Estaba
anocheciendo, el frió la hacia estremecer, pegada a la ventana
dejaba pasar el tiempo lentamente, con añoranza se dejaba
arrastrar a unos días atrás.
En el cristal de la ventana se reflejaban las luces, un
estruendo de risas y gritos de niños lo llenaba todo, aunque
fuera no existiese un mundo podía notar que toda la vida se
concentraba en su salón. Para ella era la felicidad:
estar rodeada de sus cuatro hijos y ocho nietos destrozándolo
todo a su paso.
Ya hacia cinco años que su marido había muerto y vivía sola.
A sus sesenta y cinco años estaba orgullosa de la vida
que le había tocado vivir, a pesar de casarse muy joven siempre
fue muy feliz con su marido. Ahora le echaba mucho de
menos pero hoy era uno de sus mejores días.
Le gustaba la compañía de sus hijos y le encantaría irse a
vivir con alguno de ellos, pero estos ya tenían su vida y a
pesar de que siempre habían insistido en ese asunto ella
siempre se negaba. Lo único que les exigía era esa reunión
anual en navidades donde los juntaba a todos para la cena en el
salón de su casa. El veinticinco de Diciembre era la única
fecha que figuraba en un rojo luminoso en el calendario que
colgaba encima de la chimenea del salón.
Odiaba la soledad.
Mientras todos estaban sentados en la gran mesa del salón su
mirada les recorrió uno a uno, memorizó todos sus rasgos, en
cuanto se fuesen, a las pocas horas seria el único
entretenimiento que le quedaría para aguantar un año mas antes
de volver a verlos.
Las historias y anécdotas no dejaban de fluir en la reunión
familiar, mientras los mas pequeños engullían con gusto
pasteles y caramelos a destajó. Esa era su familia.
No podía evitar que en su cara luciese una amplia sonrisa
de felicidad plena.
La noche transcurrió muy rápido, desearía parar todos los
reloj y disfrutar lo que le quedaba de vida de ese momento pero
también era realista y sabia que eso no era posible.
La despedida fue tan dolorosa como siempre, pero ella escondió
su dolor y su pena a su familia, sentía como un puñal
desgarraba su corazón cada vez que escuchaba la palabra “adiós”,
no podía evitarlo.
Ya hacia dos días que se habían ido, ahora observando la calle
desde su ventana solo conseguía recordar la pena que inundó su
corazón en aquel momento. Los rostros de sus seres
queridos aun después de tanto esfuerzo en intentar grabarlos en
su mente no conseguía recordarlos.
Un mes antes de navidad le habían diagnosticado Alzeimer y
a pesar de las recomendaciones de su médico evitó
nombrarlo durante la cena, había sido eso o realmente fue que
también lo había olvidado??? Esta noche tenia un momento
de lucidez, cada vez eran menos.
Estaba asustada, entre los reflejos en el cristal pudo observar
el teléfono. Se dio media vuelta y cogiendo la agenda de
la mesa marco el número, las lágrimas caían por sus
mejillas..
-Samuel?? Soy tu madre. Estoy bien pero eso durará poco tiempo.
Sigue en pie el ofrecimiento de irme con vosotros??? TENGO
ALZEIMER.