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GENERACIÓN   DEL   27
 

Los poetas de la Generación del 27 reunidos en el Ateneo de Sevilla,

 

En una lectura de sus poemas organizada por el torero Ignacio Sánchez Mejías.    

Pedro Salinas

Jorge Guillén

Gerardo Diego.

Dámaso Alonso

Federico García Lorca

Luis Cernuda

Vicente Aleixandre.

Rafael Alberti.

Emilio Prados.

Manuel Altolaguirre.

Juan José Domenchina.

  

Contexto Histórico

Panorama Cultural.

Residencia de Estudiantes (Historia)

Concepto de Generación.

Nombres del grupo

Los poetas del 27 en la Residencia de Estudiantes.

Tricentenario de la muerte de Góngora.

Maestros e influencias.

Afinidades o Poética del 27

Etapas de la Generación

Bibliografía. 

Links

  Federico García Lorca, Pedro Salinas y Rafael Alberti

                     

Jorge Guillén, Amado Alonso, Pedro Salinas y Dámaso Alonso

                              

Federico García Lorca, Luis Cernuda y Vicente Aleixandre

Sentados de Izquierda a Derecha, Gerardo Diego,  Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Melchor Fernández Almagro y Dámaso Alonso.

 

 

LA GENERACIÓN DEL 27

1.-     La Generación del 27 en su contexto histórico

     En la década de los 20 se instaura en España la dictadura del General  Primo de Rivera (1923-1930).

     Surge en esta época una de las generaciones poéticas más brillantes de toda la historia de nuestra poesía. Es la formada por Federico García Lorca, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Emilio Prados, y Manuel Altolaguirre. Todos ellos nacen entre 1892 y 1906, logrando su plena madurez y prestigio en los años de la Segunda República Española (1931-1936). La Generación fue llamada de 1927 por haber celebrado este año, con fervoroso entusiasmo, el tercer centenario de la muerte de Góngora, afrentándose públicamente por primera vez con la crítica social y académica, que habían ignorado, cuando no atacado, al Góngora de los grandes poemas barrocos. Pero esa protesta antiacadémica no fue puramente negativa. aquellos jóvenes poetas sabían lo que querían al exaltar al Góngora autor de Las Soledades, al que consideraban ejemplo perfecto del poeta puro, del poeta enamorado de la belleza. y al celebrar su centenario, dejaron constancia de su homenaje en bellas ediciones gongorinas. Dámaso Alonso editó Las Soledades, Gerardo Diego una Antología poética en honor de Góngora, García Lorca su  conferencia sobre la imagen poética de Góngora, y Rafael Alberti publicó una Continuación de Las Soledades. La celebración del centenario se coronó con un número Homenaje a Góngora que publicó la revista Litoral, dirigida en Málaga por dos miembros de la generación: los poetas Emilio Prados y Manuel Altolaguirre,  el número, en el que colaboraron Picasso y Falla, junto a los poetas de la generación, llevaba una portada del pintor Juan Gris.

     Ese mismo año -1927- que da nombre a la generación, tiene lugar otra aparición pública de sus miembros. el Ateneo de Sevilla, a iniciativa de Ignacio Sánchez Mejías, el gran torero andaluz amigo de los poetas, invitó a éstos a que diesen una lectura de poemas en su tribuna. A esta cita sevillana acudieron: Dámaso Alonso, García Lorca, Rafael Alberti, Gerardo Diego, Jorge Guillén y Luis Cernuda, que vivía entonces en Sevilla. Era la primera vez que los poetas del 27 leían públicamente sus versos, y unto a ellos tomaron parte en la lectura otros poetas y escritores que acudieron de Madrid: Juan Chabás, Mauricio Bacarisse y José Bergamín.

Los inicios poéticos.

     Los comienzos de la generación coinciden con los primeros años veinte. En 1920 aparece el primer libro de Gerardo Diego, Romancero de la novia; en 1921, el de Dámaso Alonso, Poemas puros. Poemillas de la ciudad; en 1923, el de Pedro Salinas, Presagios; en 1925, el de Rafael Alberti, Marinero en Tierra, y el de Emilio Prados, Tiempo; en 1926, el de Manuel Altolaguirre, Las islas invitadas; en 1927, el de Luis Cernuda, Perfil del aire; y en 1928, el de Jorge Guillén, Cántico, y el de Vicente Aleixandre, Ámbito; año en que también se publica el Romancero Gitano, que hace famoso a su autor, Federico García Lorca. Aunque muy minoritaria en sus comienzos -el público y la crítica los ignoraban o los tachaban de vanguardistas-, la generación se impuso pronto por la calidad de su poesía y por la personalidad fulgurante de algunos de sus miembros, especialmente García Lorca y Alberti. En 1925 dos de ellos, Alberti y Gerardo Diego, obtuvieron el Premio Nacional de Literatura, el primero con Marinero en Tierra, y el segundo con Versos humanos, que obtuvo un accésit. Fue el primer éxito oficial de la generación, y el que le abrió las páginas de las revistas literarias del momento, como la prestigiosa Revista Occidente, que dirigía José Ortega y Gasset, y en cuyas páginas publicaron poemas, a  partir de 1924, todos los poetas del 27. Ortega no sólo los acogió en su revista, sino que publicó en las ediciones de la Revista Occidente, que también dirigía, algunos libros de la generación, como el Romancero Gitano de García Lorca, Cántico de Jorge Guillén, Seguro Azar de Salinas y Cal y Canto de Alberti. Mostraba así su apoyo a un movimiento poético que se caracterizaba por la calidad y pureza de su trabajo, y por el afán de alcanzar la esencialidad de la poesía.

     Pero más decisivo fue aún el estímulo que los poetas de esta generación recibieron de Juan Ramón Jiménez, al que admiraban como al más puro y hondo poeta de su tiempo. Juan Ramón, entonces en la plenitud de su obra y de su prestigio, era para ellos, en aquellos primeros años de la generación, el maestro  indiscutido, cuya palabra era oráculo. Fue Juan Ramón quien editó el primer libro de Pedro Salinas, Presagios, en su bella Biblioteca "Índice"; quien publicó en su revista y cuadernos de poesía -Sí, índice, Ley- poemas de casi todos los poetas de la generación; quien finalmente, digo el espaldarazo a Rafael Aberti, en la preciosa carta que va al frente de la primera edición de Marinero en Tierra, y sirvió de enlace a  la generación con la tradición lírica anterior, con Bécquer sobre todo, y más atrás con la poesía popular de los cancioneros, que Alberti y Lorca supieron renovar con arte insuperable. De Juan Ramón van a heredar los poetas del 27 el ansia de pureza y perfección en poesía, la nueva sensibilidad al expresar los más delicados matices de las cosas y de las sensaciones, y la exigencia y rigor en el lenguaje. en la primera fase de la generación, domina en ella esa concepción purista de la poesía que en Francia había defendido, entre otros Paul Valéry -lo recuerda Jorge Guillén en la antología de la generación que hizo Gerardo Diego-: "poesía pura es todo lo que permanece en el poema después de haber eliminado todo lo que no es poesía. Pura es igual a simple, químicamente hablando".

     Es decir, "purismo" poético significaba para Juan Ramón y para los poetas del 27 el afán de captar la esencia pura de las cosas, y desdén por la anécdota, por el argumento del poema, por lo sentimental y falso, lo retórico y lo fácil. Lo importante para los poetas puros era la belleza del poema, el goce estético, más que la emoción que puede comunicar un sentimiento o una experiencia humana.

     Este distanciamiento entre vida y poesía, entre realidad y pureza, que Ortega definiría en un famoso ensayo como "la deshumanización del arte", no dejó de provocar críticas a la poesía de la generación, que fue juzgada por algunos -Antonio Machado entre ellos- demasiado intelectual y esteticista, y como consecuencia, un tanto fría. Hay que reconocer que aquel clima estetizante e intelectualista tenía sus peligros, que los mismos poetas del 27 no tardaron en advertir. ya en 1926 Jorge Guillén, a quien se consideraba el más fiel cultivador de la Poesía Pura, escribía en la "Carta a Fernando Vela" que figuraba en la Antología de los poetas de la generación hecha por Gerardo diego, que la poesía pura resultaba a veces "demasiado aburrida, demasiado inhumana y demasiado irrespirable". Y Dámaso Alonso ha reconocido que aquella primera fase purista de la generación heló de tal modo su pluma, que dejó de escribir, y necesitó del desgarrón de la guerra civil de 1936 para volver a la poesía.

     Al terminar la década de los veinte y comenzar la de los treinta podía notarse ya un cambio de clima, una temperatura más cálida, en la poesía de la generación. Se inicia entonces una segunda fase en la poesía del 27, que Dámaso Alonso llamó fase neorromántica, y que es visible en libros ardientes y estremecidos como Pasión de la Tierra y Espadas como labios de Aleixandre; Sobre los Ángeles, de Rafael Alberti; y Donde habita el olvido de Cernuda. Es sobre todo a partir de la Segunda República Española, en 1931, y paralelamente a la rápida politización de las masas, cuando se produce la crisis del esteticismo y el alejamiento definitivo de los poetas del 27, del purismo poético que había encarnado Juan Ramón Jiménez. "La llamada poesía pura escribía J. de Izaro, (pseudónimo de Rafael Sánchez Mazas) en El Sol- está perdiendo actualidad y vida a galope, como todo lo sublimístico, evaporado y enrarecido." Y recordaba que los grandes poetas, como el Dante, Virgilio, Píndaro y tantos otros, no habían desdeñado inspirarse en las fuentes cotidianas de la vida, en los temas de la patria, de la pasión amorosa y el ideal de la política y de las experiencias sociales.

     Cierto que los seguidores de Juan Ramón y de la poesía pura no se rendían fácilmente. El poeta Juan José Domenchina, juanramoniano fervoroso, atacaba desde las páginas de El Sol a los tránsfugas del purismo lírico, a los partidarios de una poesía que no quería ya ser minoritaria ni esteticista, sino que aspiraba a ser entendida por todos. "Una poesía para todos -replicaba Domenchina- sería algo como una ramera enajenada." Pero resulta que esa ramera no estaba dispuesta a detenerse, y la poesía social revolucionaria había conquistado, desde 1930 por lo menos a dos poetas de la generación del 27, Rafael Alberti y Emilio Prados. De 1929 es el primer poema social de Alberti, su Elegía Cívica; en 1933 el mismo Alberti funda la revista Octubre, de clara tendencia comunista, y publica dos libros de poesía revolucionaria: Consignas y Un fantasma recorre Europa.

     En vísperas de la revolución de los mineros asturianos, en septiembre de 1934, Alberti pone al frente de la primera edición de sus Poesías Completas, editadas por José Bergamín, estas palabras terminantes: "Publico aquí la mayor parte de mis obra poética comprendida entre 1924 y 1930, por considerarla un ciclo cerrado, contribución mía, irremediable, a la poesía burguesa. Pero a partir de 1931, mi obra y mi vida están al servicio de la revolución española".

El compromiso social.

Cartel de Ramón gaya para la revista Hora de España, en la que colaboraron, junto a León Felipe, Antonio Machado y José Bergamín, Rafael Alberti y Dámaso Alonso.

   En cuanto a Emilio Prados, quedan testigos, en la Málaga de los años treinta, de su conversión desde la poesía pura a la poesía social y revolucionaria. Tras sus primeros libros de poesía pura y neopopular, Prados escribe entre 1929 y 1932 su libro No podréis. A este libro siguió otro de Prados cuyo título, Calendario incompleto del pan y del pescado expresa su nueva posición de poeta comprometido con el pueblo.

