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Koniec

 

 

"Es fácil vivir. Arduo sobrevivir a lo vivido".

 

JOSÉ ÁNGEL VALENTE

 

"Le moi est ce qui entend et comp­rend la parole intérieure, le seul espectateur des visions".

 

PAUL VALÉRY

  

1 de marzo

 

Cuanto menor es la pregnancia del destino -visible su mano tónica, terso el movimiento con él acompasado-, mayores y más gratuitos son los dislates que comete para vengarse (incitar­le, congraciarse, suplicar clemencia).

 

 

 

Esta inanidad prolija en la que todo a venido a parar.

 

 

 

Poco a poco se había ido espesando la malla -hasta que acabó por no ver nada más allá de sus narices.

 

 

 

Seguir, a partir de ahora sólo significaría remachar tozuda­mente el mismo clavo sin poder hundirlo más, ni mucho menos aún sacarlo.

 

 

 

Yo-yo (o el difícil arte de girar sobre el propio eje sin moverse del sitio).

 

 

 

Su predestinación para el triunfo en todos los órdenes de la vida acabó convirtiéndole en un fatalista.

 

 

 

Más que refutar el hábito -demasiado tarde, demasiado ahormado el tiempo y cortos los días que quedan hasta el final-, simplemente obligarle a que vuelva a imponerse, incitarle a que se muestre en el apogeo de su violencia.

 

 

 

Creía ganarle la partida al tiempo mediante la interpe­lación, cuando lo único cierto es que se estaba extraviado en su pro­pia pereza.

 

 

 

Ni un momento exquisito, ni una concesión a lo sublime, acorchada la percepción para lo que no sea decrepitud y caída.

 

 

 

Una indiferencia sin aura, una invulnerabilidad sin paraíso, una vida que se sobrevive a sí misma por pura inercia.

 

 

 

Las cuentas de su rosario profano, la salmodia inveterada de su postración.

 

 

 

Continuar era una debilidad, o tal vez un gesto de ironía ante cualquier emoción, incluida la de su propia extinción.

 

 

 

Cantilenas póstumas.

 

 

 

Tras unos años de apasionado flirt, su relación con el mundo -la realidad, o como quiera que llamemos a eso que nos planta cara día tras día- se parecía más a una convivencia conyugal, a un concubinato sin alharacas ni perspectiva de ruptura.

 

 

 

Cuanto mayor ahínco empleaba en martirizar su ánimo, más y más obcecado se volvía su silencio.

 

 

 

Harto de estar harto.

 

 

 

Viudo de sí mismo, ostentaba su celibato sobrevenido con un orgullo tan terco como imperceptible.

 

 

 

El aprendizaje de la autoexclusión.

 

 

 

Se adelantó a su disolución, consumándola por propia mano.

 

 

 

De tanto viajar, y ante la pertinaz homogeneidad de todas las formas vida, más que conocer nuevas ciudades le parecía estar des­cubriendo barrios ocultos de una metrópolis tentacular.

 

 

 

A partir de cierto punto o línea de sombra, quien se atreva a mirar hacia delante corre el riesgo de convertirse en una estatua de sal.

 

 

 

La única existencia digna de tal nombre consistía, en opinión de Ramón, en un proceso incesante de semiosis, traduciendo a cada momento el hecho en signo, el azar en aviso.

 

 

 

Conservar la pureza de la excepción, resistirse a elevarla a rango de norma.

 

 

 

Prohibido dejar enfriar la cera líquida.

 

 

 

El desconcierto amortiguado por mil finales felices -el mero hecho de sobrevivir reduce el misterio de la vida.

 

 

 

La única baza de la infamia es que permanezca no expiada.

 

 

 

2 de marzo

 

Viajamos para desfamiliarizarnos, para rememorar el momento de la expulsión, para crear las condiciones del retorno del caos. (De ahí la irrisión del turismo, ausente de sí mismo).

 

 

 

Caminando por los barrios viejos, siempre le asaltaba la misma pregunta: ¿qué había de decorado o edificación indul­tada por puro imperativo turístico, y qué de reminiscencia soberana en todo aquello? La modernidad arquitectónica no sólo se ha apropiado del sentido de lo verdadero, sino que ha borrado el criterio para distinguirlo de lo falso.

 

 

 

Envuelto en la impunidad de la distancia, sentía de nuevo cómo borbotoneaban los límites de su deseo.

