Un viejo desagradable y cruel se creía que conquistaría
el mundo con cuatro duros que había ahorrado. Era completamente ruin, y
robaba a sus hijos para tener mas dinero por si se ponía el enfermo y
poderse curar. Solo pensaba en el, y sus hermanos eran algo parecido.
Pocos de sus hermanos querían a sus hijos. Pensaban que era una
enfermedad de la vejez, pero un sabio eminente descubrió que no, que no
era porque fuera viejo, sino que toda la vida había sido lo mismo.
Un día se encontró con una manzana en medio de la calle y la recogió
para comérsela en casa. Siempre había pasado mucha hambre, y de viejo podía
comer, pero estaba enfermo y nada le sentaba demasiado bien. Pero no se moría.
Su hija cuando vio la manzana se pensó que la había comprado, una solo
para el, y no dijo nada. El viejo se comió la manzana amagado, después
de limpiarla, porque el se creía limpio, aunque no lo fuera demasiado.
Y se comió su manzana. Su hija cuando vio que quedaba la cáscara, le
dijo al viejo si es que había pecado como en la Biblia. El viejo cuando
vio que quería que le hubiese dado un trozo de su manzana se puso
violento, y cogió tal enrabiada que tuvo que ir al hospital. Y no se murió
porque los médicos eran buenos, y en el fondo daba pena el viejo
miserable y ruin.