     La revolución de los trabajadores asturianos en octubre de 1934 politizó aún más la situación intelectual española y a los poetas del 27. Emilio Prados escribe, ya vencida la revolución, su libro Llanto en la sangre, con este subtítulo: "Durante  la represión y bajo la censura posterior al levantamiento de 1934". Las posiciones puristas, que aún defendían algunos poetas fieles a Juan Ramón Jiménez, quedaron barridas. A ellos contribuyó, además la llegada a España de Pablo Neruda, el gran poeta chileno, que publicó en Madrid la segunda edición de su admirable libro Residencia en la Tierra. En octubre de 1935, Neruda lanzó en Madrid el primer número de su revista Caballo verde para la poesía -título que simbolizaba sin duda el jinete de la esperanza, una esperanza poética y política- en estrecha colaboración con los poetas de la generación del 27, que pronto se hicieron -sobre todo Lorca, Alberti, Aleixandre y Altolaguirre- grandes amigos suyos. Cabría afirmar que si el órgano más importante de la Generación del 27, en su primera fase, fue la revista malagueña Litoral, dirigida por Emilio Prados y Manuel Altolaguirre de 1926 a 1929, en la segunda fase rehumanizadora fue sin duda Caballo verde la revista más representativa del grupo. el primer número se abría con un manifiesto que llevaba este título: "Sobre una poesía sin pureza", redactado por el propio Neruda.

La Revista Litoral, fundada en 1926 por Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, fue uno de los órganos más importantes de la Generación del 27 Portada de Juan Gris para el número de la Revista Litoral dedicado a Góngora.

     Las torres de marfil quedaron hechas añicos ante la violenta arremetida de Caballo Verde, que provocó, como era de esperar, la indignación de Juan Ramón Jiménez, quien interpretó aquellos ataques a la poesía pura como ataques a personales a él mismo. de entonces data la ruptura entre Juan Ramón y los poetas del 27, a los que acusó de cómplices de la campaña antipurista del poeta chileno. Ese distanciamiento se agravó aún más cuando la Generación en pleno, acompañada de lo mejor de los poetas jóvenes -Miguel Hernández a la cabeza- publicó un texto de homenaje a Neruda, añadiendo la edición de unos poemas, los "Tres cantos materiales" de Residencia en la Tierra.

     Es evidente que ya en 1935 quedaba muy poco del clima estetizante y purista de los primeros años de la generación, que había sido sustituido por un clima de hervor y fiebre poética, por una temperatura de pasión y de vida que había ido creciendo paralelamente al aumento de la temperatura política del país, que culminó en julio de 1936, con el estallido de la Guerra Civil. Un mes antes de que este se produjera, en Junio de 1936, García Lorca contestaba a una pregunta de un periodista sobre como juzgaba la famosa teoría del arte por el arte, la moda de la poesía pura: "Ese concepto del arte por el arte- fueron sus palabras- es una cosa que sería cruel si no fuera afortunadamente cursi. Ningún hombre verdadero cree ya en esa zarandaja del arte puro, dela arte por el arte mismo. en este momento dramático del mundo el artista debe llorar y reír con su pueblo. Hay que dejar el ramo de azucenas y meterse en el fango hasta la cintura para ayudar a los que buscan las azucenas."

     No hay que olvidar que la Generación del 27 era una generación republicana y liberal, y no puede extrañarnos que la casi totalidad de sus miembros, al iniciarse en 1936 la sublevación militar, tomase partido al lado de la República. La mayoría de ellos -Alberti, Aleixandre, Cernuda, Prados, Altolaguirre- colaboraron en las revistas literarias patrocinadas por las autoridades republicanas durante la Guerra Civil; como Hora de España, y El mono azul, ambas reeditadas años más tarde por una editorial alemana. Al llegar el huracán de la guerra, lo épico sustituyó a lo lírico, y los poetas escribieron romances. En noviembre de 1936 apareció en Madrid editado por el Ministerio de Instrucción Pública, el primer Romancero de la Guerra Civil, que incluía romances de guerra de Alberti, Bergamín, Aleixandre, Prados, Altolaguirre, Garfias y Miguel Hernández. Y al año siguiente, 1937, se publicaba, con un prólogo de Antonio Rodríguez Moñino, el gran bibliógrafo -quien fue amigo de todos los poetas del 27- el Romancero General de la Guerra de España, dedicado a Federico García Lorca, en homenaje a su memoria y como protesta contra su muerte.

El tiempo de postguerra.

     Las consecuencias del final de la guerra civil, con la derrota de la República, para la mayoría de los poetas de la Generación del 27, son bien conocidas: el exilio, la nostalgia, el dolor por la patria perdida. En tierra americana, aquellos poetas continuaron su obra, desde entonces marcada en gran parte por la herida de la guerra, por la añoranza española. Su poesía, en efecto va a experimentar desde el final de la guerra civil profundos cambios. Se hace más grave y preocupada, más dolorida por las heridas recientes de la guerra civil; de la guerra cainita, como la llamaba Unamuno, y por el dolor de la patria lejana y sin libertad; tiende cada vez más a reflejar los problemas humanos y sociales del tiempo histórico que a cada poeta le ha tocado vivir, y deja de ser estetizante y minoritaria para volver a las fuentes de la vida y de la historia. Algunos de los más grandes poetas del 27 empiezan a escribir una poesía temporalista, de acuerdo con la definición de Antonio Machado: "La poesía es la palabra del tiempo", Jorge Guillén subtitulará "Tiempo de historia" el segundo ciclo de su poesía, el de Clamor, y escoge, para uno de los libros de ese ciclo, un título machadiano, A la altura de las circunstancias, y para otro un título dentro también del temporalismo machadiano a lo Jorge Manrique: Que van a dar a la mar... El protagonista del ciclo de Clamor es el hombre contemporáneo, el español contemporáneo que ha sufrido la guerra, la persecución, el exilio, la prisión.

     La poesía de Cernuda experimentará también un cambio radical, a partir de la guerra civil. Él mismo nos confiesa que aquellos sucesos trágicos enturbiaron su vida diaria, y la muerte horrible de Federico, su gran amigo, no se apartaba de su mente. Ya en Inglaterra, primera fase de su exilio, lejos de aquel loco país -como llama a España- tuvo durante años una pesadilla constante que llenaba su sueño: se veía, una y otra vez, buscado y perseguido. Trabajando como profesor en una universidad inglesa, Cernuda sentía -nos lo dice él mismo- una nostalgia aguda de su tierra, de su ambiente y de sus amigos españoles. Y escribió entonces una serie de poemas fruto de esa preocupación y de esa nostalgia. El resultado fueron esos libros admirables que se llaman Las nubes, Ocnos, Como quien espera el alba.

     Los años americanos enriquecieron, al hacerla más honda y más grave, más sumida en el tiempo y en la muerte, la obra de los poetas del 27 que se vieron obligados a alejarse de España. No sólo la de Guillén y la de Cernuda: también la de Salinas, la de Alberti, la de Prados, la de Altolaguirre.

Aquella evolución hacia una poesía temporalista enraizada en la vida temporal, afectó también a los poetas del 27 que permanecieron en España. En 1944 publicó Dámaso Alonso ese angustiado diario íntimo, esa protesta contra la injusticia y la crueldad de la Guerra y del odio que se llama Hijos de la Ira, tan lejos ya en el tiempo y ene l tono, de aquellos primeros Poemas Puros publicados por él veintitrés años antes. Y escribe entonces estas palabras reveladoras: "Nada aborrezco más que el estéril esteticismo en que se ha debatido hace más de medio siglo el arte contemporáneo. Hoy es sólo el corazón del hombre lo que me interesa, expresar con mi dolor o con mi esperanza el anhelo y la angustia del eterno corazón del hombre" Y en Hijos de la ira leemos este verso, que abre el libro: "Madrid es una ciudad de un millón de cadáveres".

     El caso de Vicente Aleixandre -premio Nobel- es también significativo. Como consecuencia de su postura durante la Guerra Civil, favorable a la República, sus libros fueron prohibidos al terminar la guerra, y su nombre vetado por la censura. Sólo a partir de la publicación de su gran libro Sombra del paraíso en 1944, comienzan a difundirse sus obras, y su nombre vuelve a tener circulación literaria. Su influencia sobre la juventud poética que surgió en los primeros años de la postguerra creció rápidamente, y en 1947 su definición de la "poesía como comunicación" encontró un amplio eco en los jóvenes. A partir de entonces la poesía de Aleixandre se inserta en una corriente de lírica temporalista que abarca el gran tema del vivir humano desde la conciencia de la temporalidad y de la solidaridad, que hallamos en dos de sus mejores libros: Historia del corazón, publicado en 1954, y En un vasto dominio, en 1962, en los que no falta el canto de la realidad social, del hombre situado aquí y ahora. El pueblo y la historia entran finalmente en la obra de los poetas del 27, como testimonio de un tiempo mísero y también esperanzado. Cerrando así el ciclo -o abriendo uno nuevo- que va desde la poesía pura, intimista o surrealista, a la poesía de situación temporal e histórica. Ellos, los poetas del 27, pueden decir lo que decía Goethe cuando alguien le reprochaba que escribiese poesía de circunstancias: "Mis poemas son todos poemas de circunstancias porque todos se inspiran en la realidad".

     Desde nuestra perspectiva podemos ver en la actualidad que aquel grupo de poetas acusados, cuando eran jóvenes, de esteticistas, puristas y deshumanizados, no sólo han enriquecido con libros inmortales nuestra poesía, sino que además han contribuido con un vivo ejemplo moral frente a una sociedad que en un primer momento los rechazó y hoy admite que han legado a nuestra cultura un tesoro poético cuya importancia ha sido comparada, y con razón, por Dámaso Alonso, a la de nuestros grandes poetas del Siglo de Oro.

     

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2.-     Panorama cultural de los años 20.

En la década de los 20, soplaron con fuerza los vientos regeneradores del vanguardismo estético en Europa. A este movimiento pertenecieron personalidades españolas de excepción como Pablo Picasso, Salvador Dalí y Luis Buñuel. La obra del primero estuvo íntimamente ligada a sus raíces españolas y a un temperamento barroco y lleno de excesos y contrastes, que era lo que parecía caracterizar al arte español. Fue Picasso quien, con el estilo cubista, escribió la primera página de la pintura del siglo XX. Los admiradores de este pintor malagueño pueden apreciar en el Museo de Arte Reina Sofía de Madrid su Guernica, el retrato del horror del bombardeo nazi sobre un refugio vasco durante la Guerra Civil. En Barcelona, los amantes del arte pueden visitar la calle Aviñon, la simbólica cuna del cubismo representada por Las Señoritas de Avignon. Existe también un estupendo Museo Picasso en el centro del Barrio Gótico que recoge algunas de sus obras de juventud y muchos grabados y series de pinturas inspiradas en Las Meninas de Velázquez.

Madrid fue el lugar de nacimiento del cubista Juan Gris que supo reducir los objetos que pintaba a su masa cromática y propiedades geométricas esenciales. Y Cataluña puede presumir de la paternidad de Juan Miró, el maestro del surrealismo, un hombre profundamente poético y original y con un estilo infantil que traiciona su sabia visión. Una gran parte de su obra se exhibe en la Fundación Miró de Barcelona, alojada en un espléndido edificio diseñado por el arquitecto Josep Luis Sert.

También asociado con el surrealismo está Salvador Dalí, artista excepcional que gustaba de provocar la sensibilidad burguesa con gestos escandalosos y calculados. Dalí había vivido con Luis Buñuel y Federico García Lorca en la Residencia de Estudiantes de Madrid en los años 20. Esta institución, enormemente importante por su ambiente intelectual y su gran fertilidad artística, es todavía un centro cultural floreciente y la sede del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Fue allí donde nació el grupo de poetas conocido como la Generación del 27.

