(invierno de 2003)
Todo lo
que toco se degrada
por el
mero hecho de tocarlo yo:
nada resiste
el
tacto obsceno de mi mano
¾falaz tenaza a la que escapa
lo que
iba a coger, y se le fue.
Tendré
que optar por ir soltando
estos
lazos que no aprietan: váyanse
las cosas
por su lado, que me limito
a
quedármelas mirando
yo por
aquí, ellas por allá.
* * *
Como un
folleto me despliego
o un
mapa de carreteras:
lo
único que revelo
es un
cuadrante diminuto de mí.
Ocultos quedan paisajes enteros,
rutas
por recorrer, la proyección
futura
de mis yoes por venir.
Comprimida se encuentra
la
posibilidad no consumada:
retraída,
a la espera,
como un
resorte aguarda.
* * *
En las
calas míticas se conjuga
el
rugido del mar y el puerto a salvo:
sólo en
las calas la vida mira
y, a un
tiempo, es contemplada
¾norma extraordinaria y fugaz.
* * *
Un peso
que no
pesa en realidad, sino que aplasta
el
vacío entre el pecho y la espalda
(ese desierto inhabitado
que
amortigua los golpes y confiere
elevación
a lo más bajo).
Una
opresión, un silencio
persistente,
una dislocación:
la insania
de
soportar la arremetida leve,
el
sofocante calor, los velos
en
torno al hueco que rodea el corazón.
Una
puerta, una ventana,
una
canción: la salida al exterior,
al
páramo ilimitado, donde las fuentes
sin
cesar están manando.
Interrupción
que
apaga los incendios y restablece
la
continuidad perdida entre mis cantos
y la
partitura interior.
* * *
Estado
de emergencia, de eclosión,
de
rotura de todas las prevenciones.
Trepidación
que sale afuera
y rompe
y rasga e inaugura nuevos templos
y bota
barcos que naufragarán lejos.
Sublime
y basta sucesión de formas nuevas
pugnando
por definirse, o diluir sus perfiles
en un
magma natalicio que muy pocos conocen:
sólo los marinos solos
y algún que otro reptil, quizás,
hacia el anochecer tendido.
* * *
A la
enésima, va la vencida
(la
ocasión desperdiciada, al imponerle
un
destino seguro, y sólo uno).
Por mi
parte, yo para mí prefiero
la
indecisión de lo irresuelto, el afán
de
persistir tras de la nada
¾cuenco en que mis dudas vierto
para
verlas en fulgor transfiguradas:
perla
de la soledad canora.
* * *
Poderío
del desamparo: incisión
que se
labra en la tierra del tiempo.
Calidades
extrañas, las del amanecer
¾incomparado dominio: el astro, no.
* * *
El
desarraigo de la tierra
que
permitió la tala del árbol visible
para
que el árbol real germinase:
ése es el que mi ser lacera,
no el
de la pertenencia civil
del Don
Nadie que, al yo serlo, no soy.
* * *
Sentirse
en casa
sin
dejar de estar muy lejos
(impropio,
libre y desgajado):
tal es el reto, o la ablución
del
viajero respecto a su ruta
¾de paso siempre en cualquier sitio,
permanente
mente fuera de lugar.
* * *
Formas:
ocasión
por
donde los fondos discurren
fríos,
tibios e incoloros.
Límites:
oportunidad
para
saber de las afueras,
del mar,
de los pasos no dados.
Indeterminación:
libertad
vista
del lado de allá¾
y, como
tal, esquiva.
Abismos,
simas: infinitos
no
vividos, imaginados
desde
mi celda pequeña:
océano
en un dedal,
necesariamente.
* * *
A
codazos se abre paso
la luz
en la tierra atestada,
y aunque apenas alcanza a iluminar
unas
cuantas cabezas privilegiadas,
desde
entonces éstas IRRADIAN.
* * *
Cada
mañana es un puerto
que
retrocede y queda atrás;
mientras tanto, los remeros
observan
la línea del horizonte
cómo
avanza más y más:
irradiación
de la última noche.
