Introducción / Relato de un "CTM" cualquiera
Esta es la
historia de Jonny La Croi Fernández, una historia curiosa la de Jonny.
Su aspecto era de lo más común, ese hombre gris que todos llevamos dentro y que siempre nos rodea, lo
único que lo hacía diferente era su nombre, de lo más bastardo que poblaba el planeta.
Dicen que su padre murió por quemar la iglesia. En el pueblo fue muy sonado, todos recordaban a aquel
gabacho colgando ahorcado en la plaza mayor. Su madre, fulana y desventurada emigró a una gran ciudad, ciudad
que le fue dando a Jonny esa tonalidad gris tanto en el alma como en el aspecto. Pero Jonny creció y creció
y su aspecto sospechosamente era cada vez más común, siendo de mayor confundido constantemente, Jonny podía
ser cualquiera. El pobre diablo se sentía diferente, él decía incluso que único.... solitario imbécil.
Jonny no era un mal tipo, era un comediante, un payaso, también un romántico y ¿por qué no? También a
veces un poco jilipollas, el era así, sin complejos, y si los tenía se los callaba... y yo creo que hacía
bien.
También poseía esa pizca de ironía que le hacía reírse de la vida si ésta lo hacía de él. No pocas veces era
un cretino, y que cretino, si señor, si se ponía era difícil superarlo.
Vaya paradigma lo de Jonny y su personalidad. Si me preguntan, les diría que tenia tantas caretas que ni
él sabía cual llevaba puesta , se superponían unas a otras y no creo que las pudiese controlar. Tenía todas
la personalidades en una sola, o mejor en una sola las tenia todas.
Pero también se puede decir que Jonny no tenia personalidad, caretas sí, pero ¿personalidad? No, no
lo creo, sin embargo... ¿Quien la tiene?
Así que pobre diablo, sin rostro y sin personalidad a Jonny sólo le quedaba su nombre, la verdad es que
podía ser bastardo, pero original también: Jonny La Croi Fernández.
Se podría decir que su nombre era lo único que Jonny tenia para vagar por ahí satisfecho de si mismo.
Jonny La Croi Fernandez
Relato
de un "CTM" cualquiera
Era una tarde idiota cualquiera, de las cientos que iban a sucederle en la vida, Jonny cansino abrió la
botella de cerveza y apuró su contenido en el vaso de siempre, el vaso que le había visto crecer mamado
desde que tenía uso de razón.
Los malditos de siempre le habían dicho y recomendado que para la resaca, lo mejor era una cerveza, ya que
con ella se volvía a alcanzar el grado de alcohol en la sangre que hacía que vivir continuase siendo
soportable.
Pero que más daba todo aquello ya. Salió a la terraza y respiró profundamente para intentar mitigar sus
ahogos de ansiedad. Debían ser ya las tres de la tarde, aunque él no recordaba si había dormido o
solamente había descansado observando el imperturbable techo de su cuarto, pero que más daba ya. Vio una
paloma en la terraza que se posó a su lado sin importarle un comino que él estuviese allí.
Noto algo especial, no había ruido, la ciudad parecía desierta, cansada y sola como él. Entonces, pensó:
Quien era él? Por qué? Las típicas preguntas pseudo-reflexivas que aquellos extraños y extinguidos
personajes solían todavía formularse en algún programa de televisión sin audiencia o en alguna extraña página
web alternativa perdida en el ciberespacio.
No encontraba respuesta para nada. Su yo convertido en un producto más de consumo, en un medio más para
generar riqueza y no en un fin, era incapaz de saber que hacía ese infeliz descalzo en su terraza. Intento
pensar si era feliz.
Sintió frío en sus pies descalzos, la luz del sol asomaba apenas entre los tejados cuando miró su reloj
y ya eran las cinco. Dos horas pensando!! Eso le agobió, entró de nuevo en casa para poner la tele, y
no agobiarse más. Encendió la tele. Apagó la tele. Y así hasta que se cansó, la dejó encendida y zapeo, los
canales se sucedían como una secuencia ilógica de imágenes, publicidad, famosos, personajes, farándula,
circo. Luego apagó la tele, y volvió a reflexionar, Quien era él? Recordando su infancia, le venían a la
mente dibujos animados: Barrio Sesamo, Mazinger Z, y el jodido de Marco que perdido en su pueblo italiano
nunca encuentra a su madre. Luego también se acordó del colegio, de las pocas ganas que tenía de ir. Y
luego ya venían los amigotes, las primeras marchas, los primeros cigarros, las primeras tías, y los
primeros ciegos. Primero por la tarde y luego por la noche. Una vez ahí, la universidad, continuando con la
dura espera al jueves-viernes-y-sábados para continuar con las marchas, y así, hasta hoy.
Desde que el ciclo jueves-viernes-y-sábados comenzó, su vida podía resumirse entre obligaciones de
mierda, tele y marcha. Ahora un poco más mayor con veintitantos años seguía haciendo lo mismo, aunque las
marchas le fueran machacando cada día un poco más. Del estudio, había pasado a un trabajo cuya única
motivación era cobrar un sueldo basura para poderse pagar las juergas y el pisito de
soltero-cabina-de-teléfonos, por el que pagaba una
animalada.
Una vez estirado ya en su cama-armario-comedor, supo quien era él, él no era lo que siempre había soñado
ser, él era lo que hacía, la realidad hacia sentir peor la resaca. Su puta vida no eran sus sueños
despiertos, su vida era curro-tele-marcha. Al final resignado se consoló, como todos hacemos, pensando en
que esa vida era la vida de tantos y tantos otros que como él eran un curro-tele-marcha. - Bueno y que más
da - un CTM más que circulaba por el mundo "a-feliz", esbozo una sonrisa y se quedó dormido, durmiendo la
mona dominguera de todo un fin de semana cualquiera, como tantos otros CTMs de este mundo.