Ella me amenazó con quitarse la vida. No es que me importase demasiado, simplemente no quería que sucediera, eso podría ocasionarme problemas, quizá tener que declarar en un juzgado, quizá tener que discutir y pelear con su familia. En fin, que decidí impedirlo. Ésto pareció animarla más. Poco a poco comprendí que tenía que mostrar interés con moderación. En breves intentos pude comprobar que si me mostraba demasiado desesperado, le animaba, y que si resultaba demasiado indiferente, también. Así que me coloque en un término medio, cordial y frío como el hielo, como un confesor. Al final ella pareció retomar la calma, como si nada hubiera sucedido. Esto me desconcertó, y me ofendió, estábamos hablando de algo muy grave, SUICIDIO, y así de un golpe, buffff, se acabo. No sé en que momento decidí enfadarme. Me fui acalorando poco a poco y terminé absolutamente desesperado analizando la falta de lógica de su comportamiento. Cada vez estábamos más lejos temporalmente de los hechos que habían motivado, éste, mi, y su, comportamiento, con lo que mi COMPORTAMIENTO, empezó a ser igualmente desconcertante. Cuando estábamos suficientemente confundidos, estalló la ansiedad, e incluso amenacé con quitarme la vida. Lo hice sin darle demasiada importancia a lo que decía realmente. Nada más lejos de mis intereses, pero sí es verdad que me hubiera cargado a unos cuantos sólo por un minuto de silencio. Creo que fue entonces cuando comprendí, simplemente. Le mire y le dije: -comprendes lo que ha sucedido- Ella asintió, fría y con calma, como un practicante, o quizá como un confesor.