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IDENTIDAD RETRÁCTIL

 

Este poemario recoge las piezas escritas

entre verano de 2001 y otoño de 2002,

 y describe una singladura interiorizada

por los ángulos de la experiencia:

la calma de un momento en silencio,

la comunión instantánea con un objeto contemplado,

las dudas y vacilaciones ante una fase de improductividad creadora,

los efectos del paso del tiempo en el espíritu,

 la posibilidad de recuperar la pregnancia de la plenitud vivida...

Un breve catálogo, en fin, por la vasta geografía del espíritu,

que se fue describiendo de manera espontánea,

pero meditada: 50 poemas escritos por vez primera en compañía,

pero ahítos de la oquedad característica de la poesía verdadera.

 

1

 

“Nada detrás de los ojos”:

         la sencilla disposición carente

         y una  ignorancia absoluta

         del absoluto palmario.

 

“Nada detrás de los ojos”:

         todo delante, y no el todo

         ni el acaso ni el quizás:

                   apéndices y extensiones.

 

“Nada detrás de los ojos”,

         excepto un espejo chiquito

         dispuesto a deslumbrarse por los dos

         —por ti, que lo viste sin saberlo

         y por mí, que lo sé y no lo vi.


2

 

Todo lo que pueda ser construido, será construido.

Los espacios vacíos serán llenados.

Las expectativas, colmadas.

Nada que pueda ser hecho quedará sin hacer.

En ningún lugar se pronunciará palabra alguna

de lamento por los sueños inconclusos.

Las frentes ignorarán el sudor.

Los ojos, las lágrimas o el parpadeo.

Por doquier cundirá la sensación de un equilibrio

conseguido a golpes de insistencia.

La tenacidad se verá recompensada

por la abulia de la concreción.

El bostezo reinará macizo, apacible

e incontrovertido.


            La inspiración lunar,

refleja por omisión de una luz no apropiada

ni poseída en el acto mismo de ocultarse,

         es el sueño inmanente al eclipse total.

 

3


Todo es esponjoso, y maternal

y la M-E-N-T-E perforable, y porosa

a los vientos más propicios

         apenas se la deja sola

en el rincón más infinito

de atestada soledad.

 

         Todo fluye, y se detiene

y vuelve a manar como agua o sangre

si los ojos vagan al azar

         y la atención se abre

y aprende y no aprehende

más que lo que deja escapar.

 

         Todo está en todo

y TÚ en ninguna parte

         ¾cuando, aislado,  participas.


En un páramo desierto

se destilan, se van destilando

las experiencias no usadas,

no conocidas al trasluz de un instante

jamás perpetuado.

 

4

 

En un cráter insólitamente avaro,

como si no quisiera elevarse, caen

las gotas que antaño mojaban y ya no

(humedad que los vientos secaron

en plasmación de una inminente sequía).

 

En una loma erosionada, en un caos

de líneas sin altura, en cientos de paisajes

borrados de los mapas, en diagramas planos

         van siguiéndose los sinsentidos,

la falta, las taras,

                   el apagón.


5

 

Del lado menguante de la promesa

De la cara oculta que no se muestra

 

Del arcén, y aun del vado anegado

por los atisbos que no han cuajado

 

De la implacable propensión a la caída

que los pesos muertos de por sí tenían

 

Del jazmín tronchado y el cacto roto

De la flor carnívora y el difunto loto

 

De la concatenación funesta

De la ayuda que no se presta

 

Del ángel Del odio

Del trajín Del lodo

 

... de la depauperada

canción no cantada...


6

 

Perder el brillo

y la rugosidad,

alisarse

bajo el rodillo de los años

y el contacto acre

de la Gran Mole.

 

Soñar quizás

que se sigue soñando,

y se angosta la aventura

a teñir de rojo el parangón

monocromo del puñal.

 

Darse de bruces

otra vez, y otra, y otra

y otra con los espejismos

¾gemas en la arena fría.

 

Bajar los brazos:

capitular para poder

volver a lucirse arrugado.

 

¾ Tal es el sabido y no proclamado

privilegio de los muelles.

 

7

Pasmado ante las puertas

medio abiertas, medio cerradas,

voy desgranando una tras otra

las cuentas no saldadas, la lista

de la opción truncada, el quizás,

el tal vez y el todavía.

 

Absorto en la botella

medio llena medio vacía, me abismo

por las curvas del balance fatal:

         imposible decidir el resultado

si prosigue el calvario indeciso

del ahora, los entonces, el ya no…

 

8

 

Volátil, el encanto

se desvanece

al contacto de la insidia.