Por primera vez desde principios del siglo XVII coincidieron en España un grupo de talentos líricos eminentes: Jorge Guillén, Pedro Salinas, Federico García Lorca, Rafael Alberti, el ganador del Premio Nobel Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Dámaso Alonso, Gerardo Diego,... Desde un punto de vista cultural, la Generación del 27 representó una ocasión única en la que las impresiones que imperaban eran una actitud descuidada de la vanguardia, la ilusión del arte modernista y el optimismo del Viejo Continente de entre guerras. En España, esta atmósfera floreció efímeramente en el ambiente impetuoso que se creó con la proclamación de la Segunda República. Los artistas jóvenes se sentían extasiados con el mundo del cine, las "Luces de la ciudad", la ruptura con la burguesía, el arte del realismo y la ilusión de una revolución política y estética.

Años más tarde, todos ellos sufrirían las tremendas heridas de la Guerra Civil. Federico García Lorca fue asesinado por los nacionalistas y su dramática muerte simbolizó la de toda una generación creadora. Rafael Alberti, Luis Cernuda, Pedro Salinas, Jorge Guillen, Rosa Chacel y María Zambrano se vieron forzados al exilio. Su poesía, que había traído a la lírica española el ideal de perfección de la "poesía pura", se volvió más temporal, más reflexiva.

Aplicación del concepto de Generación.

Si algún grupo de autores merece el nombre de Generación, sin duda es éste. Pese a las precauciones que hay que tener, podemos considerarlos como grupo compacto, si bien con variedades muy notorias dentro de ellos (lo cual es lógico). El grupo lo forman Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Luis Cernuda y Rafael Alberti. Algunos críticos incluyen también a los malagueños Emilio Prados y Manuel Altolaguirre. Estos diez son los que se citan con mayor frecuencia, sin faltar quien considera también miembro del grupo a Juan José Domenchina (nacido en 1988), aunque se siguen dejando fuera de lugar a muchos otros (Hinojosa, Garfias, Chabás...) que, por distintas razones, han quedado relegados a un segundo término. Estrictamente estamos ante un grupo generacional (el nombre "grupo del 27" ha sido muy usado por la crítica (G. de Torre, D. Alonso, Rozas); también se les ha dado otros menos afortunados: del 25 (Cernuda, J.L.Cano), de la Dictadura (Max Aub), Vanguardista (Rozas), de la República, de Guillén-Lorca...).

Todos nacen en un período menor a 15 años: desde 1891 (Salinas) a 1905 (Altolaguirre).

Su formación intelectual es semejante: la mayoría son universitarios, algunos llegan a ser profesores (Salinas, Guillén, Alonso...). Casi todos pasaron por la Residencia de Estudiantes.

El acontecimiento generacional que les une (aunque muchos ya estaban unidos) fue la celebración del tricentenario de la muerte de Góngora, con unos actos de reivindicación del poeta cordobés (cuya obra "difícil" aún no había sido redescubierta).

Se oponen a los que no reconocían el talento de Góngora (actos contra la Academia). Celebran un homenaje en el ateneo sevillano, invitados por Ignacio Sánchez Mejías. Colaboran en las mismas revistas (Revista de Occidente, Litoral). De 1920 a 1936 sus vidas están muy unidas.

No hubo caudillo (algunos hablan de Juan Ramón, pero no parece claro, pese a su gran influencia).

No se alzan contra nada (son muy respetuosos con la tradición literaria española; de hecho, este dato impide que cuaje el nombre de "Generación vanguardista", ya que son tan vanguardistas como tradicionales (J.M.Rozas).

No existe un único estilo; eso sí, en todos se ve el deseo de renovar el lenguaje poético y a veces coinciden en su trayectoria, aunque cada uno mantiene un estilo muy personal (afortunadamente). Para todos la poesía es algo muy serio, que hay que trabajar bien, buscando siempre la perfección formal y conceptual. Por eso Góngora es el modelo común. Debicki señala que todos hacen de lo poético una idea vital. Además, rastrea una serie de contactos entre ellos:

-            Interés por el empleo más adecuado de la forma y de la lengua.

-            Desdén por el sentimentalismo y la retórica.

-            Rechazo de cualquier léxico particular como válido en sí.

-            Igualdad en el concepto de poesía como misterio.

Dámaso Alonso destaca otros puntos de conexión: "coetaneidad, compañerismo, reacción similar ante excitantes externos". Es firme defensor de la existencia de la generación. En todo caso, sería partidario de reformar la idea de Petersen antes que renunciar al nombre de Generación del 27. En cuanto a las características de la generación, habla de dos fases:

Hasta 1927: Triple influencia:

-          del ultraísmo: ligar elementos distantes; ennoblecimiento del humor.

-          del Cubismo: asimilan la técnica, el odio a la anécdota y a lo sentimental.

-          de Paul Valéry: asepsia, deshumanización.

A partir de 1927:

-          "aumento de la temperatura humana",

-          progresiva "humanización".

Afinidades estéticas.

En los autores del 27 es muy significativa la tendencia al equilibrio, a la síntesis entre polos opuestos (Lázaro), incluso dentro de un mismo autor:
 Entre lo intelectual y lo sentimental. La emoción tiende a ser refrenada por el intelecto. Prefieren inteligencia, sentimiento y sensibilidad a intelectualismo, sentimentalismo y sensiblería (Bergamín). Se observa muy bien en Salinas.

Entre una concepción romántica del arte (arrebato, inspiración) y una concepción clásica (esfuerzo riguroso, disciplina, perfección). Lorca decía que si era poeta "por la gracia de Dios (o del demonio)" no lo era menos "por la gracia de la técnica y del esfuerzo".

Entre la pureza estética y la autenticidad humana, entre la poesía pura (arte por el arte; deseo de belleza) y la poesía auténtica, humana, preocupada por los problemas del hombre (más habitual tras la guerra: Guillén, Aleixandre...).

Entre el arte para minorías y mayorías. Alternan el hermetismo y la claridad, lo culto y lo popular (Lorca, Alberti, Diego). Se advierte un paso del "yo" al "nosotros". "El poeta canta por todos", diría Aleixandre.

Entre lo universal y lo español, entre los influjos de la poesía europea del momento (surrealismo) y de la mejor poesía española de siempre. Sienten gran atracción por la poesía popular española: cancioneros, romanceros...

Entre tradición y renovación. Se sienten próximos a las Vanguardias (Lorca, Alberti, Aleixandre y Cernuda poseen libros surrealistas; G.Diego, creacionistas); próximos a la generación anterior (admiran a Juan Ramón, Unamuno, los Machado, Rubén Darío...); admiran del XIX a Bécquer (Alberti, ("Homenaje a Bécquer") Cernuda "Donde habite el olvido"...); sienten auténtico fervor por los clásicos: Manrique, Garcilaso, San Juan, Fray Luis, Quevedo, Lope de Vega y, sobre todos, Góngora.

Etapas en la evolución.

La clasificación más aceptada es la de Lázaro:

· Hasta 1927.

Influjo de Bécquer y del Modernismo. Pronto aparecen las primeras Vanguardias. A la vez y, por influjo de Juan Ramón, se orientan hacia la "poesía pura": "Poesía pura es todo lo que permanece en el poema después de haber eliminado de él todo lo que no es poesía"(Guillén). Se depura el poema de todo lo anecdótico, de toda emoción que no sea puramente artística. Para ello usan mucho la metáfora. Esta poesía es bastante hermética y fría.

También lo "humano" les influye, sobre todo a través de la lírica popular (Alberti). La sed de perfección formal los lleva al clasicismo, sobre todo de 1925 al 27. Incluso podemos hablar de una fase "gongorina".

De 1927 a la Guerra Civil.

Comienza a notarse cierto cansancio del puro formalismo. Se inicia un proceso de rehumanización (más notorio en algunos autores, pero presente en todos). Se dan las primeras obras surrealistas (radicalmente opuesto a la poesía pura). Pasan a primer término nuevos temas, más humanos: el amor, el deseo de plenitud, las frustraciones, las inquietudes sociales o existenciales... Nace la revista Caballo verde para la poesía, de Palo Neruda (1935), donde aparece el "Manifiesto por una poesía sin pureza".
Algunos poetas, debido a sus inquietudes sociales, se interesan en política (en el favor de la República, fundamentalmente).

Después de la guerra.

Lorca muere en 1936. El grupo se dispersa:

a) En el exilio Guillén escribe Clamor, obra en la que se aleja de la poesía pura. Aparece el tema de la patria perdida.

b)En España quedan sólo D. Alonso y V. Aleixandre, que hacen poesía angustiada, existencial (Hijos de la ira, 1944).  

 

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3.-     La Residencia: Etapa Histórica.

La Residencia de Estudiantes, desde su fundación en 1910 por la Junta para Ampliación de Estudios hasta 1936, fue el primer centro cultural de España y una de las experiencias más vivas y fructíferas de creación e intercambio científico y artístico de la Europa de entreguerras. En 1915 se traslada a su sede definitiva en la madrileña Colina de los Chopos. Durante toda esta primera etapa su director fue Alberto Jiménez Fraud, que hizo de ella una casa abierta a la creación, el pensamiento y el diálogo interdisciplinar. Tanto la Junta como la Residencia eran producto de las ideas renovadoras de la Institución Libre de Enseñanza, fundada en 1876 por Francisco Giner de los Ríos.

La Residencia se proponía complementar la enseñanza universitaria mediante la creación de un ambiente intelectual y de convivencia adecuado para los estudiantes. Características distintivas de la Residencia fueron propiciar un diálogo permanente entre ciencias y artes y actuar como centro de recepción de las vanguardias internacionales. Ello hizo de la Residencia un foco de difusión de la modernidad en España, y de entre los residentes surgieron muchas de las figuras más destacadas de la cultura española del siglo XX, como el poeta Federico García Lorca, el pintor Salvador Dalí, el cineasta Luis Buñuel y el científico Severo Ochoa. A ella acudían como visitantes asiduos o como residentes durante sus estancias en Madrid Miguel de Unamuno, Alfonso Reyes, Manuel de Falla, Juan Ramón Jiménez, José Ortega y Gasset, Pedro Salinas, Blas Cabrera, Eugenio d'Ors o Rafael Alberti, entre muchos otros.

La Residencia fue, además, foro de debate y difusión de la vida intelectual de la Europa de entreguerras, presentada directamente por sus protagonistas. Entre las personalidades que acudieron a sus salones figuran Albert Einstein, Paul Valéry, Marie Curie, Igor Stravinsky, John M. Keynes, Alexander Calder, Walter Gropius, Henri Bergson y Le Corbusier, entre muchos otros. A menudo, estas personalidades fueron invitadas por dos asociaciones privadas que colaboraron activamente con la Residencia y unieron su labor a un amplio sector de la sociedad civil: la Sociedad de Cursos y Conferencias y el Comité Hispano-Inglés.

La Residencia hoy

Hoy la Residencia es, de nuevo, uno de los centros más originales del panorama cultural español.

  •      Organiza numerosos actos públicos, en los que intervienen muchos de los actuales protagonistas de las artes y las ciencias como Mario Vargas Llosa, Pierre Boulez, Martinus Veltman, Ramón Margalef, Jacques Derrida, Blanca Varela o Massimo Cacciari, entre muchos otros. Conferencias, mesas redondas, conciertos, lecturas de poemas, encuentros o exposiciones convierten a la Residencia en un espacio abierto al debate, la reflexión crítica y la creación en torno a las tendencias de nuestra época.

  •       En ella conviven cada año, en estancias generalmente inferiores a una semana, cerca de 3.000 investigadores, artistas y otros profesionales, de los campos más diversos, procedentes de todo el mundo.