 

 

 

Mientras que el turista viaja en busca de lo extraordinario, Ramón lo hacía para recuperar el contacto gozoso de lo común expiado de rutina.

 

 

 

La intensidad es inversamente proporcional a la frecuencia, dijo Perogrullo.

 

 

 

¿Por qué se ha extendido la expresión "beber para colocarse", cuando el anhelo común a nuestra sociedad es perder el sitio, la orientación, el sentido?

 

 

 

Tenía vocación de ave de paso, o más bien migratoria (pues no lograba desprenderse de cierta percepción de la diferencia).

 

 

 

El amor ganado a golpe de renuncia y reconcentración, y no en la convergencia, saciado de tanto nutrirlo, es la única expe­riencia ucrónica y extraterritorial que nos queda, la textura misma de lo absoluto en grado cero.

 

 

 

3 de marzo

 

Por lo que iba deduciendo, se trataba de rastrear los vesti­gios esparcidos por el mapa de una ciudad ideal que un cata­clismo original fracturó en mil pedazos.

 

 

 

Una mirada transversal, que perforaba eligiendo.

 

 

 

Como una lenta traslación de las referencias -no un vuelco, sino casi una derivación.

 

Una imagen que, de tanto reflejarse en espejos, copas, escapara­tes, acabara creyendo en su propia metamorfosis.

 

 

 

Odiaba el turismo de invernadero, sumido en un microclima de expectativas tiránicas: prefería el viajero-maceta, enraizado aun cuando portátil, la uña clavada y el flequillo al viento.

 

 

 

Atmósfera cero, sala blanca donde escrutar las mínimas vibra­ciones de un alma otrora aturullada.

 

 

 

Contemplaba las evoluciones del conejillo empapado a la rueca del texto reduplicador.

 

 

 

No toleraba la menor imposición monumental, de suyo desgajada y por eso mismo segregadora: sólo el forastero mira por dónde anda.

 

 

 

Las bibliotecas son excepciones diplomáticas, territorios francos, templos laicos, sedes íntimas de una cofradía trans­territorial, un refugio en plena canícula, una trinchera en tiempo de paz.

 

 

 

Aquí nadie se despide, sino que se emplazan "hasta luego", como si el obviar la posibilidad del reencuentro despertase una inmediata suspicacia sobre nuestras intenciones.

 

 

 

Lo peor del orden es que ya no se puede seguir ordenando (y lo mismo puede decirse de la limpieza, la creación y de cual­quier otra actividad presuntamente positiva y esencialmente abocada a la parálisis).

 

 

 

Sólo en otra ciudad se sentía en casa, en ningún sitio.

 

 

 

Los habitantes de una ciudad únicamente se interesan por la obra que en ella se desenvuelve; los turistas, por el escena­rio, en el que literalmente no pintan nada. Sólo él, extraña aleación de vagabundo y diletante, creía poder arrogarse el privilegio de la crítica gratuita, por completo desvinculada.

 

 

 

Malditas empleadas municipales, empeñadas en que no te olvi­des de nada, administrando con escrúpulo avaro la imagen que te llevas de su ciudad -en el fondo, ángeles custodios de un cuerpo embalsamado.

 

 

 

Sólo aspiraba a esto, a conservar esto: paseo, cierta acti­vidad mental y el estallido de los sentidos solazados por la ventura de lo concreto.

 

 

 

Pocas imágenes sintetizaban con mayor acierto la estructura de su alma que la del claustro, replegado sobre sí mismo para abrirse a lo indeterminado.

 

 

 

"Ganarse la vida": ¡qué hermosa expresión para una lucha que únicamente consiste en no ser derrotado, y en la que siempre se acaba perdiendo!

 

 

 

Aunque había logrado sobreponerse a toda suerte des augurios funes­tos, cobijaba en silencio un complejo de sufriente inmo­ti­vado, de soplagaitas sin espolones.

 

 

 

Sería libre el día que le enchironasen por primera vez.

 

 

 

El punto de inflexión consiste en dejar de felicitarse por todo lo que se ha logrado para empezar a recriminarse todo lo que se ha perdido.

 

 

 

4 de marzo

 

La idea no es otra que hacer estallar la espera, agredir la ocasión, pues todo momento propicio por definición somete la pujanza del ca­pricho al cálculo de los beneficios.

 

 

 

La misma naturalidad con la que aceptamos los límites arti­ficiales en una ciudad conocida (por barrios, por distritos y aun por manzanas) nos resultan fútiles y gro­tescos en una desconocida, como si ésta acertase a devolvernos la imagen convencio­nal de nuestros propios orígenes y quisiéramos ahu­yen­tarla con una risotada.