         Lábiles

y huidizos, los ensalmos

fracasan ante la incursión.

 

         Poco resiste

el candor¾no aguanta

las claridades.

 

9


No persistente,

horadó la gota

el macizo de la cal.

 

En nada calculador,

fue cediendo la tarima

ante el peso del aire.

 

Leve, ligera,

someramente se impone

la enormidad pequeña.

 

10


Tú también te vas

y al poco retornas

o vienes tan sólo

para volverte a marchar

¾rizo inconsistente,

fiasco postrero

de no sé qué afán.

 

No hay superioridad

entre tu inconstancia y las cosas,

ambas el mismo ejemplo

de una ley no declarada:

          la que hermana el sí y el no,

el nada distinto de siempre

y el perpetuo todo igual.

 

11


El lujo de sentirse

triste sin razones,

abúlico ante el exceso

de ventanas abiertas,

desorientado por falta

de la falta real de un norte:

         crucificado

en la intersección de la nada

por arriba, nada por todos lados.
Los rostros logrados, sorprendidos

en un momento de abstracción,

perviven precintados en su aura.

 

12

 

Los gestos exquisitos,

sublimes¾la mejor canción,

siguen vigentes cuando se apagan.

 

Nada puede contra el halo

de gasas la brutal acometida:

 

el cerco de llamas no extinguidas

lo cobija, risueño, en su regazo.

 

13


¡Embriagaos!

Con el agua matinal y el vaho

del recuerdo entre los dedos.

 

¡Conjugad el aquí y ahora

con el nunca jamás de otrora!

 

Vivid suspendidos

en el hilo que se teje a sí mismo:

 

         sabed

 

que está ausente el presente

y no se sacia esta sed

 

         ¾tal que ayer,

tal que siempre.

 

14


Que nadie me toque

¾dijo el leproso.

 

Que no sea visto, que nadie

pueda decir que me conoce:

que no perdure mi nombre

y quede de mí tan sólo el polvo.

 

¡Que el viento me lleve!

¾proclamó la hoja

seca de esperar.

 

15


El implacable dictado

La segura recitación

Sonsonetes

Letanías

Rezos:

         conjugándose se desvanece

         el verbo no-ser.

 

16


Atorado en un enclave

sin direcciones conocidas

        

¾aquí todo está aquí,

nada para mañana¾,

 

parapetándose

en su desidia protectora, se devana

los sesos el augur:

 

                   dice que dirá

en otro momento, en otro lugar

lo que antes se callaba.

 

¿Qué hacemos?
¿Lo crucificamos

o le creemos?

¿Confiamos

en quien otrora dio en el clavo,

o le ahorcarmos como ejemplo

de futuros adivinos ciegos,

sordos y callados?

 

Miro al cielo,

doy un paso

y espero

la pública resolución:

efímera absolución

o perpetua condena.

 

17


Flota a imitación

de las plumas negras, grises y blancas

Oscila en un instante

que va resbalando hacia su fin

Despliégate Vibra Cae

en aguas de limo intacto

Ensueña

Fabula la vida que vives

tú mismo en realidad

 

18


Buceando

se eleva el pez-pájaro

hasta el confín de la laguna.

 

19

Demasiados años¾demediada

intensidad desbocada por las leyes

centrífugas de la materia.

         Exceso de energía

invertida en todas direcciones

y al mismo tiempo.

         Acumulación

finalmente abortada: el tiempo

distrae lo que dice concentrar

y al azar entrega la

         d-i-s-e-m-i-n-a-c-i-ó-n.

 

20

No soporta el pleno sol

la emanación horaria¾

No admite las injurias

cenitales¾Ella reina

sin testigos ni después

en su entreagua.

 

21


Los mares cerrados se renuevan

por dentro ¾ por el ombligo

girando sobre sí mismo.

 

Los puertos crecen interiormente,

añadiendo arena a la arena.

 

Si madura, el trigo

es abatido antes de la siega,

y la fruta no reverdece

sino en el árbol más alto.

 

No es clemente el verano

en los bordes del camino.

 

22

Apartar los pinceles y los colores,

mantener el papel a distancia—

llevar lejos el agua (sobre todo el agua,

el agua sobre todas las cosas):

 

privarse de la pintura

hasta que lo impregne todo

el sirimiri.

 

23


Seguir cavando: aguas

más profundas cada vez,

ya sin mezcla, sin arenas

que confundan cielo y mar.

 

Hundir la pala,

hincarla de nuevo

hasta que, embriaguez

de la caída, devenga remo.

