Koniec
"Es fácil vivir. Arduo sobrevivir a lo vivido".
"Le
moi est ce qui entend et comprend la parole intérieure, le seul espectateur
des visions".
1 de marzo
Cuanto menor es la pregnancia del destino -visible su mano tónica,
terso el movimiento con él acompasado-, mayores y más gratuitos son los
dislates que comete para vengarse (incitarle, congraciarse, suplicar
clemencia).
Esta inanidad prolija en la que todo a venido a parar.
Poco a poco se había ido espesando la malla -hasta que acabó por
no ver nada más allá de sus narices.
Seguir, a partir de ahora sólo significaría remachar tozudamente
el mismo clavo sin poder hundirlo más, ni mucho menos aún sacarlo.
Yo-yo (o el difícil arte de girar sobre el propio eje sin moverse
del sitio).
Su predestinación para el triunfo en todos los órdenes de la vida
acabó convirtiéndole en un fatalista.
Más que refutar el hábito -demasiado tarde, demasiado ahormado el
tiempo y cortos los días que quedan hasta el final-, simplemente obligarle a
que vuelva a imponerse, incitarle a que se muestre en el apogeo de su
violencia.
Creía ganarle la partida al tiempo mediante la interpelación,
cuando lo único cierto es que se estaba extraviado en su propia pereza.
Ni un momento exquisito, ni una concesión a lo sublime, acorchada
la percepción para lo que no sea decrepitud y caída.
Una indiferencia sin aura, una invulnerabilidad sin paraíso, una
vida que se sobrevive a sí misma por pura inercia.
Las cuentas de su rosario profano, la salmodia inveterada de su postración.
Continuar era una debilidad, o tal vez un gesto de ironía ante
cualquier emoción, incluida la de su propia extinción.
Cantilenas póstumas.
Tras unos años de apasionado flirt, su relación con el
mundo -la realidad, o como quiera que llamemos a eso que nos planta cara día
tras día- se parecía más a una convivencia conyugal, a un concubinato sin
alharacas ni perspectiva de ruptura.
Cuanto mayor ahínco empleaba en martirizar su ánimo, más y más
obcecado se volvía su silencio.
Harto de estar harto.
Viudo de sí mismo, ostentaba su celibato sobrevenido con un
orgullo tan terco como imperceptible.
El aprendizaje de la autoexclusión.
Se adelantó a su disolución, consumándola por propia mano.
De tanto viajar, y ante la pertinaz homogeneidad de todas las
formas vida, más que conocer nuevas ciudades le parecía estar descubriendo
barrios ocultos de una metrópolis tentacular.
A partir de cierto punto o línea de sombra, quien se atreva a mirar
hacia delante corre el riesgo de convertirse en una estatua de sal.
La única existencia digna de tal nombre consistía, en opinión de
Ramón, en un proceso incesante de semiosis, traduciendo a cada momento el hecho
en signo, el azar en aviso.
Conservar la pureza de la excepción, resistirse a elevarla a rango
de norma.
Prohibido dejar enfriar la cera líquida.
El desconcierto amortiguado por mil finales felices -el mero hecho
de sobrevivir reduce el misterio de la vida.
La única baza de la infamia es que permanezca no expiada.
2 de marzo
Viajamos para desfamiliarizarnos, para rememorar el momento de la
expulsión, para crear las condiciones del retorno del caos. (De ahí la irrisión
del turismo, ausente de sí mismo).
Caminando por los barrios viejos, siempre le asaltaba la misma
pregunta: ¿qué había de decorado o edificación indultada por puro imperativo
turístico, y qué de reminiscencia soberana en todo aquello? La modernidad
arquitectónica no sólo se ha apropiado del sentido de lo verdadero, sino que ha
borrado el criterio para distinguirlo de lo falso.
Envuelto en la impunidad de la distancia, sentía de nuevo cómo
borbotoneaban los límites de su deseo.
Mientras que el turista viaja en busca de lo extraordinario, Ramón
lo hacía para recuperar el contacto gozoso de lo común expiado de rutina.