 

 

 

Es cierto que nadamos en las circunstancias como un pez en el agua: constituyen nuestro elemento, nuestra esencia vital -en rigor, no hay otra cosa en la vida, no es otra cosa la vida que circunstancias, colisión de sucesos fortuitos y promiscua coexis­tencia de factores incontrolables. Pero, ¿qué hacer si éstas se interponen en nuestro camino? ¿Acaso adorarlas como fetiches y abstenernos de agarrar el timón y pegar un volan­tazo? ¿O afrontar el mito del destino (pobre remedo de cierto sentido de la vida que sólo se hace visible a posteri­ori), y obligarlo a doblar el testuz ante nuestros deseos?

 

 

 

7 de marzo

 

El escritor vuelve escandalizado de tierras africanas, como si le ofendiera en lo más íntimo que haya vida más allá de la nuestra. Y es que la mitología industrialista, deslumbrada por su propio destella, propaga ceguera más allá de su campo de visión.

 

 

 

¿Cómo puede ser "infrahumano" luchas por sobrevivir -ir a buscar agua, recoger leña, ordeñar la vaca, despiojarse, charlar en torno al fuego, enfermar y curarse (o no, como nosotros)- y conseguirlo (o no, como nosotros)?

 

 

 

Nadie se dio cuenta nunca, pero llevaba años viviendo de las rentas que le legó su juventud desmesurada.

 

 

 

Una tarde demorada y luminosa es como una vida longeva y sin enfermedades de relumbrón -primavera sin conciencia.

 

 

 

8 de marzo

 

"Quan no es tenen diners, la línia recta és una pura il.lusió de l'esperit" (Josep Pla).

 

 

 

Le repugnaba la alarma con la que, periódicamente, se infor­maba a la sociedad urbana de la despoblación del campo, como si así retrocedieran las marcas que nos preservan del león...

 

 

 

Habría que percibir la "desamortización" rural -así como, en otro orden de cosas, el "descenso" de la natalidad-, más que como una pérdida de algo que en realidad superaba sus propios límites, como un curso que retorna a su cauce natural: o sea, como una "descolonización".

 

 

 

10 de marzo

 

Cuando la desidia, el tedio, la hartura de todo se manifies­tan en sus claros contornos, aún es posible dejarse apresar por su abrazo voluptuoso -la tristeza insidiosa, en cambio, retumba si el asco se asquea de sí mismo, negándose a dejar sentir su soberanía, apenas chorreando por los resquicios...

 

 

 

Su irracionalidad no era fruto de un estigma congénito o de una disposición caracteriológica, sino de aplicar escrupulo­samente y hasta las últimas consecuencias una inercia racio­nal cuyas raíces se perdían tras las brumas de un capricho origina­rio, de una torcedura que se abría en espiral.

 

 

 

11 de marzo

 

El "derecho a la vida" que se arroga la sociedad moderna le aboca a padecer la existencia como un fardo: como quiera que se ha prohibido a sí misma la gratitud del superviviente (quien, por su parte, la percibe como una gracia, como un "don"), se condena a sí misma a mascar a solas el sabor inaudito de un triunfo meramente legal.

 

 

 

12 de marzo

 

Siempre había creído que la "serenidad de ánimo" en la que se regocijaban los estoicos consistía en dejar que la estupidez humana se acercase a uno para poder alejarla de un manotazo certero -y no esta lejanía insensible que añora su prehisto­ria pendenciera.

 

Si el valor de un hombre se mide por el tamaño de sus obse­siones, la total carencia de ellas de la que adolecía Ramón se convirtió en una obsesión doblemente lacerante.

 

 

 

Su estado natural era la toma de decisiones, de forma que, una vez tomadas, se enfrascaba en un tormentoso purgatorio sin mayor expectativa que dar cancha al destino para verse obligado a tomar otras nuevas -y así, hasta el infinito...

 

 

 

Los momentos de INPUT (acopio de experiencias) y OUTPUT (escritura) eran meros cabos de la soga del merodeo y la inapetencia mineral.

 

 

 

En su caso, y a diferencia al parecer de todo su prójimo, el escenario de su autoestima era esencialmente cuantitativo, de modo que un par de horas de tedio mediático se bastaban para humillar semanas enteras de divagación sublime.

