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Poemas   
Nimiedad   

NIMIEDAD@terra.es 

I

Shhhhh. Debo contar el secreto,
en horizontal.

Inhalar óxido marino,
arrugado estío de sal.
y sentir la propia piel deseada
en una imagen elíptica de tu cerebro acorralado

Consejo: no lo menciones, tócalo, pero no lo menciones.
Pues corres una suerte impredecible

Shhhhh. Repito otra vez. Aun contado ya.
En horizontal, léelo,
solo esta vez, si puedes.

II.

Nenúfares terrestres ansiosos,
hastío de contagio.
Y tus poros inundados.
No resta mas que fundirse en el miedo.
Después, arrancarte los propios.
Y ver
Carne que sabe a tu nombre mancillada.
Orgía.
Merecedora de dardos oculares.
En la calle, justo en frente, lanzas en punta de danzante carmesí.
Un ejército de miradas en verde pálido.
Réquiem ocular.


III.

Han echado a volar .
Solitaria contemplación del plano bicolor.
Algunos recuerdos rezagados huyen contorsionándose.
Si los acariciara, ¿dónde descansarían?
Colocados los señuelos voraces, imaginará y actuará.
Y llorará opacos deseos en su interior por tocar y no haberlo sido.
La verja espiral la descarna y se ve sofocada hasta la extenuación.
En un violento suspiro, propaga en el ambiente su aliento,
(aliento, jamás ánimo)
el tenue vapor se solidifica en las extremidades ajenas.

IV.

Garganta anegada en paisaje espiral.
Hoy tus manos decidieron emprender un largo periplo.
Después de palpar suspiros informes
La lucha.
Ejército ocular de miradas ácidas
El desgarro.
¡Oh, dulces y embriagadoras manos!
Caen al vacío, descubriendo secretos
de gusto interior.
Reciben una lluvia de mil retales de alas de mariposa,
Se tornan verdes y, a la vez, impuras.

V.

Reflejo vulnerable de verde inhalación y poseer tu frágil curvatura.
Me lo dijiste: ¡ay mi tacto febril!... afronta la apariencia.
Debes deber y poder y, aún más, soñar.
Soñar una realidad abstemia de elementos visuales.
Que esos son hirientes.
Debes aletear y respirar y, aún más, sentir.
Sentirte hipnóticamente anunciada, bebida, acariciada y vaciada
hasta hacerte llorar finalmente.
Debes parpadear rápido y huir y, aún más, herir.
Herir no es dañar. Es evitar mirar, evitar sentenciar en doble
confrontación.
Permítete deslizarte por el ácido de la pared.
Suspira. Baja.

VI.

Tú, que me has otorgado pupilas de neón.
Pupiiiiiiiiii.....
¡Las cogí!. Se despliegan en un revoloteo enérgico.
Qué vigorosidad de contornos.
A la vez alambres y aliento de hormigón.
¿Es necesario retorcerme de esta forma tan particular?
Rio, sangro de alegría. No pueden oírme, ni verme