La intensidad es inversamente proporcional a la frecuencia, dijo
Perogrullo.
¿Por qué se ha extendido la expresión "beber para
colocarse", cuando el anhelo común a nuestra sociedad es perder el sitio,
la orientación, el sentido?
Tenía vocación de ave de paso, o más bien migratoria (pues no
lograba desprenderse de cierta percepción de la diferencia).
El amor ganado a golpe de renuncia y reconcentración, y no en la
convergencia, saciado de tanto nutrirlo, es la única experiencia ucrónica y
extraterritorial que nos queda, la textura misma de lo absoluto en grado cero.
3 de marzo
Por lo que iba deduciendo, se trataba de rastrear los vestigios
esparcidos por el mapa de una ciudad ideal que un cataclismo original
fracturó en mil pedazos.
Una mirada transversal, que perforaba eligiendo.
Como una lenta traslación de las referencias -no un vuelco, sino
casi una derivación.
Una imagen que, de tanto reflejarse en espejos, copas, escaparates,
acabara creyendo en su propia metamorfosis.
Odiaba el turismo de invernadero, sumido en un microclima de
expectativas tiránicas: prefería el viajero-maceta, enraizado aun cuando
portátil, la uña clavada y el flequillo al viento.
Atmósfera cero, sala blanca donde escrutar las mínimas vibraciones
de un alma otrora aturullada.
Contemplaba las evoluciones del conejillo empapado a la rueca del
texto reduplicador.
No toleraba la menor imposición monumental, de suyo desgajada y
por eso mismo segregadora: sólo el forastero mira por dónde anda.
Las bibliotecas son excepciones diplomáticas, territorios francos,
templos laicos, sedes íntimas de una cofradía transterritorial, un refugio en
plena canícula, una trinchera en tiempo de paz.
Aquí nadie se despide, sino que se emplazan "hasta
luego", como si el obviar la posibilidad del reencuentro despertase una
inmediata suspicacia sobre nuestras intenciones.
Lo peor del orden es que ya no se puede seguir ordenando (y lo
mismo puede decirse de la limpieza, la creación y de cualquier otra actividad
presuntamente positiva y esencialmente abocada a la parálisis).
Sólo en otra ciudad se sentía en casa, en ningún sitio.
Los habitantes de una ciudad únicamente se interesan por la obra
que en ella se desenvuelve; los turistas, por el escenario, en el que
literalmente no pintan nada. Sólo él, extraña aleación de vagabundo y
diletante, creía poder arrogarse el privilegio de la crítica gratuita, por
completo desvinculada.
Malditas empleadas municipales, empeñadas en que no te olvides de
nada, administrando con escrúpulo avaro la imagen que te llevas de su
ciudad -en el fondo, ángeles custodios de un cuerpo embalsamado.
Sólo aspiraba a esto, a conservar esto: paseo, cierta actividad
mental y el estallido de los sentidos solazados por la ventura de lo concreto.
Pocas imágenes sintetizaban con mayor acierto la estructura de su
alma que la del claustro, replegado sobre sí mismo para abrirse a lo
indeterminado.
"Ganarse la vida": ¡qué hermosa expresión para una lucha
que únicamente consiste en no ser derrotado, y en la que siempre se acaba
perdiendo!
Aunque había logrado sobreponerse a toda suerte des augurios funestos,
cobijaba en silencio un complejo de sufriente inmotivado, de soplagaitas sin
espolones.
Sería libre el día que le enchironasen por primera vez.
El punto de inflexión consiste en dejar de felicitarse por todo lo
que se ha logrado para empezar a recriminarse todo lo que se ha perdido.
4 de marzo
La idea no es otra que hacer estallar la espera, agredir la ocasión,
pues todo momento propicio por definición somete la pujanza del capricho al
cálculo de los beneficios.
La misma naturalidad con la que aceptamos los límites artificiales
en una ciudad conocida (por barrios, por distritos y aun por manzanas) nos
resultan fútiles y grotescos en una desconocida, como si ésta acertase a
devolvernos la imagen convencional de nuestros propios orígenes y quisiéramos
ahuyentarla con una risotada.