 

 

 

El alma contemporánea -como puede comprobarse en cualquier circunstancia cotidiana- es la consecuencia (y no la causa) del "efecto dial", o sea, de la coexistencia simultánea y no jerárquica de lo alto y lo bajo, lo infame y lo sublime, Beethoven anunciando flanes y una prostituta que custodia las puertas del cielo.

 

 

 

La extrema dificultad de escribir sobre nada.

 

 

 

Sentía una admiración envidiosa por quienes, una vez asomados al absurdo de la vida, corrían a abrazar una religión cual­quiera, mientras él seguía suspendido en el vacío aferrado al clavo irónico de la espera -demasiado intensa para perderle el respeto, demasiado poco para arrepentirse de no hacerlo...

 

 

 

Orgulloso testimonio de impotencia.

 

 

 

La novela futura (si no es que es esto mismo ya, que pugna por resistir los embistes de cualquier unidad) será el espejo de miradas que no aciertan a componer una visión, intentonas que no cuajan en esfuerzo, frases que escaparon de los libros sin llegar a convertirse en versos, refranes ni eslóganes publicitarios.

 

 

 

El único índice de la veracidad de su asco era que con él, Ramón no podía fraguarse una concepción del mundo cualquiera, una coartada moral o una simple capa para el frío.

 

 

 

Para no malograrse, una confesión debe resultar irrespirable.

 

 

 

La recurrencia extenuante de los resortes.

 

 

 

Hay personas que viven sin sospechar siquiera todo lo que se están perdiendo; otras mueren en la consciencia de haber con­se­guido más de lo que se propusieron y merecían; únicamente una minoría selecta se ve obligada a asumir que nunca llega­rían a nada sin la ayuda de un ejercicio continuo de olvido.

 

 

 

¿Qué ocurrió, qué se interpuso?

 

 

 

Tener que sobrevivir a la Edad de Oro es mucho peor que no haberla conocido, peor que no recordarla, peor que haberla soñado y despertar después escaleras abajo.

 

 

 

Somnoliento -ya no dormido, todavía no despierto: a tientas.

 

 

 

13 de marzo

 

Tras pasar varios días abriéndose paso a machetazos por la selva, arribó hasta un claro incomprensible, completamente pelado, una plaza yerma en la que ya no había que bregar -relataba el antiguo explorador a quien quisiera escucharle.

 

 

 

Devoto de la sospecha de que nadie sabía lo que se hacía, o si sabía es que no hacía porque no quería.

 

 

 

"Sense ambicions, evaporat" (El quadern gris).

 

 

 

Cuando el hastío alcanza cierta cota -no más alta, sino más densa- se vuelve súbitamente dulce y proporciona unos goces insospechados; pero si se mantiene en una inconcreción vago­rosa, en una insidia de madame insaciable, entonces sólo te queda esperar que se haga la dueña, o que se aburra y pegue la vuelta.

 

 

 

14 de marzo

 

La imposibilidad de ahormarse a nada, 100% excedentario.

 

 

 

Un recuerdo aflora de repente y convalida una intuición es­tomacal: que el destino se reduce a acentuar hasta la asfixia un movimiento en pendiente que se acelera con los años, una inercia en espiral que obedece a una orden pronunciada en el origen y olvidada desde entonces.

 

 

 

Estado civil: inapetente.

 

 

 

Su pánico a engañarse a sí mismo con toda suerte de coartadas le impuso un severísimo hábito autoescrutador, cuya crueldad le hacía dudar sobre quién era la víctima y quién el verdugo.

 

 

 

Su infancia transcurrió en un monótono deambular de colegio en colegio, mientras que siempre veraneaba en la misma playa: quizás de ahí procediera la enojosa sensación de que su alma se dirimía en la vacación.

 

 

 

Al paso que iba, bastaría con dejar que la situación llegara a un punto de impaciencia tal que todo resultara de nuevo posible.

 

 

 

15 de marzo

 

I'm a real nowhere man.

 

El extravío subsiguiente a haber abandonado el camino es mucho más cruento, sañudo, justiciero incluso que si no lo hubieras emprendido nunca.

 

 

 

El sonido de lo inaudito.

 

 

 

Su estado ideal era embarcado -aunque se pasara la vida en los puertos, viendo zarpar a los amigos, bebiendo en las tabernas y refunfuñando por el reuma y la maldita artritis.

 

 

 

Hay inventos que te permiten ganar tiempo (lavadora, lavavajillas) y otros perder el que te sobra (televisión, tocadiscos); los auténticamente revolucionarios son aquellos que tienen la rara habilidad de lograr ambas cosas a la vez (ordenador, teléfono o automóvil).