  •        En el Centro de Documentación puede consultarse un conjunto único de fondos bibliográficos y documentales, especializado en la historia intelectual y de la ciencia contemporáneas, principalmente del primer tercio de siglo. Destacan los archivos particulares de Federico García Lorca, Luis Cernuda, Jesús Bal y Gay, Fernando de los Ríos, o León Sánchez Cuesta, y los de instituciones como la Junta para Ampliación de Estudios o el Museo Pedagógico Nacional. Las descripciones de los fondos documentales y bibliográficos y un conjunto de imágenes de los propios documentos digitalizados están disponibles en la Red de centros y archivo virtual de la Edad de Planta de la cultura española contemporánea (1868-1936), proyecto que lidera la Residencia de Estudiantes y que cuenta con la financiación de la Fundación Marcelino Botín.

  •      Desarrolla distintos proyectos de investigación siguiendo dos líneas principales: el estudio y la difusión de su legado histórico y el análisis de las actuales tendencias de pensamiento con el objetivo de explorar el porvenir de la cultura.

  •       En 1990 recuperó su viejo sello editorial, con el que publica los resultados de su labor investigadora y algunos de sus cursos, lecturas de poemas o ciclos de conferencias. Prepara, además, ediciones críticas de sus textos históricos y rescata excepcionales testimonios como el Archivo de la Palabra o la revista Residencia.

  •      El 28 de marzo de 2001 se ha inaugurado la rehabilitación integral de la Residencia de Estudiantes con los trabajos de rehabilitación de los pabellones Central y Gemelos, el mobiliario del conjunto de edificios y la urbanización y ajardinamiento del entorno de la Colina de los Chopos.  

Los poetas de la Generación del 27, reunidos en el Ateneo de Sevilla, en una lectura de sus poemas organizada por el torero Ignacio Sánchez Mejías.

 

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4.-     Generación del 27. Concepto

      Una generación literaria es un grupo de escritores que, nacidos en fechas cercanas y movidos por un acontecimiento de su época, se enfrentan a los mismos problemas y reaccionan de modo semejante ante ellos.

Generación literaria

Generación del 27

- Un grupo de escritores.

- Los principales representantes del grupo son Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre, y Luis Cernuda, Emilio Prado y Manuel Altolaguirre.

- Nacidos en fechas cercanas.

- Entre el más joven, que es Altolaguirre (1905), y el mayor, Salinas (1891), sólo hay quince años de diferencia.

- Movidos por un acontecimiento.

- El acontecimiento que los unió y les dio el nombre fue el homenaje que el grupo hizo a Luis de Góngora en el año 1927 en Sevilla, al conmemorarse el tercer centenario de su muerte. Hay que destacar la influencia ejercida por Juan Ramón Jiménez.

- Reacción semejante.

- Todos sienten la necesidad de encontrar un lenguaje poético que exprese mejor los temas que tratan.

       Vicente Gaos, en su introducción a Antología del Grupo Poético del 27, Cátedra, 1982, considera que 14 años que separan el nacimiento de Salinas del de Altolaguirre son demasiados para poder considerar a este grupo como generación, afirmando, además, que no hay entre ellos un poeta que pueda ser considerado jefe espiritual de todos. su mentor es Juan Ramón Jiménez, nacido en 1881 y que pertenece a la que d'Ors llamó "Generación novecentista".

     Según Gaos, fuera de la poesía, los inspiradores de este grupo son otro novecentista, Ortega y Gasset (nacido en 1883) y Ramón Gómez de la Serna (nacido en 1888), así que por edad, Salinas estos autores. Hay que tener en cuenta que en la época en que escriben estos poetas la evolución literaria es muy rápida, por lo que pueden bastar unos años para que se produzca un cambio de clima. Es lo que de hecho ocurrió, y no es así extraño que Cernuda estime que "Salinas, lo mismo que Guillén, es más bien poeta de transición". En realidad podría decirse que todos los poetas de este grupo son de "transición" con respecto a sí mismos: tanto ha cambiado el modo de entender y hacer poesía en el curso de las ultimas cuatro décadas. en efecto, comparando el primero y el postrer libro de cualquiera de ellos, podría dudarse que fueran obra de un mismo autor. no digamos si la comparación se hiciese con Gerardo Diego o Alberti, que son los que más se han dejado ganar, a lo largo del tiempo, por las distintas solicitaciones artísticas de cada momento.

     Hay ciertos poetas a los que usualmente se considera "transicionales". Algunos son un poco anteriores por el nacimiento a Salinas: León Felipe (1884), Moreno Villa (1887), Bastera (1888). Pero otros son posteriores: Espina (1894), Bacarisse (1895). Sus primeros libros datan, respectivamente de 1920, 1913, 1918 y 1917. Así pues, salvo Moreno Villa, no empiezan a publicar antes que Domenchina. Y si tomásemos como punto de referencia no libros iniciales, sino libros maduros, el carácter "transicional" atribuido a estos autores, sería muy discutible. Sin duda, tal atribución está motivada en parte por el hecho deque ninguno de los cinco poetas citados es de primer orden: o murieron pronto, como Bacarisse (1895-1931) y Basterra (1888-1930); o abandonaron la poesía, como Espina: su último libro de versos en Signario (1923); o no llegaron a desarrollar plena personalidad poética. Con todo, de decidir en términos de calidad y de adscripción a las maneras estéticas de una época, no se ve bien por qué habría que prescindir de León Felipe y Moreno Villa, incluyendo en cambio dentro de este grupo a poetas menores como Prados y Altolaguirre. La nómina del grupo la formó Gerardo Diego en su Antología de 1932, y para tan temprana fecha la selección, además de justa ha resultado profética.

     Los poetas de esta generación -y sus antecesores, de Unamuno a Juan Ramón Jiménez- constituyen un plantel de tal fuste que la crítica ha hablado de un "nuevo siglo de oro" de la poesía española. No es, desde luego, frecuente la aparición coetánea de tantas figuras importantes, todas con voz propia. Porque la afinidad generacional y, dentro de ella, la curiosa bipolaridad muchas veces señalada (Salinas-Guillén, Lorca-Alberti, Aleixandre-Cernuda, Prados-Altolaguirre) es secundaria. Lo destacable es la personalidad de cada uno de estos poetas.

Características de la Generación del 27

  •        Tradición y vanguardismo.

Aunque desean encontrar nuevas fórmulas poéticas, no rompen con nuestras tradiciones y sienten admiración por el lenguaje poético de Góngora, por nuestros autores clásicos y por las formas populares del Romancero.

A la par que lo tradicional, las corrientes de vanguardia, sobre todo el surrealismo, ejercen gran influencia en el grupo del 27. Los escritores surrealistas exploran el mundo de lo inconsciente y pretenden alcanzar la belleza absoluta, que está por encima de la realidad.

  •         Intención estética

Intentan encontrar la belleza a través de la imagen. Pretenden eliminar del poema lo que no es belleza y, así, alcanzar la poesía pura.

Quieren representar la realidad sin describirla; eliminando todo aquello que no es poesía.

Versos de León Felipe

Deshaced este verso.
Quitadles los caireles de la rima,
el metro, la cadencia
y hasta la idea misma.
Aventad las palabras,
y si después queda algo todavía,
eso
será poesía.

  •         Temática

Sienten especial interés por los grandes asuntos del Hombre, como el amor, la muerte, el destino... y los temas cargados de raíces populares.

Canción del jinete (Federico García Lorca)

En la luna negra
de los bandoleros,
cantan las espuelas.

Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?

...Las duras espuelas
del bandido inmóvil
que perdió las riendas.

Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo!

En la luna negra,
sangraba el costado
de Sierra Morena.

Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?

La noche espolea
sus negros ijares
clavándose estrellas.

Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo!

En la luna negra,
¡un grito! y el cuerno
largo de la hoguera.

Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?

  •          Estilo

Se preocupan fundamentalmente de la expresión lingüística y buscan un lenguaje cargado de lirismo.

  •         Versificación

Utilizan estrofas tradicionales (romance, copla...) y clásicas (soneto, terceto...). También utilizan el verso libre y buscan el ritmo en la repetición de palabras, esquemas sintácticos o paralelismo de ideas.

La paloma (Rafael Alberti)

Se equivocó la paloma
se equivocaba.

Por ir al norte, fue al sur;
creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.

Creyó que el mar era el cielo;
que la noche la mañana.
Se equivocaba.

Que las estrellas rocío;
que la calor, la nevada.
Se equivocaba.

Que tu falda era su blusa;
que tu corazón su casa.
Se equivocaba.

(Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama.)

   

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5.-     Nombres del grupo

El conjunto de poetas que se escalonan desde Salinas (nacido en 1891) hasta Altolaguirre (nacido en 1905) ha recibido varios nombres. El más desafortunado de ellos es el de “Generación de la Dictadura”, con la que estos poetas no tuvieron nada que ver y de la que discreparon ideológicamente. La denominación “Generación de la Revista de Occidente” estaría más justificada, tanto porque en dicha revista se dieron a conocer algunos de estos poetas como por la influencia que el director de la misma, Ortega y Gasset, ejerció sobre ellos “Nietos del 98” es otro posible calificativo aceptable hasta cierto punto, aunque todos se sintieron poco ligados a Unamuno y Antonio Machado, máximos representantes de tal generación, cuyos afanes sociales les fueron ajenos, por lo menos en su primera etapa.

Cernuda llama a este grupo “generación de 1925”, por representar ese año un término medio de la fecha de aparición de los primeros libros de los autores: desde el Libro de poemas de García Lorca (1921) hasta el Cántico de Jorge Guillén (1928). Quedan excluidos Domenchina, que, aunque seis años más joven que Salinas, se anticipa con Del poema Eterno (1917), y Gerardo diego: Romancero de la novia (1920). Rozas cree que es una fecha prematura, pues algunos miembros del grupo aún no habían publicado. Por eso, el nombre con el que han pasado a la historia de la literatura es el de “grupo del 27”, año de celebración del tercer centenario de la muerte de Góngora.

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6.- Los poetas del 27 en la Residencia de estudiantes.

La Residencia de Estudiantes, de Madrid, es un privilegiado lugar de encuentro. Algunos de ellos viven allí y a ella acuden todos, atraídos por sus actividades culturales. Otro lugar de convivencia es el Centro de Estudios Históricos, donde  varios de ellos trabajan con regularidad, y donde comparten, de la mano de Menéndez Pidal, de Américo Castro, de otros, el fervor por los autores medievales o clásicos.

Entre los actos comunes, destacan –como es sabido- los organizados para celebrar el centenario de Góngora en 1927 (fecha que les dará nombre). Mientras Dámaso Alonso editaba con rigor e iluminaba con nueva sensibilidad Las Soledades –el gran poema gongorino, reputado hasta entonces como ejemplo de mal gusto por la crítica académica-, y Gerardo Diego publicaba una preciosa Antología en honor de Góngora y José María de Cosio editaba los romances gongorinos, García Lorca dedicaba una bella conferencia a comentar la imagen poética en Góngora y Rafael Alberti escribía una continuación de Las Soledades. La celebración gongorina se coronó con el espléndido número que, en homenaje a Góngora, publicó “Litoral”. En ese número colaboraron todos los poetas y prosistas de la generación del 27.

Sus nombres se encuentran en las mismas revistas. Ante todo, en las dos grandes revistas del momento: La “Revista de Occidente” y “La Gaceta literaria”. A ellas habría que añadir la ya citada “Litoral”, de Málaga, fundada en 1826 por Altolaguirre y Prados; “Verso y Prosa” (Murcia, 1927), “Mediodía” (Sevilla), “Meseta” (Valladolid), “Carmen”, creada en Santander (1927) por Gerardo Diego, con un suplemento festivo, “Lola”... Años más tarde surgirán “Cruz y raya”, de Bergamín (1933) y “Caballo verde para la poesía” (1935), dirigida en Madrid por Pablo Neruda.