Es cierto que nadamos en las circunstancias como un pez en el
agua: constituyen nuestro elemento, nuestra esencia vital -en rigor, no hay
otra cosa en la vida, no es otra cosa la vida que circunstancias,
colisión de sucesos fortuitos y promiscua coexistencia de factores
incontrolables. Pero, ¿qué hacer si éstas se interponen en nuestro camino?
¿Acaso adorarlas como fetiches y abstenernos de agarrar el timón y pegar un
volantazo? ¿O afrontar el mito del destino (pobre remedo de cierto sentido
de la vida que sólo se hace visible a posteriori), y obligarlo a doblar el
testuz ante nuestros deseos?
7 de marzo
El escritor vuelve escandalizado de tierras africanas, como si le
ofendiera en lo más íntimo que haya vida más allá de la nuestra. Y es que la
mitología industrialista, deslumbrada por su propio destella, propaga ceguera
más allá de su campo de visión.
¿Cómo puede ser "infrahumano" luchas por sobrevivir -ir
a buscar agua, recoger leña, ordeñar la vaca, despiojarse, charlar en torno al
fuego, enfermar y curarse (o no, como nosotros)- y conseguirlo (o no, como
nosotros)?
Nadie se dio cuenta nunca, pero llevaba años viviendo de las
rentas que le legó su juventud desmesurada.
Una tarde demorada y luminosa es como una vida longeva y sin
enfermedades de relumbrón -primavera sin conciencia.
8 de marzo
"Quan no es tenen diners, la línia recta és una pura il.lusió
de l'esperit" (Josep Pla).
Le repugnaba la alarma con la que, periódicamente, se informaba a
la sociedad urbana de la despoblación del campo, como si así retrocedieran las marcas
que nos preservan del león...
Habría que percibir la "desamortización" rural -así
como, en otro orden de cosas, el "descenso" de la natalidad-, más que
como una pérdida de algo que en realidad superaba sus propios límites, como un
curso que retorna a su cauce natural: o sea, como una
"descolonización".
10 de marzo
Cuando la desidia, el tedio, la hartura de todo se manifiestan en
sus claros contornos, aún es posible dejarse apresar por su abrazo voluptuoso
-la tristeza insidiosa, en cambio, retumba si el asco se asquea de sí mismo,
negándose a dejar sentir su soberanía, apenas chorreando por los resquicios...
Su irracionalidad no era fruto de un estigma congénito o de una disposición
caracteriológica, sino de aplicar escrupulosamente y hasta las últimas
consecuencias una inercia racional cuyas raíces se perdían tras las brumas de
un capricho originario, de una torcedura que se abría en espiral.
11 de marzo
El "derecho a la vida" que se arroga la sociedad moderna
le aboca a padecer la existencia como un fardo: como quiera que se ha prohibido
a sí misma la gratitud del superviviente (quien, por su parte, la percibe como
una gracia, como un "don"), se condena a sí misma a mascar a solas el
sabor inaudito de un triunfo meramente legal.
12 de marzo
Siempre había creído que la "serenidad de ánimo" en la
que se regocijaban los estoicos consistía en dejar que la estupidez humana se
acercase a uno para poder alejarla de un manotazo certero -y no esta lejanía
insensible que añora su prehistoria pendenciera.
Si el valor de un hombre se mide por el tamaño de sus obsesiones,
la total carencia de ellas de la que adolecía Ramón se convirtió en una
obsesión doblemente lacerante.
Su estado natural era la toma de decisiones, de forma que, una vez
tomadas, se enfrascaba en un tormentoso purgatorio sin mayor expectativa que
dar cancha al destino para verse obligado a tomar otras nuevas -y así, hasta el
infinito...
Los momentos de INPUT (acopio de experiencias) y OUTPUT
(escritura) eran meros cabos de la soga del merodeo y la inapetencia mineral.
En su caso, y a diferencia al parecer de todo su prójimo, el
escenario de su autoestima era esencialmente cuantitativo, de modo que un par
de horas de tedio mediático se bastaban para humillar semanas enteras de
divagación sublime.