 

 

 

18 de marzo

 

En materia sensual, la inversión que infligen los años es drástica, hasta el punto de pasar de la pasión por restar sentidos a lo abstracto (religiones, conceptos, ideologías) a la de sumar abstracciones a lo concreto (crujidos, tics, alboradas).

 

 

 

Lo que acabó fue no más que la plétora.

 

 

 

La lenta desmineralización del espíritu, capa a capa.

 

 

 

En el siglo XIX, lo popular era aquello que hacía el pueblo; cien años después, aquello que se hace para el pueblo y éste bendice con su aprobación.

 

 

 

Han pasado años desde que decidió confeccionarse una extin­ción a medida y faltó a la cita.

 

 

 

Ristras de compunciones de motivo.

 

 

 

La densidad de la pérdida se deja sentir, no en tal o cual  carencia, sino en la imposibilidad de acomodarse en su seno, pues la pérdida lo es de todo seno.

 

Curiosa sinonimia moral de seno y sostén,turgencia y acogida, cóncavo y convexo.

 

 

 

Como una mediocre masticación.

 

 

 

Hubo un tiempo (parece mentira) en el que cada vivencia, deseo o recuerdo, refulgía con propia luz inmoderada, en espacios abiertos de blanca aceptación, al calor de nada.

 

 

 

La inclemente satisfacción de todas las necesidades suscitó una revuelta inmotivada, por el puro deber de protestar.

 

 

 

La pregnancia de la lucha, el orgullo de resistir, los mil motivos para lamentarse por no tener ya por qué insistir...

 

 

 

19 de marzo

 

Siempre prefirió el crepitar del hallazgo al tic-tac del patrimonio.

 

 

 

La historiografía le causaba una emoción papirofléxica, como de plano que se eriza.

 

 

 

No le tumbó el gran púgil que ataca de frente, sino la insi­dia diminuta que devora en los tobillos.

 

 

 

A nadie mejor que a Ramón cabría aplicarle al morir aquella frase leída en libro ajeno: "ens deixà buit de futur, l'angoixa de pensar que el cop decisiu, el millor, s'havia malaguanyat i havia fallat per sempre" (Vida de Manolo).

 

 

 

Al igual que compuso su biblioteca personal a golpe de saldo, oferta y ocasión, acabó viviendo de oportunidades, carambolas y azares encadenados.

 

 

 

22 de marzo

 

El aburrimiento es el sueño de los justos.

 

Hasta que advirtió que no había retrocedido sino para coger más impulso.

 

 

 

25 de marzo

 

Inaccesible la vida de marino de altura, acabó por confor­marse con su destino de surfista playero -siempre a remolque del avatar.

 

 

 

26 de marzo

 

Sólo escribo que no escribo nada.

 

 

 

1 de abril

 

Entrar es siempre fruto de la coyuntura; sólo somos libres para marcharnos, sólo en la salida decidimos.

 

 

 

5 de abril

 

Cuando acabó la tarea de nombrar las cosas, se dispuso a pasar el resto de la vida motejando a las personas.

 

 

 

11 de abril

 

Como un cetáceo varado en la costa.

 

 

 

12 de abril

 

"La infame sacietat, la fossa de la joia" (Camins de França).

 

 

 

13 de abril

 

El imperativo autarquista.

 

 

 

15 de abril

 

"El jinete que monta este caballo tiene que caer" (Witold Gombrowicz).

 

 

 

18 de abril

 

Por mérito de inconstancia.

 

 

 

Cuando el tiempo de coagulaba en percepciones in extremis.

 

 

 

Sólo cuando buceaba en su interior vivificado podía alzar la vista y descubrir ciudades.

 

 

 

25 de abril

 

Recoger los pedazos y tejer con ellos una colcha.

 

 

 

Un vientecillo inane que encapsula para ver mejor.

 

 

 

El único estoico que quiso hacer de su impasibilidad una pasión -y perdió la una por no lograr la otra.

 

 

 

Con qué conjuro restablecer los con-tactos.

 

 

 

Cuando las búsquedas todas.

 

 

 

Anfibio-lógico, con branquias de más.

 

 

 

Todo aguardando detrás, por si volviera.

 

 

 

El puro punto.

 

 

 

(La poesía): lo único sin su propiedad.

 

 

 

Credulidad absoluta, aceptación sin esperas, inocente debacle -y afuera con todo lo demás.

