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Destino   
por, Rob. Whiteglove   

 

A ellos les conocía de hace tiempo. Me sorprendió que  me trataran bien y que incluso profesaran cierto grado de admiración hacia mi. No recordaban que fui motivo de burla, ni que tenia que andar escondiéndome por las calles. Recordaban solo lo bueno. Nunca me habían conocido bien. Me veían casi con tan buenos ojos como yo a mi mismo. Eran muchos y estaban solos. Estaban al corriente de mis movimientos. Me había visto con frecuencia paseando, ocioso, como un jubilado. Uno dijo haberme visto en el trazado del ferrocarril, me había seguido y perdido la vista en la boca de los túneles. Esto causó admiración al resto. Uno de los chicos palmoteó excitado, no entendí porqué. Me preguntaron cual era el tren más largo que había llegado a ver, si había espacio para una persona en el túnel cuando pasaba el tren, me preguntaron que se sentía cuando pasaba un tren estando dentro, me preguntaron si había visto a alguien allí. Les conté que había visto suicidas, vagabundos, un cerdo destripado e incluso una mujer con zapatos de tacón. Había llegado a ver un tren de 26 vagones. Me preguntaron por los vagabundos. Les hablé de un chico, uno nuevo que había fijado su residencia al otro lado del túnel. El chico se había montado una casita completa, muy acogedora, con dos ambientes diferentes separados por una alfombra, con una chimenea también. Me explaye en detalles, aquello me causaba un placer indecible. Ellos, por otra parte, me escucharon cada vez con menos atención. No sé que fue lo que les molestó, ni cuando. Dejé de hablar y me quede en silencio. Me sentía mal. Ahora me miraban secamente, con desprecio. Algo no iba bien. Traté de marcharme como si tal cosa pero me retuvieron. Uno de ellos me abofeteó, no sé exactamente quien pero aquélla bofetada me resultó familiar.