El alma contemporánea -como puede comprobarse en cualquier
circunstancia cotidiana- es la consecuencia (y no la causa) del "efecto
dial", o sea, de la coexistencia simultánea y no jerárquica de lo alto y
lo bajo, lo infame y lo sublime, Beethoven anunciando flanes y una prostituta
que custodia las puertas del cielo.
La extrema dificultad de escribir sobre nada.
Sentía una admiración envidiosa por quienes, una vez asomados al
absurdo de la vida, corrían a abrazar una religión cualquiera, mientras él
seguía suspendido en el vacío aferrado al clavo irónico de la espera -demasiado
intensa para perderle el respeto, demasiado poco para arrepentirse de no
hacerlo...
Orgulloso testimonio de impotencia.
La novela futura (si no es que es esto mismo ya, que pugna por
resistir los embistes de cualquier unidad) será el espejo de miradas que no
aciertan a componer una visión, intentonas que no cuajan en esfuerzo, frases
que escaparon de los libros sin llegar a convertirse en versos, refranes ni
eslóganes publicitarios.
El único índice de la veracidad de su asco era que con él, Ramón
no podía fraguarse una concepción del mundo cualquiera, una coartada moral o
una simple capa para el frío.
Para no malograrse, una confesión debe resultar irrespirable.
La recurrencia extenuante de los resortes.
Hay personas que viven sin sospechar siquiera todo lo que se están
perdiendo; otras mueren en la consciencia de haber conseguido más de lo que
se propusieron y merecían; únicamente una minoría selecta se ve obligada a
asumir que nunca llegarían a nada sin la ayuda de un ejercicio continuo de
olvido.
¿Qué ocurrió, qué se interpuso?
Tener que sobrevivir a la Edad de Oro es mucho peor que no haberla
conocido, peor que no recordarla, peor que haberla soñado y despertar después
escaleras abajo.
Somnoliento -ya no dormido, todavía no despierto: a tientas.
13 de marzo
Tras pasar varios días abriéndose paso a machetazos por la selva,
arribó hasta un claro incomprensible, completamente pelado, una plaza yerma en
la que ya no había que bregar -relataba el antiguo explorador a quien quisiera
escucharle.
Devoto de la sospecha de que nadie sabía lo que se hacía, o si
sabía es que no hacía porque no quería.
"Sense ambicions, evaporat" (El quadern gris).
Cuando el hastío alcanza cierta cota -no más alta, sino más densa-
se vuelve súbitamente dulce y proporciona unos goces insospechados; pero si se
mantiene en una inconcreción vagorosa, en una insidia de madame
insaciable, entonces sólo te queda esperar que se haga la dueña, o que se
aburra y pegue la vuelta.
14 de marzo
La imposibilidad de ahormarse a nada, 100% excedentario.
Un recuerdo aflora de repente y convalida una intuición estomacal:
que el destino se reduce a acentuar hasta la asfixia un movimiento en pendiente
que se acelera con los años, una inercia en espiral que obedece a una orden
pronunciada en el origen y olvidada desde entonces.
Estado civil: inapetente.
Su pánico a engañarse a sí mismo con toda suerte de coartadas le
impuso un severísimo hábito autoescrutador, cuya crueldad le hacía dudar sobre
quién era la víctima y quién el verdugo.
Su infancia transcurrió en un monótono deambular de colegio en
colegio, mientras que siempre veraneaba en la misma playa: quizás de ahí
procediera la enojosa sensación de que su alma se dirimía en la vacación.
Al paso que iba, bastaría con dejar que la situación llegara a un
punto de impaciencia tal que todo resultara de nuevo posible.
15 de marzo
I'm a real nowhere man.
El extravío subsiguiente a haber abandonado el camino es mucho más
cruento, sañudo, justiciero incluso que si no lo hubieras emprendido nunca.
El sonido de lo inaudito.
Su estado ideal era embarcado -aunque se pasara la vida en los
puertos, viendo zarpar a los amigos, bebiendo en las tabernas y refunfuñando
por el reuma y la maldita artritis.
