logotipo

img_google
Petitet   
Por, Nefertari   

nefertaric@wanadoo.es

 

Era de noche y desde mi habitación te oí. Te habías refugiado al lado de mi casa, y querías ser atendido. Tus maullidos suaves, insistentes, con intervalos.

Entraste en casa sin miedo cuando te recogimos. Eras tímido y decidido, y pasaste ha ser uno más. No era el primer gato que acogíamos.

Tu peculiaridad era que eras tan pequeño, aunque ya eras capaz de comer por tu cuenta. Pero te agarrabas a nuestra ropa queriendo buscar a tu madre de la que fuiste arrebatado seguro que demasiado pronto. T u instinto de mamar, que se convirtió en un juego nos hacia gracia. Empezabas a manifestar tu sexualidad agarrándote a nuestra ropa y chupando y mojándonos la ropa.

Creo que era tu forma de tratar con lo desconocido.

Y era un vicio que no podíamos quitarte.

Hasta que llego el día en que se te pudo considerar ya suficiente mayor para una esterilización. Y te llevamos al veterinario.

A mí me sigue pareciendo algo cruel. Pienso que tienes derecho a tu sexualidad y a buscar tu pareja.

Pero nuestro mundo de cemento no te admite, y tus hijos hubieran terminado en alguna perrera o bajo las ruedas de un coche. Quizás en manos de algún desaprensivo.

Ahora te veo, soltero y engordando, menos cariñoso con nosotros, haciendo tu vida de gato recogido.

Siempre fuiste muy social, y aun ahora me gastas alguna broma, de vez en cuanto, no sé si feliz con tu suerte, pero tampoco te quejas.

Tus ojos verdes me hablan de eternidad, de sabiduría mas profunda que la mía. Eres ese trozo de naturaleza que pudimos robar al cemento y a una civilización, que sin ti seria vacía y absurda.

Gracias por acercarte a nosotros y dejarte acoger.

No sé quien te abandonó, y no quiero pensar en ese mundo cruel, que convierte al hombre en enemigo de la humanidad.

A ese hombre o mujer que la ley no persigue, y hace que el mundo se avergüence.

Eres para mí, Petitet, uno más y el único. Sé que mucha gente me entenderá.