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La manzana   

por Briduende   

http://www.iespana.es/elbriduende/     picos_sol@hotmail.com

 

Ya puedo ahora describir en detalle, sin menospreciar palabra alguna, que todas las que ponga de aquí en adelante, harán buen cumplimiento a su llamada, dejando caer en el entresueño este que siempre ha sido el leer, el sentimiento sencillo de un hombre, claro, pues sordo y ciego, parece excusa. Pero su actitud en ese breve instante de la comida, esos movimientos sin final y queriendo prolongarse, todo eso lo quiero escribir, si cabe, sobre el suceso que, hoy siendo de mañana, acució en una cocina de mi casa hace nada, por lo pronto.

Por lo pronto digamos así, para empezar, y dejar claras nuestras intenciones, para empezar de un modo ordenado, pues es natural en tal signo llevar una cadencia, un ritmo y una falta de precipitación necesaria, aunque no había de preciarse necesaria tal, para ahora questo escribo. Es el comienzo necesario y prudente, ahora que nadie nos escucha, ¿es prudente saber su nombre?. Yo por mí, pudiera bien decirlo, hallar ahora el momento preciso de comunicarlo a ustedes en una palabra que empieza por mayúscula. O quizás, como muchos podrían adivinar ahora y por delante, la estructura global del texto que aquí presento, no más empezando por el nombre y después la descripción, podría muy bien ser siniestro, y empezar al revés, acudir en un momento primo a la descripción de tal ser singular, y después, conocido el por qué y el cómo, nombrar con estas siete letras, una de ellas, dicho, mayúscula, un nombre que complete el rostro de este sin par sujeto que aquí se porta.

Podríamos, sin duda, atender a comentarios de estructura y con placer escuchar posibles variaciones sobre el modo de atacar con la escritura una descripción certera y apuntada sobre el pobre hombre del cual quiero escribir. Y más, podría más ser tal discusión y calamidad un motivo suficiente, necesario al escribir, para hacer ver y percibir la necesidad de que el orden, la mesura y lo comedido en un pequeño pasatiempo sean ya de por sí suficiente motivo, no interesado, para escribir, o siquiera conmover en una página a alguien, por el sentimiento que este hombre del cual suyo nombre no he nombrado, despierta en mí. ¡¡Qué odio sin fin descubre mi alma en mí, cuando oigo su nombre, e incluso ahora que lo quiero describir!!  

Pero es bueno el intentar descubrir poco a poco que en nuestras capacidades, de las cuales a veces no nos damos cuenta, podemos con claridad concurrir en tan pequeño espacio los signos, emblemas, palabras, y documentos necesarios para organizar en un medio y un palmo una breve discusión, o descripción como se llame, para llevar en leve armonía si puedo, un texto así de corto para tal grande persona que no cabe en ningún sitio.

Y lo digo, porque haciendo un ruido bien grande, qué ruido bien grande, dió con su apariencia en la cocina. Se presentó de dos formas que no pensé nunca podrían darse juntas en una sola persona, la forma del sinsentido, pues no escuchó ni dio cabida, lugar en su conciencia, que otra persona quería pasar, persona que vió cómo la puerta abanicó en breve y se cerró en sus narices, y no vale queja, no vale disculpa, no vale comentario..., es que de allí crece el sentimiento de que la forma del sinsentido pues, pues es asi sólo para él. Y la otra forma no me acuerdo muy bien, pero quizás lo recuerde esbozando otro modo, en el que cogí yo una manzana. Puede el lector asumir en esto un descanso, y sí lo parece o aparente, pero yo creo que completa con claro, que es el contraste de forma y sentido, entre lo quél hace y lo que yo hago.

Sea, pues, así para empezar, una manzana.

Al principio no lo parece, y si con los ojos cerrados hiciéramos de la pequeña angustia la atención al tacto, al olor y al resto de sentidos, observaríamos que se presenta en poco de tiempo al sentido, un breve objeto opaco. Y al tacto es al principio, creo. Al abrir con cuidado los ojos, vemos en delante nuestro, si apartamos bien hecho el hecho los demás sentidos de lo demás del sitio,  que es presente ante nuestro un objeto minuscular, pequeño si puede, esférico por un extremo y del otro un cabo. Y si aventuramos en breve mover una mano hacia la manzana, y la ponemos por debajo sobre una palma, y la amañamos entonces, da lugar el suceso que realmente quería dél escribir ahora.

Y es que se vuelve, aunque al principio no podría concluir si es buena medida el decirlo, se vuelve el todo en un breve espacio allí delante. Por un extremo y hasta el otro, se vuelve el todo una mano, para, en breve, ser de nuevo una manzana, y de nuevo una mano, y al cabo por siguiente la manzana, y la misma de antes, aunque podríamos discutirlo. Y si movemos un poco hacia un lado, se vuelve de nuevo lo mismo, se presenta distinto, pero conseguimos atinar que el ciclo antes dicho, es de nuevo medido de la misma forma. Primero una mano aparece a los sentidos, y después y sin llegar avisado, la mano se vuelve manzana, para luego, cuando no se espera que sea pronto, vuelve la mano del otro cabo. En este pensamiento único me quedo. Y es que la conjunción que aquí se ha presentado, no es en ningún modo provocada por lo que yo había hecho. Yo no prentendo hacer de aquello un ciclo de esta forma, pero no puedo de otra forma que presentando ese movimiento, coger la manzana. Los dedos, que bien pudieran ser pródigos al intrusismo, y volverse necios y orgullosos por su acción, se ven de esa forma interpelados por cuatro espacios de manzana, y deben convivir con ellos, y primero va la mano, para luego concluir en un comienzo de manzana, que continúa por un tiempo, para luego regresar a la mano por el otro extremo. Toda acción que realicemos, no puede para nada desentrañar la relación que había comenzado, relación ya para siempre imposible de contener, y primero va la mano, para luego concluir en un comienzo de manzana, que continúa por un tiempo, para luego regresar a la mano por el otro extremo, y entonces va la mano, para luego concluir en un comienzo de manzana, que continúa por un tiempo, para luego concluir en un comienzo de manzana, que continúa por un tiempo, para luego regresar a la mano por el otro extremo, y entonces va la mano...