Hay inventos que te permiten ganar tiempo (lavadora, lavavajillas)
y otros perder el que te sobra (televisión, tocadiscos); los auténticamente
revolucionarios son aquellos que tienen la rara habilidad de lograr ambas cosas
a la vez (ordenador, teléfono o automóvil).
18 de marzo
En materia sensual, la inversión que infligen los años es drástica,
hasta el punto de pasar de la pasión por restar sentidos a lo abstracto
(religiones, conceptos, ideologías) a la de sumar abstracciones a lo concreto
(crujidos, tics, alboradas).
Lo que acabó fue no más que la plétora.
La lenta desmineralización del espíritu, capa a capa.
En el siglo XIX, lo popular era aquello que hacía el pueblo; cien
años después, aquello que se hace para el pueblo y éste bendice con su
aprobación.
Han pasado años desde que decidió confeccionarse una extinción a
medida y faltó a la cita.
Ristras de compunciones de motivo.
La densidad de la pérdida se deja sentir, no en tal o cual carencia, sino en la imposibilidad de
acomodarse en su seno, pues la pérdida lo es de todo seno.
Curiosa sinonimia moral de seno y sostén,turgencia y acogida,
cóncavo y convexo.
Como una mediocre masticación.
Hubo un tiempo (parece mentira) en el que cada vivencia, deseo o
recuerdo, refulgía con propia luz inmoderada, en espacios abiertos de blanca
aceptación, al calor de nada.
La inclemente satisfacción de todas las necesidades suscitó una
revuelta inmotivada, por el puro deber de protestar.
La pregnancia de la lucha, el orgullo de resistir, los mil motivos
para lamentarse por no tener ya por qué insistir...
19 de marzo
Siempre prefirió el crepitar del hallazgo al tic-tac del
patrimonio.
La historiografía le causaba una emoción papirofléxica, como de
plano que se eriza.
No le tumbó el gran púgil que ataca de frente, sino la insidia
diminuta que devora en los tobillos.
A nadie mejor que a Ramón cabría aplicarle al morir aquella frase
leída en libro ajeno: "ens deixà buit de futur, l'angoixa de pensar que el
cop decisiu, el millor, s'havia malaguanyat i havia fallat per sempre" (Vida
de Manolo).
Al igual que compuso su biblioteca personal a golpe de saldo,
oferta y ocasión, acabó viviendo de oportunidades, carambolas y azares
encadenados.
22 de marzo
El aburrimiento es el sueño de los justos.
Hasta que advirtió que no había retrocedido sino para coger más
impulso.
25 de marzo
Inaccesible la vida de marino de altura, acabó por conformarse
con su destino de surfista playero -siempre a remolque del avatar.
26 de marzo
Sólo escribo que no escribo nada.
1 de abril
Entrar es siempre fruto de la coyuntura; sólo somos libres para
marcharnos, sólo en la salida decidimos.
5 de abril
Cuando acabó la tarea de nombrar las cosas, se dispuso a pasar el
resto de la vida motejando a las personas.
11 de abril
Como un cetáceo varado en la costa.
12 de abril
"La infame sacietat, la fossa de la joia" (Camins de
França).
13 de abril
El imperativo autarquista.
15 de abril
"El jinete que monta este caballo tiene que caer"
(Witold Gombrowicz).
18 de abril
Por mérito de inconstancia.
Cuando el tiempo de coagulaba en percepciones in extremis.
Sólo cuando buceaba en su interior vivificado podía alzar la vista
y descubrir ciudades.
25 de abril
Recoger los pedazos y tejer con ellos una colcha.
Un vientecillo inane que encapsula para ver mejor.
El único estoico que quiso hacer de su impasibilidad una pasión -y
perdió la una por no lograr la otra.
Con qué conjuro restablecer los con-tactos.
Cuando las búsquedas todas.
Anfibio-lógico, con branquias de más.
Todo aguardando detrás, por si volviera.
El puro punto.
(La poesía): lo único sin su propiedad.
