|
Trueno de
la Montaña. "Perro Prodigioso".
El primer perro de servicio puede haber sido Trueno de la Montaña, más
tarde apodado el "Perro Prodigioso", un pastor alemán que
pertenecía a Len y Betty Cohen de Nueva Jersey, EE.UU. Betty nació sin
brazos, Len nació con un solo brazo y a pesar de no haber recibido nunca
una educación especial, con la ayuda de un Educador Canino profesional
consiguió adiestrar a su perro. Len da todo el mérito a Trueno, ya que
parecía por instinto, saber todo lo que se le pedía.
Las
habilidades de Trueno parecían infinitas. Encendía y apagaba las
luces, iba al banco a ingresar dinero, traía el aspirador y sus
complementos, recogía la mesa, ponía los platos en el fregadero,
contestaba al teléfono, abría las puertas, podía subir la s escaleras
con un refresco sin derramar ni una gota. Trueno incluso jugaba al
parchís, pero tendía a tirar el dado cuando no le tocaba. Trueno
llegó a ser tan célebre que viajó junto a sus propietarios por todo
los Estados Unidos y Canadá para mostrar sus proezas. Visitó la Casa
Blanca y conoció al entonces presidente, Richard Nixon.
Trueno murió en 1981, pero no sin antes demostrar lo valioso y útil
que puede ser un perro con un adiestramiento especial. Len Cohen afirma:
"Tengo entendido que en la actualidad, hay unos 5.000 perros
especialmente adiestrados para ayudar a personas con discapacidades,
sirviendo a su dueño al igual que hizo Trueno con nosotros. Trueno
abrió el camino a estos perros. Él fue el primero".
Abdul.
Un
viaje por Asia sirvió para que, Bonnie Bergin y su marido Jim,
fundadores del Canine Companion for Independence en 1975, se percataran
de que allí, las personas con discapacidades físicas se sirvieran de
animales para infinidad de tareas cotidianas.
El primer cachorro de los Bergin fue Abdul, un perro cruzado entre
Labrador y Golden Retriever, que encontró un hogar con Kerry Knaus;
Knaus padecía una enfermedad muscular incurable. Esta enfermedad es tan
grave que no creían que viviera más allá de su infancia. Desafió al
destino y, aunque en una silla de ruedas eléctrica, a la edad de 16
años se marchó de casa dispuesta a vivir por su cuenta.
De nuevo, ella misma adiestró a Abdul, aunque siempre bajo la
supervisión de Educador Canino encargado de ella. Abdul fue el primero
de su clase en obediencia. Hoy en día el perro obedece a más de cien
órdenes.
Enciende y apaga luces, recoge cualquier cosa que necesite Knauss, abre
puertas, le ayuda con la compra. Abdul lleva a sus espaldas una mochila
que es, a la vez su monedero y cartera, y cuando necesita algo en
particular, él se coloca de tal manera que, a pesar de la limitada
movilidad de Knauss, puede cogerlo fácilmente.
Abdul también enciende la calefacción en la furgoneta especialmente
diseñada para Knaus. Incluso, va a buscar su almohada y la coloca
detrás de su espalda.
Hoy en día Knauss trabaja todo el día como coordinadora del Canine
Companion for independence, ya no tiene que depender de otro ser humano
para cumplir sus deseos y necesidades. Puede controlar su vida de una
manera que nunca pensó posible. La fuerza de su propia personalidad
emergió al aprender a controlar a su testarudo cachorro. Knauss en
principio era pasiva, no tenía pretensiones e incluso era tímida.
Dicho por ella misma: "He pasado de ser una persona pasiva a ser
una positiva, y hasta impetuosa entendida de perros"
Kathy.
Este
relato demuestra que un compañero canino puede abrir además de
"puertas físicas", "puertas sociales".
Jim Bergin, mencionado en el relato anterior, vivió la conmovedora historia
de Kathy, una joven cuadrapléjica con un grave trastorno
lingüístico. Alguien le había regalado un collie, y Bonnie Bergin,
aunque tenía serias dudas sobre la habilidad de Kathy para cuidar el
sedoso pelo del perro, decidió darle una oportunidad. Al oír lo bien
que iban las sesiones, Jim sentía curiosidad y decidió verlos por sí
mismo:
"Bonnie y Kathy charlaban mientras comenzaban a caminar hacia el
pueblo para continuar el adiestramiento. Yo caminé detrás de ellas y
escuché los sonidos incomprensibles de Kathy después de los cuales, el
perro se sentaba rápidamente junto a su silla de ruedas. Era obvio que
entendía mejor a Kathy que yo. El siguiente sonido fue uno que
cualquiera podía entender, ninguna barrera lingüística podría haber
escondido el puro timbre dorado de la risa de Kathy tras su triunfo.
Más tarde, mientras paseábamos por el pueblo, Bonnie se quedó atrás
para dejar que Kathy trabajara con el perro a solas. Unos niños se
acercaron a Kathy y le hicieron preguntas sobre su perro. En principio
pensé que sería un problema porque estaban interfiriendo en el
adiestramiento, pero no tarde en descubrir una interacción social, un
acontecimiento sin precio, que nunca hubiera ocurrido si Kathy no
hubiera estado con su perro. Los niños entendían, intuitivamente, que
si ella podía controlar a ese perro, que estaba bien, ni su apariencia
ni su manera de comunicarse tenían importancia. Kathy estaba
eufórica".
Afortunadamente,
las experiencias de Kathy no son aisladas. Un estudio sobre los efectos
sociales de los perros de servicio halló que las personas que estaban
en silla de ruedas informaban de un mayor número de encuentros sociales
cuando estaban acompañados por sus perros, que cuando estaban solos.
Además, salían por la tarde con más frecuencia desde que tenían al
perro. "Para personas con discapacidades físicas que anhelan un
mayor contacto social, el hecho de recetar un perro de servicio puede
ser, un medio de lograr este objetivo", afirman los investigadores |