Por un instante se olvidaron de donde estaban, esas manos calientes y suaves acariciando su piel les hacia cerrar los ojos y abandonarse al deseo, en esa
playa rodeados de arena y sol, completamente solos, desnudos, se dejaban
arrastrar por un instinto que los dominaba desde el momento en que se habían
conocido, sólo un par de días antes en ese mismo lugar.
La playa quedaba escondida por unos arbustos que la separaba de la orilla a la que estaba unida, a esas horas, ya despuntando el anochecer no quedaba
nadie en toda su extensión, a lo lejos se divisaba bajo el hermoso anochecer
un barco, parecían dos náufragos perdidos en una solitaria isla.
Abrazados, amándose, sintiéndose la piel caliente pegados uno al otro, mezclando arena, sudor y flujos corporales, comiéndose a besos, dejaban
pasar los minutos disfrutando el uno del otro, conociendo cada rincón de sus
cuerpos con sus besos y abrazos. Disfrutando de la pasión en cada palabra
susurrada al oído, en cada suspiro rozando la piel.
El anochecer los rodeo enlazados, siendo solo un cuerpo, una extensión de los sentimientos, se dejaron llevar por la pasión, por el amor que sin saber
como los embriagaba y los llenaba de vida, se fundieron en un abrazo eterno
entregándose a la excitación que mutuamente se provocaban.
La oscuridad se hizo su cómplice, la mañana los despertó felices y llenos de vida, esperando con esperanza y gratitud un nuevo día para disfrutarlo hasta
el limite de su amor.