 

 

 

¿Recuerdas?

 

 

 

La devastación y su testimonio (mucho después).

 

 

 

Para novelar es preciso supurar; la poesía, en cambio, se retiene en ademanes cortos, hay que porfiarla. Un poeta verboso (Whitman, Ginsberg) es como un abceso del lenguaje, un niño con dos cabezas destinado a perecer por la propia regulación natural de la especie.

 

 

 

Discreción, moderato cantabile, allegro semplice, tempo di ringraziamento.

 

 

 

26 de abril

 

No se había vuelto escéptico -en cuyo caso aún conservaría la fuerza de una convicción-, sino incrédulo, es decir, imperme­able a todo.

 

 

 

La vida, de una epopeya al xarivari donde el infeliz era él.

 

 

 

El único retorno verdadero.

 

 

 

28 de abril

 

El deseo de vacío no lo es de ausencia de ser, sino ser más densamente.

 

 

 

La bandada / en vuelo bajo / enloqueció / a quien la miraba.

 

 

 

Déjà vu, déjà vécu.

 

 

 

29 de abril

 

Hasta que comprendió que uno puede estar de vuelta sin haber ido jamás a parte alguna.

 

 

 

(Se) escribía de memoria.

 

 

 

La paciente recolección de los pecios, transmutados al fin en escarcha.

 

 

 

Perderse en y con el pensamiento.

 

 

 

La satisfacción es el resto (¡y no el cociente1) de dividir el total de nuestras aspiraciones por el monto de nuestros logros -con el agravante (insidioso) de que, mientras reali­zamos las operaciones, las primeras ya se han duplicado por su cuenta.

 

 

 

La única epifanía posible -y no el mero tomar nota- era que ya era imposible toda epifanía.

 

 

 

2 de mayo

 

La juventud busca pruebas de sus fuerzas ante la resistencia de la vida; la decrepitud, de su resistencia ante las fuerzas de la muerte.

 

 

 

Cuando el cúmulo erosiona el brillo del paisaje, bruñe la esperanza de la amada, resurgida aún más pura de entre el agua.

 

 

 

3 de mayo

 

"Amagat dins l'embolcall subtil" (Camins de França).

 

 

 

10 de mayo

 

Provocación y novedad son formas de la dependencia; la isla flota impávida a la deriva, de la que ningún brazo tiende.

 

 

 

Cosechar la energía dispersa por los campos de las cosas, fruto que ya no fue sembrado antes, vestigio del derroche extremo.

 

 

 

Era el poema -era el polo magnético que succiona las virutas metálicas, el área de influencia, el campo gravitatorio en el que caen palabras precipitadas por su propio peso, el círculo semántico, el claustro húmedo donde el calor hace equilibrios sobre el brocal exento.

 

 

 

En su caso, la convalecencia era la única enfermedad.

 

 

 

Igual que un atleta sumamente veloz en línea recta que, al tener que tomar la curva, su hubiera salido de la pista.

 

 

 

La importancia del recelo.

 

 

 

No era ingratitud, sino sobrepuja.

 

 

 

Cuando las necesidades están colmadas, empieza la perversión.

 

 

 

Todo se reducía a dilucidar si Ramón había marrado el penalti o la vida se lo había parado.

 

 

 

Los libros son puertas de un interior acuciante y no ventanas a un exterior balsámico -espadas y no espejos.

 

 

 

Hay quien preserva celosamente su armónica inserción en el medio para librarse después a justas imaginarias; Ramón, por el contrario, se enzarzaba en antagonismos reales para re­cuperar la paz interior.

 

 

 

Graznidos, aullidos, maullidos, chasquidos, aleteos, ladri­dos, apenas un motor raudo: domingo animal en la espera del engaño.

 

 

 

Exiliarse es fácil -arduo exiliarse del exilio, quilla en ristre.

 

 

 

12 de mayo

 

De tanto adorarla, de tan suaves y gentiles que se volvieron sus gestos hacia ella, acabó prodigándole un amor diecioches­co -y no por la peluca y los afeites, sino por la reverencia y la discreción extremas.

 

 

 

13 de mayo

 

Volver -trastablillándose, tras un período forzoso de des­compresión- al estado de valva: arracimar las pocas fuerzas y componer con ellas un ramo para ofrecérselo a la atención superviviente.

 

 

 

Todas sus alegrías llegaron de improviso, cuando ya no las esperaba, livianas sin el peso del deseo.