* * *
Folio
en blanco: posibilidad
impoluta,
intacta expectación:
muelle
que se contrae y ya no aguanta
¾y aun así, no estallará:
su
voluntad le sobrepasa.
* * *
Como
cien campanas amordazadas
justo a
la hora del Ángelus, yo me golpeo
contra
paredes que no emiten ningún ruido:
tapizadas de incuria, ellas ignoran
la
música que (desnudas) les arrancaba
hace
mil años largos: exactamente al llegar
el sol
a su hora punta.
* * *
La
escritura es la red
en la
que ningún pez queda atrapado:
tan
sólo el ardor de salir
a mar
abierto la justifica,
tan
sólo la admonición.
* * *
Que
percuta dentro,
que
resuene la pulsación y no quede
vagando
por las afueras.
Que
brinde cobijo mi cuerpo
a la
vibración desamparada:
no viva nada sin el eco
puntual
de mi alma hospitalaria,
ni
conozca yo las emociones
frías
del desapego:
mejor
la destrucción, el fuego,
que la
llama ausente en el tizón.
* * *
Mi vida
no lo sería
sino
por la fruición de otros:
vampiro,
mi soledad pervive
gracias
a la gracia ajena
¾a la cual recurre Robinsón
sólo
antes del naufragio:
en Su
luz cobra la sombra reflejos.
* * *
La
cuerda rasgada
efímeramente
remite
al
apagamiento postrero:
en su eco, tan solo,
me voy
también hacia el ocaso.
* * *
Happy hour: vuelta completa
a la
esfera celestial, a la promesa
que se
declina morosamente¾
instantes
completos si contentos
con su
imposibilidad de trascenderse:
voz acorde
con su eco,
mirada
acalorada, no más allá:
tiempo a tiempo incandescente.
* * *
Tras la
puerta, otra puerta:
no el
gran Salón, ni la espaciosa
bóveda
que corona los denuedos.
Un pasadizo, y el sinfín de trampillas
engañosas:
el desenlace aparente,
la
conclusión provisional ¾y de nuevo el nacimiento.
* * *
Como el
enebro, levantarás
tus
raíces al viento
contra
el avance de las dunas:
al igual que él, te has de salvar
preservando
las fuentes del contacto
¾pues sólo en la llanura
expedita
refulge la esferidad.
* * *
Atropello
de arenas: corral
que a
la mancha verde rodea.
Se cierne la muerte
sobre
los pinos invictos.
Pasado
mañana renacerán.
* * *
Sólo
caminando solo
dibuja
el cuerpo su estampa preminente:
no
inclinado hacia los lados
(la compañía o la nostalgia):
en la
serena equidistancia gris,
únicamente.
* * *
Hay
algo detrás:
un
animal herido, un reguero
de
sangre todavía fresca,
murmullos,
expectación.
Hay cosas dentro
que no
se ven, pero se intuyen
entre
las cañas¾áspid,
mamífero
o camaleón:
la lenta emergencia del aparecer.
* * *
La
botella tapada
después
de abierta:
reediciones
baratas
para el
lector accidental,
una
relativa novedad
que a
sí misma se estrena.
* * *
Abocado:
estado de esperas
retenidas¾Expectante
en un
marasmo de velas
arriadas.
Líquidos
duros
que no
permiten navegar.
Arena espesada
donde
el pie se hunde y no avanza.
Perpetuo,
el hielo antiguo
requiere
para fundirse una cálida
tenacidad
de araña.
* * *
Cuanto
más y más madrugo,
amanece
más temprano:
la luz
no espera a nadie,
no
reconoce a nadie. Tan sólo goza
de sí
misma, impunemente ajena
a su
espectador insomne.
* * *
En los
raptos
del
éxtasis de otros tiempos alcanzabas
la
orilla que hoy sólo divisas con esfuerzo
¾torreones brumosos
coronados
de algas y conchas todavía húmedas.