Credulidad absoluta, aceptación sin esperas, inocente debacle -y
afuera con todo lo demás.
¿Recuerdas?
La devastación y su testimonio (mucho después).
Para novelar es preciso supurar; la poesía, en cambio, se retiene
en ademanes cortos, hay que porfiarla. Un poeta verboso (Whitman, Ginsberg) es
como un abceso del lenguaje, un niño con dos cabezas destinado a perecer por la
propia regulación natural de la especie.
Discreción, moderato cantabile, allegro semplice, tempo di
ringraziamento.
26 de abril
No se había vuelto escéptico -en cuyo caso aún conservaría la
fuerza de una convicción-, sino incrédulo, es decir, impermeable a todo.
La vida, de una epopeya al xarivari donde el infeliz era él.
El único retorno verdadero.
28 de abril
El deseo de vacío no lo es de ausencia de ser, sino ser más
densamente.
La bandada / en vuelo bajo / enloqueció / a quien la miraba.
Déjà vu, déjà vécu.
29 de abril
Hasta que comprendió que uno puede estar de vuelta sin haber ido
jamás a parte alguna.
(Se) escribía de memoria.
La paciente recolección de los pecios, transmutados al fin en
escarcha.
Perderse en y con el pensamiento.
La satisfacción es el resto (¡y no el cociente1) de dividir el
total de nuestras aspiraciones por el monto de nuestros logros -con el agravante
(insidioso) de que, mientras realizamos las operaciones, las primeras ya se
han duplicado por su cuenta.
La única epifanía posible -y no el mero tomar nota- era que ya era
imposible toda epifanía.
2 de mayo
La juventud busca pruebas de sus fuerzas ante la resistencia de la
vida; la decrepitud, de su resistencia ante las fuerzas de la muerte.
Cuando el cúmulo erosiona el brillo del paisaje, bruñe la
esperanza de la amada, resurgida aún más pura de entre el agua.
3 de mayo
"Amagat dins l'embolcall subtil" (Camins de França).
10 de mayo
Provocación y novedad son formas de la dependencia; la isla flota
impávida a la deriva, de la que ningún brazo tiende.
Cosechar la energía dispersa por los campos de las cosas, fruto
que ya no fue sembrado antes, vestigio del derroche extremo.
Era el poema -era el polo magnético que succiona las virutas
metálicas, el área de influencia, el campo gravitatorio en el que caen palabras
precipitadas por su propio peso, el círculo semántico, el claustro húmedo donde
el calor hace equilibrios sobre el brocal exento.
En su caso, la convalecencia era la única enfermedad.
Igual que un atleta sumamente veloz en línea recta que, al tener
que tomar la curva, su hubiera salido de la pista.
La importancia del recelo.
No era ingratitud, sino sobrepuja.
Cuando las necesidades están colmadas, empieza la perversión.
Todo se reducía a dilucidar si Ramón había marrado el penalti o la
vida se lo había parado.
Los libros son puertas de un interior acuciante y no ventanas a un
exterior balsámico -espadas y no espejos.
Hay quien preserva celosamente su armónica inserción en el medio
para librarse después a justas imaginarias; Ramón, por el contrario, se enzarzaba
en antagonismos reales para recuperar la paz interior.
Graznidos, aullidos, maullidos, chasquidos, aleteos, ladridos,
apenas un motor raudo: domingo animal en la espera del engaño.
Exiliarse es fácil -arduo exiliarse del exilio, quilla en ristre.
12 de mayo
De tanto adorarla, de tan suaves y gentiles que se volvieron sus
gestos hacia ella, acabó prodigándole un amor dieciochesco -y no por la peluca
y los afeites, sino por la reverencia y la discreción extremas.
13 de mayo
Volver -trastablillándose, tras un período forzoso de descompresión-
al estado de valva: arracimar las pocas fuerzas y componer con ellas un ramo
para ofrecérselo a la atención superviviente.
Todas sus alegrías llegaron de improviso, cuando ya no las
esperaba, livianas sin el peso del deseo.
