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Ya
puedo ahora describir en detalle, sin menospreciar palabra alguna, que
todas las que ponga de aquí en adelante, harán buen cumplimiento a su
llamada, dejando caer en el entresueño este que siempre ha sido el
leer, el sentimiento sencillo de un hombre, claro, pues sordo y ciego,
parece excusa. Pero su actitud en ese breve instante de la comida, esos
movimientos sin final y queriendo prolongarse, todo eso lo quiero
escribir, si cabe, sobre el suceso que, hoy siendo de mañana, acució
en una cocina de mi casa hace nada, por lo pronto.
Por
lo pronto digamos así, para empezar, y dejar claras nuestras
intenciones, para empezar de un modo ordenado, pues es natural en tal
signo llevar una cadencia, un ritmo y una falta de precipitación
necesaria, aunque no había de preciarse necesaria tal, para ahora
questo escribo. Es el comienzo necesario y prudente, ahora que nadie nos
escucha, ¿es prudente saber su nombre?. Yo por mí, pudiera bien
decirlo, hallar ahora el momento preciso de comunicarlo a ustedes en una
palabra que empieza por mayúscula. O quizás, como muchos podrían
adivinar ahora y por delante, la estructura global del texto que aquí
presento, no más empezando por el nombre y después la descripción,
podría muy bien ser siniestro, y empezar al revés, acudir en un
momento primo a la descripción de tal ser singular, y después,
conocido el por qué y el cómo, nombrar con estas siete letras, una de
ellas, dicho, mayúscula, un nombre que complete el rostro de este sin
par sujeto que aquí se porta.
Podríamos,
sin duda, atender a comentarios de estructura y con placer escuchar
posibles variaciones sobre el modo de atacar con la escritura una
descripción certera y apuntada sobre el pobre hombre del cual quiero
escribir. Y más, podría más ser tal discusión y calamidad un motivo
suficiente, necesario al escribir, para hacer ver y percibir la
necesidad de que el orden, la mesura y lo comedido en un pequeño
pasatiempo sean ya de por sí suficiente motivo, no interesado, para
escribir, o siquiera conmover en una página a alguien, por el
sentimiento que este hombre del cual suyo nombre no he nombrado,
despierta en mí. ¡¡Qué odio sin fin descubre mi alma en mí, cuando
oigo su nombre, e incluso ahora que lo quiero describir!!
Pero
es bueno el intentar descubrir poco a poco que en nuestras capacidades,
de las cuales a veces no nos damos cuenta, podemos con claridad
concurrir en tan pequeño espacio los signos, emblemas, palabras, y
documentos necesarios para organizar en un medio y un palmo una breve
discusión, o descripción como se llame, para llevar en leve armonía
si puedo, un texto así de corto para tal grande persona que no cabe en
ningún sitio.
Y
lo digo, porque haciendo un ruido bien grande, qué ruido bien grande,
dió con su apariencia en la cocina. Se presentó de dos formas que no
pensé nunca podrían darse juntas en una sola persona, la forma del
sinsentido, pues no escuchó ni dio cabida, lugar en su conciencia, que
otra persona quería pasar, persona que vió cómo la puerta abanicó en
breve y se cerró en sus narices, y no vale queja, no vale disculpa, no
vale comentario..., es que de allí crece el sentimiento de que la forma
del sinsentido pues, pues es asi sólo para él. Y la otra forma no me
acuerdo muy bien, pero quizás lo recuerde esbozando otro modo, en el
que cogí yo una manzana. Puede el lector asumir en esto un descanso, y
sí lo parece o aparente, pero yo creo que completa con claro, que es el
contraste de forma y sentido, entre lo quél hace y lo que yo hago.
Sea,
pues, así para empezar, una manzana.
Al
principio no lo parece, y si con los ojos cerrados hiciéramos de la
pequeña angustia la atención al tacto, al olor y al resto de sentidos,
observaríamos que se presenta en poco de tiempo al sentido, un breve
objeto opaco. Y al tacto es al principio, creo. Al abrir con cuidado los
ojos, vemos en delante nuestro, si apartamos bien hecho el hecho los demás
sentidos de lo demás del sitio, que
es presente ante nuestro un objeto minuscular, pequeño si puede, esférico
por un extremo y del otro un cabo. Y si aventuramos en breve mover una
mano hacia la manzana, y la ponemos por debajo sobre una palma, y la amañamos
entonces, da lugar el suceso que realmente quería dél escribir ahora.