En las súbitas incursiones
penetrabas
en la marisma, y retornabas
con
trofeos entre las manos
¾criaturas celestiales que ahora
decoran
disecadas tu mazmorra, tu maldito
callejón
sin salida a la luz.
En
aquel tiempo, las mareas
fueron
tu bendición¾y hoy son tu condena.
* * *
Las
últimas luces poseen
la
fuerza ingénita del primer resplandor:
ya no
iluminan, y su fuerza se adivina decreciente,
y aun
así parecen señalar hacia algún punto
lejano,
gris, vendado por la niebla.
* * *
De los
incencios antiguos tan sólo quedan
brasas
frías describiendo un círculo
y, en
el centro, un hatillo de ramas secas
invocando
la restauración de los vínculos.
* * *
Retroceden
las tierras vírgenes,
se
ocultan
tras la
copa del Gran Árbol centenario
¾cuyas ramas se adensan hasta formar
un
Telón entre tú y los desiertos.
* * *
La
retahíla
de
perlas sin ensartar
todavía.
Un punto de luz:
se tiñe
el mar
todo de
azul.
Un catalejo:
cetáceos,
allá,
nadando
lejos.
* * *
Camino
de hojas secas: yo las piso
y ellas
crepitan como llamas
que
otrora fueron de una hoguera ya extinguida,
y cuyo
recuerdo ahora aliento
con mi paso frío del rojo al gris.
* * *
Una
casa sin azotea es como un cerebro con tapa
o como
un vino que ha envejecido en la nevera
o un
renglón de hormiguillas fritas sin sal
o una
pértiga con la que la sirvienta cuelga ropa
o un
banquete sin bebidas frías, o un talonario
de
cheques sin fondos, todos firmados y barrados,
o el lento
regreso a casa tras haberla abandonado
a la
carrera, o el día del Juicio Final sin el fiscal
ni el
abogado, o irse mineralizando hasta vegetar
sólidamente
anclado y tapizado de LÍQUENES.
* * *
Lluvia
fina: mañana más
fina
todavía. El agua
por momentos
se sutiliza.
* * *
Amanecer
lejano: yo te invoco
desde
la extrema proximidad que,
ni me
concierne, ni yo transformo
(como
sí antaño) en estelar.
* * *
El
umbral, iluminado, retrocede:
no
logro hollarlo. Impaciente,
he de
invocarle sentado.
* * *
La
desenvoltura,
el
ínclito despliegue del atributo
se
desparrama sobre la colcha:
completamente
blanca,
su
indiferencia le provoca.
* * *
Lo
blanco delante,
por
ocupar: vacante,
el
espacio invita.
* * *
El
polvo es una nube ligera:
lentamente,
va cubriendo todo
lo que
a la intemperie se queda
(cactos,
juguetes, ropa tendida).
Nada escapa
a su
acción cobertora, nutriente:
como
aceite se va adhiriendo
a la
piel del mundo interior.
* * *
La
verdad está
fuera
de campo: no es que no exista,
o que
le guste esconderse—
simple,
clara y transparente,
prefiere
escurrirse hacia los bordes
(allí donde nada pueda empujarle
nuevamente
hasta el centro: ese imponente
crucifijo
de los pobres).
* * *
Tibieza
del
cuerpo bien tratado, y del alma
a
recaudo de la intemperie
Moderación
insana,
por
obviar la orden de combate
de todo
ser consigo mismo
en aras
del anunciado retorno
a la confusión primaria,
al
yermo no cultivado, al primer
día de
lo santo y lo profano
—justo
antes del salto mortal.
* * *
Días
opacos, duros de roer, turbios
Días de
especial dificultad: abstrusos,
atorados,
de difícil masticación
(más
lentos, más leves, sin distinción).
* * *
Patio
interior: los árboles
se
arremolinan.
Enclaustrada,
la luz
asciende, y en el agua
el
cielo traza círculos concéntricos.
Un caminillo penetra hasta la fuente
donde
un único pez vino a enterrarse.
No hay jardín, ni jardinero:
el aire
peina los setos, y un sinfín
de
pajarillos pasa aquí todo el invierno.