       

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7.-     Tricentenario de la muerte de Gongora.

En 1927 tuvo lugar el tercer centenario de la muerte de Góngora, el poeta que en la época del Barroco representó la más atrevida innovación de estilo y forma, por lo que no pudo ser bien valorado hasta nuestro propio siglo. Oportunamente, esa celebración fue utilizada por un movimiento literario español, predominantemente de poetas, para manifestarse como grupo, por más que la mayoría de sus miembros ya habían empezado a publicar un poco antes. En efecto, en el año 1920 ya habían hecho su aparición dos de sus miembros: Federico García Lorca, con el estreno de su primera pieza dramática, El maleficio de la mariposa, y Gerardo Diego, que publica su primer libro Romancero de la novia. Al año siguiente, 1921, el mismo García Lorca se presenta como poeta con su Libro de poemas, y su compañero de generación Dámaso Alonso se da a conocer con Poemas puros. Poemillas de la ciudad. En los años siguientes van apareciendo los primeros libros de los restantes poetas de la generación: en 1923 se publica Presagios, de Pedro Salinas; en 1924, Marinero en tierra, de Rafael Alberti; en 1925, Tiempo, de Emilio Prados; en 1926, Las islas invitadas, de Manuel Altolaguirre; en 1927, Perfil del aire, de Luis Cernuda, y en 1928, Cántico, de Jorge Guillén, y Ámbito, de Vicente Aleixandre.

     En ellos, lo que inicialmente había sido un vanguardismo con pretensio­nes de experimento creativo y puro, se transforma en la búsqueda de nuevos horizontes imaginativos y lingüísticos. Se observa en la mayoría de ellos un cambio de situación anímica alrededor de 1930, abandonando el tono lúdico (deportivo, en términos de Ortega en La deshumanización del arte), para asumir mayores responsabilidades morales, a veces incluso a través de la militancia política. No tan mayoritariamente, también se observa entre ellos cierta tendencia a intelectualizar la poesía, con un uso de la imagen que (en terminología machadiana) es más “cobertura de conceptos” que impresión fugaz.

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8.-     Maestros e Influencias

Juan Ramón Jiménez era el maestro indiscutido, el ídolo de aquellos jóvenes poetas que por los años veintitantos comenzaban a estrenar sus primeros versos en las revistas de poesía. En los orígenes de la generación, la influencia y el ejemplo de Juan Ramón fueron decisivos. Para estos poetas, como para su maestro, la Belleza está por encima de todo. Fue Juan Ramón quien editó el primer libro de Pedro Salinas, Presagios, en su biblioteca “Índice”; quien publicó en sus revistas y cuadernos de poesía “”, “Índice”, “Ley”... -poemas de casi todos los miembros de la genera­ción; quien dio el espaldarazo a Rafael Alberti en la carta introductoria de la primera edición de Marinero en Tierra, en 1924. Por último fue Juan Ramón quien sirvió de enlace a la generación del 27 con la tradición lírica anterior, con Bécquer, y más atrás, con la poesía popular de los Cancioneros, que Alberti y Lorca supieron renovar con arte insuperable.

En los primeros años de la generación, es decir, los primeros años veinte, Machado no estaba de moda entre estos poetas. Reconocían la autenticidad y hondura de su obra, pero no la seguían. Pero luego, a partir de los años treinta, el valor de Machado fue subiendo para aquellos poetas y fue el más querido de todos ellos.

Paul Valery fue en la primera fase de la generación (1920-1928) un ídolo para muchos de ellos, un alto ejemplo de la poesía pura a la que aspiraban.

Ramón Gómez de la Serna, con sus deslumbradores hallazgos de imágenes novísimas les marca profundamente, sobre todo en sus comienzos.

Ortega y Gasset influye en la primera etapa de la generación con su libro La deshumanización del arte. Esta obra es un análisis del arte de vanguardia. En ella comienza Ortega señalando el carácter minoritario y antipopular del arte nuevo, que “divide al público en estas dos clases de hombres: los que lo entienden y los que no lo entienden”. Y tras ello estudia sus principales rasgos:

  •        Es un arte puro. Si la tradición decimonónica invitaba a valorar el arte por lo que tuviera de “humano”, de “real”, ahora se nos invita a valorar las puras calidades for­males.

  •      De ahí que se tienda a la deshumanización. La voluntad de estilo o “estilización”, supone un alejamiento de la realidad y una eliminación de las emociones humanas, en pro de la pura emoción artística.

  •       Es por ello un arte intelectual, ya que no se funda en el contagio emocional, “El placer estético tiene que ser un placer inteligente”.

  •      El fin del arte se convierte en juego, lejos de todo patetismo.

Influencia del vanguardismo

Con el término de “vanguardias” se han designado en nuestro siglo a aquellos movimientos que se oponen a la estética anterior y que proponen, con sendos manifiestos, concepciones profundamente nuevas del arte y de las letras.

Los “ismos” vanguardistas se suceden a un ritmo muy rápido: Fauvismo, Futurismo, Expresionismo, Imaginismo, Cubismo, Dadaísmo, Surrealismo, etc. Aquí nos limitaremos a enumerar sucintamente aquellos movimientos que hicieron aportaciones sustanciales a los miembros del grupo del 27:

El Futurismo, que exalta la civilización mecánica y las conquistas de la técnica, aparece esporádicamente en los poetas del 27: Pedro Salinas escribe poemas a la bombilla eléctrica y a la máquina de escribir; Alberti compone un madrigal al billete del tranvía y canta a los actores de cine.

El Creacionismo defiende que el poema es un objeto autónomo, una “creación” absoluta: “hacer un poema como la naturaleza hace un árbol” es la divisa de Huidobro (el iniciador del movimiento). Así, el poeta cultivará el “juego de azar de las palabras” y una imagen que no se basa en la comparación entre dos realidades: éstas se aproximan de modo gratuito o en virtud de una relación arbitraria que el poeta crea entre ellas. Su máximo representante es Gerardo Diego.

La difusión del Surrealismo en España debe mucho al poeta Juan Larrea. Sus poemas, “artefactos animados, máquinas de fabricar emoción”, responden al Surrealismo más puro. Según Cernuda, a Larrea debe atribuirse la orientación surrealista de varios de los poetas del 27. Lo cierto es que casi todos los componentes del grupo (en cierto momento de su evolución) quedaron fuertemente marcados por este movimiento. A su influjo se deben varios libros fundamentales: Sobre los ángeles, de Alberti, Poeta en Nueva York, de Lorca... y buena parte de la obra de Vicente Aleixandre.

Sin embargo, los poetas del 27 tienden a frenar las estridencias, a poner una discreta criba ante la innovaciones. No son iconoclastas, como era el caso de ciertos movimientos de vanguardia. Conjugan tradición y revolución, desarrollándose a su modo, aunque el impulso inicial, venga, en parte, de fuera.

El grupo del 27 y la Literatura de Vanguardia.

     El grupo de 1927 aparece doble situación histórico-litera, la española y la Europea, hacia 1920. En esa fecha, el Modernismo, que nunca tuvo en España la importancia que suele dársele, está definitivamente superado. Sólo siguen cultivándolo algunos poetas —los «posmodernistas»— que no están a la altura de los tiempos. En su mismo momento de sazón, el Modernismo no había atraído profundamente a ningún gran poeta, excepto Manuel Machado: ni a su hermano Antonio, ni a Unamuno, ni  Juan Ramón Jiménez. Este ultimo, sobre todo, se siente pronto impulsado por un afán innovador que lo convierte en el inmediato maestro de la generación del 27.

Junto a este magisterio está el de Ramón Gómez de la Serna. Si el famoso autor de Platero y yo bebió en fuentes extranjeras, que a través de él influyeron en sus seguidores, el inventor de las “greguerías” fue uno de los primeros autores que en Europa, no sólo en España, practicaron el arte de vanguardia.

De otro lado, lo mismo Juan Ramón que Gómez de la Serna deben mucho a la tradición literaria española, con lo cual la nueva poesía que trae consigo la generación de 1927, aunque en conexión y con dependencia respecto a Europa, toma rumbos propios. España se comporta en esta coyuntura como en tantas otras de su historia: sin extremar la posición novedosa, conjugando tradición y revolución, desarrollándose a su modo, aunque el impulso inicial venga, en parte, de fuera.

En Europa, en Francia sobre todo, soplan aires nuevos. La expresión arte de “vanguardia” expresa bien la actitud combativa de su corifeos. El movimiento se escinde en numerosos “ismos”: tras el futurismo italiano vienen cubismo, dadaísmo, surrealismo, en Francia; adanismo o acmeísmo, en Rusia; imaginismo, en Inglaterra (y en los Estados Unidos); ultraísmo y creacionismo, en España (y en Hispanoamérica).

El común denominador que subyace en el fondo de todas estas tendencias no excluye buena dosis de contradicción y de confusión. La literatura se entrega a un continuo ejercicio de experimentos creadores que coexisten en pugna o se suceden rápidamente. Hoy, pasado ese frenesí, cuando la vanguardia de antaño es ya retaguardia, resulta evidente que si tales ismos produjeron muchos manifiestos y teorías, crearon pocas obras perdurables. Pero resulta no menos evidente que la esforzada experimentación vanguardista fue fértil y alumbró enseñanzas que aún siguen en vigor.

Históricamente, la literatura de vanguardia es la que corresponde a la posguerra que siguió a 1918, aunque algún movimiento, corno el futurismo o el cubismo sea inmediatamente anterior. Durante unos diez años, el viejo continente disfruta, como suele ocurrir tras los grandes conflictos bélicos, una visible prosperidad y reina el optimismo. Se siente el deseo de olvidar los horrores pasarlos y se practica una literatura de «evasión». Estamos en el momento de lo que Ortega llamó la deshumanización del arte. El clima es semejante en España, que había permanecido neutral en la contienda europea.

Esta situación dura, aproximadamente, hasta 1930: la depresión económica de Occidente coincide con una honda crisis espiritual en la que naufragan el optimismo y los ideales que habían nutrido a la década anterior. La crisis afecta también a España, país cuya secular descomposición política no favorecía precisamente alegres evasiones. No es que haya división tajante; pero, a partir de la citada fecha, la poesía, manteniendo algunas adquisiciones de los «años veinte», perderá extremosidad y, a la vez, tomará otra trayectoria.

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9.-     Afinidades poéticas.

Los autores de esta generación así lo reconocía y proclamaba Gerardo Diego en el prólogo a su Antología de los jóvenes poetas se caracterizan por la diversidad y  heterogeneidad. Sin embargo, eI propio Gerardo Diego reconoce en ellos un programa mínimo, negativo, y una idealidad común que une en cierta manera a todos los poetas”. En esta misma línea están las palabra Antonio Blanch al señalar que pese a la diversidad, lo cierto es que entre 1920 y 1930 “varios escritores jóvenes publicaron poemas con un grandioso anhelo de plenitud y perfección, movidos por un deseo común:  la pureza y la renovación”,este programa mínimo presenta las siguientes características estéticas esenciales tomadas en gran medida de la obra La deshumanización del arte de Ortega y Gasset.  Recordemos a este respecto el reconocimiento que hemos expuesto del magisterio de Ortega, que conducirá a estos autores a una cierto alejamiento, al menos en  las primeras etapas, de la realidad. Así mismo influyó el estilo orteguiano, en especial el gusto por la metáfora.  

