No puedo decir exactamente cuándo ocurrió. De repente allí estaba, a mi lado, con sus dos cabezas sonrientes mirándome, y moviendo su única cola. En aquel momento yo estaba muy necesitado de afecto y no me venia mal un buen amigo. Desde luego el bicho me tenía cariño, y mucho. Puso en mi sus dos patas delanteras y comenzó a lamerme la cara, moviendo frenéticamente sus dos lenguas, haciéndome sentir sus alientos fuertes de perro viejo. Desde el primer momento tomé un poco de más confianza con una de las cabezas. De alguna manera esta me recordaba a la de otro que en otro tiempo fue muy buen amigo mío. Allí estaba la bestia, a mi lado. Probé a tirarle un calcetín para complacerle con el juego de yo tiro y tu recoges, pero no hubo reacción por su parte. Mire a la bestia, me senté frente a ella y pensé en un bonito nombre. Rufo, Duque, Cosmo, o quizá Linda. Desde mi posición mire entre las dos patas traseras de la bestia y descarte Linda. La verdad es que el bicho tenía un aparato enorme, más parecido a la anatomía de un hombre que a la de un perro al no tener pelo en el tronco del pene. No le di más importancia, a fin de cuentas el perro tenia dos cabezas pensantes y tampoco parecía importarle. Yo estaba como hipnotizado, mirando ahora a una, ahora a la otra cabeza, y así comencé a sentirme aturdido, al borde del sueño. En ese estado llego a mi mente una palabra, Urctko, como un eructo. Lo pronuncie en voz alta y el perro la repitió, primero una cabeza y luego la otra. Después ambas cabezas se movieron arriba y abajo en señal de asentimiento. URCTKO, URCTKO, URCTKO, repetí compulsivamente. Los tres comenzamos a reírnos como auténticos gilipollas. Nos abrazamos, nos besamos y nos lamimos, hasta q sus lenguas quedaron secas y la mía llena de pelos cortos y duros. -Bueno, Urctko- dije, -Qué os trae por aquí?-, -Hemos venido a ayudarte- contestaron, -Hemos venido porque tu nos has llamado-. Medite estas palabras sopesadamente y dije: -Vale, de acuerdo-, -Supongo que no tengo que explicaros nada, que ya conocéis de que va la cosa- me refería a mi vida naturalmente. Urctko asintió. Cogí entonces mis colores y me dispuse continuar el cuadro, con Urctko a mi lado. Me sentía mejor, acompañado y lleno de fuerza. Estaba pasando una crisis de voluntad, originada por mis circunstancias personales, y por el lento progreso del encargo que tenía entre manos. Se trataba de un retrato múltiple, de cinco cabezas, cinco cabezas y un perro con una sola cabeza.