(OTOÑO-INVIERNO
2002)
Reconocemos
la llamada
por el
batir de alas, por el frufrú
indómito
que a nada responde
sino
que inquiere, conmina y avasalla.
Sabemos
de la invitación en el rechazo
a todo
protocolo, al rompimiento
por
donde las aguas secretas bajan.
El
envío, tan sólo lo imaginamos:
como fábula anticipada
e
inminente persuasión.
Bocanadas
Cortas interrupciones de la respiración
Sacudidas levemente bruscas,
vivificantes
Insidias no calculadas, demoras
en la entrega: trepanación
del tiempo de la siega por el tiempo de la siembra
Retahíla:
hila en la rueca la madeja,
señora, de mi no entonada canción.
Cuando
se resiste la palabra
Cuando
elude el devaneo, aferrándose
Cuando
el verbo trastoca la insolencia
y el
gran salto muta en brasa fría
Cuando
estás demasiado
Cuando
sobras por doquier
Cuando
la cifra te atenaza
por
(inanes) los dimes y diretes
DECAE
Déjate
caer
Desciende:
en
vertical brilla la cima,
promesa
perpetua y accesible.
El calor de dentro de la copa
se vierte
en calor por dentro del bebedor:
la réplica desmiente
los fríos del exterior,
y a lo amplio
aboca.
Espiga
tras espiga:
se
tuestan los granos en el secadero.
La
muela descansa antes de empezar.
Útiles
no roídos. Un brillo ancestral.
Del
arroyo asciende un gorgojeo
hacia
la noria aún detenida.
Por la
era, tan sólo un par
de
sillas vacías. Tiemblan.
Sacos
abiertos: ellos presienten.
Un
murmullo lejano. Polvo
en los
caminos.
Crepitación.
Todos
en fila india…
Nací moribundo y poco a poco
voy rejuveneciendo:
cada año más cerca del principio,
me aligero con el tiempo.
Si todo sigue así ¾y va a seguir
como el fruto sucede a la floración
y la siega de agosto a la siembra de abril¾,
coincidirá mi último día aquí
con mi germinación en otro lado
(invisible aún,
pero brotando).
Una
insinuación
sibilina
en grado sumo
Un
atisbo
de la
próxima clarividencia
Un
acaso
Un
quizás:
inminencia
y la
rueda rueda de nuevo nueva.
Vista desde el cielo
¾Dios, pájaro o chimenea¾
brilla permanente
la intermitencia.
Ni
amanece, ni arranca a llover.
La luz,
dura y madura, se retiene
con su
alforja medio llena, medio vacía.
Su
indecisión es la mía: plenitud
justo
antes de derramarse.
La respuesta
está en los des-pliegues de la ropa doblada
en un cuadro aún sin enmarcar, pero acabado
en los vericuetos no visibles a distancia
¾hidra infinita que el vacío nos presta.
La respuesta, si existe, está en la holganza
de la terminación, en el marasmo…
La
mínima impedimenta necesaria
para
trocar el pan en peces
escurridizos,
el agua en vino nupcial,
los
días anodinos en florecientes.
Nunca se sabe.
Todo está pendiente de su asunción,
reclamándola
y no queriéndola
¾pues naciendo será un poco menos
promesa y ya demasiada
autolimitación.
Nadie
lo diría.
Quienquiera
va dudando
entre
afirmar y ser ceñido
o
seguir informulado
¾vapor que nada ansía
sino la
pura sublimación.
Paredes blancas, y también despellejándose para mostrar
su contenido completamente vacío
Duro terrazo helado, sobre el que la percepción patina
y no los zapatos: deslizamientos, de tan puros, siniestros
Muebles ausentes, parca decoración
(una silla ante una mesa ante un boquete
en la pared a guisa de ventana)
Carencia completa, ausencia, consentimiento:
un tímpano que todo lo amplifica, la cámara
donde el sentido se proyecta, duplica y cristaliza
Pasión
vertical: sucesión nula.
Sincronía
donde los instantes
amicales
se concilian.
Exultante
paradigma.
Desvinculacón
del
tiempo fraticida y su exabrupto.
Apacibilidad.
Concertación
de la esencia
y su
accidente. Chispa mortal:
brilla
esta vez,
y luego
muere.
Puerto de pescadores: la inmensidad
a los pies cuando atardece.
Quedan boyas que se soltaron
y ahora, alborozadas, flotan a la deriva.
Una guitarra a lo lejos enmudece
mientras los colores se mezclan así:
el rojo con el ocre, el rosa y el morado.
Niños contemplando. Ancianitas.
