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Inicios de la Terapia Asistida por Animales de Compañía


Sabemos que la primera vez que se utilizaron animales en terapia fue en Inglaterra en el Retreat de York, fundado en 1792 por la "Society of Friends". Desde su fundación, William Tuke, pionero en el tratamiento de enfermos mentales sin métodos coercitivos, intuyó que los animales podían propiciar valores humanos en los enfermos de tipo emocional, aprendiendo autocontrol mediante refuerzo positivo.

Posteriormente en 1867, los animales de compañía intervinieron en el tratamiento de epilépticos en Bethel, Bielfield, en Alemania. Hoy en día, es un sanatorio que atiende a 5.000 pacientes aquejados de trastornos físicos y mentales en el que los animales forman parte activa del tratamiento, y en el que ciudarlos es una parte importante del programa. Desafortunadamente, no se ha intentado cuantificar ni anotar sistemáticamente los efectos que los animales producen sobre los pacientes y el personal.

La primera utilización bien documentada de terapias asistidas por animales de comapñía tu
vo relación con la rehabilitación de aviadores del Army Air Force Convalescent Center en Pawling, en el estado de Nueva York, entre 1944 y 1945. Se utilizaron animales como una "distracción" de los intensos programas terapeúticos a los que eran sometidos los aviadores.

En 1966, Erling Stordahl, músico
invidente, fundó el centro Beitostolen, en Noruega, para la rehabilitación de personas invidentes y personas discapacitadas. Los perros y caballos intervinieron en el programa para animar a los pacientes a hacer ejercicio. Muchos de ellos aprendieron a esquiar, montar a caballo y a disfrutar de una vida mas normal que incluyera una cierta actividad deportiva.

Pero fue en 1953, cuando Jingles, el perro del psiquiatra Boris M. Levinson le sugirió su potencial como coterapeuta. Quizás gracias a Jingles y a su dueño el Dr Levinson, hoy en día, podemos disfrutar de la Terapia Asistida por Animales de Compañía.(T.A.A.C).
El "descubrimiento", en palabras del propio Levinson aconteció de la siguiente manera:

" Una mañana temprano, Jingles estaba echado a mis pies en mi despacho mientras yo escribía, cuando sonó el timbre de la puerta. A Jingles no le estaba permitido entrar en la consulta cuando yo atendía a mis pacientes, pero ese día no esperaba ninguno hasta varias horas después. Jingles me siguió hasta la puerta donde recibimos a una madre y a su hijo muy alterados, varias horas antes de su visita. El niño había pasado ya un largo proceso terapéutico sin éxito. Le habían prescrito la hospitalización. A mi, me visitaban para que emitiera mi diagnóstico y decidiera si admitía como paciente al chico, que mostraba síntomas de retraimiento creciente.

Mientras yo saludaba a la madre, Jingles corrió hacia el chico y empezó a lamerle. Ante mi sorpresa, el muchacho no se asustó sino que abrazó al perro y comenzó a acariciarlo. Cuando la madre intentó separarlos, le hice señas de que los dejara. Antes del final de la entrevista con la madre, el chico expreso su deseo de volver a jugar con el perro. Con unos auspicios tan prometedores comenzó el tratamiento de Johnny. Durante varias sesiones jugó con el perro, aparentemente ajeno a mi presencia. Sin embargo, mantuvimos muchas conversaciones durante las cuales estaba tan absorto con el perro que parecía no escucharme, aunque sus respuestas eran coherentes.

Finalmente, parte del afecto que sentía por el perro recayó sobre mí y fui conscientemente incluido en el juego. Lentamente, logramos una fuerte compenetración que posibilitó mi trabajo para resolver los problemas de Johnny. Parte del mérito de la rehabilitación hay que dársela a Jingles, que fue un coterapeuta muy entusiasta".

Posteriormente y empujados por el trabajo de Levinson, Samuel y Elisabeth Corson se embarcaron en un programa para evaluar la viabilidad de la terapia con animales de compañía en un entorno hospitalario, obteniendo excelentes resultados.

Por último, resaltar el trabajo que realizó David Lee, un asistente social psiquiátrico del Hospital Estatal de Lima, Ohio. Una instalación para personas con enfermedades mentales peligrosos. Los animales actuaron de catalizadores de interacciones sociales entre el personal y los pacientes, y entre los mismos pacientes.

La literatura acerca de la Terapia Asistida por Animales no es muy extensa, a pesar de lo cual, los ejemplos citados anteriormente pueden ser un impulso para que nuestros amigos los animales se conviertan en nuestros coterapeutas.

 

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ASOCIACIÓN NACIONAL DE TERAPIAS Y ACTIVIDADES ASISTIDAS POR ANIMALES
(A.N.T.A)

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