aquel daba forma
en su libertad
al pensamiento de lo bello.

Y así vistió su ropa
mi hueso madurado,
tan lleno de dolor y de negrura
como noche nublada
sin perfume de flor,
sin lluvia y sin silencio...

Solo el cumplir mi paso,
aunque por suelo tan arisco,
me daba luz y fuerza en el vivir.

Mas hoy me abrís los brazos,
cielo, tierra, sol, piedra,
igual que presentí de niño
que iba a ser la verdad bajo lo eterno.

Hoy siento que mi lengua
confunde su saliva
con la gota más tierna del rocío
y prolonga sus tactos
fuera de mí, en la yerba
o en la obscura raíz secreta y húmeda.

Miro mi pensamiento
llegarme lento como un agua,
no sé desde qué lluvia o lago
o profundas arenas
de fuentes que palpitan
bajo mi corazón ya sostenido por la roca del monte.

Hoy sí, mi piel existe,
mas no ya como límite
que antes me perseguía,
sino también como vosotros mismos,
cielo hermoso y azul,
tierra tendida...

Ya soy Todo: Unidad
de un cuerpo verdadero.
De ese cuerpo que Dios llamo su cuerpo
y hoy empieza a asentirse
a, sin muerte ni vida, como rosa en presencia constante
De su verbo acabado y en olvido
De lo que antes pensó aun sin llamarlo
Y temió ser: Demonio de la Nada.
 

           ...ooo000...000ooo...

 Invitación a la muerte

Ven, méteme mano
por la honda vena oscura de mi carne.
Dentro, se cuajará tu brazo
con mi sombra;
se hará piedra de noche,
seca raíz de sangre...

Coagulada la fuente de mi pecho,
para pedir ayuda
subirá a mi garganta.

¡Niégasela si es vida!
¡Clávame más tu brazo!...
¡Crúzamelo!
¡Atraviésame!

Aunque me cueste el árbol de mi cuerpo,
condúceme a ti, muerte.

          (De Memoria de poesía)

       ...ooo000...000ooo...

REGRESO

 

Emilio Prados.

Poemas de Emilio Prados

Volver Gen. 27

 

Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre, Juan José Domenchina.