Una maraña de redes perforadas.
Todo lo va cubriendo el añil.
La noche lentamente. No la ven.
Puerto de pescadores: la intimidad
de lucecitas diciendo que sí, que sí…
Se
redibujan las siluetas
oscilantes
en la pared:
signos,
no sombras¾augurio
o
reminiscencia (nada no).
Subrogación
de la claridad
en
beneficio con sus perfiles.
Nítida
proyección
sobre
una pureza blanca: sal
que se
apropia aguamarinas,
misterios
palmarios, huecos.
Tangibilidad
huidiza.
Evidentemente la luz
se oculta ahora y aquí.
Sintonía fina, la del acorde
en tu pelo no enmarañado,
en tus pies encogiditos, en la visión
preclara de una mañana con lluvia,
humo y somnolencia.
Acompasamiento lento, el del caer
tus manos sobre mi cuerpo descuidado
hasta que tú lo viniste a adoptar.
Dulce melodismo, armonía
atávica cuando tendemos hacia allá,
hacia el punto no finito:
horizonte en
retroceso,
absorbencia
incalculada:
mutua incorporación.
Una mancha de sol en el muro blanco
Un chopo temblón¾Una ronquera
Una quietud apenas
tachonada de sucesos nimios:
la totalidad del
mundo solo
en sólo tres instantes.
Una
plaza fría
Carteles
arrancados
Inscripciones
ilegibles
Primeras
horas: no hay conversación
En los
bancos vacíos se sienta el vacío a meditar
Se
ilumina, se va iluminando
el
rincón emparedado entre el antes que fue
y un
después que aún no ha llegado
Ramas
sin apenas cobertura
Fruto
que ha de madurar
Hojarasca:
simiente
para
quien se le libre y la aguarde
Las
reminiscencias¾
pero nadie las entiende
El eco
remoto¾
no hay quien lo transmita
Detención
de las esperas: mañana
justo
por la mañana, quizá de nuevo.
La volubilidad: la voluta
voluptuosa de tu volaverun
o el ave volátil en mi ventana.
El librecambismo, la transformación
de todo en todo en nada de nada.
¡Los sarpullidos!
¡La risa a destiempo!
El honor perdido…
La pospuesta reparación…
Una avalancha
de manchas que no se irán.
Ábreme
ese topacio
Múestrame
su interior:
que yo
sepa, ojo en claro,
cuánto
vale y cuánto no
Toses ¾ sacudidas de un ser aislado del aire,
con cuya levedad desea entremezclarse.
Aspavientos ¾ manozatos buscan espacio,
huecos donde respirar (idealmente hablando).
Revolución ¾ instante donde lo invisible
conoce la fruición de lo que ni muere ni vive.
Máscara:
cara
vista
por el lado equivocado.
La costa, no la veré
hasta alcanzar las líneas del horizonte:
transversal, la que me entierre
y la que me eleve, longitudinal.
Seguir
golpeando la piedra
informe
sin el soplo ordenador
Persistir
en las fraguas
al pie
del cañón no cargado
Darle
vueltas a lo Mismo,
tantas
veces como anillos
se nos
caen vindicándolo
Insistirle,
resistirlo: dar motivos
a los
vientos propicios, a la corriente
que
arrastra y dispone en tropelía
el
desorden de otro modo inexistente.
Hacia el norte
margnético está apuntando
la flecha no disparada:
ella sabe
el destino que aún aguarda
a lo que ya nunca sucederá.
En el
último día del año
del
último año de la larga sarta
de años
de cadenas de melenas rojas
se
intuyen las consecuencias
de
seguir de querer de seguir queriendo
infatigablemente.
En la escena postrera
del
vodevil trágico, del magnífico sainete,
adivino
la influencia venidera
del
ínclito crack, de lo inminente
oculto
entre las zarzas de lo Igual.
Los climas insospechados. La maniobra sutil
El descenso lento, casi una transmutación
Proliferan los motivos cualesquiera de la ausencia
Raicillas se entretejen formando una tupida red
en la que todos los peces desearían sucumbir
Coronas de algas. Una gelatina ininteligible
Sugerencia. Sumisión. Susurros. Se elevan oscuros
Una penetración dulce. Incursiones, desde allá,
desde el lado inimitable, ilimitado, implacable
VESTIGIOS SE ESTRELLAN CONTRA EL SUELO
DE LA MAÑANA POR LA MAÑANA
Una espera. Un ardor: la consciencia
de abocarse y, aún así, no caer.
Cada
año que pasa: uno más y uno menos
lejos
de la casa del principio
y cerca
de la casa del final.