 

 

 

14 de mayo

 

"Escribir consiste en holgazanear en un café [o también, es de suponer, frente al televisor], angustiarse por haber per­dido las facultades, y asombrarse de recobrarlas cualquier mañana" (de los periódicos).

 

 

 

Una exultación salvaje, motivada, aunque no tanto como para explicar aquella rabiosa plétora juvenil a deshoras.

 

 

 

Sin prestarle atención, discurre cristalina y sin estruendo; pero, si uno se concetra en ella, si la acompaña en su crecer y desenroscarse, entonces revienta en el pecho y sale despe­dida en derredor.

 

 

 

16 de mayo

 

Los débiles, sueñan; los fuertes, proyectan. Ramón, por el  contrario, como un extraño híbrido de fortaleza precaria, soñaba que proyectaba.

 

 

 

17 de mayo

 

No hay que tolerar que la memoria justiciera se abra paso: en todo caso, hacerse cómplices de un recuerdo, no olvidar de ningún modo que se produjo en un estado de exención completa.

 

 

 

La única autoindulgencia que se permitía Ramón era retros­pectiva.

 

¿Era aquella calma recogida una tregua, un impulso para saltar más lejos, o una reconciliación irreversible con el pálpito de la soledad?

 

 

 

La inanidad de sus contemporáneos era tal que, en cierto momento, dejó de esperar nada de ellos y volvió su exigen­cia contra sí mismo.

 

 

 

Tras unos años hojeando la vida, empezó a releerla con la parsimonia reservada a los enfermos crónicos.

 

 

 

Esa extrema honestidad en que la egomanía se vuelve cósmica.

 

 

 

Estudiaba las diminutas variantes de su yo con la misma fruición, con idéntico estupor con que describiría una nueva especie de insecto.

 

 

 

Replegar los haces y anudarlos en visiones de apogeo.

 

 

 

Varado en el puerto, el velero alcanzó su máxima velocidad.

 

 

 

Tensar las cuerdas de una guitarra hasta que empiece a tañerse a sí misma -alborozo y quejío.

 

 

 

Al cruzar cierto umbral de la percepción, echaba a andar el convoy de las palabras en una mutua percepción sin venci­dos.

 

 

 

La escritura no es un pleonasmo.

 

 

 

Necesitaba controlar cuanto le rodeaba para poder entregarse al caos de su autorreflexión.

 

 

 

Su espíritu era el fiel que acusaba el menor desequilibrio entre el mundo y las palabras.

 

 

 

Desconocía la contemplación muda: quien perdía la voz, en todo caso, era él.

 

 

 

El análisis de la sensabilidad es una materia objetiva con la que el sujeto debe aspirar a fundirse, en un todo indiscerni­ble de emanación y trascendencia.

 

 

 

Cuanto es tal, y no una mera cháchara narcisista, no existe indagación más impersonal que la autorreflexión.

 

 

 

Gravitaba en torno a un eje que brillaba en su ausencia, pues era el eje el que gravitaba y no él quien brillaba.

 

 

 

Sometía al prójimo al método experimental hasta que, supera­dos los embistes de la duda, se erigieran en irrefutables...

 

 

 

20 de mayo

 

La ironía, cuando deja de ser un arma defensiva para pasar al ataque, sólo puede ser amordazada por un talante extremada­mente bondadoso, por no decir inhumano.

 

 

 

21 de mayo

 

Un día se incorporó de entre sus escombros y descubrió que todavía le quedaban por vivir más años de los que ya había vivido. ¡Incomprensible!

 

 

 

Plétora del agua fresca, la brisa suave, la luz abundosa y la ensalada con aceite de oliva; lástima que se olvidó de echar­le garbanzos a la sopa...

 

 

 

La infinitud de una pecera.

 

 

 

Desnudo de afanes, abocado a la delectación de proyectos por los que nunca movería una ceja, consagrado por completo a las hortalizas frescas y el recuerdo magnificado...

 

 

 

22 de mayo

 

"No estoy en mí más que cuando estoy solo; fuera de ahí soy un juguete de cuantos me rodeas" (Las ensoñaciones del pase­ante solitario).

 

 

 

"No hay día en que no recuerde con alegría y enternecimiento aquel único y breve tiempo de vida en que fui plenamente yo, sin mezcla y sin obstáculo" (ídem).

 

 

 

Se esforzaba en rescatar una idea fugitiva que no llegaba a concretarse, no por su mayor o menor valor intrínseco, sino porque creía que en la custodia negligente de la atención se encontraba el origen de su declive.

