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Cuando llega el final   
Por mvdaa   

Bego_alonso@hotmail.com

Estaba anocheciendo, el frió la hacia estremecer, pegada a la ventana dejaba pasar el tiempo lentamente, con añoranza se dejaba arrastrar a unos días atrás.

En el cristal de la ventana se reflejaban las luces, un estruendo de risas y gritos de niños lo llenaba todo, aunque fuera no existiese un mundo podía notar que toda la vida se concentraba en su salón.  Para ella era la felicidad: estar rodeada de sus cuatro hijos y ocho nietos destrozándolo todo a su paso.

Ya hacia cinco años que su marido había muerto y vivía sola.  A sus sesenta y cinco años estaba orgullosa de la vida que le había tocado vivir, a pesar de casarse muy joven siempre fue muy feliz con su marido.  Ahora le echaba mucho de menos pero hoy era uno de sus mejores días.

Le gustaba la compañía de sus hijos y le encantaría irse a vivir con alguno de ellos, pero estos ya tenían su vida y a pesar de que siempre habían insistido en ese asunto ella siempre se negaba.  Lo único que les exigía era esa reunión anual en navidades donde los juntaba a todos para la cena en el salón de su casa.  El veinticinco de Diciembre era la única fecha que figuraba en un rojo luminoso en el calendario que colgaba encima de la chimenea del salón.

Odiaba la soledad.

Mientras todos estaban sentados en la gran mesa del salón su mirada les recorrió uno a uno, memorizó todos sus rasgos, en cuanto se fuesen, a las pocas horas seria el único entretenimiento que le quedaría para aguantar un año mas antes de volver a verlos.

Las historias y anécdotas no dejaban de fluir en la reunión familiar, mientras los mas pequeños engullían con gusto pasteles y caramelos a destajó.  Esa era su familia.  No podía evitar que en su cara luciese una amplia sonrisa de felicidad plena.

La noche transcurrió muy rápido, desearía parar todos los reloj y disfrutar lo que le quedaba de vida de ese momento pero también era realista y sabia que eso no era posible.

La despedida fue tan dolorosa como siempre, pero ella escondió su dolor y su pena a su familia, sentía como un puñal desgarraba su corazón cada vez que escuchaba la palabra “adiós”, no podía evitarlo.

Ya hacia dos días que se habían ido, ahora observando la calle desde su ventana solo conseguía recordar la pena que inundó su corazón en aquel momento.  Los rostros de sus seres queridos aun después de tanto esfuerzo en intentar grabarlos en su mente no conseguía recordarlos.

Un mes antes de navidad le habían diagnosticado Alzeimer y  a pesar de las recomendaciones de su médico  evitó nombrarlo durante la cena, había sido eso o realmente fue que también lo había olvidado???  Esta noche tenia un momento de lucidez, cada vez eran menos.

Estaba asustada, entre los reflejos en el cristal pudo observar el teléfono.  Se dio media vuelta y cogiendo la agenda de la mesa marco el número, las lágrimas caían por sus mejillas..

-Samuel?? Soy tu madre. Estoy bien pero eso durará poco tiempo.  Sigue en pie el ofrecimiento de irme con vosotros??? TENGO ALZEIMER.