 

24


¿Qué santo, qué veneración

vendrá a colmar el gran vacío

que deja el desengaño al ocultarse?

         ¿A quién rezarán los adalides

de la fe sin recovecos, sin otra

ardencia que apagarse

en un mar de cera fría?

         ¿A dónde irán a morar

las aves del encantamiento cierto?

         ¿Cómo, cómo darse, ya,

a la inútil abrasión?

 

25


Gotas de rocío sobre una hoja

reseca por su orientación:

el sol pule todos los rostros

sin  prestarles el menor brillo.

 

26


Basta un gesto,

apenas el ademán

exacto de la promesa,

para rodar

—impenitente—

         de nuevo afuera.

 

Un signo es suficiente,

la presunción quizás,

el parpadeo

incierto de la quimera.

 

27


El creador de atmósferas envolventes

El que bebe de ellas,

el que bucea por donde las fuentes

El sublime impostor—El dictador

apostado en las gasas:

         a ser vapor tiende

el que con nadie sueña,

nada reclama e ignora el yo.

 

28


La armonía tras la eclosión…

 

El tintineo inaudible, las brisas

acariciando lo que no se palpa¾

Un puñado de algodón y el lento

mecerse con la mañana.

 

Aguas tranquilas:

se deshace el amento

liberado de su vaina.

 

29


No hay ventolera capaz

de arrastrar esta chalupa

ni un meteoro que la saque

de su tenaz espera de nada

 

         Tan sólo la consabida

cunita del puerto gris:

olas menores la mecen

a medianoche.

 

30


El glamur de las copas

Una nube volcada

sobre la ciudad a media tarde

Gasas

Gasas y una envoltura

de palabras sin pasión

La telaraña se desvanece

sobre el tejado de cristal

Unas migajas

de vapor que no se cuecen

La dirección

inconcreta, el sentido perdido:

sucesión

de hojas ocres y pardas.

 

31


Hay días

¾como este día

Horas

¾la de ahora

y ninguna otra

Instantes: lugares

ESTO Y AQUÍ

Prédica

que aún existe sólo para oprimir

El ahogo de un cielo encapotado

La tortura que dura

Vivencia, no trascendencia

Verano sin verano:

 

Insolacción

 

32


Recuerdo un tocadiscos girando,

girando como un vórtice que succiona hacia lo negro

 

Recuerdo una mesa de madera, y una silla con brazos

que abarcaba de mi ser todo el perímetro,

y un sofá que se hundía y buceaba

por mi alma como un batiscafo.

 

Recuerdo puntos de luz, e incandescencia por la pared

despellejada, y una tiniebla más allá

de todos que me decía: ven, ven… vienes, vienes…

 

Recuerdo frío¾Recuerdo brasas

Recuerdo mi recuerdo evocando

otra música y la misma,

una fuerza que disgrega y congrega,

una subsumisión

liberadora, un temblor…

antes de ir…

tras haber vuelto…

 

33


Nunca ha sido contemplada

la estela del vuelo del ave.

 

Nadie puede jactarse de ver

el camino de la carpa dorada:

 

Tan impenetrable resulta también

de mis pasos la antigua clave.

 

34


Agua dulce

Agua clara

Agua y peces detentando la quietud

Agua que se detiene para mirarse

y cristaliza en armonías rojas

 

Agua a mis pies

y en la palma de la mano:

nubes perlando mi pelo

en el espejo de las mañanas

Agua que yo me invento

 

Agua marina

Agua que veo

Espuma y brisa

y cantos rodados y exclamación

quieta sin ruido,

hacia dentro: agua seca

por vez primera.

 

35


Hay en pleno verano

un instante de nostalgia

tan sólo por la nieve.

 

36


Ya la tierra amarillea:

los brotes que han de venir

serán tardíos de nuevo.

 

37


Espera,

no vengas: qúedate

donde estás. Permanece

en la distancia necesaria

para añorarte.

Concédeme

el espacio vacío que nos separa,

y en él yo tejeré

la tela que nos enzarce a los dos:

como la araña yo pendo

de cabo a cabo de la mañana.

Mírame,

comprueba cómo me columpio

entre tu ida y tu venida:

yo en el ínterin voy aprendiendo

el valor de tus ausencias innatas.

Da un salto

hacia atrás: retrocede

hasta donde estabas antes de tenerte,

que así yo pueda, de nuevo,

fabular que no existes, y al caer

en la cuenta de la falacia,

congratularme por mi ficción.

         Dame un instante sin ti,

hazme creer que no eres lo que eres,

y desea que yo así también lo crea:

sólo entonces, plenamente

         anonadados por su no estar,

sabrán de cierto lo que es vivir

tu yo y mi yo engarzados.