La deshumanización del arte de Ortega

Ortega, siguiendo a Guyau, partió, APRA caracterizar el nuevo arte, del punto de vista social: la actitud que ante este arte adoptaron sus destinatarios. Y esta actitud fue la irritación. El lector o el espectador medio no gustaba del arte vanguardista, no lo entendía. Según Ortega, lo que sucedía esta vez no era lo que suele acontecer con todo arte nuevo: que no se populariza hasta que pierde novedad, que el público tarda en asimilarlo. Esta vez se trataba de un fenómeno más hondo: “Si todo lo nuevo es impopular, hay, en cambio, cosas que lo siguen siendo aun llegadas a la vejez. Hay músicas, hay versos, cuadros, ideas científicas, actitudes morales condenadas a conservar ante las muchedumbres una irremediable virginidad.”

 Esta excepcional situación se explicaría por lo siguiente: ningún movimiento pretendió llevar tan lejos  como el vanguardista su ruptura con lo anterior. Porque la vanguardia no representaba sólo una reacción contra lo que inmediatamente le precedió, sino que se proponía hacer tabla rasa de todo el pasado, al menos de todo el pasado histórico, para situarse, más acá o más allá de las viejas culturas, en los orígenes de lo humano y en los albores de un futuro incomprendido. Y no sólo rompía con la historia; también con la realidad inmediata, con la circunstancia.

Hasta entonces todo era arte, aun el menos realista, el arte romántico mismo, se apoyaban en lo real de algún modo. Los vanguardistas repudiaban por igual realismo y romanticismo. Todo ello, por supuesto, en teoría. Doctrinalmente nunca arte alguno fue tan radical.

En la práctica no se logró cumplir el programa. Ya Ortega señaló la imposibilidad de prescindir por completo de referencias a lo real. Sin embargo, en términos relativos, el arte de vanguardia estaba apartado de la realidad como jamás lo estuvo en el pasado. Y el público, habituado a la fórmula “realista”, echaba de menos el supuesto en el que, más o menos claramente, se basó siempre el arte: su correlación con la realidad, con lo humano. Esta deshumanización o huida de lo real fue el motivo de que los géneros literarios que más necesitaban sustentarse en la experiencia de la vida y en el consenso social –la novela, el drama- fueran poco, o desafortunadamente, cultivados, perdiendo su predicamento a favor de la poesía, que permite otras libertades.

La deshumanización del arte era un libro de filosofía de la cultura, no un manifiesto. Su propósito no era propiamente el de propugnar una estética, sino el de filiar los rasgos constitutivos de un arte ya existente. Pero es cierto que el autor no ocultaba su simpatía por el arte estudiado. Y esto, y la autoridad intelectual de que gozaba Ortega, determinó que los entonces jóvenes poe­tas tomaran su libro por un programa y se propusieran llevarlo a cabo con toda la fidelidad posible. Ortega ejerció así tanto influjo en estos poetas como el propio Juan Ramón Jiménez.

Características del arte nuevo

     A continuación resumiremos las características del arte nuevo señaladas por Ortega  resumiéndolas e ilustrándolas con citas sacadas de los teóricos y cultivadores de dicho arte y relacionándolas con los poetas de la Generación del 27, en la medida en que influyeron en sus obras de forma general en una primera etapa de su andadura poética.

a)     Afán de originalidad. Este afán no era nada nuevo, data del Romanticismo. Lo nuevo era lo radical del empeño. El poeta vanguardista es tan iconoclasta, que echa por tierra todo precedente histórico, en busca de un más allá inexplorado («futurismo», «ultraísmo») o de un más acá anterior a toda cultura: la humanidad primitiva («adanismo»), el mundo del niño («dadaísmo»). La innovación alcanza a todo: lenguaje, métrica, temas... Se da entrada a mu­chas palabras inusitadas en el idioma poético; se prescinde del metro y la rima y se hace verso libre; se abandonan los eternos temas de la poesía —vida, amor, naturaleza, muerte, Dios...— o se abordan despojados de su grave trascendencia, con alardes de ingenio y aun en tono humorístico. Marinetti declara su "odio a la luna" proscribiéndola como asunto poético, por romántico y sentimental. Pues la exhibición del sentimiento se considera como muestra de mal gusto. La poesía se pone a cantar el mundo de los adelantos mecánicos, del progreso material, y técnico, de las modas contemporáneas: el ascensor, el teléfono, la máquina de escribir, el rascacielos, el avión, la radio, el deporte, el cinematógrafo.

Así Gómez de la Serna dice de la "Greguería": "No deben parecerse a nada de lo ya dicho" y "ni debe haber en ella sentimentalismo". Alberti escribe poemas sobre Platko (portero de fútbol) y, en el libro humorístico Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos, sobre artistas de cine. El cielo es visto por García Lorca como "una vitrina de espuelas", y por Gerardo diego, como el teclado de una máquina de escribir: "Son sensibles al tacto las estrellas / No sé escribir a máquina sin ellas" Por una parte, Salinas equipara las teclas de una Underwood con treinta muchachas, o le parecen "como nubes" "como las olas del mar", en un poema que termina en "palabras sin sentido /es, zeda, jota, i...".

La deliberada falta de sentido, al menos de sentido lógico, se exterioriza en la costumbre de abolir signos de puntuación, distinción entre mayúsculas y minúsculas, etc, dando a los textos una disposición tipográfica cabalística que quiere remedar, como escribió Marinetti, "los signos matemáticos y musicales".

En todas estas originalidades, la poesía de vanguardia no hace, realmente, más que llevar a sus últimas consecuencias lo que estaba postulado por el simbolismo (Baudelaire, Lautrémont, Rimbaud, Mallarmé) y antes de él por poetas como Góngora y los norteamericanos Poe y Walt Whitman.

  En la generación del 27 se da esta búsqueda de la originalidad con respecto a la poesía anterior, pero sin olvidar su  importancia. De aquí se deduce que estando presentes los influjos de otros autores, la generación del 27 reelabora estos influjos incorporándoles su visión personal, de manera que esos materiales salen revitalizados. Recordemos a modo de ejemplo, la convivencia en los poemas de Lorca de elementos de la más pura tradición literaria con lo más vanguardista.  

b     b)     Hermetismo, Aunque T. S. Eliot escribió con mucha razón que "ningún verso es libre para quien quiere hacer un buen trabajo", tal tipo de composición fue un primer obstáculo a la popularidad del vanguardismo. Más graves lo fueron la "asepsia sentimental" predicada por estos poetas y sus novedades temáticas, o el modo intelectual de tratar los temas tradicionales. Pero la impopularidad no arredraba a los vanguardistas. Su aspiración era la misma de Góngora -"Deseo hacer algo; no para los muchos”- o de Juan Ramón, cuya obra llevaba al frente esta dedicatoria: “A la minoría, siempre.”

Para ser gustado de pocos, el poeta vanguardista se volvía hermético, oscuro, en un gesto de desprecio por la masa de ingenuos lectores, por el buen burgués. Aunque se sintieran tan antirrománticos, y lo fueran en varios aspectos importantes, los vanguardistas copian del Romanticismo este afán desafiador: épater le bourgeois. La poesía se convertirá, pues, en coto cerrado para el lector entendido y minoritario. Por lo que se refiere a España, este aristocratismo, pudieron aprenderlo los poetas en el denunciador de La Rebelión de las masas: “Cuanto vale algo sobre la tierra ha sido hecho por unos pocos hombres selectos, a pesar del gran público, en brava lucha contra la estulticia y el rencor de las muchedumbres”. Para Ortega, el arte romántico había sido “expresión del lugar común sentimental, halago al pácifico comernciante, al empleado del Municipio, al virtuoso profesor y a todas las señoritas de compoir”. Semejante desdén por el vulgo se respira en declaraciones como las siguientes: “Ilunimación... Que no es lo mismo que claridad, esa claridad que desean tantos honrados lectores de poesía” (Salinas). “Una cosa es la lógica del arroyo y otra la coherencia lírica que jamás entenderá el estúpido” (Moreno Villa) “¡Lejos de ser (la greguería) perogrullada y lugar común!” (Gómez de la Serna).

El poeta renuncia a su antigua y romántica condición de vate, de guía espiritual de pueblos, de miembro social investido de atributos trascendentes y casi sagrados, para convertirse en un profesional, un técnico, un virtuoso cuyo oficio –cuando no su gusto o su capricho- es “hacer” poemas. Generalmente, los poemas están muy bien hechos, como obra que son de expertos conocedores de la literatura. Es, sin embargo, exagerado y falso calificar, como se ha hecho, a algunos de nuestros poetas (Salinas, Guillén, Gerardo Diego, Dámaso Alonso) de “poetas catedráticos”, pues los que nunca ejercieron esta profesión no tuvieron por eso menos cultura, sabiduría y consciencia creadora que los otros. Así, el “popular” García Lorca confesaba: “Si, soy poeta... lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo, y de darme cuenta en absoluto de lo que es un poema".

   c)      Autosuficiencia del arte.- Rotos los vínculos con lo real, el arte aspira a convertirse en entidad dotada de vida independiente y autónoma. Se vuelve a alimentar la ilusión que sintió Góngora por forjar un “lenguaje poético” ajeno  a la lengua hablada. No se trata exclusiva o primordialmente del consabido “arte por el arte”, pues algunos grupos vanguardistas –el surrealismo, por ejemplo- se sitúan “al margen de toda preocupación estética” (André Bretón: Manifiesto del surrealismo). Cifre o no la meta del arte en la belleza, la poesía se torna inmanente, se convierte en “poesía pura” o poesía poética.

La expresión “poesía pura” se ha interpretado de diversos modos. En uno de ellos, “pura” equivale a “simple” en sentido químico, esto es, a químicamente pura o depurada de elementos no poéticos. Para ello se practica una selección, una destilación de todo lo impuro, que es tanto como decir de todo lo humano: sentimientos, emociones, anécdota, descripción, etc.

No todos los ismos postulan la práctica de esta norma. Algunos se inclinan, al contrario, por dar entrada en la poesía a la totalidad del universo, sin previa selección. A juicio de León Felipe, “todo lo que hay en el mundo... es valedero para entrar en un poema, para alimentar una fogata; todo, hasta lo literario, como arda y se queme”. De semejante forma, la greguería “nació aquel día de escepticismo y cansancio en que cogí –escribe su creador- todos los ingredientes de mi laboratorio, todos, frasco por frasco, y los mezclé...”. Pero si no hay selección al principio, la hay al final, aunque se finja que la combustión (“como arda y se queme”) o la destilación se operan mecánicamente. El pasaje de Gómez de la Serna continúa: «... surgiendo de su precipitación, de su depuración, de su disolución radical, la greguería». Jorge Guillén, máximo representante de la «poesía pura» en España, se decide por una «poesía compuesta, compleja, por el poema con poesía y otras cosas humanas. En suma, una “poesía bastante pura”, ma non trop po». 

En otro sentido, «pureza» significa «autenticidad». Se habla mucho de ser «auténtico», «sincero», «leal», por reacción contra la falsedad romántica. De ahí el proclamado menosprecio por la «literatura», que es lo falso o ficticio por definición. Resulta curioso que en un momento de tanto desvelo por la técnica y cuando, por un lado, se intenta llegar a una síntesis de todas las artes y el escritor se beneficia de procedimientos propios de la pintura o de la música, por otro lado ponga empeño en deslindar «literatura» y «poesía», considere lo literario demasiado impuro para ser poético. Gerardo Diego, tras referirse al «demonio de la literatura», define a la poesía de «aritmética pura» y a la literatura de «aritmética aplicada, aritmética mercantil, contabilidad». García Lorca se lamenta: «No puedo hablar de él [del fuego poético] sin literatura.» Juan Larrea afirma: «Nuestra literatura no es ni literatura.» León Felipe. como hemos visto, concede que «hasta lo literario» puede «entrar en un poema». Gómez de la Serna, por último, reconoce; como excusándose, que «las greguerías son cosa mas de literato que de poeta», pero se justifica enseguida, añadiendo: «La greguería no es enteramente literaria.»

  d)    Antirrealismo y antirromanticismo, lo que no implica ausencia de la realidad ni del amor, sino que estos son tratados de una manera distinta. En efecto, como señala Guillén “La realidad está representada pero no descrita según un parecido común”. Por un claro influjo del creacionismo, los autores del 27, especialmente en su primera etapa, conciben el arte como algo aparte de la realidad: la poesía inventa una realidad, un mundo propio. Pero, al mismo tiempo, especialmente por influjo del surrealismo, estos poetas buscan indagar más allá del mundo real presente ante nuestros ojos. Algo similar cabe apuntar respecto al romanticismo: hay presencia del sentimiento, pero no hay concesiones a un sentimiento desbordado.  