14 de mayo
"Escribir consiste en holgazanear en un café [o también, es
de suponer, frente al televisor], angustiarse por haber perdido las
facultades, y asombrarse de recobrarlas cualquier mañana" (de los
periódicos).
Una exultación salvaje, motivada, aunque no tanto como para
explicar aquella rabiosa plétora juvenil a deshoras.
Sin prestarle atención, discurre cristalina y sin estruendo; pero,
si uno se concetra en ella, si la acompaña en su crecer y desenroscarse,
entonces revienta en el pecho y sale despedida en derredor.
16 de mayo
Los débiles, sueñan; los fuertes, proyectan. Ramón, por el contrario, como un extraño híbrido de fortaleza
precaria, soñaba que proyectaba.
17 de mayo
No hay que tolerar que la memoria justiciera se abra paso: en todo
caso, hacerse cómplices de un recuerdo, no olvidar de ningún modo que se
produjo en un estado de exención completa.
La única autoindulgencia que se permitía Ramón era retrospectiva.
¿Era aquella calma recogida una tregua, un impulso para saltar más
lejos, o una reconciliación irreversible con el pálpito de la soledad?
La inanidad de sus contemporáneos era tal que, en cierto momento,
dejó de esperar nada de ellos y volvió su exigencia contra sí mismo.
Tras unos años hojeando la vida, empezó a releerla con la
parsimonia reservada a los enfermos crónicos.
Esa extrema honestidad en que la egomanía se vuelve cósmica.
Estudiaba las diminutas variantes de su yo con la misma fruición,
con idéntico estupor con que describiría una nueva especie de insecto.
Replegar los haces y anudarlos en visiones de apogeo.
Varado en el puerto, el velero alcanzó su máxima velocidad.
Tensar las cuerdas de una guitarra hasta que empiece a tañerse a
sí misma -alborozo y quejío.
Al cruzar cierto umbral de la percepción, echaba a andar el convoy
de las palabras en una mutua percepción sin vencidos.
La escritura no es un pleonasmo.
Necesitaba controlar cuanto le rodeaba para poder entregarse al
caos de su autorreflexión.
Su espíritu era el fiel que acusaba el menor desequilibrio entre el
mundo y las palabras.
Desconocía la contemplación muda: quien perdía la voz, en todo
caso, era él.
El análisis de la sensabilidad es una materia objetiva con la que
el sujeto debe aspirar a fundirse, en un todo indiscernible de emanación y trascendencia.
Cuanto es tal, y no una mera cháchara narcisista, no existe
indagación más impersonal que la autorreflexión.
Gravitaba en torno a un eje que brillaba en su ausencia, pues era
el eje el que gravitaba y no él quien brillaba.
Sometía al prójimo al método experimental hasta que, superados
los embistes de la duda, se erigieran en irrefutables...
20 de mayo
La ironía, cuando deja de ser un arma defensiva para pasar al
ataque, sólo puede ser amordazada por un talante extremadamente bondadoso, por
no decir inhumano.
21 de mayo
Un día se incorporó de entre sus escombros y descubrió que todavía
le quedaban por vivir más años de los que ya había vivido. ¡Incomprensible!
Plétora del agua fresca, la brisa suave, la luz abundosa y la
ensalada con aceite de oliva; lástima que se olvidó de echarle garbanzos a la
sopa...
La infinitud de una pecera.
Desnudo de afanes, abocado a la delectación de proyectos por los
que nunca movería una ceja, consagrado por completo a las hortalizas frescas y
el recuerdo magnificado...
22 de mayo
"No estoy en mí más que cuando estoy solo; fuera de ahí soy
un juguete de cuantos me rodeas" (Las ensoñaciones del paseante
solitario).
"No hay día en que no recuerde con alegría y enternecimiento
aquel único y breve tiempo de vida en que fui plenamente yo, sin mezcla y sin
obstáculo" (ídem).
Se esforzaba en rescatar una idea fugitiva que no llegaba a concretarse,
no por su mayor o menor valor intrínseco, sino porque creía que en la custodia
negligente de la atención se encontraba el origen de su declive.