 

38


Las palabras mágicas

El ensalmo y los conjuros

La fórmula que obre el milagro

del todo a partir de la nada

Los términos iniciales,

yo los busco: el primer verso

que me ahínca y desenfunda.

 

El estado expectante,

la imprecación y sus corolarios:

eso es lo que hay, si no hay

por dónde llegarse afuera,

allá en los confines

donde resuena la otra lengua,

el idioma semiolvidado,

la divina murmuración

a la que el verbo, agotado,

en la ocasión regresa.

 

39


Interposiciones:

cómo sortearlas, y recobrar

el tacto inmediato,

la pregnancia, los convulsos

despertares en plena noche.

 

Filtros del agua pura:

quién los removerá, y a cambio

hará de las tripas, corazón:

una montaña de un grano arena,

el cosmos de una insinuación.

 

Benevolencia¾cuándo la hay

en la vorágine de las opciones

todas equivalentes, todas vanas.

 

Equilibrio¾dónde encontrarlo

sin caer en la media aritmética

ni en la fútil ecuanimidad.

 

40


Sólo la ocasión, la eventual

pleamar de los domingos.

Tan sólo el parpadeo

de un día sin antes o después.

 

Únicamente un sobresalto,

una pujanza universal, un sinfín

de melodías encadenadas,

un quiero sin querer nada en concreto

         ¾un espasmo, una visión,

una esperanza acaso.

 

41


Una salita de estar

de la hondura de un aeropuerto:

esa ínfima abundancia

del mar en un dedal,

         yo para mí la deseo.

 

42


Dónde se ubica la partición

exacta de la mañana,

en qué punto concreto el día

se escinde en dos mitades:

         aquí la tierra consecutiva,

         y allá el cielo simultáneo.

Hasta qué confín remoto

se extiende esta separación

y cuándo acabará la porfía

entre este lado de sal

y aquel reino de aguas.

 

43


Yo, que no conozco el insomnio, lo imagino

como una autopista sin gasolineras

o como esas semanas en que, cuanto ocurre,

ocurre sólo por fuera

¾sin llamarnos a penetrar.

 

Yo, a quien jamás asaltó un desmayo, sé

que en sus brazos se conquista la calma

y cesa la búsqueda sin objeto de un objeto.

 

Yo, sin haber experimentado el horror,

me asusto al comprender desde muy lejos,

lo que de cerca no entendería.

 

A mí, lector de la vida ajena, me atañe tan sólo

la pura suposición de cuanto ignoro.

 

44


Quiero y no puedo

dejar de querer:

piedra que arde sigo siendo

en la espesura gris.

 

45


La humedad que lo impregna

todo por las mañanas

El frescor de lo intacto, la suave

impresión de sueño aún no truncado:

los rigores del océano

la orilla fría

el albor.

 

46


Una columna

de calor se eleva

de la vela en vertical.

No el cielo va buscando

donde disolverse, ni a la dulce

transparencia de la nube aspira:

         tan sólo asciende,

se aleja y, subiendo, consuma

su vaga vocación etérea,

su separación.

 

47


No hay por dónde coger

lo que no prende en ningún sitio:

ignoro cuál es la red

para el pez inexistente.

 

Nada amenaza

a quien no se muestra jamás.

El domador del silencio

todavía no ha nacido.

Un cerco de llamas

protege los polos fríos:

al no-ser, una coraza.

 

48


Las cortinas: la espesura

prolifera hacia la luz, y la vela,

y la cubre de oprobio.

El visillo, la enredadera:

miles de zarcillos en ascensión

violenta contra el oro.

Amarguras

de la insana opacidad:

conspiración negra.

 

49


Oscilaciones de una vela

y su sombra en la pared:

         nada concreta, y el tiempo

se devana en copos extáticos.

Ingravidez

entre inútiles suspiros:

las frágiles membranas

del ser están ausentes,

y con el vaho se desvanecen

al unísono las inquietudes.

         No hay por adónde ir

desde el albo a ningún sitio.

50

 

Quién se cae

rodando por la duna hasta los pozos

Cuándo cae:

al amanecer y anocheciendo,

sin tiempo apenas para testar

Hacia dónde se precipita

el cuerpo despojado de su harapo

primario, esencial o falsario

Qué vuelo corto vertical

padece todo amor hacia sus bordes,

qué pulsión telúrica, qué terror:

         cuál es su destino, si no gravitan

los pedazos en torno a un centro

absoluto de atracción.