 

 

 

El roce depauperador.

 

 

 

La necesidad absoluta del ensimismamiento reside en que sólo en el punto extremo de la soledad se abre la vaina de la conciencia -no a la verdad del sujeto, que no es más que un catalizador, sino a la del mundo que brilla más allá de lo humano: el escenario vacío.

 

 

 

Las cosas no deben ser un -siempre demasiado pálido- reflejo de su pensamiento, sino sus espuelas: una oportunidad para la disolución.

 

 

 

Cerrando puertas, amordazando timbres, buceando en lo blanco.

 

 

 

¿Quién podría escribir en una página de periódico?

 

 

 

Rearme moral, reconquista de la soberanía adusta, fortaleza intacta a despecho de tantas concesiones vanas...

 

 

 

¡Vade retro, humanidad!

 

 

 

El paso de la sociabilidad huera al dulce enfrascamiento (o, en términos más drásticos, de la heterofilia al egocontento) es de igual o mayor importancia que el giro copernicano, con la salvedad de que éste se descubre y aquél se inventa.

 

 

 

Leer un clásico es como saldar una deuda con un viejo amigo; leer una novedad, como pagarle un peaje al carcelero para que te deje seguir en el trullo.

 

 

 

La cucaracha puede sobrevivir hasta tres meses únicamente a base de agua -¡admirable autonomía!

 

 

 

23 de mayo

 

Ramón había fundado una orden monástica secreta, sin regla explícita pero con todo lo demás: rituales gozosa­mente obser­vados, una frugalidad sin ira, un trabajo espiri­tual constan­te, meditación y desprecio del mundo. En todo caso, su única particularidad era que no preparaba la vida ulterior, sino que se conformaba con santificar el presente.

 

 

 

Un hilo azulado, una red subterránea de galerías y catacumbas mantiene a un tiempo separados y en contacto a los solitarios de todas las épocas: basta con levantar una trampilla disimu­lada bajo la alfombra para acceder a ella e iniciar el viaje.

 

 

 

Hay que ser implacable con uno mismo, hasta el extremo inclu­so de la injusticia.

 

 

 

La pestilencia que exuda la ruindad ajena.

 

 

 

24 de mayo

 

Un gesto gratuito, una deferencia inesperada o una efusión que excede el marco en el que irrumpe le suscitaban un mayor estrago, un compromiso más implacable para con el extraño don que si se acordara con la exacta proporción de la expec­tativa. Así, no se creía incapaz de cambiar de vida por una caricia robada, un beso injusto o la confidencia corsaria de una perfecta desconocida. (La suma atracción de lo inmo­tivado).

 

En el otro extremo, quienes habían resistido los envites de la fortuna y la ordalía de los años gozaban de la impunidad, del poder que se impone sin violencia -la boca y el ano como vórtices de la influencia.

 

 

 

El modo extraño, fatal, en que la incisión personal se abre paso entre la barahúnda anodina y se planta en el centro de la importancia -y la atrae, hacia afuera y hacia arriba.

 

 

 

"Con más altas aspiraciones, tomar el sendero apenas sin hollar" (F. Petrarca, Secretum).

 

 

 

"¿Qué mayor opulencia que no tener ninguna necesidad? ¿Qué mayor poder que no estar sometido a nadie?".

 

 

 

"Lo arduo, angustioso, plenamente desdichado de las posicio­nes preeminentes [...] ¿Acaso no vivía también César para los demás?".

 

 

 

"Toda fuerza disminuye en la dispersión en igual medida que aumenta al concentrarse".

 

 

 

"Cálmese el oleaje en mi alma, calle el mundo, no alborote la fortuna".

 

 

 

No escribía sobre lo que le había ocurrido o quería que le ocurriera, sino sobre lo que iba a ocurrirle.

 

 

 

Aún mantenía una actitud demasiado personal respecto al destino, el cual debía perder cualquier afán mundano para alcanzar su condición de "infalible y exacta tasadora".

 

 

 

Suspendido el gran examen postrero, la vida de los hombres se convirtió en una interminable sucesión de pruebas parcia­les.

 

 

 

Veneraba sus accidentes cotidianos en cuanto sometidos a la perspectiva de su sentido general -es decir, a la muerte.

 

Su temperamento transversal le abría todas las puertas y le cerraba todas las credulidades, pues todo el mundo asumía que estaba de paso.

 

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