El roce depauperador.
La necesidad absoluta del ensimismamiento reside en que
sólo en el punto extremo de la soledad se abre la vaina de la conciencia -no a
la verdad del sujeto, que no es más que un catalizador, sino a la del mundo que
brilla más allá de lo humano: el escenario vacío.
Las cosas no deben ser un -siempre demasiado pálido- reflejo de su
pensamiento, sino sus espuelas: una oportunidad para la disolución.
Cerrando puertas, amordazando timbres, buceando en lo blanco.
¿Quién podría escribir en una página de periódico?
Rearme moral, reconquista de la soberanía adusta, fortaleza
intacta a despecho de tantas concesiones vanas...
¡Vade retro, humanidad!
El paso de la sociabilidad huera al dulce enfrascamiento (o, en
términos más drásticos, de la heterofilia al egocontento) es de igual o mayor importancia
que el giro copernicano, con la salvedad de que éste se descubre y aquél se
inventa.
Leer un clásico es como saldar una deuda con un viejo amigo; leer
una novedad, como pagarle un peaje al carcelero para que te deje seguir en el
trullo.
La cucaracha puede sobrevivir hasta tres meses únicamente a base
de agua -¡admirable autonomía!
23 de mayo
Ramón había fundado una orden monástica secreta, sin regla
explícita pero con todo lo demás: rituales gozosamente observados, una frugalidad
sin ira, un trabajo espiritual constante, meditación y desprecio del mundo.
En todo caso, su única particularidad era que no preparaba la vida ulterior,
sino que se conformaba con santificar el presente.
Un hilo azulado, una red subterránea de galerías y catacumbas
mantiene a un tiempo separados y en contacto a los solitarios de todas las
épocas: basta con levantar una trampilla disimulada bajo la alfombra para
acceder a ella e iniciar el viaje.
Hay que ser implacable con uno mismo, hasta el extremo incluso de
la injusticia.
La pestilencia que exuda la ruindad ajena.
24 de mayo
Un gesto gratuito, una deferencia inesperada o una efusión que
excede el marco en el que irrumpe le suscitaban un mayor estrago, un compromiso
más implacable para con el extraño don que si se acordara con la exacta
proporción de la expectativa. Así, no se creía incapaz de cambiar de vida por
una caricia robada, un beso injusto o la confidencia corsaria de una perfecta
desconocida. (La suma atracción de lo inmotivado).
En el otro extremo, quienes habían resistido los envites de la
fortuna y la ordalía de los años gozaban de la impunidad, del poder que se
impone sin violencia -la boca y el ano como vórtices de la influencia.
El modo extraño, fatal, en que la incisión personal se abre paso
entre la barahúnda anodina y se planta en el centro de la importancia -y la
atrae, hacia afuera y hacia arriba.
"Con más altas aspiraciones, tomar el sendero apenas sin
hollar" (F. Petrarca, Secretum).
"¿Qué mayor opulencia que no tener ninguna necesidad? ¿Qué
mayor poder que no estar sometido a nadie?".
"Lo arduo, angustioso, plenamente desdichado de las posiciones
preeminentes [...] ¿Acaso no vivía también César para los demás?".
"Toda fuerza disminuye en la dispersión en igual medida que
aumenta al concentrarse".
"Cálmese el oleaje en mi alma, calle el mundo, no alborote la
fortuna".
No escribía sobre lo que le había ocurrido o quería que le
ocurriera, sino sobre lo que iba a ocurrirle.
Aún mantenía una actitud demasiado personal respecto al
destino, el cual debía perder cualquier afán mundano para alcanzar su condición
de "infalible y exacta tasadora".
Suspendido el gran examen postrero, la vida de los hombres se
convirtió en una interminable sucesión de pruebas parciales.
Veneraba sus accidentes cotidianos en cuanto sometidos a la
perspectiva de su sentido general -es decir, a la muerte.
Su temperamento transversal le abría todas las puertas y le cerraba
todas las credulidades, pues todo el mundo asumía que estaba de paso.