Toda poesía, no sólo la «realista» en sentido estricto, dijo siempre algo, apuntó al mundo de lo real, tuvo un significado. Ahora el poeta quiere evadirse de esta servidumbre, eliminar toda referencia a lo humano, carecer de sentido. Se trata de llegar, en frase de André Gide, a la «insignificancia absoluta». Para lograrlo, el poeta se afana en una doble tarea de deformación y abstracción: se rompen los vínculos lógicos, se va a una estilización geométrica de la realidad, hasta convertir el poema en un sistema de signos expresado en un riguroso formalismo clásico. El anhelo de perfección formal, de medida, es común al «poeta puro» —Guillén—, al «creacionista» —Gerardo Diego— y a un artista tan espontáneo como Lorca: «Un deseo de formas y límites nos gana.» (Hasta la entrada en vigor del surrealismo no remitiráeste anhelo.) El poema no dice, es. El norteamericano Mac Leish escribía en su Ars poetica: «A poem should not mean / But be»: «Un poema no debe significar, sino ser.» Y el creacionista chileno Vicente Huidobro: «¿Por qué cantáis la rosa, ¡oh!, poetas? / ¡Hacedla florecer en el poema!» 

Entre las referencias a lo humano contenidas en cualquier poesía lírica, especialmente si era romántica, la primera era la referencia al propio autor. Lo que decía el poeta solía decirlo referido a sí mismo. El poeta vanguardista combate el subjetivismo romántico, elude la confesión personal, desaparece tras el poema, que es lo que de veras importa: «Brémond habla de la poesía en el poeta, de un estado poético, y eso ya es mala señal. No, no. No hay hay más poesía que la realizada en el poema» (Guillén).  «La poesía es el sí y el no: el sí en ella el no en nosotros» (Gerardo Diego). Esta objetividad, esta literal abnegación ha tenido consecuencias importantes para el ulterior desarrollo de la poesía. Al desplazarse el centro de atención desde el poeta hasta el poema, se dio un primer paso en el camino de la «poesía social», por paradójico que resulte el que este paso lo dieran precisamente unos poetas «deshumanizados.»

e)  Presencia del surrealismo. Como señala García-Posada, “La llegada del surrealismo quebró la relativa cohesión del grupo”. Así, podemos señalar que hubo tantas prácticas surrealistas como autores, lo que supone, una vez más, volver a ese carácter de originalidad del grupo que hace que no se limiten a repetir miméticamente los influjos. A modo de ejemplo, podemos señalar como Pasión de la tierra, de Aleixandre, presenta un claro influjo freudiano, reconocido por el propio poeta. Así mismo en Sobre los ángeles, Alberti combina el influjo becqueriano con tonos surrealistas que le conducirá a Sermones y moradas. Lorca, finalmente, tomó del surrealismo los elementos oníricos y la rebelión contra la moral tradicional, como se refleja en Poeta en Nueva York, lo que no le impidió, no obstante, escribir, en pleno auge del surrealismo, su Oda al Santísimo Sacramento. En todo caso, el propio García-Posada reconoce la existencia de algunos rasgos comunes: la rebeldía, que lleva a la postulación de morales heterodoxas, como en Los placeres prohibidos, de Cernuda, o en la Oda a Walt Whitman, de Lorca, o de proclamaciones revolucionarias, como en Poeta en Nueva York, o en la Elegía cívica, de Alberti; la violación de los límites, la quiebra del principio de identidad, la exaltación de la naturaleza, etc.  

f)     Sobrerrealismo.-  Del naufragio de la historia y la realidad se salvaron muy pocas cosas. Una fue el mundo de la civilización material contemporánea, anticipo de un futuro lleno de aventura y promesa. Marinetti había declarado que «un automóvil de carrera es más hermoso que la Victoria de Samotracia», frase de aire deportivo, juvenil, belicoso, muy en el tono de la época. También el mundo del niño sobre­nadó al naufragio general, y por comprensibles motivos. El reino de lo infantil es, además de otra promesa de futuro, el reino de la incoherencia, de la falta de lógica. El niño es inconsciente de sus actos, vive fuera de lo real, su lenguaje es imaginativo, su mente, virgen de cultura, funciona de modo primitivo y elemental, nos transporta a los misteriosos orígenes de la humanidad, a lo radicalmente nuevo, que es la meta perseguida por los vanguardistas: «El mayor encanto de ambas [pintura y poesía] está, para mí, en que permiten expresar mucho de lo selvático que sigue habiendo en nuestra per­sonalidad» (Moreno Villa). Un movimiento —el dadaísmo, de dadá: «papá» — pretende remedar la «insignificancia absoluta» del lenguaje infantil, erigiendo en credo lo artístico la «abolición de la lógica».

Todavía hay otro mundo no regido por la lógica, sino por el absurdo: el mundo de los sueños y el subconsciente, popularizado hacia esas fechas por Freud. Su influencia, sobre todo en el surrealismo —la más importante de las nuevas tendencias, la que produjo obras más valiosas—, es decisiva. Este ismo se proponía, como lo indica su nombre, sustituir lo real por una mágica sobrerrealidad, que hubiera sido más justo llamar «subrealidad»: «Lo que gritan confusamente los seres desde su inconsciencia.»

Dos notas distinguen al surrealismo: la magia y la rebeldía. «El surrealismo —escribe Cernuda— envolvía una protesta total contra la sociedad y contra las bases en que ésta se hallaba sustentada: contra su religión, contra su moral, contra su política.» El optimismo y la seguridad de los primeros «años veinte» empieza a ceder. Crece la protesta contra «esta grotesca civilización que envanece a los hombres» (Cernuda). Según Freud, la Humanidad había sufrido a lo largo de la historia «dos grandes ultrajes a su ingenuo amor propio»: el de la física renacentista, que le enseñó que la tierra no era el centro del universo, sino una insignificante partícula de él; y el del darwinismo, que le reveló el origen animal de la naturaleza humana. Ahora, el psicoanálisis le asestaba un tercer golpe, descubriendo al hombre que no es siquiera dueño de sí mismo, puesto que en su psique hay fuerzas, inconscientes y subconscientes, que escapan a su dominio. Freud (y no olvidemos a Einstein) da al hombre contemporáneo una lección de relativismo, induce su desconfianza. Los siguientes pasajes de Gómez de la Serna, adalid del surrealismo, expresan muy bien la situación espiritual del momento. La greguería nació un día de «escepticismo y cansancio». Leamos ahora:

«El hombre no quiere convencerse de que vive al margen de la creación. Se ha dado tanta importancia, que quiere conservarse y hacer cosas ¡supremas! Así resulta cogido al final y martirizado por esa idea viciosa de la importancia. Vivimos al margen. Sólo lo que sirve para que la gravitación universal exista, puede considerarse con deberes. Lo demás vive al margen, de cualquier modo vive al margen. El pensamiento sobre todo.»

 «La metáfora es después de todo la expresión de la relatividad. El hombre moderno es más oscilante que el de ningún otro siglo, y por eso más metafórico. Debe poner una cosa bajo la luz de otra. Lo ve todo reunido, yuxtapuesto, asociado. Contrapesa la importancia de lo magnífico o de lo pobre con otra cosa más grande y más desas­trosa.»

 «Reaccionar contra lo fragmentario es absurdo, porque la constitución del mundo es fragmentaria, su fondo es atómico, su verdad es disolvencia.»

g)     Intrascendencia.- Uno de los dogmas del vanguardismo aseguraba que el arte es una actividad inmanente, que debe carecer de toda finalidad extraestética, de toda trascendencia moral, social, filosófica. La poesía es, así, pura «insignificancia», mero juego, ingenioso deporte con palabras y conceptos, voluntaria trivialidad. El poeta no aspira a reformar el mundo, a enseñarle verdades, sino a vivir despreocupada, irreflexivamente, sin deberes, en el presente efímero que le ha deparado el azar. Esta actitud incomprometida, alegre, evasiva, se halla tan arraigada, que pervive al «escepticismo y cansancio» de la crisis de 1930, y sigue alentando junto a la rebeldía surrealista. Gómez de la Serna, pese al pesimismo patente en los pasajes antes copiados, sostendrá aún estos puntos de vista:

«Las cosas apelmazadas y trascendentes deben desaparecer, comprendida entre ellas la Máxima, dura como una piedra, dura como los antiguos rencores contra la vida.»

«Hay que dar una breve periodicidad a la vida, hay que darla su instantaneidad, su simple autenticidad, y esa fórmula espiritual, que tranquiliza, que atempera, que deja tan frescos, que cumple una necesidad respiratoria y gozosa del espíritu es la Greguería.»

«La greguería es el atrevimiento a capturar lo pasajero.»

«Afirmar lo que de trivial hay en el hombre es inducirle a no ser riguroso, ni desleal, ni malo, ni fanático, ni inconmovible para nada ni ante nada. Aceptar la trivialidad es hacerse transigente, comprensible, contentadizo. Nada más solucionador que la trivialidad hallada, cultivada, comprendida, asimilada, temeraria.»

«Hay que desconfiar de las reflexiones, que son como esas bolas de nieve que fabrican los malos niños metiendo una piedra dentro de la nieve.»

«La nueva literatura es evasión, alegrías puras entre las palabras y los conceptos más diversos: estar aquí y allá al mismo tiempo, desvariar con gracia.»

«Dediquémonos a la diversión pura y diáfana, que defiende la vida y la aúpa»

En la misma dirección, Salinas escribe: «Hay que dejar que corra la aventura, con toda esa belleza de riesgo, de probabilidad, de jugada.» 

Sin embargo, esta postura no podía mantenerse indefinidamente, y no tiene nada de raro que el poeta que empezó situándose, al margen de toda preocupación social, en el mundo «deshumanizado» del arte puro, acabase metido en política. El caso más notorio, en España, es el de Rafael Alberti.

 h)    Predominio de la metáfora. Partiendo del influjo francés, especialmente de Valéry, y del concepto de poesía pura como identificación entre realidad poética y objetiva, tendencia al poema breve, la eliminación del sentimentalismo y el retorno a las estrofas clásicas, el culto a la metáfora se convierte en uno de los rasgos determinantes de la poesía del 27, especialmente en sus dos primeras etapas etapas. Ahora bien, como señala Gacía-Posada, lo más destacable es que con estos autores “nace la metáfora moderna en nuestra poesía” ya que es con los autores del 27 con los que la relación entre el elemento real y el imaginario se hace más subjetiva, y de ahí que el modelo a seguir sea Góngora. De la importancia de la metáfora dan buena cuenta estas palabras de Lorca, pertenecientes a su conferencia sobre Góngora: “Sólo la metáfora puede dar una suerte de eternidad al estilo.”  

Era natural que en una poesía que aspiraba a deformar la realidad, a eludirla, la metáfora dejara de ser un componente, entre otros, del poema, para convertirse en su espina dorsal, en su misma razón de ser. Conocida es la definición de Ortega: «La poesía es el álgebra superior de las metáforas.» Los vanguardistas las prodigaron hasta la saciedad, innovando muchas veces con ingenio y fortuna. Ninguno tan ingenioso y afortunado como Gómez de la Serna, cuya greguería no es otra cosa que una metáfora. Desde Góngora, nadie le igualó en inventiva. Estos son los dos maestros de la generación de 1297. Ya mucho antes de esta fecha, sostenía Marinetti que «la poesía ha de ser una sucesión ininterrumpida de imágenes». En esto estuvieron de acuerdo todas las tendencias, y una de ellas tomó el nombre de «imaginismo». Para los ultraístas, la imagen y la metáfora eran los «más puros e imperecederos elementos» del poema.  Para Gómez de la Serna, también: «lo único que quedará, lo único que en realidad ha quedado de unos tiempos y de otros, ha sido la gracia de las metáforas salvadas.»

i)  Predominio de lo onírico y lo psíquico. Está en relación con las aportaciones de los vanguardismos especialmente del surrealismo, de manera que el poeta incorpora su mundo interior a la expresión poética para tamizar cualquier tema.  

Respecto al proceso creador, los vanguardistas difieren entre sí. Unos, de acuerdo con su concepción clásica del arte, rechazan de plano la teoría romántica de la «inspiración» y hacen hincapié en la consciencia del poeta. Recuérdese cómo García Lorca, aparentemente tan poco intelectual, precisaba: «Si soy poeta, lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo, y de darme cuenta en absoluto de lo que es un poema.» De igual modo, Domenchina afirma: «Poesía es aptitud —inspiración o numen— y trabajo.» Sin embargo, ya Marinetti había aconsejado: «Es preciso destruir la sintaxis, disponiendo los sustantivos al azar de su nacimiento.» Por último, el surrealismo propugna la escritura onírica, el «automatismo psíquico puro, en función del cual uno se propone expresar el funcionamiento real del pensamiento. Dictado del pensar con ausencia de todo control ejercido por la razón». Escribir al dictado de la subconsciencia, taquigrafiarla sin intervención de la razón consciente, era un principio congruente con el mundo absurdo y caótico que se trataba de expresar. Pero se trataba de una aspiración imposible de llevar a cabo. Bien dijo Dámaso Alonso: «El automatismo no ha sido practicado ni aun por sus mismos definidores.» Prueba de ello la tenemos en la creación de la palabra misma «surrealista» o «suprarrealista», a la que Apollinaire llegó tras rechazar «supranaturalista» y «dándose cuenta de la impropiedad de su primera proposición». Vicente Huidobro recomendaba: «Hacer un poema como la naturaleza hace un árbol», como si esta originalidad espontánea le fuera posible al hombre. La «enumeración caótica», estudiada por Spitzer, es, bajo su apariencia azarosa, un procedimiento literario y consciente, «el resultado —voluntario y necesario— de un sincero ilogismo», en palabras de Guillermo de Torre.

j)     Atomización.- Antes señalábamos que para el poeta vanguardista la creación —«fabricación», dice Guillén— era un «hacer». Sin embargo, los surrealistas, al quebrantar los nexos lógicos, al propender a «una sucesión superpuesta de anotaciones y reflejos sin enlace causal» (Guillermo de Torre), al practicar la incoherencia y entregarse al azar, transforman el «hacer» en un «deshacer», que quiere ser reflejo del carácter «fragmentario», relativo del mundo y de las visiones oníricas que lo expresan.

A la disolución literaria contribuía también el abuso de la metáfora que, al valer por sí misma, desligada de la totalidad del poema, convertía a éste en la «sucesión ininterrumpida de imágenes» de que hablaba Marinetti. De las greguerías decía su creador: «Cumple este género el deseo de disolver que hay en lo profundo de la composición literaria... Yo me he permitido el desorden, la descomposición... La literatura se vuelve atómica.» Ortega diría gráficamente: «El espejo de la belleza se ha roto en mil pedazos.» En efecto, las estructuras tradicionales —por ejemplo, los géneros literarios y sus respectivos límites— se resquebrajan, la poesía aspira a no ser siquiera literatura, se abandona el poema largo, asistimos por todos lados a un movimiento centrífugo de dispersión, de desintegración. La literatura toca el extremo límite de sus posibilidades y llega el momento de hacer alto en el camino y de dar marcha atrás para salvarse de la inminente aniquilación a que la ha expuesto su audacia. 

Hemos señalado lo que la poesía europea quiso hacer entre 1920 y 1940, fecha en que vuelve a percibirse un nuevo cambio de rumbo. Pero entre la teoría y la práctica medió buen trecho. España, según dijimos, fue particularmente moderada. Nuestro vanguardismo es resultado de la fusión de las nuevas tendencias de Europa con la tradición nacional. Por último, salvo García Lorca, todos los poetas de la generación de 1927 han seguido escribiendo después de 1940 y han evolucionado más o menos, alejándose de los supuestos vigentes cuando dicha generación inició su camino.

k)  En cuanto a los temas, destacan, según Rozas, el tema  amoroso, la ciudad, el compromiso. No obstante, como señala Guillén, todos los grandes temas del hombre (amor, universo, destino, muerte...) están presentes en el grupo, incluso el religioso.

  •         El tema amoroso aparece cargado de intensidad, de sentimiento, pero desnudo, desprovisto de todo sentimentalismo, como aparece, por ejemplo, en los Sonetos del amor le Lorca. Además, como en general todos los demás temas, aparece enmarcado en una naturaleza que, sin desdeñar los paisajes rurales, (recordemos el paisaje en Lorca o en Alberti, o el no en Gerardo Diego), progresivamente se va convirtiendo en urbano al tiempo que los elementos cotidianos se incorporan a la poesía. 

  •          La ciudad es otro de los grandes temas del 27 a través de la cual da cabida a los elementos de la vida moderna, teniendo como máxima presentación a Nueva York.      Inicialmente hay una visión positiva de la urbe, pero paulatinamente esta visión se va cargando de negativos para exponer una búsqueda de una ciudad buena para los hombres, distinta a la real, como aparece en Poeta en Nueva York, de Lorca, o en el poema Givitas dei, de  El contemplado, de Salinas. En cualquier caso , esta presencia de la ciudad se relaciona con el carácter cosmopolita del 27.

  •         Respecto al compromiso, hemos de entender el término en relación con la poesía, con el arte y, en general, con el hombre, tal y como aparece en La realidad y el deseo, de Cernuda. Sin embargo, a partir de 1930, el compromiso ha de entenderse desde una va social y política. Como señala Cano Ballesta, 1930 supuso el final de una época y el inicio de otra. En efecto, los acontecimientos en torno a la República hacen que los poetas del 27, unos en mayor medida que otros, den cabida a la realidad externa en sus poemas. El Manifiesto de Neruda Por una poesía sin pureza, publicado en 1935 en Caballo Verde para la Poesía, da buena idea de la necesidad de comprometerse con la realidad y acabar con la poesía pura. En él leemos cosas como “quien huye del mal gusto cae en el hielo”. Sin duda fue Alberti el poeta de esta generación que más comprometió su poesía con el momento que se estaba viviendo. A él se deben los siguientes versos del poema “Perro rabioso”, aparecido en enero de 1936 en la revista Caballo Verde para la Poesía: “Época es de morder a dentelladas, / de hincar hundiendo enteras las encías”.

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10.-     Etapas de la Generación.

Primera etapa: hasta 1927, aproximadamente.

A principios de esta etapa se dejan sentir los tonos becquerianos, junto a algunos resabios modernistas. Pronto es notorio el influjo de las primeras vanguardias. El magisterio de Juan Ramón Jiménez les orienta hacia la “poesía pura”.

El gran instrumento de este arte “puro” es la metáfora, con audacias deslumbrantes que han aprendido de Ramón Gómez de la Serna y de otros vanguardistas. Por todo ello se les acusa de “Herméticos”, de “fríos”, de “deshumanizados”. En esto, como hemos visto antes, sintonizan con el Ortega de La deshumanización del arte (1925).

El deseo de perfección formal motiva un primer acercamiento a los clásicos. A ello responde el cultivo de formas estróficas tradicionales (entre 1925 y 1927) que se observa en libros como Versos humanos de G. Diego, o Cal y canto de Alberti.

Todo ello desemboca en el fervor por Góngora.

Segunda etapa: de 1927 a la Guerra Civil.

Los poetas, ya en su plena madurez, comienzan a sentirse un tanto cansados de las aventuras formalistas. Se inicia así el proceso de rehumanización de su lírica.

Se produce la irrupción del Surrealismo, que señalaba asimismo una dirección diametralmente opuesta a la poesía “pura”. Pasan a primer término los eternos sentimientos del hombre: el amor, el ansia de plenitud y las, frustraciones, la inquietud ante los problemas existenciales, etc.

Neruda funda en Madrid la revista “caballo verde para la poesía”, en la que aparece el “Manifiesto por una poesía sin pureza”, es decir, inmersa en las circunstancias humanas y sociales más concretas. El acento social y político se introduce en la poesía. Alberti, Cernuda o Prados adoptan una concreta militancia revolucionaria. Y de forma más o menos activa, todos los demás se mostrarían partidarios de la República, al estallar la guerra.

Tercera etapa: después de la Guerra.

Acaba la guerra civil. Lorca ha muerto en 1936. Los demás, excepto Aleixandre, Dámaso Alonso y Gerardo Diego, parten hacia una un largo exilio. El grupo poético del 27 se ha dispersado. Cada uno sigue una forma particular de hacer poesía, pero ninguno abandonará el cultivo de una poesía que cada vez será más humana.

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Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre, Juan José Domenchina.

 

 

Contexto Histórico, Panorama Cultural, Residencia de Estudiantes (Historia), Concepto de Generación, Nombres del grupo, Los poetas del 27 en la Residencia de Estudiantes, Tricentenario de la muerte de Góngora, Maestros e influencias, Afinidades o Poética del 27, Etapas de la Generación, Bibliografía, Links

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía.

  • Francisco Rico.- Historia y Crítica de la Literatura Española. "Época Contemporánea: 1914-1939". Editorial Crítica. Grupo editorial Grijalbo. Barcelona 1984.

  • Historia de la Literatura Española. Volumen IV. Ediciones Orbis. S.A. 1982.

  • Temario CEN.EDU. Enseñanza Secundaria. Oposiciones a ingreso en el Cuerpo de Profesores. Lengua Castellana y Literatura. Tema 63.

  • Antología del Grupo poético de 1927. Edición de Vicente Gaos. Cátedra 1982.

  • Luis Cernuda. La realidad y el deseo. Edición de Miguel J. Flys. Clásicos Castalia. 1985.

  • Rafael Alberti: Marinero en tierra. Sobre los ángeles. Ediciones Orbis, S.A. Barcelona 1982

  • Federico García Lorca: Antología poética. Ediciones Orbis, S.A. Barcelona 1982.

  • Vicente Aleixandre: Espadas como labios. La destrucción o el amor. Ediciones Orbis, S.A. Barcelona 1982.

  • Dámaso alonso: Hijos de la ira. Círculo de lectores, S.A. Barcelona 1990.

  • Federico García Lorca: Romancero Gitano. Poema del Cante Jondo. Colección Austral. Espasa Calpe, S.A. Segunda edición, Madrid 1973.

  • Federico García Lorca: La casa de Bernarda Alba. La zapatera prodigiosa. Colección Austral. Espasa Calpe, S.A. Sexta edición, Madrid 1980.

  • Vicente Aleixandre: Diálogos del conocimiento. Plaza & Janes Editores, S.A. El Ave Fenix. Primera edición. Barcelona 1986.

 

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Literatura Castellana. Cronología.

La Generación del 27. Panorama histórico y cultural.

La generación del 27 y sus autores

La renovación poética a principios del siglo XX: Las Vanguardias y la Generación del 27.

Generación del 27. Teoría y actividades.

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